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viernes, 5 de julio de 2019

Reminiscencias de un viaje a Lituania (1972)




Título original: Reminiscences of a Journey to Lithuania
Director: Jonas Mekas
EE.UU./Reino Unido/Alemania, 1972, 88 minutos

Reminiscencias de un viaje a Lituania (1972)
de Jonas Mekas


Filme caleidoscópico donde los haya, de un poder evocador irresistiblemente sencillo y profundo al mismo tiempo, estas Reminiscencias... que Jonas Mekas tuvo oportunidad de filmar con motivo del regreso (momentáneo) a su país de origen representan la máxima expresión de una forma de entender el arte cinematográfico en la que espacio y tiempo se confunden con la propia circunstancia personal del autor.

Mekas (1922–2019), un "desplazado", como a él mismo le gustaba decir, vuelve a su Lituania natal pertrechado con la inseparable cámara Bolex que lo hizo célebre y en compañía de su hermano Adolfas para reencontrarse con parientes y paisajes que llevaba casi treinta años sin ver y que recogerá en forma de diario filmado. Resulta especialmente emotiva, al respecto, la semblanza que realiza de la madre, una anciana frágil y cordial, con pañuelo en la cabeza, cuyo rostro surcado de arrugas es el vivo retrato de una existencia accidentada y repleta de padecimientos.



Con todo, los destellos de lo cotidiano que se cuelan a través del objetivo de Mekas dejan entrever la alegría de vivir de unos hombres y mujeres que, a pesar de la carestía connatural a su condición (en aquel entonces) de decadente república soviética periférica, no dudan en cantar y bailar a todas horas o incluso gastar bromas sentados alrededor de la mesa de un convite familiar.

Sin embargo, la voz en off del propio cineasta nos recuerda que aquí y allá hubo campos de concentración que ya nadie recuerda. O una fábrica, todavía en pie, en la que fue brutalmente apaleado por no hacer bien su trabajo. Recuerdos amargos, más allá de la realidad tangible que capta la cámara, que acechan, inquietantes, en lo más profundo de su memoria de exiliado político. Quizá por ello, y ya en la próspera Viena, se cierra la crónica con las imágenes del incendio de un antiguo mercado que tal vez alguien provocase con la doble finalidad de deshacerse de él y también (¿por qué no?) advertir que es imposible sentirse a salvo en ninguna parte.


domingo, 1 de mayo de 2016

La casa (1997)




Título original: Namai
Director: Sarunas Bartas
Lituania/Portugal/Francia, 1997, 120 minutos

Ut pictura poesis

La casa (1997) de Sarunas Bartas


Para los poetas del Renacimiento y del Barroco representaba un reto enormemente motivador el conseguir que sus palabras lograsen producir un efecto similar al de la paleta del pintor, de manera que con sólo leer la descripción de, pongamos por caso, el rostro de una bella mujer, tuviésemos la sensación de estar viéndola. 

El que la poesía pueda emular a la pintura es en realidad un tópico ya formulado por Horacio, pero que sería perfectamente aplicable en el caso de una película como La casa, dirigida en 1997 por el lituano Sarunas Bartas. En ella, y prescindiendo totalmente de diálogos, se nos muestra el interior de una mansión destartalada donde hombres y mujeres de toda condición y edad deambulan, comen o simplemente reposan en actitud contemplativa, a veces desnudos.

Planos largos, tempo pausado: la propuesta visual de Bartas le ha valido el ser comparado con Tarkovsky o con el húngaro Béla Tarr, dos cineastas en los que, precisamente, su confesa influencia pictórica se palpa en cada fotograma que filman. En el caso de Namai, las puestas de sol y los gélidos exteriores de la casa recuerdan a lienzos de Brueghel el Viejo como Cazadores en la nieve (1565) o Censo en Belén (1566). Quizá tengan también algo de Turner o incluso un ligero toque impresionista de Monet. En cuanto a las extrañas criaturas que en momentos puntuales pululan por las habitaciones del palacete no cabe duda que parecen salidas de cualquier retablo de El Bosco.

Lo demás es decadencia y abulia: las palomas han invadido la casa, los libros yacen por el suelo y un extraño individuo arranca hojas que guarda cuidadosamente en su gabán forrado con ellas mientras quema el resto. La inquietante voz en off que abre y cierra las dos horas de silencio no hace sino añadir más desasosiego al dirigirse a su madre para lamentar el no haber hablado más a menudo con ella. Sólo falta que las tropas rusas irrumpan en el lugar para que la niebla acabe de devorarlo todo...