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martes, 26 de agosto de 2025

El regreso de Ulises (2024)




Título original: The Return
Director: Uberto Pasolini
Italia/Grecia/Reino Unido/Francia, 2024, 116 minutos

El regreso de Ulises (2024) de Uberto Pasolini


Cuando el gran arco llegó a manos de Odiseo, todos nosotros voceábamos al porquero que no se lo entregara ni aunque le rogara insistentemente. Sólo Telémaco le animó y se lo ordenó. Así que lo tomó en sus manos el sufridor, el divino Odiseo, y tendió el arco con facilidad, hizo pasar la flecha por el hierro, fue a ponerse sobre el umbral y disparaba sus veloces saetas mirando a uno y otro lado que daba miedo. Alcanzó al rey Antínoo y luego iba lanzando sus funestos dardos a los demás, apuntando de frente, y ellos iban cayendo hacinados.

Homero
La Odisea
Traducción de José Luis Calvo

Comentaba el otro día Javier Ocaña, en su reseña sobre El regreso de Ulises (2024) publicada en El País, que la película del italiano Uberto Pasolini estaba condenada a ser "la otra", en referencia a la tan anunciada adaptación de La Odisea, a cargo de Christopher Nolan, que está previsto que se estrene el año próximo.

Sea como fuere, lo cierto es que dicha situación no es nueva y otras producciones, como por ejemplo las dos versiones de Robin Hood del 91, el blockbuster de Kevin Costner y la modesta cinta de John Irving, coincidieron en el tiempo y en las salas para mayor gloria de unas y la invisibilidad de sus "competidoras". Parece como si a la industria, movida por el oportunismo, le gustase promover ese tipo de rivalidades.



En cualquier caso, no puede decirse que esta enésima revisitación de las penalidades de Odiseo en su accidentado regreso a Ítaca aporte mucho más que un espléndido reparto en el que brillan nombres de la categoría de Ralph Fiennes, en el papel principal (y también como productor ejecutivo), Juliette Binoche (Penélope) o una veterana Ángela Molina haciendo de Euriclea, la madre del héroe.

Por lo demás, estamos ante una puesta en escena correcta, fiel al texto de Homero en lo esencial, aunque sin la intervención directa de los dioses del Olimpo (lo cual, dicho sea de paso, habrá sin duda contribuido a abaratar los costes de producción...), y que, como no podía ser de otro modo, culmina con el protagonista tensando su propio arco para, después de pasar una flecha por el ojo de doce hachas, ajusticiar a los molestos pretendientes que ocupan su hacienda.



miércoles, 27 de diciembre de 2023

A fuego lento (2023)




Título original: La passion de Dodin Bouffant
Director: Trần Anh Hùng
Francia, 2023, 134 minutos

A fuego lento (2023) de Trần Anh Hùng


La predilección del vietnamita Trần Anh Hùng por lo sensorial queda patente una vez más con una cinta que es, al mismo tiempo, un homenaje a los placeres culinarios. Tras el drama generacional Éternité (2016), su anterior trabajo, La passion de Dodin Bouffant (2023), aquí traducida con un insustancial A fuego lento, apela al apetito del espectador por la vía siempre infalible de ver cómo se preparan suculentas recetas, a cuál más exquisita. A fin de cuentas, no deja de ser el mismo recurso del que se sirven los espacios televisivos al uso, llámense La cocina de Karlos Arguiñano o MasterChef.

Aunque también es cierto que rodar un filme de tales características comporta una elevada dificultad técnica, en especial si está ambientado a finales del siglo XIX, lo que lo convierte, además, en una película de época. Porque, indudablemente, los responsables de la dirección artística demuestran conocer a fondo la pintura de un período cuyo mobiliario y forma de vestir aparecen minuciosamente documentados en pantalla.



