martes, 22 de diciembre de 2015

Felices pascuas (1954)












Director: Juan Antonio Bardem
España, 1954, 82 minutos



"La lotería es la fe, la esperanza y la caridad de todos los españoles". Con esta contundente frase radia Matías Prats sénior el sorteo del 22 de diciembre con el que arranca Felices pascuas, una de las películas menos conocidas de la filmografía de Juan Antonio Bardem.

El argumento, escrito por Bardem, Alfonso Paso y José Luis Dibildos, gira en torno al cordero que una familia obtiene en una rifa navideña. Y es curioso porque, con ese tierno animalito, símbolo de la inocencia, se está dando a entender que en el mundo es precisamente la inocencia la que no tiene cabida. Claro que estamos ante una comedia de encargo con final en apariencia feliz. Pero, aun así, su director no pierde la ocasión para hacer uso del sarcasmo, mostrando la escalada de codicia que se genera a partir de un hecho insignificante.

Bolita con los niños Carlos Goyanes y Pilar Sanclemente

Otra de las ideas teóricamente implícitas en Felices pascuas sería el contraste entre el candor infantil y la ruindad que preside el mundo de los adultos, aunque un análisis en profundidad demuestra que esto no es exactamente así. No hay más que ver a esos golfillos jugando al fútbol en un descampado o a los niños gitanos que roban a Bolita para darse cuenta de que Bardem no está idealizando el mundo de la infancia en términos generales. Lo cual va unido al hecho de que el comisario de policía se acabe apiadando de Juan y movilice a sus hombres para localizar al cordero. O Manolo, el matarife vegetariano incapaz de matar una mosca cuando no está de servicio. O el hecho de que los padres sean también incapaces de sacrificar al animal (y eso que Juan, oficial de ametralladora, reconoce haber matado en la guerra). Las hermanitas de la caridad, en cambio, no saben si comérselo con patatitas o con berzángulas (sic).

El colmo de la socarronería llega en el tramo final del filme, con el ejército en pie de guerra por culpa del borrego y los matarifes filosofando sobre el fin de la civilización mientras degüellan indefensos corderitos en el matadero. Bardem se atreve incluso, en un guiño cinéfilo, a utilizar dos planos que parecen parodiar Metrópolis de Fritz Lang: uno es el de las ovejas que se amontonan a lo largo de un pasillo en espera de ser sacrificadas y que recuerda el cambio de turno de los obreros del subsuelo; el otro es el de la muchedumbre eufórica que canta en corro dando vueltas en derredor al taxi (y después rodeando la mesa de Juan y Pilar), no para celebrar revolución alguna sino simplemente la Nochebuena.

El francés Bernard La Jarrige interpreta el papel de Juan

Y así termina este efecto dominó, verdadero tour de force en el que (con bastante mala leche, todo hay que decirlo) se reflexiona sobre cómo la clase obrera de aquel entonces a menudo soñaba con redimirse mediante la falsa ilusión de la lotería.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Los hijos de la noche (1939)












Directores: Benito Perojo/Aldo Vergano
España/Italia, 1939, 104 minutos



Aquello de "Siente un pobre a su mesa" levantó no poco revuelo cuando Luis García Berlanga se permitió caricaturizar dicho lema franquista, destinado en un principio a tranquilizar conciencias, en su comedia Plácido (1961). Muchos años antes, sin embargo, el mismo régimen daba ya muestras de la misma obsesión caritativa al auspiciar el musical cómico Los hijos de la noche, rodado en 1939 en los estudios Cinecittà de Roma en coproducción con la Italia fascista de Benito Mussolini. Saliendo como estaba España de una cruenta guerra civil, eran habituales este tipo de películas fruto de la colaboración con la industria cinematográfica de las potencias del Eje, entonces países "amigos". Suspiros de España (1939) sería otro ejemplo célebre, rodada en la Alemania nazi y parodiada muy posteriormente por Fernando Trueba en La niña de tus ojos (1998).

Como se observa en este programa de mano, el film no solo
se ambienta en época navideña sino que se estrenó
coincidiendo con esas fechas

El film que nos ocupa, adaptación de una comedia de Leandro Navarro y Adolfo Torrado con diálogos adicionales del mismísimo Miguel Mihura, fue protagonizado por Estrellita Castro en el papel de la Inglesita y "el as de la pantalla española" (así reza en los títulos de crédito iniciales) Miguel Ligero. La trama, acompañada por la música de (entre otros) Jesús Guridi, es de lo más simple: Navidad. Mientras los ricos burgueses se regocijan en opíparos banquetes, un grupo de míseros pedigüeños se refocila con lo poco que tiene.

El punto de vista adoptado, sin embargo, es el de los parias: no hay más que reparar en que la película arranca en plena Misa del gallo, con Estrellita Castro cantando una súplica al niño Jesús para que la acorra en la adversidad. Lo cual es una forma, por otra parte, de desmarcarse de la burguesía degenerada y decadente subrayando que la Inglesita y los suyos, aunque pobres, son honrados.

Diez minutos largos transcurren hasta que, tras las dos canciones iniciales interpretadas por los pobretones, se da protagonismo al diálogo, ya en la cena de gala. Y, para mayor contraste, se realiza mediante un brindis que no tiene desperdicio: ahí se hace evidente la mano de Mihura, por lo absurdo de las palabras de don Francisco, que se dirige a la atónita concurrencia diciendo que debe matar un toro (??) o una vaca (???). Charo recibe a continuación una lujosa pulsera de diamantes, pero al espectador le ha quedado claro que don Francisco es un personaje de lo más tronado.

