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miércoles, 27 de diciembre de 2023

A fuego lento (2023)




Título original: La passion de Dodin Bouffant
Director: Trần Anh Hùng
Francia, 2023, 134 minutos

A fuego lento (2023) de Trần Anh Hùng


La predilección del vietnamita Trần Anh Hùng por lo sensorial queda patente una vez más con una cinta que es, al mismo tiempo, un homenaje a los placeres culinarios. Tras el drama generacional Éternité (2016), su anterior trabajo, La passion de Dodin Bouffant (2023), aquí traducida con un insustancial A fuego lento, apela al apetito del espectador por la vía siempre infalible de ver cómo se preparan suculentas recetas, a cuál más exquisita. A fin de cuentas, no deja de ser el mismo recurso del que se sirven los espacios televisivos al uso, llámense La cocina de Karlos Arguiñano o MasterChef.

Aunque también es cierto que rodar un filme de tales características comporta una elevada dificultad técnica, en especial si está ambientado a finales del siglo XIX, lo que lo convierte, además, en una película de época. Porque, indudablemente, los responsables de la dirección artística demuestran conocer a fondo la pintura de un período cuyo mobiliario y forma de vestir aparecen minuciosamente documentados en pantalla.



Ocurre un poco lo mismo con la pasión sibarita de la que hacen alarde los miembros de las sociedades gastronómicas, círculos esencialmente masculinos integrados por verdaderos gourmets al estilo de los comensales que suelen acompañar al protagonista, ese Dodin Bouffant del título original al que interpreta con bastante acierto Benoît Magimel. A este respecto, la escena en la que todos ellos se tapan la cabeza con una servilleta para así degustar mejor los efluvios de un muslo de codorniz revela bien a las claras la fruición rayana en extravagancia de unos hombres para los que la existencia gira en torno a la comida.

Sin embargo, tanto afán por recrearse en los intríngulis del arte de guisar provoca, en cierta manera, que la cinta se resienta a nivel argumental, por lo que la relación entre el mencionado Bouffant y la sin par cocinera Eugénie (Juliette Binoche) carece por completo de la credibilidad necesaria, de modo que su atípica historia medio profesional medio sentimental apenas sí llega a adquirir la profundidad que cabría esperar de un idilio a priori tan relevante.



domingo, 10 de septiembre de 2023

Memorias de París (2022)




Título original: Revoir Paris
Directora: Alice Winocour
Francia, 2022, 105 minutos

Memorias de París (2022) de Alice Winocour


La brutal ola de atentados terroristas que en los últimos años ha ido sucesivamente asolando la capital francesa tiene ya su reflejo en distintas películas, como por ejemplo Un año, una noche (2022) de Isaki Lacuesta, sobre la masacre acaecida en la sala Bataclan y que tuvimos ocasión de comentar en su día, o la cinta que ahora nos ocupa, la francesa Revoir Paris (2022) de Alice Winocour.

Esta última está protagonizada por Mia (Virginie Efira), una traductora que, tras sobrevivir a un tiroteo en un céntrico restaurante parisino, deberá hacer frente a las secuelas que le impiden recordar buena parte de tan terrible vivencia. Lo cual la lleva a embarcarse en una dolorosa reconstrucción de los hechos en la que, gracias a una asociación de víctimas, entra en contacto con Thomas (Benoît Magimel), superviviente, igual que ella, de aquella fatídica velada.



Como consecuencia de todo este proceso, Mia se ve gradualmente abocada a replantearse su propia vida, al tiempo que le obsesiona dar con el paradero del individuo que la tomó de la mano durante los interminables minutos que duró el ataque de los extremistas. Ardua búsqueda, dado que el hombre en cuestión es uno de tantos inmigrantes en situación irregular y forzado, por ende, a ir continuamente de aquí para allá con tal de ganarse el sustento.

