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jueves, 17 de julio de 2025

El largo y cálido verano (1958)




Título original: The Long, Hot Summer
Director: Martin Ritt
EE.UU., 1958, 117 minutos

El largo y cálido verano (1958) de Martin Ritt


Frenchman's Bend era una zona de fértiles tierras bajas a la orilla del río, situada treinta kilómetros al sudeste de Jefferson. Rodeada de colinas y aislada, bien definida aunque sin límites precisos, a caballo entre dos condados, pero sin deuda de fidelidad con ninguno, Frenchman's Bend había sido el primitivo emplazamiento, por concesión estatal, de una extensísima plantación anterior a la guerra civil; plantación cuyas ruinas —el cascarón vacío de una enorme casa con sus establos derruidos, sus barracones para los esclavos, sus jardines llenos de malas hierbas, sus terrazas de ladrillo y sus paseos— aún recibían el nombre de casa del Viejo Francés, a pesar de que, en la actualidad, de las lindes originales sólo quedase constancia en los viejos registros descoloridos de la oficina del Catastro en el Juzgado del Distrito de Jefferson, y a pesar de que incluso algunos de los campos en otro tiempo fértiles hubiesen vuelto a ser las junglas de bejucos y cipreses que su primer dueño talara a machetazos.

William Faulkner
El villorrio (1940)
Traducción de José Luis López Muñoz

Basada en El villorrio, primera entrega de la Trilogía de los Snopes de William Faulkner, The Long, Hot Summer (1958) transcurre en los tórridos dominios de un gerifalte sureño. Papel que nos muestra a Orson Welles en todo su esplendor, tan excesivo y al mismo tiempo tan genial como siempre. La réplica se la da un jovencísimo Paul Newman, en los inicios de su prometedora carrera, y, de ser ciertos los rumores al respecto, parece que tras las cámaras no hubo mucha química entre el veterano cineasta (receloso de los métodos de la generación forjada en el Actor's Studio) y el apolíneo actor.

El caso es que el papel de este último, Ben Quick, se ajustaba a un perfil de new kid in town ("el chico nuevo en la ciudad"), mitad díscolo mitad ambicioso, que respondería igualmente a lo que, con otro anglicismo, pudiera denominarse self-made man en potencia. Por eso le cae en gracia al viejo Varner (Welles) y entra en abierto conflicto con el consentido Jody (Anthony Franciosa), quien, a su vez, y al sentirse traicionado por su progenitor, proyectará toda esa ira sobre su propio padre.



Lo cierto es que el reparto contó, asimismo, con la presencia de Joanne Woodward en el rol de hija prudente y algo arisca del patriarca, si bien la película pasaría a la posteridad por unir de por vida a la actriz con Newman, a uno y otro lado de la pantalla, formando una de las parejas más duraderas que haya visto Hollywood.

Rencillas familiares que hacen saltar chispas, en sentido literal y figurado, en este imponente fresco de una época, así como de las costumbres e ideología imperantes en el sur de los Estados Unidos. Melodrama magistralmente dirigido por Martin Ritt (dicen que logró la hazaña de "domar" a Welles) en el que, por otra parte, se intuye también una fuerte carga erótica latente que, sin embargo, nunca llega a caer en la vulgaridad.



sábado, 8 de abril de 2023

Rey de reyes (1961)




Título original: King of Kings
Director: Nicholas Ray
EE.UU., 1961, 171 minutos

Rey de reyes (1961) de Nicholas Ray


Toda la magnificencia de la factoría Bronston no bastó para que King of Kings (1961) alcanzase la notoriedad inicialmente prevista. Lo cual pudo deberse, en gran parte, al enorme parecido con Ben-Hur (1959), la película cuyo éxito, al fin y al cabo, pretendía emular. De hecho, la imponente banda sonora, al igual que en la oscarizada cinta de William Wyler, volvía a ser obra del húngaro Miklós Rózsa (1907-1995) y hasta el cartel de la una copiaba deliberadamente el diseño del de la otra.

