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sábado, 21 de enero de 2023

Lola, la película (2007)




Director: Miguel Hermoso
España, 2007, 113 minutos

Lola, la película (2007) de Miguel Hermoso


Se cumplen cien años exactos del nacimiento de una leyenda: María Dolores Flores Ruiz, más conocida como Lola Flores (1923-1995). Un siglo durante el que su popularidad no ha dejado de crecer. Hasta el extremo de que una reciente campaña publicitaria lograba resucitarla por arte y gracia del Deepfake. De su renombre dan buena fe las numerosas incursiones cinematográficas que la artista protagonizó a lo largo de su carrera, de muchas de las cuales, por cierto, hemos ido dando cumplida cuenta en este blog, desde la cuasi expresionista Embrujo (1948) hasta la aventura mejicana de La Faraona (1956) pasando por la innegable vis cómica de Morena Clara (1954).

Sin embargo, el filme que hoy nos ocupa es el biopic Lola, la película (2007), dirigido por Miguel Hermoso y, hasta la fecha, último título en la filmografía del cineasta andaluz. Sabiamente ambientada bajo la dirección artística de Wolfgang Burmann (la fotografía, además, es de su hermano Hans), la cinta contó también con el asesoramiento coreográfico de Cristina Hoyos. Si a ello le sumamos el acierto de los responsables del casting a la hora de elegir a los protagonistas (Gala Évora, José Luis García-Pérez y Alfonso Begara no sólo bordan sus respectivos papeles, sino que los tres destacan por el enorme parecido físico con los personajes que interpretan), resulta fácil hacerse una idea del impecable trabajo llevado a cabo en esta aproximación a la icónica figura de la tonadillera.



El guion, obra, entre otros, del recientemente desaparecido Xesc Barceló y Antonio Onetti, arranca en 1931 en Jerez de la Frontera, donde la hija de Perico Flores, dueño de una modesta taberna (y, según dicen, antiguo torero), da sus primeros pasos como bailaora junto a otras niñas en un patio de vecinos. "Pero ¿tú eres gitana?", le pregunta el individuo que parece manejar el cotarro. "No, pero quiero aprender a serlo", responde con gracia la criatura, sin ser demasiado consciente del carácter profético que al cabo de los años adquirirán esas palabras.

Tras unos duros inicios actuando en austeros cafés de posguerra, Lola (interpretada por la debutante Gala Évora) formará tormentosa pareja artística y sentimental con Manolo Caracol (García-Pérez) hasta que, harta del carácter posesivo del cantaor, decida emprender el vuelo en solitario para alcanzar la gloria en los escenarios de medio mundo. Una agitada trayectoria tanto en lo artístico como en lo personal, repleta de amoríos y escarceos de todo tipo, que entrará en una fase de mayor estabilidad cuando conozca a un rumbero barcelonés, apodado "El Pescaílla" (Alfonso Begara), al que une su destino para formar una familia.



domingo, 24 de octubre de 2021

Marbella, un golpe de cinco estrellas (1985)




Director: Miguel Hermoso
España/EE.UU., 1985, 98 minutos

Marbella, un golpe de cinco estrellas (1985)


El éxito cosechado por Truhanes (1983) debió de animar a su director, el granadino Miguel Hermoso, a probar fortuna con una historia de similares características, pero valiéndose de un formato mucho más internacional. Motivo por el que la acción de Marbella, un golpe de cinco estrellas (1985) se situó en la entonces floreciente ciudad de la Costa del Sol, escenario idóneo para una trama repleta de los habituales clichés en torno a la corrupción y el vicio.

Encabezaba el reparto una vieja gloria de la talla de Rod Taylor, otrora estrella rutilante a las órdenes de Hitchcock en Los pájaros (1964) y que aquí interpreta a un ex comandante de la guerra de Corea obsesionado con vengarse del altanero capitoste que le ha destrozado su barco. A tal efecto se irá rodeando de una variopinta red de colaboradores que van desde una amante repudiada por su adversario (la sueca, y antigua chica Bond, Britt Ekland) hasta un transformista de pacotilla (Óscar Ladoire) que deberá suplantar la personalidad del engreído traficante.