Ocurre un poco lo mismo con la pasión sibarita de la que hacen alarde los miembros de las sociedades gastronómicas, círculos esencialmente masculinos integrados por verdaderos gourmets al estilo de los comensales que suelen acompañar al protagonista, ese Dodin Bouffant del título original al que interpreta con bastante acierto Benoît Magimel. A este respecto, la escena en la que todos ellos se tapan la cabeza con una servilleta para así degustar mejor los efluvios de un muslo de codorniz revela bien a las claras la fruición rayana en extravagancia de unos hombres para los que la existencia gira en torno a la comida.

Sin embargo, tanto afán por recrearse en los intríngulis del arte de guisar provoca, en cierta manera, que la cinta se resienta a nivel argumental, por lo que la relación entre el mencionado Bouffant y la sin par cocinera Eugénie (Juliette Binoche) carece por completo de la credibilidad necesaria, de modo que su atípica historia medio profesional medio sentimental apenas sí llega a adquirir la profundidad que cabría esperar de un idilio a priori tan relevante.



martes, 13 de septiembre de 2022

Caché (2005)




Título en español: Escondido
Director: Michael Haneke
Francia/Austria/Alemania/Italia, 2005, 117 minutos

Caché (2005) de Michael Haneke


Buena parte de las premisas en las que se basa Caché (2005) estaban ya presentes en Benny's Video (1992): ¿de qué nos sirven la cultura y el bienestar económico si nuestros hijos crecen odiándonos? A este respecto, el comedor de Anne y Georges Laurent (interpretados, respectivamente, por Juliette Binoche y Daniel Auteuil) simboliza, con sus estantes repletos de libros, la ostentación intelectual por parte de una burguesía ajena a las amenazas que se ciernen sobre ella.

Y es que, de un tiempo a esta parte, el matrimonio Laurent está recibiendo unos extraños paquetes cuyo inquietante contenido consiste en grabaciones caseras en las que se les ve a ellos mismos entrando y saliendo de su propio domicilio. Las cintas, por cierto, suelen ir acompañadas de algún dibujo o tarjeta perturbadoramente desagradables.



A medida que vayamos adentrándonos en los pormenores de la historia se hará cada vez más evidente que el honorable padre de familia, hoy célebre crítico literario y estrella de la televisión, esconde, sin embargo, un oscuro pasado como miembro de una clase social privilegiada, fruto del colonialismo francés, que en su día trató injustamente a un niño de origen magrebí al que tenían a su cargo. De modo que cabría pensar en la posibilidad de que Georges estuviese siendo víctima de algún tipo de ajuste de cuentas.

Pero Haneke, siempre parco en explicaciones, opta por un final aparentemente "abierto" en el que no se revela a las claras quién es el remitente de las filmaciones. A no ser que el espectador atento se tome la molestia de fijarse en la escena final en la escalinata del instituto. Y entonces todo encaja…



domingo, 11 de septiembre de 2022

Código desconocido (2000)




Título original: Code inconnu: Récit incomplet de divers voyages
Director: Michael Haneke
Francia/Austria/Rumanía/Alemania, 2000, 118 minutos

Código desconocido (2000) de M. Haneke


Una indigente pide limosna sentada en la esquina de un populoso barrio parisino. De repente, un joven transeúnte que pasaba junto a ella lanza sobre el regazo de la mujer, y de muy malas maneras, una bolsa de papel. Lo cual propicia las protestas airadas de otro muchacho, éste de color, quien increpa al agresor reprochándole su conducta y exigiéndole que se disculpe de inmediato. La policía no tarda en intervenir. Resultado: el joven negro es detenido y la inmigrante rumana deportada a su país...

La clave para llegar al fondo de Code inconnu (2000) nos la aporta su propio subtítulo, ese "relato incompleto de diversos viajes" que no es sino una forma velada de aludir a las distintas vidas humanas que se entrecruzan a lo largo de la película. Una manera de narrar muy característica de Haneke y que, como ya sucediera en su anterior 71 fragmentos de una cronología del azar (71 Fragmente einer Chronologie des Zufalls, 1994), consiste en una sucesión de escenas aparentemente inconexas que corta abruptamente cuando le parece.