No puede negarse, sin embargo, la gran cantidad de talento que el productor norteamericano logró reunir en torno a un proyecto que finalmente dirigiría el siempre interesante Nicholas Ray. A sus órdenes, un nutrido grupo de intérpretes entre los que cabe destacar la presencia de no pocos secundarios españoles, con lo que ello tiene de entrañable para cualquiera que conozca mínimamente la cinematografía de nuestro país. Así pues, Conrado San Martín irrumpe a caballo en el templo de Jerusalén encarnando a Pompeyo; o Luis Prendes, metido en la piel de Dimas, el Buen Ladrón, implora a Cristo en la cruz.



Aunque si hay una presencia local que destaca con fuerza por encima del resto, ésa es, sin duda, la de Carmen Sevilla. Su papel de adúltera a punto de ser dilapidada y posteriormente fiel seguidora de Jesús la sitúa en una tradición de bellas actrices que han interpretado al mismo personaje, conformando una nómina en la que sobresalen nombres de la talla de Monica Bellucci (en La pasión de Cristo, de Mel Gibson) o, más recientemente, Rooney Mara a las órdenes del australiano Garth Davis en María Magdalena (2018).

Narrada a través de la impecable voz en off de Orson Welles, las casi tres horas de King of Kings suponen un portentoso esfuerzo por lo que tienen de recreación monumental de las Sagradas Escrituras. En ese sentido, el formato Super Technirama en 70 milímetros contribuye enormemente a la espectacularidad de una historia, la más influyente de todos los tiempos, que contó con un apolíneo (y depilado) Jeffrey Hunter de penetrantes ojos azules para el papel principal.

Siobhan McKenna en el papel de María, madre de Jesús


lunes, 5 de agosto de 2019

La mirada de Orson Welles (2018)




Título original: The Eyes of Orson Welles
Director: Mark Cousins
Reino Unido, 2018, 110 minutos

La mirada de Orson Welles (2018)
de Mark Cousins


«Querido Orson Welles...» Mark Cousins, norirlandés de Belfast (1965), tiene algo de gurú. Probablemente a causa del prestigio adquirido gracias a su serie documental The Story of Film: An Odyssey. Sobrevalorado o no, el caso es que sólo a él se le podía haber ocurrido dirigirse al maestro a través de una carta filmada que es, a su vez, un pretexto para revisar la vigencia del legado de Welles más de tres décadas después de su muerte. Tratando de ponerle al día sobre los avances y retrocesos experimentados por el mundo desde 1985, Cousins le habla de tú a tú, con una familiaridad que es mezcla de veneración, pero también de complicidad entre cineastas que comparten una misma forma de entender el arte cinematográfico.

No obstante, lo más relevante del planteamiento de The Eyes of Orson Welles es que, al margen de los lugares comunes habitualmente vinculados a la figura del director de Citizen Kane (1941) —Shakespeare, Rita Hayworth, su pasión por España...—, ahonda en una faceta mucho menos conocida para el gran público: la de hábil e imaginativo dibujante. De ahí el título y de ahí la tesis de que, más que dirigirlas, lo que hacía Orson Welles era pintar sus películas.

Boceto para Macbeth (1948)


Así pues, y tras abrir una caja que contiene abundante material inédito (cartas, dibujos, bocetos...), Cousins emprenderá un viaje que lo llevará hacia los lugares clave de la biografía del homenajeado: Kenosha (su ciudad natal, hoy suburbio decadente), Harlem (donde estrenó su Voodoo Macbeth), Calatañazor (el pueblo de Soria donde ubicó la taberna de Chimes at Midnight)... Y así hasta recalar en casa de su hija, Beatrice Welles, donde veremos el cuadro que pintó tras ser despedido de Touch of Evil (1958) o un misterioso sobre, aún sin abrir, que recibió de su tutor mientras se hallaba en Irlanda.