Acto seguido volvemos al otro extremo: seis cabezas menesterosas, filmadas en plano Nadir, se reúnen expectantes en torno a la billetera que ha robado Currichi, dejando patente la voluntad de Perojo de incorporar a su narrativa elementos visuales ligeramente vanguardistas. Pero poco dura la alegría en casa del pobre: el billete que contiene es falso, con lo que, a pesar de la euforia y el chotis, el suculento ágape se desvanece en cuestión de segundos para, acto seguido, ser expulsados de la taberna de Venancio y devueltos a la cruda realidad de chabolas, hambre y chinches.

Piruli y la Inglesita registrando la billetera de don Francisco

Tras un frustrado intento inicial de sustraerle la cartera a don Francisco (Alberto Romea), ambos bandos llegarán a un acuerdo de conveniencia. Tres de los desharrapados se instalarán en la mansión del susodicho con la finalidad de hacerse pasar por sus hijos y así continuar engañando a su hermana doña Irene (Hortensia Gelabert), que ha estado enviándole cuatro mil dólares mensuales a don Francisco desde EE.UU. a cuenta de sus supuestos sobrinos y que ahora regresa al cabo de veintidós años.

Puede imaginarse la cantidad de equívocos que generará esta farsa, con el divertido trío de pícaros intentando aparentar lo que no son y su a marchas forzadas proceso de aprendizaje, asistidos por el mayordomo Severo (nunca mejor dicho, con semejante nombre).

De izquierda a derecha: Pedro Fernández Cuenca (Severo),
Miguel Ligero (Currichi), Estrellita Castro (Inglesita) y Julio Peña (Piruli)

Ya en la imponente mansión de la calle Velázquez, Perojo volverá a dar rienda suelta a su inventiva: uso de la cámara rápida (adelante y atrás, el trío protagonista sube y baja las escaleras), la ropa y los zapatos relucientes que cobran vida y se desplazan hasta acabar colocados en sus nuevos dueños o la imagen de Estrellita Castro reflejada en varios espejos al tiempo que entona una de sus canciones.

En resumidas cuentas, ni en el año 39 estaba el horno patrio para muchos bollos ni Los hijos de la noche es Les enfants du paradis, pero, con todo y a pesar de lo superficial del rancio y paternalista mensaje que de ella se desprende (ni rastro de explicaciones ahondando en las posibles causas de la pobreza: basta una tía ricachona para redimir a los tres hampones), la película alberga sorpresas que están sin duda esperando a ser redescubiertas.

domingo, 20 de diciembre de 2015

El amor brujo (1986)











Director: Carlos Saura
España, 1986, 100 minutos

Un largo y lento plano secuencia nos conduce al interior del estudio, engalanado con un majestuoso decorado de Gerardo Vera, en el que tendrá lugar la acción de la película. Parece como si su director quisiera remarcar que lo que nos disponemos a ver no es más que una ficción intemporal.

En todo caso, Carlos Saura ya había inaugurado su ciclo flamenco para el productor Emiliano Piedra con Bodas de sangre (1981) y Carmen (1983), así que la versión que proponía de El amor brujo no hacía sino ahondar en los mismos postulados allí expuestos. Y de nuevo en colaboración con Cristina Hoyos (Candela) y Antonio Gades (Carmelo), siendo este último el nexo de unión con los filmes de Rovira Beleta que él mismo había protagonizado en los sesenta.

Ahora serán Carmelo, Candela y José (Juan Antonio Jiménez) los que se enzarcen en una terna cuasi onírica de la que Saura sabe servirse con maestría para elaborar una composición del encuadre de abrumadora belleza. No hay más que ver el número de la "Danza ritual del fuego", en la voz de Rocío Jurado, para darse cuenta de que la fuerza de las imágenes está a la altura de la partitura de Manuel de Falla.



Claro que, puestos a buscar alguna pega, la actuación de las Azúcar Moreno tal vez no haya soportado igual de bien el paso del tiempo...

El amor brujo (1967)













Director: Francisco Rovira Beleta
España, 1967, 103 minutos



Parecía inevitable que, tras el éxito internacional de Los Tarantos, Rovira Beleta acometiese de nuevo la temática gitana. Aunque en esta ocasión cambió su Barcelona natal por Cádiz para rodar los exteriores de El amor brujo. Adaptación un tanto libre de la historia concebida originariamente por Gregorio Martínez Sierra, el guion contó con la participación del escritor José Manuel Caballero Bonald, aunque se mantuvo la partitura de Manuel de Falla con arreglos de Ernesto Halffter y la interpretación a la guitarra de Narciso Yepes.

Como ya sucediera en Los Tarantos, Antonio Gades volvía a hacerse con el protagonismo, ahora compartido con Rafael de Córdoba y La Polaca. Juntos forman un trío fatal en el que eros y tánatos se dan la mano en un desenlace de consecuencias fatídicas, habida cuenta que Antonio no se enfrenta a un espectro por el amor de Candelas, como en el libreto original, sino que Diego está vivito y coleando, pues simplemente había fingido su muerte.