Para una correcta comprensión de lo que aquí se muestra, tal vez habría que incidir en la firme voluntad del cineasta a la hora de evidenciar las desigualdades sociales en un mundo interconectado y cómo lo que ocurre en la capital francesa, por muy anecdótico que parezca, puede repercutir negativamente sobre la existencia de seres humanos que se hallan dispersos por todo el planeta, ya sea en Rumanía, en Kosovo o hasta en Mali.

Pero además de las conexiones que puedan darse entre los destinos de los personajes, como consecuencia de habitar todos ellos en una aldea global, lo verdaderamente significativo de la cinta radica en la denuncia que se lleva a cabo de la indiferencia burguesa respecto a la pobreza y la marginalidad en el seno del primer mundo. Así pues, llama poderosamente la atención que sean precisamente los más vulnerables, caso de Amadou (Ona Lu Yenke) en la escena inicial que comentábamos más arriba o del viejo árabe (Maurice Bénichou) que planta cara a los individuos que increpan a Anne (Juliette Binoche) en el metro, quienes adoptan una actitud comprometida y valiente mientras los "civilizados" europeos miran hacia otro lado.



lunes, 30 de diciembre de 2019

La verdad (2019)




Título original: La vérité
Director: Hirokazu Koreeda
Francia/Japón, 2019, 107 minutos

La verdad (2019) de Hirokazu Koreeda


Por definición, resulta casi imposible que un cineasta, cuando es un verdadero autor, ruede una película en otro país y en otro idioma sin que se pierda algo por el camino. Y lo mismo podría decirse de un poeta que no escriba en su lengua materna. Hecha esta salvedad, conviene admitir que La vérité es una película que se deja ver con agrado. No tanto por su imponente reparto, encabezado por Catherine Deneuve junto a Juliette Binoche y Ethan Hawke, sino porque de principio a fin logra capturar una cierta atmósfera otoñal —muy zen, por otra parte— que es la esencia de la historia que nos cuenta.

La de una diva de la interpretación, Fabienne Dangeville (Deneuve), que acaba de publicar sus memorias y que ve, no sin cierto recelo disfrazado de autosuficiencia, cómo una nueva generación de actrices se dispone a tomar el relevo. Lo que, en su fuero interno, vive con el temor de que le arrebaten un protagonismo que ella considera que le pertenece en exclusiva. De hecho, ya vivió en el pasado una rivalidad semejante con una tal Sarah, hoy difunta pero idéntica a su joven compañera de reparto, cuyo recuerdo (como la Rebecca hitchcockiana) todo lo impregna. Por tanto, ni que decir tiene que la señora de marras, a fuerza de alimentar su ego, ha acabado desarrollando un carácter ligeramente insufrible. Extremo que, sucesivamente, corroborarán su hija (Binoche), su yerno (Hawke), su asistente (Alain Libolt) y hasta un abnegado marido relegado a cocinero.



Hay, en todo ello, mucho de ajuste de cuentas familiar, con especial insistencia a propósito de lo poco fiables que son los recuerdos. La memoria nos traiciona y, por ende, no existe la verdad objetiva, sino tantos puntos de vista como personas. O percepciones distintas respecto a una misma realidad. De ahí que Fabienne, ante las quejas que suscita entre su entorno más inmediato el contenido de su autobiografía, se excuse reclamando el derecho de cada cual a omitir o seleccionar los episodios de su vida según le plazca. Y hasta a embellecer los hechos con tal de agradar a su público.

Pero, a pesar de todo, la estrella también tendrá tiempo de reconciliarse con su hija, mejorar la comunicación con el yerno (aunque no hablen el mismo idioma) y entablar complicidades con su nieta. Porque no deja de ser una persona, al fin y al cabo, y esa coraza que se ha ido construyendo durante tantos años terminará por ceder para que pueda hacer las paces con el mundo y hasta dejar al descubierto la capacidad de convertir a la gente en tortuga según se le antoje. En cualquier caso, Koreeda apuesta por la misma fórmula que ya ensayara Truffaut en La nuit américaine (1973): la del cine dentro del cine, con un rodaje de un inverosímil filme de ciencia ficción que no deja de ser un espejo cóncavo en el que la otrora prepotente Fabienne verá reflejadas sus propias limitaciones.