La voz en off de Cousins aprovecha para subrayar determinados aspectos inherentes al carácter omnívoro de Welles: los ribetes sociales y/o reivindicativos que heredó de su madre, la predilección por los paraísos terrenales (la mayoría devorados, en la actualidad, por la especulación urbanística), su afición por la caballerosidad como forma de entender la vida... Pero también el lado oscuro del ególatra, que se veía a sí mismo como una especie de rey y que sentía una extraña predilección por los caracteres fuertes. Los mismos que inmortalizaría con el nombre de Othello, Mr. Arkadin o Charles Foster Kane.


domingo, 28 de abril de 2019

Don Quijote de Orson Welles (1992)




Director: Orson Welles
España/Italia/EE.UU., 1992, 116 minutos

Don Quijote de Orson Welles (1992)


Y dime, Sancho amigo: ¿qué es lo que dicen de mí por ese lugar? ¿En qué opinión me tiene el vulgo, en qué los hidalgos y en qué los caballeros? ¿Qué dicen de mi valentía, qué de mis hazañas y qué de mi cortesía? ¿Qué se platica del asunto que he tomado de resucitar y volver al mundo la ya olvidada orden caballeresca?

Miguel de Cervantes Saavedra
Quijote, II, Capítulo 2

El gran proyecto inacabado de Orson Welles (con permiso de The Other Side of the Wind y tras catorce años de trabajo intermitente) fue objeto de esta controvertida reconstrucción cuyo montaje correría a cargo del otrora ayudante de Welles, Jesús Franco. Quien poco o nada, a juzgar por lo que dicen determinadas autoridades en la materia (léase Juan Cobos), respetó el enfoque que, según parece, pretendía darle el cineasta, empeñado en que su Quijote fuese un mero ejercicio personal más que una adaptación al uso de la obra de Cervantes.

Polémica que, por otra parte, se vio agravada por el hecho de que Jess Franco no utilizara todo el metraje disponible. En cualquier caso, corría el año de los fastos y alguien debió de considerar necesario que 1992 fuese también la fecha en la que se puso el punto y final a tan ambiciosa empresa.

Akim Tamiroff (1899–1972)


Y es ahí, precisamente, adonde radica el que, a nuestro juicio, sería el principal defecto de una cinta que fue "víctima" de los malos hábitos del momento. Porque, ¿a santo de qué se incluyó la voz en off de Constantino Romero recitando pasajes cervantescos? Y la machacona música de Daniel White, rebosante de innecesarios toques aflamencados, ¿era realmente la idónea? Por último: ¿no habría sido mejor respetar el sonido original, siempre que ello fuese posible, en lugar de doblar las voces de los actores?

En fin: lo hecho, hecho está. Así es como se consideró entonces que tenían que hacerse las cosas y tampoco conduce a nada criticar la labor llevada a cabo por Jesús Franco (interesantísimo hombre de cine, por otra parte). Baste señalar la genialidad de Welles al hacer que el hidalgo castellano y su fiel escudero tuvieran que enfrentarse a las infernales condiciones de vida en un mundo dominado por máquinas que esclavizan al ser humano. Motivo más que suficiente para que don Quijote, apesadumbrado por los artilugios del progreso, le proponga a su sirviente que abandonen de inmediato la gran ciudad: "¡Vámonos, Sancho! ¡Quizás en la Luna aún haya sitio para la caballería andante!"

Francisco Reiguera (1899–1969)

miércoles, 3 de octubre de 2018

L'affaire Dominici par Orson Welles (2000)




Título en español: El caso Dominici por Orson Welles
Director: Christophe Cognet
Francia, 2000, 52 minutos

L'affaire Dominici par Orson Welles (2000)


El segundo de los trabajos televisivos presentados por Cognet esta tarde en la sala grande de la Filmoteca catalana ha sido este interesantísimo documental que reconstruye uno de los proyectos inacabados de Orson Welles: el episodio de la serie Around the World en el que el controvertido cineasta norteamericano debía indagar los pormenores de un sonado crimen que tuvo lugar en la localidad francesa de Lurs.