Partiendo de la base de que abordar semejante herida, aún abierta y cuyos efectos aquejarán durante decenios a la sociedad francesa en su conjunto, representa una empresa tan valiente como arriesgada, conviene,  sin embargo, puntualizar que el resultado final adolece tal vez de una cierta falta de cohesión, como si los distintos episodios narrados constituyesen apenas un relato más bien previsible. En cualquier caso, Winocour acierta a plasmar en imágenes las emociones a flor de piel de sus personajes, ciudadanos anónimos marcados por la tragedia, aunque sus heridas no siempre sean visibles a simple vista.



miércoles, 22 de abril de 2020

Ríos de color púrpura 2: Los ángeles del apocalipsis (2004)




Título original: Les rivières pourpres 2 - Les anges de l'apocalypse
Director: Olivier Dahan
Francia/Italia/Reino Unido

Ríos de color púrpura 2: Los ángeles del apocalipsis (2004)
de Olivier Dahan

Aprovechando el tirón de la primera entrega, cuatro años después llegaba esta segunda parte de Les rivières pourpres, escrita por Luc Besson a partir del universo novelesco que ideara Jean-Christophe Grangé y dirigida por un cineasta que fue pintor y realizador de videoclips antes de dar el salto al séptimo arte: Olivier Dahan (La Ciotat, 1967), el mismo que, inmediatamente después de este proyecto, se zambulliría en la vida de Édith Piaf para mayor gloria de la multipremiada Marion Cotillard.

No obstante, el hecho de que se tratase de una coproducción internacional favoreció la presencia en el reparto del mítico Christopher Lee, ya octogenario, en un papel de antiguo oficial nazi reconvertido en líder de una peligrosa secta milenarista. El protagonismo, en cambio, volvía a recaer otra vez en Jean Reno, de nuevo encarnando al experimentado comisario Niémans, ahora acompañado por Benoît Magimel, quien interpreta al joven y un tanto impulsivo agente Reda (de hecho, un antiguo alumno de Niémans en la academia de policía).



Juntos, y con la ayuda inestimable de Marie (Camille Natta), especialista en simbología cristiana, afrontarán la resolución de un caso especialmente sangriento: el asesinato en serie de un grupo de neoapóstoles a manos de esos querubines apocalípticos a los que alude el título de la cinta. O lo que viene a ser lo mismo: monjes encapuchados, de descomunal fuerza y agilidad, que brincan por doquier con la pericia de un campeón de parkour y buscan bajo tierra un preciado tesoro medieval.

Ni que decir tiene que semejante argumento no se aguanta ni por casualidad y que los tópicos habituales del polar francés (lluvia perpetua, hemoglobina a raudales, ritos macabros...) no alcanzan aquí la agudeza de la que hicieron gala ilustres predecesores como, por ejemplo, Jean-Pierre Melville (1917–1973). Los mitómanos más recalcitrantes sí que disfrutarán, por el contrario, de la aparición fugaz del bueno de Johnny Hallyday en un papelillo sin mayor trascendencia.


miércoles, 20 de noviembre de 2019

Pequeñas mentiras para estar juntos (2019)




Título original: Nous finirons ensemble
Director: Guillaume Canet
Francia/Bélgica, 2019, 135 minutos

Pequeñas mentiras para estar juntos (2019)
de Guillaume Canet

La autocomplacencia que exteriorizan los personajes de Nous finirons ensemble, secuela de Les petits mouchoirs (2010), pondrá, sin duda, nervioso a más de un espectador. Porque, aparte del oportunismo de estrenar una segunda parte casi diez años después del relativo éxito de la primera, ni las acciones ni sus diálogos parecen tener mayor justificación que el mostrar a un grupo de amigos sonrientes.

¿A quién le puede interesar una película que más bien parece uno de esos espacios televisivos de telerrealidad cuyos participantes conviven durante unos días en el mismo sitio? Pues sintiéndolo mucho, y sin ánimo de ofender a nadie, es muy probable que un producto de tales características vaya más o menos dirigido, salvando las distancias, a similares sectores de la audiencia que Gran Hermano o La isla de los famosos.



Historias triviales para un público superficial: la fórmula ideada por Guillaume Canet consiste en reunir a los protagonistas alrededor de una mesa bien provista de vino, condumio o lo que se tercie. O sentarlos sobre el césped del jardín para contemplar una puesta de sol. En otras ocasiones, los hará viajar a bordo de una lancha para practicar esquí acuático, saltar en paracaídas desde un avión a mil pies de altitud o cualquier otro tipo de actividad de aventura. Todo ello bien aderezado con canciones en inglés de los sesenta y setenta, una de las debilidades del director.