viernes, 9 de agosto de 2019

Tres colores: Blanco (1994)



















Título original: Trois couleurs: Blanc
Director: Krzysztof Kieślowski
Francia/Polonia/Suiza, 1994, 92 minutos

Tres colores: Blanco (1994)
de Krzysztof Kieślowski

Aparte de ser la segunda entrega de la trilogía Tres colores de Kieślowski, Blanco es también, casi con toda probabilidad, una de las películas más contradictorias que jamás se hayan filmado, puesto que, a pesar de su título, el sentido del humor que destila la trama es bastante negro...

Y es que el cineasta polaco, que en Azul había planteado una puesta en escena muy francesa, volvió con Blanco al universo que mejor conocía: el de su país natal, en este caso tras la caída del Muro y posterior irrupción de un cruento neoliberalismo sin escrúpulos que todo lo impregna y todo lo domina.



Llamarse Karol Karol (Zbigniew Zamachowski) y regresar a Polonia dentro de un baúl ya son suficientes indicios para hacerse una idea aproximada de cómo es el protagonista de esta historia. En París, su esposa Dominique (Julie Delpy) solicita el divorcio alegando que no se ha consumado el matrimonio. Aun así, Karol, peluquero de profesión al igual que su ex, continúa enamorado de ella, por lo que finge su propia muerte con la esperanza de volver a verla. Aunque, por una extraña carambola del destino, es Dominique quien termina en una prisión polaca.

Pero, volviendo al tema del humor negro al que antes aludíamos, son muchos los detalles que acercan este filme al particular universo de directores españoles como Berlanga (por la visión crítica y sarcástica de una sociedad irremediablemente corrupta en la que el igualitarismo socialista ha dado paso al "sálvese quien pueda") o incluso el Antonio Mercero de La cabina (de hecho, hay un momento en el que Karol a punto está de acabar como José Luis López Vázquez en aquel mítico cortometraje).


jueves, 8 de agosto de 2019

Tres colores: Azul (1993)

















Título original: Trois couleurs: Bleu
Director: Krzysztof Kieślowski
Francia/Polonia/Suiza, 1993, 94 minutos

Tres colores: Azul (1993)
de Krzysztof Kieślowski

Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada...

Corintios, 13, 3

Tras perder a su marido y a su hija en un fatídico accidente de coche, Julie (Juliette Binoche) decide romper drásticamente con su pasado y abandonarse a una profunda soledad. Es por eso que se deshace de los bienes de su esposo, destruye sus partituras, vende la mansión que habían compartido, despide a los sirvientes, recupera su apellido de soltera y se instala en un modesto apartamento parisino. No conserva el menor rastro de su vida anterior, excepto un colgante de piedras azules que adornaba la habitación de su hija. Ahora, la única familia de Julie es su propia madre, ingresada en una residencia, aunque la anciana, que ya no la reconoce, la confunde con otra persona cuando la va a visitar...

La primera entrega de la trilogía dedicada a los colores de la bandera francesa denota un cierto amaneramiento en su puesta en escena que tal vez sea debido al hecho de rodar en otro país y en otra lengua. En cualquier caso, la premisa de anteponer el azul al normal desarrollo del relato provoca que la filigrana acabe por devorar al argumento. En ese sentido, es muy probable que Kieślowski hubiese ya dado lo mejor de sí mismo cuando era aquel cineasta valiente, dispuesto a enfrentarse a la férrea maquinaria del Estado polaco durante la época del comunismo, en vez de un prestigioso realizador del Este invitado a trabajar en Francia por el todopoderoso Marin Karmitz.



Aun así, no puede negarse que Bleu sigue siendo una gran película, sobre todo gracias a la soberbia banda sonora compuesta por Zbigniew Preisner y en especial por esa «Canción para la unificación de Europa» cuya letra, procedente de la Primera epístola de San Pablo a los corintios, prefigura, en buena medida, el comportamiento que observará la protagonista durante todo el filme.