Sobre los motivos que llevaron a Welles a abandonar el proyecto, Esteve Riambau ha apuntado el carácter inquieto de un director capaz de entusiasmarse con locura por historias que, al día siguiente, ya había olvidado. Aun así, no deja de ser curioso cuán diferente es el estilo de este capítulo respecto al resto de entregas de una emisión caracterizada por el enfoque entre turístico y etnográfico de realidades como el País Vasco o las corridas de toros.



En ese aspecto, añade Cognet lo curioso que debió resultar el rodaje, teniendo en cuenta que Welles, elegantemente vestido con su traje y corbata, se desplazaba a diario en limusina, procedente de un hotel de cinco estrellas de la Costa Azul, hasta aquella pequeña aldea con el único objetivo de entrevistar a humildes pastores y otros lugareños de la zona. En cualquier caso, L'affaire Dominici ratifica la habilidad para contar historias de un Welles que, a partir de esta primera experiencia televisiva, tal y como señala Riambau, ya no volvería a hacer radio.

Por último, el director de la Filmoteca ha querido aprovechar la presentación de este filme para recordar a los presentes que el próximo 4 de noviembre estará disponible, a través de Netflix, la reconstrucción de Al otro lado del viento (The Other Side of the Wind) que se ha llevado a cabo a partir de los materiales que Welles dejó sin montar.


domingo, 17 de septiembre de 2017

Jodorowsky's Dune (2013)




Director: Frank Pavich
Francia/EE.UU., 2013, 90 minutos

Jodorowsky's Dune (2013) de Frank Pavich


La siempre proteica personalidad del chileno Alejandro Jodorowsky creyó dar con la horma de su zapato el día que cayó en sus manos la novela Dune de Frank Herbert. Pero la que debía ser la gran película de la historia y piedra fundacional de la nueva ciencia ficción no llegaría nunca a rodarse. Este documental explica cómo fue todo el proceso.

Con un inglés de andar por casa, a veces directamente en castellano, Jodorowsky narra frente a las cámaras de Frank Pavich la génesis y posterior desarrollo del proyecto; su particular manera de convencer a quienes iban a ser sus colaboradores; gente que, según sus vehementes palabras, serían guerreros del espíritu: el productor Michel Seydoux; Salvador Dalí, Orson Welles, David Carradine, Mick Jagger en pequeños papeles; Moebius (Jean Giraud), Dan O'Bannon, H.R. Giger, Chris Foss o Douglas Trumbull en el apartado técnico y artístico; Pink Floyd en la música... Y así un largo etcétera de grandes personalidades, incapaces de resistirse a su temperamento desbordante.

Jodorowsky (izquierda) y Jean Giraud (derecha)


Pero, una vez confeccionada la plantilla con los mejores, vino la parte más complicada: viajar hasta Hollywood para conseguir financiación. Y ahí es donde se estrella el sueño de un hombre, porque, por más impactante que fuese el monumental storyboard elaborado a tal efecto y que les servía de carta de presentación, los productores americanos veían con total recelo a su director: el mismo "chiflado" que había protagonizado El Topo (1970) o La montaña sagrada (1973) y que pretendía llevar a cabo un largometraje de no menos de quince horas.

Aun así, y a pesar del rechazo frontal de los estudios a su proyecto y la posterior versión fallida a cargo de David Lynch, multitud de pequeños detalles revelan que lo que él pretendía hacer no cayó en saco roto, sino que sería reutilizado en años venideros en multitud de producciones futuristas. Sin ir más lejos, su mismo equipo fue el encargado de diseñar con notable éxito la primera entrega de Alien y la propia saga de Star Wars deja entrever el ascendente que las ideas del visionario Jodorowsky tuvieron sobre el concepto general ideado por George Lucas. ¿Quién sabe? Tal vez fue mejor así: al menos la leyenda ha ido alimentando el mito hasta convertirlo en la mejor película jamás filmada y eso ya sí que nadie puede pararlo.


viernes, 14 de julio de 2017

El último hurra (1958)




Título original: The Last Hurrah
Director: John Ford
EE.UU., 1958, 121 minutos

El último hurra (1958) de John Ford


No es el mejor Ford, pero sigue siendo John Ford... Y con la misma perspicacia que caracteriza los últimos títulos de su filmografía. Porque si en The Man Who Shot Liberty Valance se planteaba, con muchos años de antelación, lo que hoy llamaríamos postverdad, The Last Hurrah lanzaba el guante a propósito del declive de una determinada forma de hacer política.