A diferencia de la primera incursión cañí de su director, en El amor brujo se deja un poco de lado la vertiente documental y etnográfica para centrarse todavía más en las posibilidades que a nivel estético ofrece la coreografía flamenca. En este sentido, se suceden las escenas rodadas a orillas del mar, algunas de ellas nocturnas, así como en las azoteas repletas de antenas de televisión, en una curiosa mezcla entre tradición y modernidad.

Con Camarón de la Isla entre los extras (es uno de los guitarristas), el filme fue de nuevo candidato al Óscar a la mejor película extranjera. Pero si Ocho y medio de Fellini se lo arrebató a Los Tarantos, los Trenes rigurosamente vigilados de Jirí Menzel hicieron lo propio con El amor brujo de Rovira Beleta.

sábado, 19 de diciembre de 2015

La madre muerta (1993)







Director: Juanma Bajo Ulloa
España, 1993, 105 minutos



Tras haber rodado Alas de mariposa dos años antes, el segundo largometraje del vasco Juanma Bajo Ulloa retomaba el mismo personal universo de criaturas psicológicamente complejas y torturadas (cuando no torturadoras) que había caracterizado a la primera. 

En esta ocasión la trama gira en torno a Ismael, Maite y Leire. Los dos primeros (interpretados por el siempre histriónico Karra Elejalde y Lio, respectivamente) forman una pareja bastante atípica: él es un cínico de lo más violento, capaz de matar a cualquiera que se atreva a llevarle la contraria; ella, una joven francesa que ama y detesta a Ismael a partes iguales. Viven en una casa ocupada y allí esconderán a Leire (Ana Álvarez). Esta última, hija de la difunta madre que da título al film, padece las secuelas de un acontecimiento traumático en el que se vio involucrado Ismael. Es por ello que no puede hablar, aunque comparte con su secuestrador el gusto por el chocolate...

Visualmente, La madre muerta destaca por la fotografía de Javier Aguirresarobe, así como por la predilección que demuestra su director por determinadas imágenes de alto contenido simbólico. Tal es el caso de esa grieta sobre una pared pintada de rojo que tiene su parangón en la hendedura que atraviesa uno de los lienzos colgados en casa de la restauradora (como se aprecia en el cartel que precede a estas líneas).

Aunque tratándose de un estilo tan sumamente personal, era lógico que en seguida surgieran detractores. En estos términos tan contundentes se expresaba Augusto M. Torres en su Diccionario del cine español (Espasa Calpe, 1994, pp. 283-284):

Bajo Ulloa demuestra ser tan buen narrador y avispado productor como mal guionista, en la medida que hay escenas bien rodadas, como el asesinato del dueño del bar y la muerte de la vieja, sabe crear tensión en cualquier rincón de una destartalada casa oscura con cuatro elementos, pero la historia que cuenta carece de consistencia, no tiene lógica, está mal estructurada y resulta aburrida.

No deja de ser injusto (amén de altamente subjetivo) el castigar de esta manera a un cineasta con voluntad de autor, teniendo en cuenta, además, que da la sensación de que Augusto M. Torres acusa a Bajo Ulloa de falta de realismo cuando, en realidad, su cine obedece a unas coordenadas (las de los nuevos realizadores emergidos en los noventa) que van más allá de lo tradicionalmente establecido en nuestra filmografía.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Rovira Beleta. Crònica pendent (2015)













Título alternativo: El meu avi va anar a Hollywood
Directora: Lara Mateo Rovira-Beleta
España, 2015, 50 minutos

El patriarca de la saga, Francisco Rovira Beleta

La exposición "Rovira Beleta: mès enllà de Los Tarantos" está previsto que continúe abierta al público hasta el próximo 31 de marzo. Dentro de los actos conmemorativos encaminados a recuperar el legado del cineasta barcelonés, la nieta del mismo ha sido ahora la encargada de dirigir el documental Rovira Beleta. Crònica pendent, que en la tarde de hoy se ha estrenado en la sala Chomón de la Filmoteca de Catalunya.

Producido por Focus, TV3 y TVE, el film repasa la trayectoria de un director que hasta en dos ocasiones fue nominado al Óscar a la mejor película extranjera, sin que ello suscitase, sin embargo, un excesivo interés por parte de las autoridades franquistas, que veían con recelo (en un momento en que a través de Fraga se intentaba promover la industria del turismo) la imagen que de la Barcelona gitana ofrecían Los Tarantos y El amor brujo. Aunque el principal problema con la censura se produciría a raíz de Crónica de sangre, el guion que le prohibieron rodar hasta en siete ocasiones.

He ahí uno de los atractivos del documental de su nieta, ya que en él se lleva a cabo la reconstrucción de dicha película, con la colaboración como narrador de Quico Rovira-Beleta, hijo del realizador homenajeado. Mediante fragmentos de su filmografía que visualmente coinciden bastante con determinadas escenas del guion, más alguna que otra localización actual, se llega a esbozar el asunto central del filme que no pudo ser.

