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viernes, 17 de febrero de 2017

Cocorico monsieur Poulet (1974)












Título en español: Quiquiriquí señor Pollo
Director: Jean Rouch
Francia/Níger, 1974, 93 minutos



Última sesión del ciclo dedicado a Jean Rouch en la Filmo. Y de nuevo Roger Canals en la presentación para subrayar la pertenencia de la obra del francés a la etnología compartida, es decir, la que rehúye los estudios antropológicos del otro (según una visión más tradicional, vinculada al colonialismo) en beneficio de una vertiente más con el otro. En ese sentido, para Rouch no hay cine más allá del cine, por lo que no duda en explicitar su presencia dentro del filme. Así pues, en su caso Cinéma vérité vendría a significar ante todo Cine de la honestidad o incluso Cine de la investigación, aunque no se trate tanto de filmar una investigación como de investigar filmando. He ahí otro de los axiomas que guían la producción cinematográfica de Jean Rouch, en la que el movimiento resulta esencial: movimiento migratorio de sus personajes, mostrando la cultura como una entidad dinámica, pero también un continente africano que es al mismo tiempo activo.

Y dado que el visionado es una forma más de explorar la alteridad, el largometraje Cocorico monsieur Poulet ha servido esta tarde para captar el verdadero sentido de la existencia en el África subsahariana. Producido en 1974, podría ser tildado sin lugar a dudas de verdadera road movie, en la medida que sus protagonistas atraviesan no pocas dificultades en busca de unos pollos que les permitan ganarse mejor la vida. Aunque, lejos de adquirir tintes dramáticos, su odisea es esencialmente una comedia.

Ligado a lo anterior, ese destartalado Citroën que se monta y desmonta a conveniencia según las circunstancias y en el que Lam, Tallou y Damouré llevan a cabo tan estrafalario periplo se acabará convirtiendo en un personaje más, tal vez en el protagonista. Pero no hay estrechez ni río caudaloso que los amilane, ni siquiera la recurrente aparición del diablo bajo forma de mujer, elemento que viene a simbolizar la presencia de la brujería en las culturas locales, si bien contribuye a emparentar Cocorico monsieur Poulet con clásicos del género como El Mago de Oz, del que sería la versión etnográfica.


miércoles, 15 de febrero de 2017

Una deesa en moviment (María Lionza a Barcelona) (2016)




Título en español: Una diosa en movimiento (María Lionza en Barcelona)
Director: Roger Canals Vilageliu
España, 2016, 62 minutos

Una deesa en moviment (2016) de Roger Canals


Antropólogo, y más concretamente especialista en antropología visual y antropología religiosa, Roger Canals (Barcelona, 1980) ha dedicado su labor investigadora al culto afrovenezolano de María Lionza, expresión sincrética en auge que trata de aunar en una sola religión elementos procedentes de los esclavos africanos, los indios y los criollos descendientes de europeos. La misma sesión en la que Canals ha presentado en la Filmoteca Moi, un noir, de Rouch, le ha servido para dar a conocer el documental Una diosa en movimiento.

Pero como la suya es una disciplina en la que la observación participante resulta de vital importancia, enseguida lo vemos sometiéndose a diversos rituales de iniciación, tanto en Barcelona en 2011 como en Venezuela en 2006. El primero de ellos consiste en dejarse ahumar el cuerpo por un mulato tremendo que dice apresar las malas vibraciones a través de las cenizas de los puros que se fuma... Eso y enjuagarse el cuerpo con una solución jabonosa a base de amoniaco: desde luego, la de antropólogo es una profesión de riesgo.

Claro que el desarrollo de un fervor semejante entre las clases más populares podría obedecer a una estrategia ideada por el chavismo con el objetivo de robarle fieles, y así debilitarla, a la jerarquía eclesiástica. Aunque el documental no dice nada al respecto. Canals se limita a indagar acerca de otros propagadores que actúan en la ciudad condal, desde un chamán que rocía con ron sus ídolos (algunos de los cuales hechos a partir de huesos humanos) hasta otro más veterano que lleva ya varias décadas instalado aquí con su familia, sin olvidar también a los vendedores de arte esotérico.

Las Tres Potencias: el Negro Felipe, María Lionza y el Cacique Guaicaipuro

Moi, un noir (1958)




Título en español: Yo, un negro
Director: Jean Rouch
Francia, 1958, 73 minutos

Moi, un noir (1958) de Jean Rouch


Al francés Jean Rouch (1917–2004) se le suele atribuir la doble paternidad del Cinéma vérité y del cine etnológico moderno. En el año de su centenario, la Filmoteca de Catalunya le dedica estos días un ciclo en el que está previsto revisar algunas de las principales aportaciones que llevó a cabo como realizador.

Presentando la sesión de hoy, el antropólogo Roger Canals ha contextualizado con bastante precisión tanto a Rouch como a su obra: "Para Jean Rouch el Cinéma vérité no era el cine de la verdad, sino la verdad del cine..." Aforismo certero y conciso que condensa buena parte de sus presupuestos estéticos. En ese sentido, Moi, un noir adquiere relevancia de manifiesto: con sus palabras iniciales, acotando quién es y qué área geográfica se dispone a analizar (Treichville: un determinado barrio de Abiyán, la entonces capital de Costa de Marfil) y dando, al mismo tiempo, la voz a los individuos cuya vida será objeto de análisis, Rouch huye de cualquier atisbo de miserabilismo para plasmar en imágenes la alegría de vivir por parte de unos hombres y mujeres que dejaron atrás su Nigeria natal para buscarse el sustento en tierra extraña.



La fotografía en color, los cánticos del terruño, las gentes bailando y tomando cerveza en las fiestas populares... O las ceremonias religiosas, lo mismo en un templo católico que en una mezquita. Todas las escenas cotidianas que capta la cámara de Rouch se rebelan como una exaltación de la multitud enfervorecida, la prueba fehaciente de lo que significa ser negro en el África colonial de finales de los cincuenta (o, por lo menos, una aproximación).

Otra lectura, sin embargo, es posible: la del africano que es un extraño en otro país africano; la de quien opta por cambiar su nombre por el de un célebre actor de Hollywood, ya sea Tarzán, Eddy Constantine, Dorothy Lamour o Edward G. Robinson, en una curiosa aculturación aparentemente simpática, pero que encierra la cifra exacta de sus sueños y frustraciones. Premio Louis Delluc 1958, es en esa crítica encubierta bajo el optimismo aparente donde reside la maestría de Jean Rouch.