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sábado, 23 de agosto de 2025

Comando secreto (1968)




Título original: The Secret War of Harry Frigg
Director: Jack Smight
EE.UU., 1968, 110 minutos

Comando secreto (1968) de Jack Smight


Aprovechando el tirón del éxito cosechado con La leyenda del indomable (1967), los directivos de la Universal le ofrecieron a Paul Newman un papel que volvía a ajustarse al patrón de individuo alocado que logra escaparse de todas las penitenciarías en las que es encerrado. En esta ocasión, la acción transcurre en 1943 y cinco generales de brigada de distintas nacionalidades, aunque todos ellos del mismo bando, son hechos prisioneros por los italianos. 

Con tal de rescatarlos, las altas instancias del ejército aliado tienen la genial idea de enviar en misión secreta a un especialista en evasiones. Y qué mejor candidato que Harry Frigg (Newman), aunque para ello deberán ascenderlo temporalmente de categoría...



Una vez en Italia, el protagonista no sólo cumplirá su objetivo, sino que además queda prendado de la hermosa condesa (Sylva Koscina) en cuya residencia, il Castello de Montefiore, se alojan los oficiales mientras dura su cautiverio. Que tampoco es excesivamente duro, ya que allí son custodiados por el petulante coronel Ferrucci, antiguo director de un hotel en Génova. Hasta que llega una delegación nazi, encabezada por el mayor Von Steignitz (Werner Peters), y la cosa se pone chunga.

Tratándose de una comedia, el rigor de las circunstancias históricas pasa a un segundo plano, por lo que The Secret War of Harry Frigg (1968) se mueve en el terreno amable de la parodia bélica y el enredo amoroso. De ahí que Paul Newman se pase toda la película sonriendo y caminando como un ganso, mientras que el resto de autoridades militares, dado el orgullo inherente a su alto rango, apenas si logran ponerse de acuerdo entre ellos por más que formen un comité. Estrenada comercialmente en España con el título de Comando secreto.



sábado, 30 de abril de 2022

Jóvenes maridos (1958)




Título original: Giovani mariti
Director: Mauro Bolognini
Italia/Francia, 1958, 98 minutos

Jóvenes maridos (1958) de Mauro Bolognini


Comienza Giovani mariti (1958) y uno tiene la sensación de que ya ha visto antes muchas de las situaciones que van desfilando por la pantalla: un grupo de jóvenes ociosos y algo gamberros se dedica a armar jaleo en plena noche por las calles desiertas de una ciudad de provincias. Enseguida nos asalta el recuerdo de I vitelloni (1953), aunque, a diferencia del clásico de Fellini, estos muchachos son menos reflexivos y más bullangueros. Y prefiguran, sin llegar a incurrir en ningún delito (más allá de 'escándalo en la vía pública'), lo que el mismo equipo de guionistas, liderado por el tándem Bolognini-Pasolini, describirá al año siguiente en La notte brava (1959).

La voz en off de uno de ellos los presenta, destacando las cualidades de cada uno: "Giulio, el inocente; Ettore, el ídolo de las mujeres; Marcello, último en las carreras, primero en el amor; Franco el más loco, alegre y feliz de todos..." Quien así habla es Antonio (Franco Interlenghi), otro de esos veinteañeros que se resiste a abandonar la adolescencia, temeroso de que la entrada en la vida adulta suponga el fin de las juergas que solía correrse con su grupo de amigotes.



En líneas generales, Giovani mariti tiene mucho de despedida, de nostalgia frente a la pérdida de libertad que conlleva el matrimonio. Pero también encierra, al mismo tiempo, una crítica feroz contra una determinada manera de concebir las relaciones humanas que es muy propia de la pequeña burguesía. A este respecto, el egoísmo de los chicos contrasta con la esperanza que los personajes femeninos depositan en la posibilidad de casarse con el más simpático, el más inteligente o, sobre todo, el más guapo.

Y así, la camaradería entre quienes pasan las noches de estío en el prostíbulo local o bañándose en un estanque a la luz de la luna no sólo denota la inmadurez propia de unos malcriados, sino, por encima de todo, el final de su inocencia: exactamente la misma que, de ahora en adelante, será apenas un fantasma vagando por esos oscuros callejones en los que hasta ayer mismo invocaban el rugido de un león.



domingo, 13 de febrero de 2022

Historia de una traición (1971)




Director: José Antonio Nieves Conde
España/Italia, 1971, 90 minutos

Historia de una traición (1971) de J.A. Nieves Conde


Como tantos otros cineastas de su generación, el segoviano José Antonio Nieves Conde siguió una trayectoria que, a grandes rasgos, podría resumirse en los siguientes términos: dramas con apuntes sociales en los primeros cincuenta, seguidos de producciones de corte policial, para, ya a finales de los sesenta, llevar a cabo incursiones en el cine de género (terror, histórico, ciencia ficción...) y, por último, terminar firmando coproducciones de ligero contenido erótico cuando el paulatino deshielo de la censura, a principios de la década de los setenta, así lo permitió. Entretanto, no faltaron en su filmografía títulos de exaltación religiosa, tipo Balarrasa (1951), y alguna que otra adaptación literaria.

En el caso de Historia de una traición (1971), por más que la película hubiese sido escrita, entre otros, por Juan José Alonso Millán y Juan Miguel Lamet, se aprecia enseguida que ésta no es más que un vehículo para el lucimiento de las esculturales Marisa Mell (1939–1992) y Sylva Koscina (1933–1994): austríaca la una, croata la otra, fallecidas ambas prematuramente y verdaderos sex symbol en una época en la que la sola presencia en el reparto de alguna belleza centroeuropea aseguraba el éxito comercial de la cinta.