Son diversas las autoridades en la materia cuyo testimonio se incluye en el documental para reivindicar el cine de RB: los críticos Esteve Riambau y Jaume Figueras; los también directores Carlos Benpar, Josep Maria Forn, Fernando Méndez-Leite y Rosa Vergés... Todos ellos perfilan, a grandes rasgos, los principales méritos de sus películas. Por ejemplo, el haber rodado en exteriores, muchas veces con cámara oculta, para así ganar en realismo, lo cual le otorga un toque documental avant la lettre. O su gusto por innovar, que le llevaría a ser pionero en probar nuevas técnicas como el 3D.

Y no pocos miembros de la familia desfilarán asimismo en pantalla, quienes, en el transcurso de una cena, irán desvelando ciertos aspectos de la personalidad del realizador, como su desmedida coquetería o su carácter pefeccionista. Fue Rovira, en palabras de su hijo Quico, un hombre enamorado de la vida, romántico y bohemio en espíritu, aunque a la vez con los pies fuertemente clavados en el suelo.

Lara Mateo Rovira-Beleta: nueva savia

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Mi querida señorita (1972)










Director: Jaime de Armiñán
España, 1972, 80 minutos



"A mí nadie me ha querido nunca..." "¡Porque los hombres son idiotas, Adela!" En Mi querida señorita (1972), los guionistas Jaime de Armiñán y José Luis Borau se atrevieron a desafiar a la censura franquista explicando la historia de una solterona provinciana que a sus cuarenta y tres años descubre que realmente es un hombre. Adela Castro Molina (José Luis López Vázquez) pasará entonces a llamarse Juan, con el consiguiente vuelco que ello supondrá para la hasta en ese momento vida apacible que había llevado.

Aunque ya antes ha habido otro sobresalto: el azar hace que el viudo Santiago (Antonio Ferrandis), antigua amistad de Adela, reaparezca de pronto tras muchos años para pedirle matrimonio... Y a todo ello cabe añadir una criada que siente verdadera devoción por su señorita: el personaje de Julieta Serrano, a pesar del mérito indiscutible del de López Vázquez, es la clave de una película que llegó a ser finalista del Óscar que acabaría llevándose Buñuel por El discreto encanto de la burguesía.

Isabelita, con su en apariencia candoroso proceder, ayudará a Juan a realizarse como hombre. Un hombre que intenta, previamente, superar sus cohibiciones por mediación de la sensual Feli (Mónica Randall), a la que conoció en la pensión en la que se hospedaba. Porque he ahí el verdadero tema de Mi querida señorita: la represión consecuencia de unos valores caducos que, como dice el Padre José María (Enrique Ávila) en el discurso previo al partido de fútbol, han dejado de ser válidos en la España de finales de la dictadura.

Dada la extrema sensibilidad con la que se trata el asunto, es este un film que conecta directamente con Cambio de sexo de Vicente Aranda. Ternura que, por otra parte, queda perfectamente enfatizada gracias al uso que se hace del Estudio nº 3 de Chopin como leitmotiv y del que el compositor Rafael Ferro acertó a extraer diversas variaciones con arreglos que lo ponen al día. Además, dicha composición es utilizada por Jaime de Armiñán no sólo como banda sonora sino también como recurso que facilita la economía narrativa: así, por ejemplo, en el inicio de sus andanzas por la ciudad, asistiremos a las progresiones de Juan con el único acompañamiento de fondo de esa música, con lo que se evitan no pocos diálogos superfluos y se logra resumir la acción en apenas un minuto.

En fin: ¿qué les voy yo a contar a quienes ya hayan visto la película...?

martes, 15 de diciembre de 2015

Fata Morgana (1965)







Director: Vicente Aranda
España/Alemania, 1965, 84 minutos



Tras Brillante porvenir (codirigida el mismo año junto a Romà Gubern), el recientemente desaparecido Vicente Aranda debutaba en solitario en 1965 con una película que, de haberse rodado en Francia, pasaría hoy por ser uno de los títulos fundamentales del cine europeo. La impronta de Godard en Fata Morgana parece más que evidente dado el colorido de su estética pop, aunque también hay algo del Fahrenheit 451 de Truffaut en ese extraño camión blindado y plateado que recorre las calles de una desierta Barcelona para alertar a los pocos incautos que aún no hayan huido.

Como la Nouvelle vague francesa, la Escuela de Barcelona se valía del cómic, la música, el lenguaje publicitario, la literatura de quiosco y demás elementos de la cultura popular para su expresión artística. Y todo ello está presente, a su vez, en Fata Morgana. La modelo Teresa Gimpera se convierte, así, en la protagonista indiscutible del filme. Sirva, si no, de ejemplo el robo que unos jóvenes yeyés hacen de un cartel publicitario de Cinzano en el que destaca una gigantesca fotografía en blanco y negro de la atractiva y rubia Gim. Su antagonista, la morenaza Miriam (Marianne Benet), se unirá al Profesor (Antonio Ferrandis) para acosarla y sembrar la angustia en un ambiente general de pesadilla.

Teresa Gimpera

Gonzalo Suárez firmó con Aranda un guion futurista y ambientado en algunos espacios reconocibles del paisaje barcelonés (la plaza de San Felipe Neri, el interior del Nou Camp...) que parece anunciar algún tipo de catástrofe nuclear a escala planetaria. De hecho, el film se abre y se cierra con sendos mensajes sobreimpresionados en pantalla en los que se hace alusión, sin entrar en mayores detalles, a "lo ocurrido en Londres". A lo que hay que unir, para acrecentar la congoja todavía más, que se le predice a Gim su propia muerte, algo extraño en un mundo en el que las víctimas parecen sentirse atraídas hacia sus victimarios.

