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martes, 9 de abril de 2019

Mentes brillantes (2018)




Título original: Première année
Director: Thomas Lilti
Francia, 2018, 92 minutos

Mentes brillantes (2018) de Thomas Lilti


Thomas Lilti, el cineasta que iba para galeno, tiene nueva película. Que, como ya viene siendo habitual en él, gira en torno a un tema que conoce al dedillo: en este caso, el de la ardua preparación a la que deben someterse quienes aspiran a cursar la carrera de Medicina (de hecho, ése es el título original en francés del filme: Première année). A este paso, y tras haber dirigido Hipócrates (2014), convertida después en serie de televisión, y Un doctor en la campiña (2016), Lilti va camino de aburrir a propios y extraños a base de estrujar hasta el empalago siempre el mismo asunto.

En el caso particular de Mentes brillantes (absurdo título con el que el filme ha sido rebautizado aquí en España) la historia se centra en dos estudiantes, Antoine (Vincent Lacoste) y Benjamin (William Lebghil), cuyas respectivas capacidades de aprendizaje son tan opuestas como complementarias. El primero, inseguro y taciturno, pretende compensar su indecisión empollando a todas horas; el otro, en cambio, afronta con mayor serenidad el reto de superar el examen de ingreso. Resultado: mientras que Benjamin sale más o menos airoso del lance, Antoine quedará expuesto a sucesivas crisis de ansiedad al no ver recompensado con buenas notas su ingente esfuerzo.



Que Thomas Lilti tira de experiencias autobiográficas a la hora de escribir sus guiones queda fuera de dudas, toda vez que tanto el protagonista de la ya mencionada Hipócrates así como el de la película que nos ocupa se llaman igual, lo cual llevaría a pensar que Benjamin bien pudiera ser una especie de trasunto del propio director.

Sea como fuere, el tal Lilti hace gala de una similar caligrafía en todos sus trabajos. Algo que puede apreciarse desde la elección de los actores (Lacoste es la segunda vez que trabaja a sus órdenes) hasta en las canciones que incluye en la banda sonora: si Médecin de campagne contenía la desgarradora "Wild Is The Wind" interpretada por Nina Simone, en Première année se sirve de un hit pachanguero de Donna Hightower ("This World Today Is A Mess") para subrayar la idea de que ni la vida ni los estudios conviene tomárselos excesivamente en serio.


viernes, 26 de enero de 2018

C'est la vie (2017)




Título original: Le sens de la fête
Directores: Olivier Nakache y Éric Toledano
Francia/Canadá/Bélgica, 2017, 117 minutos

C'est la vie (2017)


Se equivoca Lluís Bonet Mojica cuando, en La Vanguardia de hoy, califica a C'est la vie de "pirueta comercial". En eso y en recordar por enésima vez el ya cansino sonsonete de que Nakache y Toledano fueron también los directores de Intocable. Porque si uno se para a pensar, bajo esa apariencia de screwball comedy hilarante con música de Avishai Cohen se esconden momentos de una conmovedora belleza rayana en lo tragicómico: pobres diablos que se esfuerzan en vano en aparentar el caché que nunca tendrán, sus personajes forman un heterogéneo grupo dedicado, con más pena que gloria, a la organización de banquetes de boda.

Encabeza el reparto Max (Jean-Pierre Bacri), ese hombre hastiado de un trabajo que no le gusta y a quien Josiane (Suzanne Clément), su compañera y amante, le ha dado un ultimátum: o deja de una vez por todas a su mujer para estar con ella o lo suyo se terminó. El fotógrafo Guy (Jean-Paul Rouve) tiene en común con su amigo Max el hecho de pertenecer a una generación analógica a la que ya hace rato que se les pasó el arroz, puesto que ni el uno ni el otro saben manejarse adecuadamente con las nuevas tecnologías: si el uno no se aclara con el corrector automático a la hora de enviar un WhatsApp, dando lugar a más de una situación embarazosa, el otro ni siquiera sabe lo que es una app...



No son los únicos desplazados: vestido con un lamentable pantalón de pijama cuando no está de servicio, al camarero Julien (Vincent Macaigne) le cuesta aceptar que ya no es profesor, razón por la que tal vez se dedica a corregir continuamente a todo el mundo. Como también resulta enormemente patético James (Gilles Lellouche), cantante de orquesta cuyo verdadero nombre es Étienne y que lo mismo canta en italiano que en portugués que en el idioma que haga falta (por supuesto, todos en su vertiente macarrónica). Se lleva a matar con Adèle (Eye Haidara), la temperamental asistente de Max, aunque ya se sabe que los que se pelean se acaban deseando y ellos no parece que vayan a ser una excepción a dicha regla. Por último, Pierre (Benjamin Lavernhe) es el arrogante novio que aburrirá a los comensales con un inacabable discurso tan pedante como soporífero.