La vie est belle ! Por lo que nada tiene de especial que Max (François Cluzet) se eche atrás en el último instante y no venda la casa de Cap-Ferret que es el punto de reunión de tan heterogénea pandilla. En realidad, se trata de uno de tantos elementos previsibles de Nous finirons ensemble. Como la aparición final de Ludo (Jean Dujardin), alentando desde el más allá al propietario para que no firme el contrato de compraventa.


domingo, 24 de marzo de 2019

Inju, la bestia en la sombra (2008)




Título original: Inju, la bête dans l'ombre
Director: Barbet Schroeder
Francia/Japón, 2008, 105 minutos

Inju, la bestia en la sombra (2008) de B. Schroeder


Inclasificable e inquieto como pocos cineastas, el incansable Barbet Schroeder daba otra vuelta de tuerca a su ya extensa filmografía con un thriller en las antípodas de sus documentales políticos. Inju, adaptación de la novela homónima de Rampo Edogawa (1894–1965), se adentra en los límites entre ficción y realidad a partir de una compleja trama de falsas apariencias en la que ni nada ni nadie parece ser lo que realmente aparenta.

Benoît Magimel interpreta a un profesor universitario y exitoso autor de best sellers, llamado Alex Fayard, cuya máxima ambición es llegar a desentrañar algún día quién se esconde realmente tras la misteriosa personalidad de su autor predilecto: el japonés Shundei Oe. A partir de ahí, y siempre en un improbable escenario en el que lo fantástico irrumpe en lo diurno, Fayard irá a parar al país del sol naciente donde, con el pretexto de promocionar su último libro, se verá envuelto en una extraña red de yakuzas y masoquismo en torno a la bella geisha Tamao (Lika Minamoto).



Ya desde el comienzo —en el que lo que contemplamos en pantalla no es "nuestra" película, sino el final de la adaptación cinematográfica de una obra de Oe que Fayard está proyectando para sus alumnos de la facultad— se nos da a entender que no deberíamos fiarnos de nada de lo que nos disponemos a ver durante los siguientes cien minutos. Ni nosotros ni el propio Fayard, por muy experto en la materia que él mismo se crea.

Previsible a ratos, aunque siempre entretenida, Inju, la bête dans l'ombre demuestra que Schroeder también sabe hacer cine de género cuando se lo propone.


miércoles, 13 de junio de 2018

Marguerite Duras. París 1944 (2017)




Título original: La douleur
Director: Emmanuel Finkiel
Francia/Bélgica/Suiza, 2017, 127 minutos

Marguerite Duras. Paris 1944 (2017)


Tout à coup la liberté est amère. Je viens de connaître la perte totale de l'espoir et le vide qui s'ensuit: on ne se souvient pas, ça ne fait pas de mémoire. Je crois éprouver un léger regret d'avoir raté de mourir vivante. Mais je continue à marcher, je passe de la chaussée au trottoir, et puis je reviens à la chaussée, je marche, mes pieds marchent...

Marguerite Duras
La douleur

Probablemente, convertir un diario íntimo en película es más complicado todavía, si cabe, que adaptar una obra literaria. Aunque en el caso de La douleur facilita, sin duda, la labor el hecho de que el material que ha servido de inspiración es ambas cosas a la vez. Publicado en 1985, el texto de Marguerite Duras (1914-1996) lo integra una colección de relatos parcialmente autobiográficos. El más largo de los cuales, titulado precisamente "El dolor", es la historia de la espera de su marido (Robert Antelme), prisionero político en los campos de concentración nazi, así como la descripción de los sentimientos que la Segunda Guerra Mundial inspira en las familias de los refugiados.

Temática incómoda, por otra parte, a partir del momento en el que se aborda el espinoso asunto de la relación, no exento de una cierta dosis de morbosidad, que la escritora y miembro de la Resistencia (interpretada por Mélanie Thierry) mantiene con un destacado colaborador de la Gestapo (Benoît Magimel).

Rabier (Benoît Magimel) y Duras (Mélanie Thierry)


Para trasladar a la pantalla un proceso tan sumamente minucioso, el director Emmanuel Finkiel opta por una paleta de tonalidades en la que el azul oscuro y el gris predominan por encima de cualquier otro color, en lo que supone una excelente labor por parte de Alexis Kavyrchine, responsable de la fotografía. 