Gim, Álvaro y Miriam

8 mujeres (2002)












Título original: 8 femmes
Director: François Ozon
Francia/Italia, 2002, 111 minutos

¡Qué bello filme 8 mujeres! Y, sin duda, mejora con los años. A pesar de su deliberada teatralidad, de su puesta en escena intencionadamente ingenua, pero, al mismo tiempo y sobre todo, porque en ello mismo radica su verdadero encanto.

Y es que la intriga caricaturesca que aquí se presenta (con sus estereotipadas protagonistas) no debe despistarnos de las verdaderas intenciones del filme: François Ozon acertó a homenajear con él no sólo a varias generaciones de actrices francesas sino a la condición femenina de manera general. En ese sentido, la pieza teatral de Robert Thomas que sirvió de base para el guion no deja de ser un pretexto, un juego al más puro estilo Agatha Christie en el que el misterio que rodea al crimen de Marcel acabará resolviéndose burdamente.



8 mujeres es también un homenaje a la canción francesa, mediante una fórmula infalible: reunir en una misma película a las mejores actrices de aquel país, todas ellas primeras estrellas (Danielle Darrieux, Catherine Deneuve, Isabelle Huppert, Emmanuelle Béart, Fanny Ardant, Virginie Ledoyen, Ludivine Sagnier y Firmine Richard) para hacer que canten algunas de las más célebres composiciones de todos los tiempos. Así pues, a medida que avance la trama irán desfilando para, sucesivamente, interpretar la siguiente nómina de temas:

"Papa, t'es plus dans le coup" (en la voz de Ludivine Sagnier e interpretada en 1963 por Sheila)

"Message personnel" (a Isabelle Huppert se le saltan las lágrimas con el clásico de Françoise Hardy)

"Pour ne pas vivre seul" (Firmine Richard recupera un viejo éxito de Dalida)

"Pile ou face" (Emmanuelle Béart se desmelena con un hit de Corynne Charby del 87)

"Mon amour, mon ami" (cantada por Virginie Ledoyen y popularizada en su día por Marie Laforêt)

"Toi jamais" (Catherine Deneuve hace suya una canción que Sylvie Vartan cantó en 1976)

"À quoi sert de vivre libre ?" (Fanny Ardant le da otro aire a un éxito disco de Nicoletta del 75)

"Il n'y a pas d'amour heureux" (Danielle Darrieux cierra el film con este emotivo poema de Louis Aragon musicado por Georges Brassens)

François Ozon, el director de la diferencia, firmó un musical fresco y de factura impecable (con sus travelines y planos secuencia a lo largo y ancho de la lujosa mansión en la que se desarrollan los hechos), no sin olvidar sus muchos guiños cinéfilos (básicamente Hitchcock, aunque también la escena que une a Gaby con Pierrette por los suelos: dos actrices a las que amó en vida Truffaut), así como el vestuario de Pascaline Chavanne y la banda sonora original de Krishna Levy, dos elementos definitivos a la hora de convertir a 8 mujeres en una película de extrema elegancia.


lunes, 14 de diciembre de 2015

Embrujo (1947)










Director: Carlos Serrano de Osma
España, 1947, 80 minutos



El próximo 16 de enero se cumplirán cien años del nacimiento de Carlos Serrano de Osma, director atípico que se encargó de filmar apenas ocho largometrajes a lo largo de su carrera y algún que otro documental. Suya es la insólita Embrujo, intento de emparentar el folclore español con el surrealismo vanguardista y que protagonizaron Lola Flores y Manolo Caracol. El filme se rodó en los estudios Orphea de Barcelona y contó con Pedro Lazaga como ayudante de dirección y banda sonora de Jesús García Leoz.

En alguna de sus escenas (véase, por ejemplo, la que comparten, a cámara lenta, Lola y Manolo alrededor de un árbol seco entre brumas) es inevitable pensar en Cocteau. En otras, como el macabro cortejo fúnebre del final, las desproporcionadas calaveras pintadas en los decorados parecen querer remitir al expresionismo alemán. También se le llegó a comparar en su momento con el Orson Welles de El cuarto mandamiento, debido a su uso de los planos secuencia filmados con grúa, la iluminación y el montaje.

Lola Flores en Embrujo (1947)
 Los decorados son de José González de Ubieta

Sea como fuere, lo que queda claro es que Manolo se dejará arrastrar por una pasión desbordada e irracional que le hará hundirse finalmente en la bebida al no ser correspondido.

El resto del elenco lo completaron Fernando Fernán Gómez y María Dolores Pradera (otra notable pareja artística del momento): él, como sabio Mentor de Manolo, para el que beber es vivir; ella, como cantante danzarina de la compañía itinerante en la que se integrará Lola. La omnipresente Camino Garrigó ejerce en esta ocasión de asistente y confidente de Lola. Fernando Sancho, otro secundario mítico al que esperaba una larguísima carrera por delante, interpreta a Mister Benson, un apoderado de los que pululan en el entorno artístico. Hasta el futuro periodista Joaquín Soler Serrano cuenta con un pequeño papel: el de Roberto, otro de los enamorados que caerá rendido ante los pies de la faraona con escaso éxito.