Porque, como ya sucediera en su célebre Decálogo (donde cada episodio estaba inspirado en uno de los diez mandamientos), los títulos que integran la trilogía Trois couleurs parten, respectivamente, de los elementos que conforman el lema de la República Francesa. De modo que, para Kieślowski, el azul es el color de la libertad. La misma que aspira a conseguir Julie a toda costa, aun a riesgo de aislarse del mundo.


lunes, 3 de junio de 2019

Clara y Claire (2019)




Título original: Celle que vous croyez
Director: Safy Nebbou
Francia/Bélgica, 2019, 101 minutos

Clara y Claire (2019) de Safy Nebbou

Y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son, 
aunque ninguno lo entiende...

Las denominadas redes sociales reciben tal apelativo porque teóricamente nos interconectan, aunque, como a la protagonista de Celle que vous croyez (2019), también pueden atraparnos. Sobre todo si, amparándose en el relativo anonimato que ofrecen, uno cae en la tentación de parapetarse tras un perfil falso.

En ese aspecto, la película de Safy Nebbou no gira tanto en torno al dilema moral de si mentir puede acarrear fatales e inesperadas consecuencias (que también), sino, de un modo especial, a propósito del problema de la identidad en las sociedades modernas.

¿Que las mujeres, principalmente a partir de una cierta edad, se vuelven invisibles? Ningún problema: internet nos brinda la posibilidad de crear un alter ego virtual, joven y apetecible, capaz de mantener vivo el encanto que, en el riguroso mundo sensible, los estragos del tiempo se empeñan en marchitar.



De ahí que Claire, la profesora universitaria encarnada por Juliette Binoche, le confiese a su terapeuta (Nicole Garcia) que, más que hacerse pasar por una joven de veinticuatro años, ella siente que tiene esa edad cada vez que contacta con Alex (François Civil) a través de Facebook.

Basado en la novela de Camille Laurens, el filme se vale de un argumento convencional y hasta cierto punto previsible para recordarnos el carácter etéreo de la realidad, el derecho a reinventarse a uno mismo y/o la posibilidad de utilizar las nuevas tecnologías para rebelarse contra los estereotipos que terminan por encasillarnos.


martes, 16 de abril de 2019

Dobles vidas (2018)




Título original: Doubles vies
Director: Olivier Assayas
Francia, 2018, 108 minutos

Dobles vidas (2018) de Olivier Assayas


Tanto el tratamiento de la imagen (la película se ha rodado en Súper 16mm, algo inusual hoy en día) como la propia estructura de Doubles vies (2018), basada esencialmente en el diálogo de los personajes, remiten de inmediato al universo de cineastas como Woody Allen o Éric Rohmer (o eso, al menos, es lo que hacen notar la mayoría de reseñas sobre el último filme de Olivier Assayas). En realidad, es muy probable que el director francés haya pretendido, más que rendir homenaje a la manera de hacer cine de los grandes maestros (que también), llamar la atención sobre un mundo que se acaba, por lo menos tal y como lo habíamos conocido hasta la fecha.

A tal efecto, las continuas referencias a la crisis del sector editorial, los nuevos hábitos de los lectores y la irrupción del fenómeno blog deben entenderse como los síntomas de un cambio de ciclo, con la inevitable incertidumbre que comporta el saber que aquello que amamos tiene los días contados.



De ahí a hablar del futuro del cine en tanto que arte no hay más que un paso. Porque el avispado Assayas, que ha elegido a un editor (Guillaume Canet) y a un novelista (Vincent Macaigne) en horas bajas como protagonistas de su historia, podría perfectamente haber abordado el tema con tan sólo cambiar un par de palabras de su propio guion. Concretamente, cuando el personaje de Pascal Greggory se asombra de que la gente prefiera leer los libros en el móvil y no en papel. ¿Acaso no ocurre lo mismo con las pelis?

