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sábado, 2 de marzo de 2019

Van Gogh, a las puertas de la eternidad (2018)




Título original: At Eternity's Gate
Director: Julian Schnabel
Suiza/Irlanda/Reino Unido/Francia/EE.UU., 2018, 111 minutos

Van Gogh, a las puertas de la eternidad (2018)
de Julian Schnabel

Ten el ojo del pintor. El pintor crea mirando...

Robert Bresson
Notas sobre el cinematógrafo
Traducción de Daniel Aragó Strasser

Algo debe de tener Van Gogh cuando tantísimos directores se han interesado por llevar su vida a la pantalla. Así, a bote pronto, nos vienen a la memoria las recreaciones de Minnelli, Robert Altman, Maurice Pialat o el reciente filme de animación Loving Vincent (2017). Scorsese lo interpretó en un segmento de Los sueños de Akira Kurosawa (1990). Hasta Benedict Cumberbatch se metió en la piel del pintor en la producción televisiva Van Gogh: Painted with Words (2010).

Lista inagotable de títulos a la que ahora vienen a sumarse Willem Dafoe y el cineasta norteamericano Julian Schnabel con la singular At Eternity's Gate, que le ha valido al primero la copa Volpi del Festival de Venecia, así como una nominación al Óscar. A diferencia de anteriores aproximaciones a la vida del artista, Schnabel (que también es pintor) ha escrito junto a Jean-Claude Carrière y Louise Kugelberg un guion en el que se esbozan los últimos días de la vida del holandés en el sur de Francia.



Fogonazos de color y de pasión mediante los que se perfila el alma atormentada de un incomprendido, consciente de que habrá de ser la posteridad quien valore el alcance revolucionario de su obra. Ni siquiera Gauguin (Oscar Isaac), alma gemela, en muchos aspectos, del "loco del pelo rojo", permanecerá mucho tiempo a su lado, circunstancia que motiva el que Van Gogh se acabe cortando la oreja en señal de protesta.

Como ya sucediera en La escafandra y la mariposa (Le scaphandre et le papillon, 2007), Schnabel se decanta por adoptar el punto de vista del personaje principal, haciéndonos ver la realidad a través de sus propios ojos. De ahí que, en determinados momentos, el encuadre recree en pantalla, aderezadas con las notas al piano de Tatiana Lisovskaya, las imperfecciones de la mirada delirante de un genio que moriría, en la más absoluta miseria, a consecuencia de un balazo, el 29 de julio de 1890. Tenía 37 años.


sábado, 7 de julio de 2018

Nos vemos allá arriba (2017)















Título original: Au revoir là-haut
Director: Albert Dupontel
Francia/Canadá, 2017, 117 minutos

Nos vemos allá arriba (2017)

Intentar condensar seiscientas páginas en algo menos de dos horas da como resultado en Au revoir là-haut (2017) una película de ritmo trepidante, lo cual no siempre es un mérito. En cualquier caso, el actor Albert Dupontel asume con solvencia la ardua tarea de protagonizar y dirigir esta superproducción, basada en la novela homónima de Pierre Lemaitre que obtuviera el prestigioso Premio Goncourt en 2013 y cuya adaptación cinematográfica se hizo con cinco de las trece estatuillas a las que optaba en la última edición de los César.

Lo primero que llama la atención de este largo flashback es su cuidada dirección de fotografía. Que en las escenas iniciales, donde se recrean los combates durante la Primera Guerra Mundial, remeda la tonalidad de las primitivas fotografías en color: una hermosa textura de acuarela en la que destacan el sepia y, sobre todo, el añil de los uniformes militares. Lucha en las trincheras y lluvia de obuses que, visualmente, enseguida remiten a referentes clásicos como Sin novedad en el frente (1930) o Senderos de gloria (1957).



No son, por cierto, las únicas alusiones más o menos veladas a otros títulos que contiene Nos vemos allá arriba. La más interesante, desde un punto de vista creativo, son las cuantiosas máscaras tras las que se oculta el personaje interpretado por el argentino Nahuel Pérez Biscayart: una pléyade de caretas, a cuál más imaginativa, que conecta con una larga tradición literaria de héroes enmascarados/desfigurados a la que pertenecen L'homme qui rit de Victor Hugo o El fantasma de la Ópera de Gaston Leroux. Otros detalles, en cambio, como el final reservado al antagonista (sepultado vivo bajo las arenas de un sepulcro), hacen pensar de inmediato en el desenlace de Único testigo (1985) de Peter Weir, por no hablar del innegable regusto a Casablanca (1942) del último plano.