Con su porte de viejo irlandés honesto y afable, el alcalde Skeffington (Spencer Tracy) verá, sin embargo, con estupor cómo la demagogia electoralista le gana el pulso a la integridad que él siempre había representado. Soplan nuevos tiempos y el veterano gobernante tiene ocasión de comprobar en sus propias carnes hasta qué punto la televisión está convirtiendo la democracia en un espectáculo para las masas.



A juzgar por el tono crepuscular que impregna toda la historia, no sería descabellado pensar que el mismísimo John Ford se sintiese identificado con el protagonista. A fin de cuentas, ambos tienen en común que enfilan el tramo final de sus respectivas carreras entre la nostalgia hacia un mundo que ya no existe y la inquietud frente a lo que les depare un futuro inmediato en el que no saben muy bien cómo actuar. Algo que podría hacerse extensible a Spencer Tracy, quien después de El último hurra apenas si intervendría en media docena de películas.

Nos queda la duda de cuál habría sido el resultado de haberse metido Orson Welles en la piel del experimentado candidato, ya que, al parecer, fue ésta la primera opción que se barajó. Probablemente le hubiese faltado el lado entrañable que sólo Tracy podía aportar al personaje, aunque a buen seguro que, en contrapartida, lo hubiera enriquecido con una profundidad psicológica parangonable con el Charles Foster Kane de su obra cumbre.


viernes, 9 de septiembre de 2016

El incinerador de cadáveres (1969)




Título original: Spalovač mrtvol
Director: Juraj Herz
Checoslovaquia, 1968-69, 95 minutos

El incinerador de cadáveres (1968) de Juraj Herz

Una pesadilla necrófila y kafkiana o, en palabras de su director (el eslovaco Juraj Herz), "tragedia de un hombre cuya ideología política destruye todo sentimiento humano en su interior." En todo caso, y al margen de la etiqueta que se le adjudique, Spalovač mrtvol no puede dejar indiferente a cualquiera que ame realmente el cine. Porque la fuerza de sus imágenes aúna a la vez el terror con la sátira política, en lo que supone una inquietante lectura de la irrupción del nazismo en la sociedad checa de finales de los años treinta.

En ese orden de cosas, el Kopfrkingl que compone Rudolf Hrusínský destaca por un sibilino coqueteo con la muerte: su forma de peinar cuidadosamente tanto a cadáveres como a víctimas inminentes, acción que siempre remata llevándose el peine a sus propios cabellos, pone de manifiesto que nos encontramos ante una turbadora encarnación del mal a pesar de su sonrisa beatífica.



En la consecución de dicha atmósfera juega un papel decisivo la música que para la ocasión compuso Zdeněk Liška (1922–1983), autor de una partitura de turbadora belleza, remotamente evocadora del Lakmé de Léo Delibes, y que concede a orquesta, coro y soprano el papel de presentar a la muerte como una "liberación".

Basada en la novela homónima de Ladislav Fuks, a nivel visual (tal vez por la filiación kafkiana de ambas) El incinerador de cadáveres plantea algunas similitudes con la versión de El proceso que Orson Welles filmara seis años antes. La diferencia, sin embargo, estriba en el hecho de que Herz se atreve a ir todavía más allá, en lo que supone un intento de análisis de la génesis del mal que se avanza varias décadas a planteamientos tipo Haneke.

Juraj Herz

jueves, 8 de octubre de 2015

The Third man: té lloc una nova sessió del cinefòrum Sant Miquel






Avui dijous 8 d'octubre ha tingut lloc la primera sessió del Cinefòrum Sant Miquel d'enguany. Tal i com estava previst, hem inaugurat un curs més amb El tercer hombre (1949) de Carol Reed. 