De todas formas, conviene no perder de vista que Doubles vies es una comedia y que, por lo tanto, las cuitas de Alain (el librero adúltero), Selena (Juliette Binoche), Léonard (el escritor que se resiste a admitir sus traumas llamándolos autoficción) y Valérie (Nora Hamzawi) deberían hacernos sonreír más que preocuparnos. A fin de cuentas, quienes se tomen la molestia de ir a ver un filme de estas características —es decir: los que aún compran cedés (¡o vinilos!), prefieren disfrutar del cine en pantalla grande o de la lectura en letra impresa— ya son plenamente conscientes de formar parte de una especie en vías de extinción. O no.


jueves, 14 de febrero de 2019

High Life (2018)




Directora: Claire Denis
Alemania/Francia/Reino Unido/Polonia/EE.UU., 2018, 110 minutos

High Life (2018) de Claire Denis


Con el eco aún reciente de su anterior película (la intimista Un beau soleil intérieur), la veterana Claire Denis contraataca de nuevo con una coproducción internacional de ciencia ficción rodada en inglés cuyos referentes inmediatos serán fácilmente identificables para el cinéfilo medio.

Es el caso, por ejemplo, de los cuerpos criogenizados de la tripulación que Monte (el mismo Robert Pattinson de la saga Crepúsculo) lanza por la borda o la cápsula espacial que se adentra vertiginosamente en los confines del universo. Alusión evidente e inconfundible, tanto la una como la otra, al clásico entre clásicos del género sideral: 2001 y la odisea interestelar de Kubrick.



En cambio, la imponente nebulosa azafranada cuyos contornos vemos girar sobre sí mismos remite al planeta pensante que Tarkovsky hiciera célebre a través de Solaris (1971), mientras que la cabina masturbatoria en el interior de la cual la pérfida doctora Dibs (Juliette Binoche) protagoniza una tórrida escena podría considerarse la variante dramática del orgasmatrón con el que Woody Allen nos hacía reír en Sleeper (1973).

Bien pensado, la extraña y, en apariencia, rebuscada historia que se cuenta en High Life no deja de ser una parábola del mundo actual y de los inconvenientes que sobre él se ciernen: la incomunicación, la soledad, la obsesión por el sexo, la violencia machista, el ocaso de la humanidad, desnortada y rumbo a un incierto horizonte amarillo en el que padre e hija pondrán el punto y final a su accidentado periplo.


sábado, 14 de abril de 2018

Un sol interior (2017)















Título original: Un beau soleil intérieur
Directora: Claire Denis
Francia/Bélgica, 2017, 94 minutos

Un sol interior (2017)

En los primeros compases de su última película, la directora francesa Claire Denis (París, 1946) apuesta por sorprendernos haciéndonos creer que la protagonista es una prostituta de lujo cuando, en realidad, se trata de una pintora que va en busca del amor ideal. Objetivo que no logra ver cumplido, quizá porque, como se señala en el título, a menudo es dentro de uno mismo donde realmente se halla la solución.

Ya en White Material (2009) Denis centraba su atención en una mujer independiente propietaria de una plantación de café (interpretada por Isabelle Huppert) en el contexto de un conflicto bélico en el continente africano. Ahora el protagonismo vuelve a recaer en otra estrella del cine galo (Juliette Binoche), aunque en esta ocasión la batalla se libra en su interior: ansiosa por disfrutar de una vida sentimental plena, los amantes irán desfilando, uno tras otro, por su lecho sin que ninguno de ellos logre ser el definitivo.



A decir verdad, la práctica mayoría son descritos como un hatajo de idiotas, desde el repulsivo banquero Vincent (Xavier Beauvois) hasta el vanidoso actor teatral al que da vida Nicolas Duvauchelle. Quizá por ello, la última escena deriva un tanto hacia la comedia al desarrollarse en la consulta de un vidente (Gérard Depardieu) que da consejos de lo más variopinto a Isabelle mientras los títulos de crédito desfilan por el margen izquierdo de la pantalla.