Sin embargo, no puede decirse lo mismo del tempo narrativo, ya que, en su afán por crear la atmósfera propicia, el film acaba incurriendo en una languidez excesiva, subrayada por elementos tan dispares como la omnipresente voz en off de la protagonista o la atonalidad de la música de Ligeti que se utiliza como banda sonora.

Mascolo (Benjamin Biolay) junto a la escritora

jueves, 24 de noviembre de 2016

La doctora de Brest (2016)




Título original: La fille de Brest
Directora: Emmanuelle Bercot
Francia, 2016, 128 minutos

La doctora de Brest (2016)


Como quien no quiere la cosa, la actriz Emmanuelle Bercot se está labrando también una interesante carrera paralela como directora, contando ya en su haber con cinco largometrajes. En dos de ellos tuvo ocasión de contar con la presencia de Catherine Deneuve: Elle s'en va (El viaje de Bettie, estrenada en 2013), y La tête haute (La cabeza alta, 2015). Pero para su último proyecto ha preferido centrarse en el caso real de una modesta doctora que, desde la pequeña localidad bretona de Brest, fue capaz de poner en jaque a todo el sistema sanitario francés.

En términos comerciales, podríamos decir que La fille de Brest es una mezcla a medio camino entre Hippocrate (Hipócrates, 2014) y Médécin de campagne (Un doctor en la campiña, 2016), dirigidas ambas por el galeno galo Thomas Lilti. Sólo que la protagonista (interpretada por la danesa Sidse Babett Knudsen) es, además de miembro de la sanidad pública que ejerce sus labores profesionales en una ciudad de provincias, una obstinada madre coraje que jamás se da por vencida. En ese sentido, casi podría decirse que la tenacidad de Irène Frachon es uno de los temas centrales de la película, ya que es gracias a su incansable empeño que el dañino Mediator acaba siendo retirado del mercado.

Sidse Babett Knudsen y Benoît Magimel


De hecho, el filme no es más que la adaptación cinematográfica del laborioso proceso relatado en el libro autobiográfico Mediator 150 mg: combien de morts ? De ahí la insistencia de ir consignando en pantalla el día, mes y año de unos acontecimientos que se remontan a 2009. Libro que, en realidad, suscitaría las iras de los laboratorios, quienes denunciaron el subtítulo ("¿Cuántos muertos?") por difamación.

Otro de los alicientes de la película es la trasformación física de la que ha sido capaz el habitualmente apolíneo Benoît Magimel, aquí capaz de meterse en la piel de un panzudo doctor mucho mayor que él. Aunque el taciturno Antoine Le Bihan es mucho más que eso: se trata del contrapunto necesario para que la perseverancia de Irène destaque aún más. Una luchadora que cuenta en todo momento con el apoyo incondicional de su marido e hijos y cuyo aguijón serán las víctimas inocentes de la industria farmacéutica, muchas de ellas mujeres que sólo aspiraban a mejorar su autoestima perdiendo peso.

La verdadera Irène Frachon

sábado, 24 de septiembre de 2016

La pianista (2001)




Título original: La pianiste
Director: Michael Haneke
Austria/Francia/Alemania, 2001, 131 minutos

La pianista (2001) de Michael Haneke


Como un ciclón, la profesora de piano Erika Kohut entra atropelladamente en la casa que comparte con su madre. La madre suele llamar a Erika su pequeño torbellino, porque los movimientos de la niña son a veces de una rapidez extremada. Intenta escabullirse de la madre. Erika se acerca al final de sus treinta. Por edad, la madre podría fácilmente ser su abuela. Erika había venido al mundo después de muchos años de duro matrimonio. El padre había cedido de inmediato el bastón de mando a la hija y había desaparecido del escenario. Erika aparece, él desaparece.