Aunque solo sea por lo atrevido y original de su propuesta (con tanto o mayor mérito por la época en la que se rodó), Embrujo merece ocupar un lugar destacado dentro del cine de culto español. Quizá sea por ello que el director Carlos Vermut decidiera recientemente incluir en la banda sonora de su aclamada Magical Girl (2014) el tema "La niña de fuego" que Manolo Caracol interpreta en esta película.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Anacleto: Agente secreto (2015)













Director: Javier Ruiz Caldera
España, 2015, 87 minutos

«My name is Cleto: Ana Cleto»



La parodia española de James Bond fue creada en 1964 por el dibujate Manuel Vázquez (no Montalbán, sino el que sirviera de inspiración a otra película notable: El Gran Vázquez (Óscar Aibar, 2010). Ahora el personaje de cómic de la Editorial Bruguera tiene también su equivalente fílmico gracias al director barcelonés Javier Ruiz Caldera, quien tras cuatro largometrajes amenaza con adaptar próximamente a otro superhéroe carpetovetónico: Superlópez.

En esta ocasión Imanol Arias ha sido el encargado de interpretar al agente que "nunca falla" junto a Quim Gutiérrez, su hijo Adolfo en la ficción. El reparto lo completan Berto Romero (Martín), Rossy de Palma (madre de Martín y Katia), Carlos Areces (el maléfico antagonista Vázquez), Alexandra Jiménez (Katia) y Emilio Gutiérrez Caba (el Jefe de la GP).

Han pasado los años y Anacleto es ya un agente prejubilado que peina canas. Estamos, por lo tanto, ante una puesta al día en toda regla, habida cuenta, además, que a sus enemigos habituales han venido a sumarse unos yihadistas que custodian en mitad del desierto la prisión que alberga desde hace treinta años a su más fiero adversario. Pero para zanjar cuentas de una vez por todas con Vázquez necesitará abandonar momentáneamente la fabricación de fuets en la apacible masía que le sirve de tapadera y revelar su verdadera identidad a su hijo.

Este último es un empanao de toma y daca al que la novia acaba de plantar, harta de su carácter indeciso. Aunque cuando llegue el momento de la verdad se va a rebelar como un digno sucesor del padre...

No cabe duda de que la factura del film es, en términos generales, impecable (con sus efectos especiales, banda sonora espectacular, cameos de Buenafuente y Corbacho y todo eso). Ahora bien: lo que ya no está tan claro es si al personaje de tebeo le va bien el humor en plan La que se avecina del que se han servido el trío de guionistas formado por Alén, Corral y Navarro: no en vano, Eduardo Gómez (el actor que da vida a Máximo Ángulo en la popular serie de televisión) es uno de los secundarios. Se nos antoja que el Anacleto original era una figura mucho más simpática y entrañable que no este sofisticado pastiche a lo Torrente. Cierto que la gente ha ido a ver la peli igualmente, pero...

lunes, 7 de diciembre de 2015

Un enredo de familia (1943)











Director: Ignacio F. Iquino
España, 1943, 64 minutos



Cuatro mellizos, dos suegras y unos prismáticos: así estaba previsto que se titulase esta disparatada comedia de equívocos. Iquino, siempre atento a los gustos del público, pretendía ofrecer una película que aunase a un tiempo el surrealismo del humor de los hermanos Marx con el cine musical tan en boga en Hollywood.

El argumento que él y Francisco Prada idearon no podía ser más estrambótico: los Tontescos y los Capitetos, dos familias de inveterada rivalidad, ven, sin embargo, como sus respectivos vástagos (Catalina y Torcuato) se enamoran y deciden casarse. Habiendo tenido dos varones gemelos y, seis años más tarde, una pareja de mellizas, el matrimonio muere trágicamente como consecuencia de un duelo y los hermanos quedarán a cargo de sus familias: un chico y una chica irán a parar a Méjico y la otra parejita se quedará en Barcelona.

Cuando, ya adultos, regresen de América, se producirán no pocas confusiones, especialmente por parte de los cónyuges de los hermanos que se quedaron aquí: unos jovencísimos Mary Santpere (Paz) y Paco Martínez Soria (Samuel). Y no es para menos, teniendo en cuenta que Mercedes Vecino y Antonio Murillo interpretaban cuatro caracterizaciones distintas cada uno: abuela de Catalina, Catalina Tontesco, la severa mujer telegrama Catalina (presidenta del Club de las pocas palabras) y la americana Dorita; abuelo de Torcuato, el bigotudo Torcuato Capiteto, el doctor Torcuato ("médico nada más que de niños", porque la belicosa Paz no le permite atender a mujeres) y el americano Juanito.



Otro de los aspectos notables del filme es ese prólogo que arranca en 1907 y que, al estilo del cine mudo, se vale de carteles para situar la acción:

Espectador: Esta es la historia de Capitetos y Tontescos, nobles familias separadas por un odio secular, cuyos primogénitos se amaron locamente, no llegando a alcanzar la dicha por culpa del adverso y cruel Destino.

Y para conseguir este ritmo frenético, la música juega un papel importantísimo. A la banda sonora de Martín Montserrat Guillemat 'Serramont' hay que añadir, pues, las diferentes actuaciones musicales que se van sucediendo, de entre las que destaca en especial la de José Azarola, más conocido como 'El pianista relámpago' a causa de su endiablado virtuosismo, acompañado por unos improvisados pasos de claqué de Niceto (José Jaspe) el negro portero cubano (de cara pintada).

