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martes, 12 de agosto de 2025

El premio (1963)




Título original: The Prize
Director: Mark Robson
EE.UU., 1963, 134 minutos

El premio (1963) de Mark Robson


Las muchas similitudes entre The Prize (1963) y Con la muerte en los talones (1959) se deben al hecho de que ambos filmes fueron escritos por el mismo guionista, Ernest Lehman, a quien la Metro-Goldwyn-Mayer contrató con el firme propósito de reeditar el éxito obtenido años antes por la cinta de Hitchcock. Ello explica que haya escenas que están prácticamente calcadas, como por ejemplo la visita al apartamento donde supuestamente se ha cometido un crimen y cuya propietaria dice no saber nada o la peculiar forma que tiene el protagonista de hacerse detener por la policía, boicoteando una convención nudista, tal y como hiciera previamente Cary Grant en el transcurso de una subasta de arte.

Al margen de suponer una curiosa forma de autoplagio por parte del susodicho Lehman, lo cierto es que el director Mark Robson carece de la sutileza característica del "Mago del suspense", por lo que el resultado, pese a poseer un cierto interés, no logra enganchar al espectador en la misma proporción que el modelo que lo inspira. En cualquier caso, Paul Newman admitió en repetidas ocasiones que se había divertido haciendo esta película, en la que interpreta a un peculiar premio Nobel de literatura, como en ninguna otra de las que había protagonizado anteriormente.



La ceremonia de entrega de galardones, con todo el boato que la ocasión requiere, sirve de trasfondo durante el momento culminante de un thriller con toques humorísticos que se beneficia, al mismo tiempo, del sex appeal de varios de sus intérpretes, ya sea el mencionado Newman o sus partenaires femeninas, encabezadas por la alemana Elke Sommer, quien da vida a una atractiva representante del gobierno sueco.

Se trata, así pues, de un típico producto de la Guerra Fría, cuando la existencia del Telón de Acero propiciaba incidentes diplomáticos y aun estrambóticos episodios de espionaje como el que describe la novela de Irving Wallace en la que se basa el guion de la película. Y como, "casualmente", su protagonista, un literato en horas bajas, escribe novelas policíacas (aunque bajo pseudónimo), éste dará muestras de suficiente perspicacia para descubrir la oscura trama que ha urdido el secuestro del flamante premio Nobel de física Max Stratman (Edward G. Robinson).



miércoles, 4 de julio de 2018

Confidencias de mujer (1962)




Título original: The Chapman Report
Director: George Cukor
EE.UU., 1962, 125 minutos

Confidencias de mujer (1962)


¿Quién, sino el veterano Cukor, se habría atrevido a principios de los sesenta a dirigir una película sobre los hábitos sexuales de las mujeres norteamericanas? El férreo Código Hays, en vigor desde 1934 y que aún sería de cumplida aplicación hasta 1968, comenzaba, sin embargo, a presentar sus primeras fisuras. Pese a lo inocentes que puedan hoy parecernos los cuatro casos analizados en The Chapman Report, desde la frigidez de la joven viuda Kathleen (Jane Fonda) hasta la ninfomanía de Naomi (Claire Bloom), lo cierto es que fueron filmes como éste los que lograron vencer la atávica resistencia de Hollywood a abordar ciertos temas que, hasta la fecha, se habían considerado tabú.

En realidad, se trata de un proceso muy lento que ya se había iniciado tímidamente a mediados de la década anterior con títulos como Té y simpatía (1956) de Minnelli y que ahora, tras los estudios de Alfred C. Kinsey (1894-1956) y con la revolución contracultural a la vuelta de la esquina, era imposible seguir eludiendo por más tiempo. De hecho, una de las situaciones que se plantean en Confidencias de mujer (el del personaje interpretado por Glynis Johns) coincide plenamente con el argumento de la mencionada cinta de Minnelli: el de la mujer madura que se siente atraída por un hombre más joven.





Pero si hay un caso especialmente controvertido para la estrechez de miras de aquella época ése es el adulterio que comete la señora Garnell. Acostumbrada a meterse en la piel de mujeres con una convulsa vida interior, Shelley Winters era, sin duda, la candidata ideal para bordar el papel de aburrida esposa que acaba refugiándose en los brazos de un apuesto director teatral.

Entre las muchas pegas que se le pueden achacar a una película que tan mal ha envejecido está la cuestión moral de por qué sus guionistas, entre los que se encontraba Don Mankiewicz, optaron por hacer que el personaje de Naomi se quitase la vida (perdón por el spoiler...) ¿Se trataba, tal vez, de un castigo por haber llevado una vida "licenciosa"? De cualquier modo habría que situarse en aquel período, teniendo en cuenta las imposiciones que aún era capaz de introducir la censura, para hacerse una idea lo más precisa posible de la audacia que entonces supuso The Chapman Report.

Shelley Winters (Sharah) y Ray Danton (Fred)