En realidad, Un beau soleil intérieur le deja a uno la sensación de obra improvisada, como si los diferentes ingredientes de su guion fuesen un todo deslavazado. Lo cual demuestra que, para que una película funcione, no basta con acumular algunos nombres ilustres en el reparto (como Josiane Balasko o Valeria Bruni Tedeschi, aparte de los ya mencionados Depardieu y Binoche).


lunes, 1 de mayo de 2017

La alta sociedad (2016)




Título original: Ma Loute
Director: Bruno Dumont
Francia/Alemania/Bélgica, 2016, 122 minutos

La alta sociedad (2016) de Bruno Dumont


A quienes ya tuvimos ocasión de ver la miniserie televisiva P'tit Quinquin no puede sorprendernos demasiado el nuevo trabajo del cineasta Bruno Dumont, puesto que el estrambótico y a veces excesivo método de interpretación que impone a sus actores vuelve a estar presente en Ma Loute (aquí titulada con el poco imaginativo La alta sociedad).

Pero, ¿qué está pasando en el cine francés que últimamente se interesa tanto por el canibalismo? Lo vimos en Raw y ahora en La alta sociedad... Pues nada: sencillamente lo mismo que sucede en el cine americano y en el de todas partes. Son modas, tan pasajeras como caprichosas. ¿O es que acaso en Bone Tomahawk (2015) el director S. Craig Zahler no ha hecho lo propio?



Sea como fuere, lo cierto es que el estilo desplegado por Dumont puede llegar a cansar a propios y a extraños, con un Fabrice Luchini que, si ya de por sí suele pecar de histriónico, ahora excede, con mucho, todos los límites del decoro interpretativo en su papel de patriarca de los Van Peteghem, esos acaudalados y cursis burgueses de 1910 que se maravillan ante la pintoresca belleza de los acantilados del Pas-de-Calais.

¿Son los Van Peteghem el equivalente fin de siècle de los Buendía de García Márquéz? Pues, ¿por qué no? Algo hay de realismo mágico en Ma Loute, donde las señoras también levitan sin razón aparente como sucedía con alguna de las heroínas de Cien años de soledad. Pero, más aún, es el universo del cómic lo que en realidad está muy presente, pues la inmensa mayoría de los personajes de La alta sociedad parecen salidos de una historieta de Tintín. Sobre todo la pareja de inspectores formada por Machin y Malfoy, tan similares en vestimenta o temperamento a Hernández y Fernández.


lunes, 15 de junio de 2015

Viaje a Sils Maria (2014)











Título original: Clouds of Sils Maria
Director: Olivier Assayas
Francia/Suiza/Alemania/EE.UU./Bélgica, 2014, 124 minutos



Viaje a Sils Maria (2014)

Si hay ahora mismo en Francia dos directores que generen expectación, ésos son, sin duda alguna, François Ozon (de quien hace unos días comentábamos Una nueva amiga) y Olivier Assayas, que acaba de estrenar Viaje a Sils Maria. En ambos casos, se trata de cineastas que atesoran una prolífica filmografía con una marcada personalidad, puesto que no dudan en asumir riesgos y dejarse guiar por su instinto.

Viaje a Sils Maria encaja a la perfección en dicha categoría, debido a que se trata de una película que juega a confundir diversos planos (hasta tres, por lo menos). Así pues, no solo es la historia de una actriz veterana que asiste impávida al paso del tiempo (Maria Enders) sino también del personaje que la hizo célebre hace veinte años (Sigrid) y del que ahora se dispone a interpretar (Helena). Finalmente, hay muchas similitudes con la propia Juliette Binoche.



Se la ha comparado, por ello, con Eva al desnudo, por lo que tiene de enfrentamiento entre actrices jóvenes que luchan por abrirse camino (Chloë Grace Moretz o su alter ego en la película, Jo-Ann Ellis) y estrellas consagradas que afrontan su declive con más o menos resignación.

Aunque los vínculos de Maria Enders con su asistente Valentine (Kristen Stewart) son tan estrechos que acaban por asemejarse deliberadamente a la tormentosa relación que mantienen Sigrid y Helena en la obra de teatro que ensaya Maria con la ayuda de Valentine en las montañas suizas donde a veces puede verse la serpiente de nubes de Majola...