Puestos a suscitar la consabida dosis de morbosidad, los guionistas optaron por la vía fácil de convertir a los personajes principales en prostitutas de lujo, ellas, y playboy o adinerado hombre de negocios en lo que se refiere a los papeles masculinos. Arturo (Stephen Boyd), dada su faceta de pintor, tira más por la vía artística, mientras que el acaudalado Luis Mendizábal (Fernando Rey), requiere los servicios de la bella Carla (Marisa Mell) para uno de sus viajes a Portugal.

Poco más se puede añadir a propósito de una trama en la que continuamente se engañan los unos a los otros y cuyo único aliciente (según los parámetros de aquel entonces, por supuesto) reside en la voluptuosidad de algunas escenas en las que se ve un pecho o se insinúa una más que probable conexión lésbica entre las dos protagonistas.



domingo, 26 de enero de 2020

Giulietta de los espíritus (1965)




Título original: Giulietta degli spiriti
Director: Federico Fellini
Italia/Francia, 1965, 137 minutos

Giulietta de los espíritus (1965) de Federico Fellini

El proceso de liberación de Giulietta no es sólo un proceso contra la figura del marido sino, sobre todo, un proceso de rehabilitación personal, una escapada de las viejas mitologías que la han encerrado en una prisión psíquica.

Àngel Quintana

Barroca, onírica y hasta psicodélica: adjetivos con los que, de un modo u otro, se podría definir una película que no es sino una declaración de amor incondicional a la musa y esposa, Giulietta Masina (1921-1994), la mujer que inspiró decisivamente a Fellini y con la que trabajaría en tantísimas ocasiones a lo largo de su prolífica carrera como cineasta.

Por su espléndido colorido, Giulietta degli spiriti es ya, en sí misma, una absoluta obra maestra cuya fotografía corrió a cargo del malogrado Gianni Di Venanzo, quien fallecería en febrero del 66, a los cuarenta y cinco años de edad, víctima de una hepatitis. Exuberante desfile de tipos y situaciones, a cuál más estrambótico, que nos irán introduciendo gradualmente en la psique de la protagonista hasta desembocar en una presunta resolución de sus traumas. 



En dicho sentido, el filme vendría a ser una suerte de terapia psicoanalítica de más de dos horas de duración mediante la que Fellini intenta exorcizar los fantasmas (y de ahí esos "espíritus" a los que alude el título) que llevan atenazando a su compañera desde la más tierna infancia: la severa figura materna, el lastre represor de la educación religiosa… Pero también la sensualidad a flor de piel, el erotismo incluso, encarnados en personajes como la voluptuosa Susy (Sandra Milo) o un seductor Jose Luis de Vilallonga.

De hecho, y en relación con lo arriba expuesto, podría afirmarse sin ambages que Giulietta… forma un interesante díptico junto con Otto e mezzo (1963), en este caso una introspección freudiana en el mundo interior del marido. Figura, por cierto, de sombra tan alargada que hasta aquí llega su influjo, habida cuenta de toda la parafernalia, con detective eclesiástico incluido, a la que se ve sometida la pobre señora con tal de conocer las infidelidades de las que es víctima.


sábado, 5 de diciembre de 2015

Estambul 65 (1965)















Títulos alternativos: That Man in Istanbul/L'homme d'Istamboul/Colpo grosso a Galata Bridge
Director: Antonio Isasi-Isasmendi
España/Italia/Francia, 1965, 117 minutos

Estambul 65 (1965) de Antonio Isasi

Estambul 65 nació como un intento de emular el éxito internacional conseguido por la saga de James Bond. A tal efecto, se seleccionó un reparto internacional encabezado por el alemán Horst Buchholz, que ya había triunfado con Uno, dos, tres (1961) de Billy Wilder y Los siete magníficos (1960) de John Sturges, y la italocroata Sylva Koscina. Y aunque los exteriores se rodaron en algunas de las localizaciones más turísticas de Estambul, como el Bósforo y la Torre Gálata, lo cierto es que el resto de escenas se filmaron en Barcelona, la Costa Brava y las carreteras del Garraf. Son reconocibles, en ese sentido, la Plaza Real o el dragón guardián de hierro forjado del Jardín de las Hespérides de los Pabellones Güell.

Uno de los aspectos más interesantes de esta especie de cómic trepidante es su sentido del humor, puesto que en más de una ocasión el protagonista (el seductor Tony Mecenas) mira a cámara para dejar caer algún comentario cómplice dirigido al espectador. De ahí que, más que de película de espías (espías chinos, por cierto, algunos hasta con coleta), deba hablarse más bien de parodia. Y si no véase cómo Tony Mecenas es indefectiblemente saludado allá donde va por las más bellas señoritas.


Según han relatado los nonagenarios Antonio Isasi y su guionista Lluís Josep Comerón en la presentación previa a la proyección, la película debía ser, en un principio, una producción de Benito Perojo, pero como este se arruinó fue Isasi quien tomó la iniciativa de sacar adelante el film. Y no debió de hacerlo tan mal cuando medio siglo después la Filmoteca organiza un pase para celebrarlo. En dicha ocasión, Isasi-Isasmendi ha confesado su deuda con el montaje, técnica que le permitiría, entre otras cosas, lidiar con éxito algunas de las exigencias de la censura.