L'acte ha comptat amb una nodrida representació de famílies, professors, antics alumnes i un grup entusiasta de nois i noies de primer d'ESO. Fa molt de goig veure com, any rere any, l'activitat es va consolidant amb noves fornades de cinèfils. 

Moltíssimes gràcies a tots per la vostra assistència i participació!


El tercer hombre (1949)




Título original: The Third Man
Director: Carol Reed
Gran Bretaña/EE.UU., 1949, 104 minutos

El tercer hombre (1949) de Orson Welles


Don't be so gloomy. After all it's not that awful. Like the fella says, in Italy for 30 years under the Borgias they had warfare, terror, murder, and bloodshed, but they produced Michelangelo, Leonardo da Vinci, and the Renaissance. In Switzerland they had brotherly love - they had 500 years of democracy and peace, and what did that produce? The cuckoo clock. So long, Holly.

Harry Lime a Holly Martins, al despedirse de él en la noria del Prater de Viena
El tercer hombre

Sin lugar a dudas, una de las grandes películas de la historia del cine. Todo en El tercer hombre remite, por uno u otro motivo, a momentos estelares del séptimo arte: el reparto, encabezado por dos estrellas de Hollywood (Joseph Cotten y Orson Welles), sus productores (los míticos David O. Selznick y Alexander Korda), la inolvidable banda sonora de Anton Karas, el guion del novelista Graham Greene, el momento histórico en el que se rodó, la noria del Prater, la trepidante persecución por las alcantarillas de Viena y unos diálogos que contienen brillantes razonamientos, como el improvisado por Welles refiriéndose a lo acaecido en la Italia de los Borgia o en la apacible Suiza y que precede estas líneas.

Y, sin embargo, el nombre de su director se obvia demasiado a menudo. El británico Carol Reed (1906-1976) va inevitablemente asociado al título de esta película, teniendo en cuenta que a duras penas sí lograría igualar una similar repercusión con otros títulos de su filmografía hasta que, casi veinte años después, en 1968, ganase el Óscar por el musical Oliver!

Algo similar ocurre con Anton Karas, responsable de la banda sonora del filme, ya que gracias a El tercer hombre un simple músico callejero como él se haría célebre en el  mundo entero. Carol Reed lo había descubierto en una modesta heurige o taberna tradicional vienesa en la que Karas actuaba y la música de su cítara se convierte en un personaje más de la película. De hecho, el cómico tema central contribuye a subrayar el carácter irónico y desengañado de la historia.

Créditos de inicio con la cítara de Anton Karas al fondo


Orson Welles, en cambio, apenas aparece en pantalla unos minutos tras más de una hora de metraje y, sin embargo, su nombre también es indisociable de una película que contribuyó a consolidar (todavía más, si cabe) su leyenda como actor. El próximo sábado 10 de octubre se cumplirán treinta años del fallecimiento de Welles y su interpretación del cínico Harry Lime aún sigue siendo insuperable.

Holly (Joseph Cotten) y Harry (Orson Welles) en el interior de la noria


La italiana Allida Valli, por último, con el carácter independiente que transmite a su personaje (Anna Schmidt, la eterna enamorada de Harry), supone el toque exótico de una película cuyas escenas interiores se rodaron en los estudios Shepperton de Surrey, Inglaterra.

Sin palabras: Anna Schmidt (Allida Valli) pasando 
de largo ante Holly Martins (Joseph Cotten)


En definitiva, tal vez el tema central de esta historia no sea otro sino la amistad traicionada. Aunque sin rencores, tal y como se desprende de las palabras de reproche que Anna le dirige a Martins:

-Por amor de Dios -dijo ella enojándose-, deje de fabricar la gente a imagen suya. Harry era un ser real. No era simplemente su héroe y mi amante. Era un traficante. Ha hecho cosas feas. ¿Y qué hay con eso? Era el hombre que conocíamos.