Con todo y con eso, sus cómplices más solícitos van a ser los habilidosos Germán (Fernando Fernán-Gómez) y Juan (Paco Rabal). El primero es todo un as falsificando firmas, mientras que el otro no tiene rival robando carteras con sigilo. Juntos planearán ese espléndido golpe al que alude el título, no sin antes solicitar la ayuda inestimable del comisario Vargas (Sancho Gracia). Sin embargo, la inesperada irrupción en escena de la impetuosa hija de Germán (Emma Suárez) provoca que el protagonista pierda locamente la cabeza por ella.

Típico producto ochentero, con chicas en toples y machacona música disco sonando continuamente de fondo, lo cierto es que la mano de Mario Camus en el guion apenas contribuyó a elevar ni un ápice la calidad final de la película. Aunque ya se sabe cómo solían discurrir estas producciones en tierras marbellíes: probablemente los actores aceptaron trabajar en ella por el aliciente que supone disfrutar del sol y la bulliciosa vida nocturna de la ciudad. Del resto poco se salva, si no es la curiosidad de ver actuar a Rod Taylor junto a nombres míticos del cine español.



jueves, 17 de mayo de 2018

La luz prodigiosa (2003)




Director: Miguel Hermoso
España, 2003, 108 minutos

La luz prodigiosa (2003) de Miguel Hermoso

Solamente por oír 
la campana de la Vela 
te puse una corona de verbena. 

Granada era una luna 
ahogada entre las yedras. 

Solamente por oír 
la campana de la Vela 
desgarré mi jardín de Cartagena. 

Granada era una corza 
rosa por las veletas. 

Solamente por oír 
la campana de la Vela 
me abrasaba en tu cuerpo 
sin saber de quién era.

Federico García Lorca
IV. «Gacela del amor que no se deja ver»
Diván del Tamarit (1934)

Hay veces en las que lo que pudo haber sucedido, aun a sabiendas de que se trate de una mera fabulación apócrifa, resulta mucho más sugerente que la insípida realidad. Cuando en 1999 La 2 de Radio Televisión Española emitió la serie de docuficción Páginas ocultas de la historia, magnífico espacio divulgativo que condujera el añorado periodista Felipe Mellizo, el episodio que mayor trascendencia obtuvo fue, precisamente, el dedicado a la muerte de Federico García Lorca y una supuesta versión de los hechos según la cual el poeta no habría fallecido a manos de sus verdugos, sino que, habiendo sobrevivido al fusilamiento, aún permaneció varios años, malherido y amnésico, en un hospicio.



No fueron pocos los incautos que tomaron por verídica lo que no era más que una invención surgida de la fantasía del escritor Fernando Marías, quien en su novela La luz prodigiosa (originalmente publicada en 1992) especulaba con la posibilidad de que los hasta la fecha infructuosos esfuerzos por localizar el cadáver de Lorca fuesen consecuencia de un final muy distinto al comúnmente aceptado por la historiografía oficial.

Tal vez a raíz de la repercusión mediática que tuvo el programa, cuatro años después se estrenó la versión cinematográfica del texto que lo inspiró. Dirigida por el granadino Miguel Hermoso, la película contó con un reparto excepcional, encabezado por Alfredo Landa, Kiti Mánver, José Luis Gómez y el italiano Nino Manfredi, amén de la banda sonora compuesta por Ennio Morricone.

Si hay una palabra que defina con exactitud su argumento, ésa es entrañable: en la estela de la ineludible vulgarización en torno a la figura y la obra lorquianas que conllevaron los actos conmemorativos del centenario de su nacimiento, Galápago (Manfredi) nos es presentado como un desvalido ancianito, no exento de un cierto toque pueril, a cuya desmemoriada cabeza irán acudiendo, poco a poco y con la inestimable ayuda de Joaquín (Landa), unos recuerdos que, en su día, le fueron arrebatados por la barbarie y que ahora regresan con cuentagotas como si de un acto de justicia poética se tratase.