Azarola, el pianista relámpago

Puede que los dos clanes enfrentados en Un enredo de familia no fueran tan sofisticados como los Montescos y los Capuletos de Shakespeare ni Catalina ni Torcuato son Romeo y Julieta (ni están en la Italia Medieval...), pero de lo que no cabe duda es de que hicieron desternillarse al público de la posguerra (que no eran ni tontos ni catetos) y solo por eso ya vale la pena que guardemos un recuerdo entrañable de pequeñas grandes películas como esta.


La religiosa (2013)







Título original: La religieuse
Director: Guillaume Nicloux
Francia/Alemania/Bélgica, 2013, 112 minutos

La religiosa (2013)

Si uno se para a pensarlo, no son pocas las películas que se han centrado en el mundo de las novicias, como por ejemplo las tres versiones de La hermana San Sulpicio (Florián Rey, 1927 y 1934; Luis Lucía, 1952), Historia de una monja (Fred Zinnemann, 1959) o Visión - La historia de Hildegard Von Bingen (Margarethe von Trotta, 2009). Por no mencionar Sor Citroen (Pedro Lazaga, 1967) y productos similares del periodo franquista.

En el caso del cine francés se podrían citar unas cuantas más: Thérèse (Alain Cavalier, 1986), Soeur Sourire (Stijn Coninx, 2009) o La religiosa (Jacques Rivette, 1966). De esta última nos llega ahora (con cierto retraso, todo hay que decirlo) una nueva versión, firmada por Guillaume Nicloux, director de El secuestro de Michel Houellebecq (2014).

Se trata de una adaptación de la novela homónima de Denis Diderot en la que la actriz Pauline Etienne da vida (como ya hiciera Anna Karina antes que ella) a la joven Suzanne Simonin, víctima de severos castigos e incluso del acoso de sus superioras en la Francia de mediados del siglo XVIII. Falta de una verdadera vocación, Suzanne se verá arrastrada por la voluntad familiar e ingresará en el convento. Una vez dentro sabrá de su condición de hija ilegítima, lo cual la convierte, hasta cierto punto, en la víctima expiatoria de los pecados de su madre. A pesar de lo cual, contará con el amparo de la benévola Madame de Moni (Françoise Lebrun). Pero la anciana muere tras ser atacada por la hermana Bénédicte en uno de sus raptos de locura y Christine, la nueva superiora (Louise Bourgoin), impondrá las más crueles vejaciones a la novicia como castigo por no acatar sus obligaciones monásticas.



Tras lograr contactar con un abogado, Suzanne conseguirá que la trasladen. Pero va a topar con una superiora (al fin Isabelle Huppert: hay que esperar hora y cuarto hasta que aparece en pantalla) que, si bien al principio parece ser toda comprensión y cariño, digamos que tiene tendencia a excederse a la hora de mostrar su afecto por la joven...

Isabelle Huppert (centro)

En resumidas cuentas, más que como alegato anticlerical, La religiosa de Nicloux se nos aparece como defensa de la libertad individual frente al dogma intransigente, mostrando el triunfo de la voluntad de su protagonista pese a los muchos condicionamientos de clase que le toca padecer.

El equipo de La religiosa en la Berlinale

sábado, 5 de diciembre de 2015

Estambul 65 (1965)












Títulos alternativos: That Man in Istanbul/L'homme d'Istamboul/Colpo grosso a Galata Bridge
Director: Antonio Isasi-Isasmendi
España/Italia/Francia, 1965, 117 minutos


Estambul 65 nació como un intento de emular el éxito internacional conseguido por la saga de James Bond. A tal efecto, se seleccionó un reparto internacional encabezado por el alemán Horst Buchholz, que ya había triunfado con Uno, dos, tres (1961) de Billy Wilder y Los siete magníficos (1960) de John Sturges, y la italocroata Sylva Koscina. Y aunque los exteriores se rodaron en algunas de las localizaciones más turísticas de Estambul, como el Bósforo y la Torre Gálata, lo cierto es que el resto de escenas se filmaron en Barcelona, la Costa Brava y las carreteras del Garraf. Son reconocibles, en ese sentido, la Plaza Real o el dragón guardián de hierro forjado del Jardín de las Hespérides de los Pabellones Güell.

Uno de los aspectos más interesantes de esta especie de cómic trepidante es su sentido del humor, puesto que en más de una ocasión el protagonista (el seductor Tony Mecenas) mira a cámara para dejar caer algún comentario cómplice dirigido al espectador. De ahí que, más que de película de espías (espías chinos, por cierto, algunos hasta con coleta), deba hablarse más bien de parodia. Y si no véase cómo Tony Mecenas es idefectiblemente saludado allá donde va por las más bellas señoritas.