Notable esfuerzo de medios, sin duda, el llevado a cabo por Dupontel y su cuantioso equipo de colaboradores, si bien cabría preguntarse, a la vista del resultado y tratándose de un proyecto tan ambicioso, hasta qué punto no resulta un tanto excesiva la más que probable influencia que el universo de Jean-Pierre Jeunet haya podido ejercer en la concepción de los personajes y de la puesta en escena.


sábado, 31 de diciembre de 2016

Diplomacia (2014)




Título original: Diplomatie
Director: Volker Schlöndorff
Francia/Alemania, 2014, 84 minutos

Diplomacia (2014) de V. Schlöndorff


General von Choltitz: ¿Sabe lo que hacemos con los hombres como usted?
Raoul Nordling: ¿Darles una medalla?
General von Choltitz: [Esbozando una sonrisa cínica] Sí, de vez en cuando. [Serio otra vez] Póstumamente...

Lo dice Volker Schlöndorff en el making of: "La diplomacia fue muy utilizada hasta el siglo XIX. En el XX, en cambio, apenas se recurrió a ella en dos o tres ocasiones, porque la mayoría de conflictos se resolvieron mediante la violencia." Y así le fue al mundo...

Película cuya puesta en escena no puede negar sus orígenes teatrales (se trata de una adaptación de la pieza homónima de Cyril Gely), es Diplomacia un filme que por su formato nos hace pensar en el último Polanski, el de Un dios salvaje y La venus de las pieles: nacidos ambos cineastas en la década de los treinta, parece que se sienten cómodos en un tipo de producción más pequeña, más de regreso a las esencias de lo que es (o debería ser) el cine. Lo cual, si bien se mira, resulta lógico, pero no es nuevo en absoluto: nombres ilustres como Mankiewicz optaron por acabar su carrera de un modo similar, como lo prueba La huella (Sleuth, 1972), igualmente adaptación de una pieza teatral para dos actores.

Lo cierto es que ni André Dussollier ni tampoco Niels Arestrup tienen nada que envidiar a Michael Caine y Laurence Olivier: la pareja de actores franceses, como la de ingleses, es de las de raza, ideal para la ocasión. Dominan el oficio hasta tal punto que llegan a meterse en la piel del personaje como si nada. Arestrup se transforma en el general nazi que recibe la orden de dinamitar París en la madrugada del 24 al 25 de agosto de 1944. Dussollier encarna al cónsul sueco encargado de persuadirlo para que desobedezca a sus superiores. El reto parece misión imposible, pero...



Desde el punto de vista retórico, Diplomacia es un tratado de cómo llegar a convencer a alguien, el peor de los enemigos imaginable, mediante argumentos que incitan a pensar en la posteridad, en los propios hijos de von Choltitz, incluso en el arte. Teniendo presente, además, que se trata del mismo militar que previamente ya había destruido Rotterdam y Sebastopol. Nordling se revela, por tanto, como un as de la dialéctica, por lo que no es de extrañar que el personaje posea un cierto hálito de misterio. Ya en su extraña aparición en escena, tras un breve cese del fluido eléctrico, queda claro que estamos ante un ente ligeramente fantasmagórico, capaz de entrar y salir del búnker del gobernador de París a través de pasadizos secretos, maestro en sutiles añagazas y en una socarronería perspicaz que hará perder la paciencia a su oponente en más de una ocasión hasta llevárselo a su terreno.

En fin muchachos, se acaba el año y esta noche, como en la de la película, las habilidades diplomáticas pueden ser enormemente útiles a la hora de lidiar con suegras, cuñados y demás especies endémicas de las cenas de Nochevieja. Ánimo y al toro: siempre nos quedará París, por gentileza de Dietrich von Choltitz y, sobre todo, gracias a la pericia de Raoul Nordling. Feliz entrada de año, no os atragantéis con las uvas y hasta la próxima.

Volker Schlöndorff en el rodaje de Diplomacia