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domingo, 21 de diciembre de 2025

Frankenstein (2025)




Director: Guillermo del Toro
EE.UU./Méjico, 2025, 149 minutos

Frankenstein (2025) de Guillermo del Toro


Enésima reencarnación de uno de los iconos del cine de terror que, en manos del mejicano Guillermo del Toro, adquiere un carácter menos monstruoso y más próximo a lo que debió de ser aquel moderno Prometeo que un día soñara Mary Shelley. Sea como fuere, lo cierto es que Frankenstein (2025) posee el sello inconfundible de las grandes superproducciones de Netflix, debidamente adornada con una banda sonora de resonancias épicas, a cargo de Alexandre Desplat, y la fotografía de tintes verde y oro de Dan Laustsen.

Aunque, tal y como andan las cosas hoy en día, en este mundo expectante ante el avance imparable de la Inteligencia Artificial, no sería descabellado ver en la propuesta de del Toro un guiño sutil hacia las consecuencias imprevisibles que podrían derivarse de haber desarrollado un engendro indestructible que se acaba rebelando contra su creador. Todo ello en clave espectacular, cierto, pero latente, al fin y al cabo, en el fondo de una historia cuyo guion viene firmado por el propio director.



Visualmente, la dirección artística y el diseño de producción beben de referentes tan variados como la pintura de Caspar David Friedrich (la influencia del cuadro El mar de hielo, por ejemplo, se aprecia en las escenas del barco del capitán Anderson) o la novela gráfica de Bernie Wrightson (1948-2017). Todo ello repleto de belleza gótica y sensibilidad humanista en una película que aborda temas relacionados con la paternidad fallida, el aislamiento social y el atractivo de lo imperfecto.

Sin embargo, a diferencia de versiones anteriores que se centraban en la "chispa de la vida" como un acto de pura locura, del Toro nos sitúa, en cambio, en una sombría Europa del siglo XIX donde sigue los pasos del doctor Victor Frankenstein (Oscar Isaac), un loco cuya ambición intelectual es sólo superada por su cobardía moral al abandonar a su creación. Así pues, la película recrea magistralmente el viaje existencial de La Criatura (Jacob Elordi), quien de forma gradual pasará de ser un lienzo en blanco, en los primeros instantes de su existencia, a un ente atormentado por el rechazo que genera en los demás.



jueves, 14 de febrero de 2019

High Life (2018)




Directora: Claire Denis
Alemania/Francia/Reino Unido/Polonia/EE.UU., 2018, 110 minutos

High Life (2018) de Claire Denis


Con el eco aún reciente de su anterior película (la intimista Un beau soleil intérieur), la veterana Claire Denis contraataca de nuevo con una coproducción internacional de ciencia ficción rodada en inglés cuyos referentes inmediatos serán fácilmente identificables para el cinéfilo medio.

Es el caso, por ejemplo, de los cuerpos criogenizados de la tripulación que Monte (el mismo Robert Pattinson de la saga Crepúsculo) lanza por la borda o la cápsula espacial que se adentra vertiginosamente en los confines del universo. Alusión evidente e inconfundible, tanto la una como la otra, al clásico entre clásicos del género sideral: 2001 y la odisea interestelar de Kubrick.



En cambio, la imponente nebulosa azafranada cuyos contornos vemos girar sobre sí mismos remite al planeta pensante que Tarkovsky hiciera célebre a través de Solaris (1971), mientras que la cabina masturbatoria en el interior de la cual la pérfida doctora Dibs (Juliette Binoche) protagoniza una tórrida escena podría considerarse la variante dramática del orgasmatrón con el que Woody Allen nos hacía reír en Sleeper (1973).

Bien pensado, la extraña y, en apariencia, rebuscada historia que se cuenta en High Life no deja de ser una parábola del mundo actual y de los inconvenientes que sobre él se ciernen: la incomunicación, la soledad, la obsesión por el sexo, la violencia machista, el ocaso de la humanidad, desnortada y rumbo a un incierto horizonte amarillo en el que padre e hija pondrán el punto y final a su accidentado periplo.