Mostrando entradas con la etiqueta Jordi Dauder. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jordi Dauder. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de diciembre de 2020

Camino (2008)




Director: Javier Fesser
España, 2008, 138 minutos

Camino (2008) de Javier Fesser


Multipremiada en los Goya de 2009 con seis galardones (incluidos Mejor Película, Mejor Guion y Mejor Director), Camino fue objeto, sin embargo, de una cierta controversia por la forma más bien adusta en que aparecen retratados los integrantes del Opus Dei. De hecho, los familiares de Alexia González-Barros (1971-1985), la niña en cuya historia se inspira la cinta, se desmarcaron públicamente de lo que consideraron una mera obra de ficción.

Tal vez ahí radica la principal objeción que podría hacérsele a Javier Fesser, director, montador y guionista del filme: el evidente maniqueísmo que en todo momento transmiten unos personajes a los que se divide entre buenos y malos. En dicho sentido, el espectador se ve privado de poder extraer sus propias conclusiones, toda vez que el único punto de vista que prevalece es el del cineasta. El cual, dicho sea de paso, deja entrever de manera ostensible su antipatía hacia todo lo relacionado con la prelatura que fundase Escrivá de Balaguer.



Aún así, y es entonces cuando Camino gana muchísimos enteros, su imaginativa puesta en escena, marcada por elipsis y el uso continuo del montaje paralelo, nos adentra en el mundo interior de la protagonista (una debutante Nerea Camacho que también se llevó el Goya a la Mejor Actriz Revelación) para asistir a los sueños y pesadillas de una adolescente abocada al duro trance de una enfermedad terminal.

Habrá quien considere (quizá con razón) que Camino es una película que da "mal rollo". O que sus niñas de colegio de monjas resultan de lo más repipi. Incluso que algunos elementos quedan un tanto forzados (como el sacerdote que en la escena culminante arranca a aplaudir). Pero lo que no puede negar nadie es que está bien contada, valiéndose de una creatividad inusual en el cine español (y más tratándose del tema de fondo que aborda: la presunta santidad de una muchacha de once años). Razones más que suficientes que justifican su visionado.



viernes, 23 de febrero de 2018

Pont de Varsòvia (1989)




Título en español: Puente de Varsovia
Director: Pere Portabella
España, 1989, 85 minutos

Pont de Varsòvia (1989) de Pere Portabella


Intentar traducir en palabras las películas de Pere Portabella puede ser tan sencillo o tan complejo (como todas las cosas, esto es según se mire) como definir qué es la lluvia o el mar o la brisa agitando las ramas de los árboles. Porque el cineasta catalán filma como quien respira, con una naturalidad sólo al alcance de los más grandes.

La Barcelona que aquí vemos es la ciudad inmediatamente anterior a los Juegos Olímpicos del 92, es decir, la impulsada por el alcalde Maragall y su campaña Posa't guapa ('Ponte guapa'). Un espacio urbano presidido por la elegancia del Pabellón Mies van der Rohe y en cuya majestuosa magnificencia se recrea la cámara de Portabella con el mismo detenimiento que dedica a la fachada de edificios quizá no tan emblemáticos, pero no menos interesantes (caso de la actual sede de la Fundación Tàpies).



Comentaba el director en la presentación previa de esta tarde en la Filmoteca que su cine no obedece a un planteamiento aristotélico de causa y efecto (en realidad, no es la primera vez que le oímos decir esto). De hecho, Pont de Varsòvia carece de un argumento definido y, aunque en esta ocasión se sirvió de actores profesionales (algo no muy frecuente en su filmografía), las escenas inconexas que la forman son apenas una parodia de situaciones que van desde la concesión de un premio literario a un novelista de éxito (Jordi Dauder) hasta la noticia de un submarinista que fue absorbido por un hidroavión y posteriormente arrojado sobre un bosque en llamas. También hay lugar para la música de su habitual colaborador Carles Santos, al que vemos dirigiendo una composición propia encaramado en un andamio frente al escaparate de la chocolatería Fargas en el carrer del Pi.

Amante de las imágenes insólitas, Portabella no duda en mostrar el interior de la lonja de pescado al son de las notas del Tristán e Isolda wagneriano. O a La Fura dels Baus destrozando un vagón del metro de Berlín. Se atreve, incluso, con un cuadro viviente al estilo de la puesta en escena que Godard llevara a cabo en Passion (1982): concretamente, se trata del célebre Baño turco de Ingres. Todo suma, en definitiva, en un proyecto cuya subvención pública superó, según confesión del propio cineasta, el presupuesto inicialmente previsto, si bien la carrera comercial del filme gozó de una cierta repercusión internacional, llegando a ser presentado en el MoMA con el beneplácito de Scorsese.