Es, precisamente, cuando vemos a Pierre avanzar por los aires, en el momento álgido de su performance, que el espectador cobra conciencia del verdadero alcance dramático de ese grupo humano: "Y en el mundo, en conclusión, / todos sueñan lo que son, / pero ninguno lo entiende". Le sens de la fête, título original del filme, nos muestra el gran teatro de la vida, donde cada uno interpreta su papel como buenamente puede y aun arriesgándose a que todo se vaya a pique en cualquier momento. Suerte que la pareja de tamiles que forma parte de la plantilla hará las delicias de los novios con un improvisado espectáculo que viene a demostrar lo ridículo de los sofisticados preparativos en plan rococó (con palacio versallesco y lacayos con peluca empolvada) que habían planificado con tanto esmero.


viernes, 29 de abril de 2016

Los recuerdos (2014)




Título original: Les souvenirs
Director: Jean-Paul Rouve
Francia, 2014, 92 minutos

Los recuerdos (2014) de Jean-Paul Rouve


Últimamente, los sentimientos andan un tanto a flor de piel en la familia Esnard. Por diferentes motivos: la abuela Madelaine (Annie Cordy) ha llegado ya a una edad en la que su frágil estado de salud aconseja que se la ingrese en una residencia geriátrica. De modo que, a regañadientes, la anciana se verá obligada a abandonar su apartamento. El padre (Michel Blanc) acaba de jubilarse sin pena ni gloria tras toda una vida dedicada a trabajar en Correos y ve cómo la apatía se instala en su existencia. La madre (Chantal Lauby) comprueba con resignación cómo, falto de alicientes, su matrimonio corre el riesgo de hacer aguas debido a la monotonía. Finalmente, Romain (Mathieu Spinosi) es el hijo veinteañero en busca de su media naranja que lucha por abrirse camino: tras haber estudiado literatura, comparte piso con el excéntrico Karim (William Lebghil) y entra a trabajar como vigilante nocturno en un hotel, contratado por Philippe (al cual interpreta el propio director del filme, Jean-Paul Rouve).

En su afán por superar sus respectivas crisis personales, los miembros del clan irán en busca de sí mismos adonde haga falta con tal de conseguirlo. Particularmente emotiva es, al respecto, la relación que se establece entre abuela y nieto y que les llevará hasta la costa de Normandía para revivir los recuerdos de niñez de Madelaine y, en el caso de Romain, acabar dando con lo que tanto anhelaba.

En palabras del director: "Un día un periodista me dijo que me interesaba por la gente que no estaba en su lugar. Y, de hecho, me gusta la gente que no se encuentra en su sitio: eso forma parte de la vida y concierne a una gran mayoría de la gente. Permanecemos ahí por pereza, por seguridad, por amor... Y a veces nos damos cuenta. No es el caso de Romain, pero él ya siente miedo de no estar donde debería. Esto también afecta al personaje  de Michel Blanc: el paso a la jubilación actúa como una revelación. Del mismo modo, la abuela deja pasar la vida y repentinamente toma otro camino. Me gusta la idea de que la gente haga lo que puede. Con frecuencia intentamos hacer el bien y, a veces, nos equivocamos".

Basada en la novela de David Foenkinos, autor y también director de La delicadeza (2011), la presente adaptación de Les souvenirs peca quizá de querer abarcar todo el contenido del texto literario, lo cual conduce a apuntar tramas secundarias poco desarrolladas y de las que quizá se podría haber directamente prescindido. Tal sería el caso de, por ejemplo, la del hijo que Philippe tiene en Australia, aunque hay otras que acaban resultando entrañables, como la del viejo pintor de animales de granja o la del impertérrito empleado de gasolinera capaz de aportar respuestas sencillas a todo tipo de intrincadas congojas.

Tercera incursión tras la cámara del otrora miembro del grupo cómico Les Robins des Bois, parece ser que a Rouve le ha llegado la madurez apostando por un tipo de cine más familiar y centrado en la emotividad.

Jean-Paul Rouve (centro) dirigiendo a sus actores