Según han relatado los nonagenarios Antonio Isasi y su guionista Lluís Josep Comerón en la presentación previa a la proyección, la película debía ser, en un principio, una producción de Benito Perojo, pero como este se arruinó fue Isasi quien tomó la iniciativa de sacar adelante el film. Y no debió de hacerlo tan mal cuando medio siglo después la Filmoteca organiza un pase para celebrarlo. En dicha ocasión, Isasi-Isasmendi ha confesado su deuda con el montaje, técnica que le permitiría, entre otras cosas, lidiar con éxito algunas de las exigencias de la censura.









jueves, 3 de diciembre de 2015

Informe general II. El nuevo rapto de Europa (2015)











Director: Pere Portabella
España, 2015, 126 minutos

Han pasado cuarenta años desde el primer Informe general que filmara Pere Portabella. Para esta nueva entrega el cineasta se ha centrado en los movimientos ciudadanos que, a partir del 15-M o el proceso soberanista catalán, han transformado el panorama político nacional con la irrupción de nuevas formaciones políticas.

De ahí la presencia de líderes como Carme Forcadell, los diputados de la CUP en el Parlament o Íñigo Errejón de Podemos, aunque también se cuenta con el testimonio de científicos e investigadores del CSIC (entre ellos Marcos Portabella Arnús, hijo del cineasta), así como de Manuel Borja-Villel y Zdenka Badovinac, responsables ambos del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en cuyas instalaciones (tanto el edificio Sabatini como el Nouvel) se han filmado varias escenas.

Asimismo, hay lugar para la filosofía: Antonio Negri, Itzíar González o Marina Garcés analizan diferentes aspectos de la sociedad actual.

En la presentación del filme en la Filmoteca de Catalunya, se ha contado con la presencia del director y de una nutrida representación del equipo y colaboradores que han intervenido en el rodaje. De hecho, Portabella los ha hecho salir a la palestra tras la proyección para que, mediante una reverencia, saludasen al público asistente al modo de los actores en el teatro.


martes, 1 de diciembre de 2015

Informe general sobre unas cuestiones de interés para una proyección pública (1977)













Director: Pere Portabella
España, 1977, 150 minutos



Por su valor testimonial y por el momento histórico en el que se rodó, este Informe general sobre unas cuestiones de interés para una proyección pública de Pere Portabella se encuentra a medio camino entre dos producciones de la misma época y de similar contenido, a saber: La vieja memoria (1979) de Jaime Camino y Raza, el espíritu de Franco (1977) de Gonzalo Herralde. Con la primera comparte la estructura de reportaje construido a partir del testimonio en primera persona de destacadas personalidades del ámbito político. Con la segunda, el análisis que se lleva a cabo de la película que escribiera un tal Jaime de Andrade (pseudónimo de Francisco Franco) y que dirigió José Luis Sáenz de Heredia en 1942.



Se abre el film con unas imágenes del Valle de los Caídos, lugar que, si ya de por sí es lo suficientemente tétrico, se nos aparece más lúgubre aún, si cabe, merced a la inquietante banda sonora compuesta por Carles Santos. Tornándose la música más obsesivamente machacona, se pasa, a continuación, a imágenes filmadas clandestinamente de las multitudinarias manifestaciones por aquellos días organizadas en Madrid, en Barcelona y en Vitoria, así como de la brutal represión policial ejercida por los grises.

Los grises haciendo de las suyas en la Diagonal de Barcelona

Aunque el núcleo duro de este Informe... lo configuran las conversaciones que distintos líderes políticos de la inminente democracia mantienen entre ellos en un ambiente distendido: Felipe González, Ramón Tamames, Santiago Carrillo, Enrique Tierno Galván, Joaquín Ruiz-Giménez, Jordi Pujol, Anton Cañellas, Gregorio López Raimundo, Marcelino Camacho, Nicolás Redondo, Antonio de Senillosa y tantos otros (como unos líderes sindicales de Santa Coloma) dan su visión de cómo deberán ser la democracia y la futura Constitución española.

Felipe González

Entre las curiosidades que Portabella decidió incluir destacan la reconstrucción de cómo fusilaron al etarra Juan Paredes (alias Txiki), visitando el lugar de los hechos en Cerdanyola del Vallès junto con sus abogados Marc Palmés y Magda Oranich, a lo cual sigue el emotivo "Eusko gudariak", el himno patriota vasco que Txiki entonó antes de su ejecución sumarísima.

Otra de las secuencias impactantes es la del interior del Parlament de Catalunya, cuyos escaños aparecen cubiertos por una densa pátina polvorienta tras numerosos años de forzosa clausura. Aunque previamente se muestran también imágenes de El Pardo, siempre con el actor Francesc Lucchetti como maestro de ceremonias.

Finalmente, desde el Palau de la Música Catalana, Montserrat Caballé interpreta un fragmento de la ópera Salomé, al tiempo que vemos cómo un retrato de Franco y señora es retirado de una de las salas de lo que hoy es el Palau de la Generalitat.

Pere Portabella

EPÍLOGO

Se sorprendía hoy mismo Luz Sánchez-Mellado, desde las páginas de El País, de que a los candidatos a las próximas elecciones generales del 20 de diciembre sólo les faltó llamarse "tío", "tronco" o "colega" en el debate que protagonizaron anoche Pablo Iglesias, Albert Rivera y Pedro Sánchez. No estaría de más recomendarle a la periodista el visionado del documental de Portabella: quizá así se daría cuenta de que, hace cerca de cuarenta años, la nueva hornada de políticos que preparaban el asalto al poder tras la desaparición del Franquismo también se tuteaban. Y es que no hay nada nuevo bajo el sol (aunque a veces nos guste hacernos la ilusión de lo contrario...)