Quizá la pirueta que ha intentado Assayas en esta ocasión resulte tan sumamente rebuscada que el resultado final pueda considerarse fallido. Aunque, de ser así, los espectadores estamos de enhorabuena, ya que tal vez en un segundo visionado sepamos apreciar los detalles que puedan habernos pasado por alto.


sábado, 25 de abril de 2015

Mala sangre (1986)




Título original: Mauvais sang
Director: Leos Carax
Francia, 1986, 116 minutos

Mala sangre (1986) de Leos Carax


La acción de Mauvais sang (1986) se sitúa en París, en un futuro no muy lejano. Dos estafadores entrados ya en años, Marc (Michel Piccoli) y Hans (Hans Meyer), le deben una fuerte suma de dinero a una estricta anciana estadounidense que les concede apenas dos semanas para que salden su deuda. A tal efecto idearán un plan para robar y luego revender un nuevo antídoto que cura una enfermedad que está matando a los amantes, pero para ello necesitarán a alguien con manos firmes y rápidas. Marc contratará entonces a Alex (Denis Lavant), hijo de un antiguo colega suyo ya fallecido.

Alex (Denis Lavant)


Alex es un soberbio tramposo rebosante de sueños para comerse el mundo y dejar huella. Su empeño le llevará a romper con su novia Lise (Julie Delpy). Aunque Lise tampoco ha renunciado del todo a Alex y se presenta en París el día del robo. En un principio, parece que Alex se niega a ayudar a Marc y a Hans a robar el nuevo medicamento. Pero Anna (Juliette Binoche) es el encanto y la belleza personificados, con lo que Alex caerá rendido a sus pies y uniéndose al fin a los ancianos.

Típico producto postmoderno de los ochenta, representó la segunda película del realizador Leos Carax y obtuvo el prestigioso premio Louis Delluc, amén de la aprobación de los sacrosantos Cahiers du Cinéma. El paso del tiempo ha demostrado que realmente no había para tanto...

Anna (Juliette Binoche) en el plano final de Mauvais sang (1986)

miércoles, 8 de abril de 2015

Shirin (2008)




Director: Abbas Kiarostami
Irán, 2008, 92 minutos




En una sutil pirueta que muestra su vertiente más experimental, Kiarostami nos relata una bella leyenda sobre el sacrificio femenino a través del rostro de ciento catorce famosas actrices de teatro y cine iraníes a las que se une la estrella francesa Juliette Binoche: espectadoras mudas en una proyección de Khosrow y Shirin, poema épico persa del siglo XII escrito por Nizami Ganjavi (1141-1209) y puesto en escena por el propio Abbas Kiarostami. 

El desarrollo de dicha adaptación -todo un clásico, aun hoy en día, en Persia y buena parte de Oriente Medio, que cuenta el apasionado romance entre un príncipe persa y una princesa armenia- permanece invisible para el espectador de la película, pues, aunque escuchemos el texto, las imágenes de la historia son exclusivamente contadas por los emocionados rostros de las mujeres que están viendo el espectáculo.

Así, de manera sucesiva, iremos contemplando sus lágrimas, sus risas o su inquietud. Mahnaz Afshar, Pegah Ahangarani, Taraneh Alidoosti, Kamand Amir Soleymani... son sólo algunas del centenar largo de intérpretes en cuyas facciones se irá posando el encuadre. De modo que, una vez más, como ya sucediera en Ten (2002), se confiere el protagonismo absoluto del filme a las mujeres, con toda la carga revolucionaria que ello implica en una sociedad islámica. También, aunque en segundo plano, vemos a algunos hombres entre el público, como por ejemplo al actor Homayoun Ershadi, protagonista de El sabor de las cerezas (1997).

Quizá el resultado final no sea apto para el prosaico paladar de algunas retinas occidentales, cuya paciencia, sin duda, se puede ver colmada, pero lo que parece innegable es la exquisitez de semejante planteamiento artístico.








Juliette Binoche protagonizaría en 2010 Copia certificada