Elfriede Jelinek
La pianista
Traducción de Pablo Diener Ojeda

Tres años antes de que la novelista Elfriede Jelinek fuese galardonada con el premio Nobel de literatura, el siempre controvertido Michael Haneke ya había llevado a cabo la adaptación cinematográfica de La pianista. En general, suele decirse que los admiradores y detractores del cine de Haneke se dividen a partes iguales, quizá porque lo descarnado de muchas de sus imágenes contribuye a que se le adore o se le odie, sin término medio. En todo caso, lo que no puede negarse es su maestría a la hora de dirigir a los actores, así como la habilidad para incomodar al espectador.

Porque si algo tienen en común sus películas es que muestran cómo la realidad puede ser mucho más inquietante que cualquier filme de terror. Véase si no el caso de Erika Kohut (Isabelle Huppert): víctima de una relación absolutamente malsana con su madre (Annie Girardot), la protagonista alberga en su interior toda una serie de traumas que la atenazan hasta el punto de hacerla incapaz de amar o de ser amada. Incapaz, hasta que irrumpe en su vida el apuesto y un tanto arrogante Walter (Benoît Magimel). Pero, lejos de suponer un catalizador que dé rienda suelta a tantos deseos reprimidos, la aparición del joven no hará sino complicar y precipitar las cosas.



Vi La pianista por primera vez hace quince años, en una sesión del cine Méliès en la que no faltaron los habituales aprensivos abandonando la sala horrorizados (lo cual sucedía, por otra parte, bastante a menudo en aquel entonces). Lógicamente, la película me impactó todo lo que puede impactar una mujer rasgándose los genitales con una cuchilla en plan Buñuel o clavándose un puñal en el corazón (creo no desvelar nada a estas alturas y, si no, lo siento). Pero lo verdaderamente importante es que, tanto tiempo después, al enfrentarme de nuevo a la soberbia interpretación de la Huppert me he dado cuenta de que tal vez la mayoría de filmes de Haneke no aguantan bien un segundo visionado: siendo, como son, un poco efectistas, se pasa uno la mayor parte de la proyección esperando a que llegue tal o cual escena.

Cierto que a lo mejor hay que ir más allá y fijarse en otro tipo de cosas mucho más profundas que el masoquismo de la protagonista. Aunque, por el motivo que sea, esta tarde en la Filmoteca sólo he visto las trampas de una película que, pese a todo, me apetecía revisar. Me debo estar haciendo mayor.



sábado, 21 de noviembre de 2015

Conexión Marsella (2014)




Título original: La French
Director: Cédric Jiménez
Francia/Bélgica, 2014, 135 minutos

« Il faut que justice soit faite... »

Conexión Marsella (2014) de Cédric Jiménez: elenco protagónico


Si hace cuatro años era Olivier Marchal quien dirigía una película centrada en las andanzas de la mafia en Lyon (Los lioneses, 2011), le llega ahora el turno a Cédric Jiménez con Conexión Marsella, ambientada en dicha ciudad entre los años 1975 y 1981. Se trata de uno de los periodos más convulsos de la historia del crimen organizado, ya llevado en su día a la pantalla por William Friedkin a través de la mítica The French Connection (1971).

Basada en personajes reales, Conexión Marsella recrea la campaña que el juez Pierre Michel (Jean Dujardin) emprendió contra el emporio de la droga que controlaba Gaëtan "Tany" Zampa (Gilles Lellouche). Empresa nada fácil, teniendo en cuenta que los tentáculos de la organización se extendían desde el Ayuntamiento hasta altos cargos de la policía, lo que, a la hora de la verdad, convertía a Zampa en prácticamente un intocable.

Pero, aun a riesgo de poner en peligro su integridad y la de su familia, los métodos de Michel (que le valdrán el apodo de cowboy) darán poco a poco sus frutos y el cerco alrededor de los laboratorios clandestinos que depuraban la heroína antes de mandarla a Nueva York se irá estrechando.

Aparte de los ya mencionados Dujardin y Lellouche, son varios los actores del reparto que merece la pena destacar. Tal es el caso, por ejemplo, de Benoît Magimel, quien en su papel de gánster apodado el Loco representa la típica deserción del otrora fiel servidor. O el veterano Féodor Atkine, que se atreve a encarnar a Gaston Defferre, el que fuera alcalde socialista de Marsella durante infinidad de años (y que en el film es presentado como un político corrupto sin ambages). Guillaume Gouix interpreta al joven agente José Álvarez, uno de los pocos que se mantiene insobornable dentro del cuerpo. Nada que ver con Gérard Meylan: habitual de la filmografía de otro marsellés ilustre (Robert Guédiguian) da vida a Ange Mariette, una verdadera manzana podrida. En cuanto a los roles femeninos, cabe señalar la presencia de Mélanie Doutey como esposa de Zampa (curiosamente, en la vida real ella y Lellouche fueron pareja y tienen una hija en común) y, sobre todo, la de Céline Sallette como mujer del juez Michel.