Graham Greene
El tercer hombre
Capítulo XI
Traducción de Silvina Bullrich

Organigrama de personajes
Holly "mezclando" bebidas con el Mayor Calloway (Trevor Howard)
U descanso durante el rodaje
Viena derruida: otro de los personajes del filme

viernes, 2 de octubre de 2015

El mundo de George Apley (1947)




Título original: The Late George Apley
Director: Joseph L. Mankiewicz
EE.UU., 1947, 93 minutos

El mundo de George Apley (1947)


Basada en la célebre novela de John P. Marquand (1893–1960), El mundo de George Apley fue la tercera película dirigida por Mankiewicz. De un modo similar a lo que se relata en El cuarto mandamiento de Orson Welles, nos muestra el retrato crepuscular de la decimonónica sociedad de Boston, sofisticada y decadente, y que, sin saberlo, tiene los días contados. La diferencia, sin embargo, es que, si en el caso de Welles la historia está narrada en clave dramática, aquí los hechos van a ser contados bajo el prisma de una ligera comedia vodevilesca.

Y todo porque Myrtle y John, los hijos del matrimonio Apley, anuncian su intención de casarse con un muchacho de Nueva York y una chica de Worcester, respectivamente. Con ellos llegarán nuevas ideas, como las de Sigmund Freud, lo cual será considerado por el patriarca George, más partidario de las teorías de Emerson y temeroso de cualquier atisbo de radicalismo, un escandaloso atentado contra el estilo de vida que la familia ha llevado desde siempre en su hogar de Beacon Street.

El mundo de George Apley destila un sutil sentido del humor muy británico en su afán por reflejar qué supuso el despegue definitivo del progreso capitalista para un determinado sector de las clases pudientes americanas que veía peligrar sus privilegios. De ahí que se ridiculice la figura encarnada por Ronald Colman, teniendo en cuenta que, analizada a posteriori, su actitud se ve como una absurda voluntad de frenar el avance imparable que experimentaría la economía mundial con la llegada del siglo XX.

Los Apley sienten que su mundo se desmorona

jueves, 1 de octubre de 2015

Cinefòrum 8 d'octubre





Benvolgudes i benvolguts,

Encetem un curs més les sessions del Cinefòrum Sant Miquel!

El proper dijous 8 d'octubre, a les 17'30 h., al nostre saló d'actes, tindrà lloc la primera d'elles. I ho farem amb tot un clàssic del cinema negre: El tercer hombre, títol clau de la història del cinema dirigit pel britànic Carol Reed el 1949, amb guió del novel·lista Graham Greene i protagonitzat, entre d'altres, per un actor i director mític: Orson Welles, del qual es commemora enguany el trentè aniversari de la seva mort.

Es dóna la circumstància que el passat mes de maig ja vam celebrar el centenari del seu naixement, però com que es tracta d'un personatge irrepetible val la pena aprofitar l'avinentesa de l'efemèride per veure una de les seves millors interpretacions a la pantalla. Tot i que s'ha de dir que es fa pregar una mica: triga una hora a aparèixer i ho fa només durant uns minuts, però el seu diàleg amb Joseph Cotten a la Riesenrad del Prater de Viena conté algunes de les frases més memorables que s'hagin sentit mai en un film. Com inoblidable és també la melodia que Anton Karas va composar per a la banda sonora del film.

Com ja és habitual, hi haurà una breu presentació abans de començar i un col·loqui posterior a la projecció (en versió original anglesa subtitulada en castellà). La pel·lícula té una durada aproximada d'uns 105 minuts.

Ja sabeu que l'assistència està oberta a tota la comunitat educativa del Col·legi Sant Miquel: alumnes i ex alumnes, pares, mares, personal no docent, professores i professors...

Us hi esperem!

A continuació, i per anar fent boca, aquí teniu alguns dels cartells originals de l'època.







viernes, 24 de julio de 2015

La mujer pantera (1942)




Título original: Cat People
Director: Jacques Tourneur
EE.UU., 1942, 73 minutos

El francés Jacques Tourneur (1904–1977) se especializó a lo largo de su carrera en Hollywood en dirigir producciones de Serie B de las que, a menudo, supo extraer una rentabilidad notable. He ahí el caso de La mujer pantera: rodada en menos de un mes, con una inversión inicial de apenas 134.000 dólares, pero cuyos beneficios, en cambio, lograrían ascender hasta aproximadamente los cuatro millones. Aunque, a decir verdad, el mérito debe ser compartido con el productor de origen ruso Val Lewton (1904–1951) quien, contratado por la RKO, tenía asignado el reto de sacar adelante películas de terror de bajo presupuesto. Y La mujer pantera supuso su debut.