Por lo demás, se podrán encontrar en Conexión Marsella los tópicos habituales de este tipo de películas: tiroteos a mansalva, persecuciones en coche (y en moto), drogas, corrupción, violencia, traiciones y una banda sonora repleta de canciones que marcaron época.

El director Cédric Jiménez dando indicaciones a Jean Dujardin

lunes, 21 de septiembre de 2015

La cabeza alta (2015)




Título original: La tête haute
Directora: Emmanuelle Bercot
Francia, 2015, 120 minutos

La tête haute: un film ilustrado

La cabeza alta (2015) de Emmanuelle Bercot


La primera de todas las utilidades, que es el arte de formar hombres, permanece olvidada […] Hombres, sed humanos; es vuestro primer deber; sedlo en todas las circunstancias, en todas las edades y por todo lo que no le es extraño al hombre. ¿Qué sabiduría tendréis fuera de la humanidad? Amad la infancia; favoreced sus juegos, sus deleites y su amable instinto.

Emilio o De la Educación, Jean-Jacques Rousseau

Son muchos los títulos del cine en lengua francesa que en los últimos años se han ocupado y preocupado por el tema de la educación y la adolescencia conflictiva: Mommy (Xavier Dolan, 2014), La clase (Laurent Cantet, 2008), La profesora de historia (Marie-Castille Mention-Schaar, 2014) o El niño de la bicicleta (Jean-Pierre y Luc Dardenne, 2011) son solo algunos de ellos. A esta nómina viene a sumarse ahora La cabeza alta, de la realizadora Emmanuelle Bercot.

El joven Malony (Rod Paradot) ha sufrido desde la más tierna infancia las consecuencias de ser el hijo de una madre irresponsable que no dudó en abandonarlo cuando los Servicios Sociales tomaron cartas en el asunto. Ha crecido, por tanto, marcado por gravísimas carencias afectivas que condicionan enormemente su relación con los demás, haciéndole reaccionar con extrema violencia cuando ve frustradas sus expectativas. Dicha conducta disruptiva conducirá a Malony ante la jueza de menores Florence Blaque (Catherine Deneuve) en numerosas ocasiones, de cuyo despacho se convierte en un habitual.

La jueza Florence Blaque (Catherine Deneuve)


Por muchas oportunidades que le dan, el muchacho siempre termina echándolo todo a perder por culpa de su impulsividad. Hasta que, como era de prever, Malony acaba dando con sus huesos en la cárcel. Pero entonces se cruza en su camino Tess y acontece el milagro: por primera vez en su vida una chica le enseña qué es el amor y una vaga perspectiva de cambio se dibuja en su horizonte.

Con todo, es la paciencia y buen hacer de los consejeros juveniles (especialmente Yann, interpretado por Benoît Magimel) la que redime a Malony de su camino de perdición, recuperándolo para la sociedad. Parece como si Emmanuelle Bercot quisiera dar a entender que la educación es un motor de cambio. En ese aspecto, su película hace suyos los valores de la Ilustración, que son, en buena medida, los mismos valores sobre los que originariamente se asentó la República Francesa. Así pues, hasta en el caso más conflictivo hay esperanza de salvación: la pedagogía debe ser la única arma capaz de regenerar al mundo, en lugar del castigo y las prohibiciones. De ahí que tanto los consejeros juveniles como la propia jueza se impliquen en su labor mucho más allá de lo estrictamente profesional.

Si bien se mira, el mensaje que promueve La cabeza alta es profundamente optimista y en consonancia con lo que ya dijeron en sus películas notabilísimos cineastas franceses como François Truffaut. Probablemente, en estos tiempos de crisis ese es el único legado que vale la pena reivindicar.

Malony (Rod Paradot) y Yann (Benoît Magimel)