Para conseguir el milagro, al parecer, se reutilizó parte de los decorados de El cuarto mandamiento de Orson Welles, mientras que el set en el que se rodaron las escenas del zoo procedía de diferentes musicales de Fred Astaire y Ginger Rogers. El resto dependió de la audacia de Tourneur: sombras turbadoras, tensos silencios, inquietantes leyendas balcánicas y algún que otro rugido contribuyen a sobresaltar psicológicamente al espectador. Porque siempre nos atemoriza más lo que no vemos pero imaginamos, que lo que se muestra directamente ante nuestros ojos (por muy elaborados que sean los efectos especiales).

Varias son las escenas de Cat People que  sirven de ejemplo: cuando, al volver a casa en plena noche, Alice (Jane Randolph) escucha alarmada los pasos de Irena (Simone Simon) tras ella o, minutos después, mientras nada en la penumbra de la piscina de su apartamento. Cierto que las retinas del 2015 ya no son tan ingenuas como las del año 42, pero lo cierto es que el tándem Lewton-Tourneur dio totalmente en el clavo a juzgar por el éxito que obtuvieron. Es por ello que decidieron continuar explotando la fórmula en años sucesivos con títulos como Yo anduve con un zombie (1943), El hombre leopardo (1943) o, incluso, La maldición de la mujer pantera (1944), secuela en la que, sin embargo, la dirección ya no estuvo a cargo del francés sino de Gunther von Fritsch y Robert Wise.

La mujer pantera (1942)
El rey Juan I de Serbia
La pantera Dynamite volvería a "actuar" en El hombre leopardo (1943)
Alice (Jane Randolph) escucha pasos tras ella
Sombras fugaces en la piscina...
... y pánico en el agua.
Una cruz improvisada sirve para ahuyentar malos espíritus,
en el nombre de Dios...
... y de las tinieblas.

domingo, 28 de junio de 2015

Alma rebelde (1943)




Título original: Jane Eyre
Director: Robert Stevenson
EE.UU., 1943, 97 minutos

Alma rebelde (1943)


De las muchas adaptaciones que se han llevado a cabo de la novela de Charlotte Brontë, esta Jane Eyre dirigida por Robert Stevenson en 1943 (que se estrenó en España con el melodramático título de Alma rebelde) tiene el aliciente de contar con la participación de Orson Welles en uno de los papeles principales, guion del escritor Aldous Huxley (autor de Un mundo feliz) y banda sonora de Bernard Herrmann (el mismo compositor que posteriormente trabajaría para Hitchcock y que ya había compuesto la música para los dos primeros largometrajes de Welles).

Posee también el atractivo de ser una de la primeras apariciones en pantalla de la futura estrella Elizabeth Taylor, quien tenía por aquel entonces apenas 11 años y que, a pesar de no figurar en los títulos de crédito, interpreta el papel de Helen Burns, la niña amiga de Jane durante su infancia e injustamente castigada junto con ella, pero que no gozará de la misma suerte que la protagonista.

Tras el impactante debut que supuso Ciudadano Kane y la posterior decepción de El cuarto mandamiento, Orson Welles se vio obligado a aceptar ocasionales participaciones en proyectos ajenos, de los cuales Alma rebelde sería uno de los primeros. Su Edward Rochester tiene el desenfreno de un caballo desbocado, el mismo del que se cae cuando Jane Eyre (Joan Fontaine) se cruza en su camino una lóbrega noche de tormenta, debido al inconfesable secreto que se esconde tras los muros de Thornfield Hall.





El secreto de Thornfield Hall se acaba de desvelar...
Alma rebelde (1943)