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viernes, 17 de abril de 2026

Prime Crime: A True Story (2025)




Título original: Dead Man's Wire
Director: Gus Van Sant
EE.UU., 2025, 104 minutos

Prime Crime: A True Story (2025) de Gus Van Sant


Lo que en principio estaba previsto que fuese una película dirigida por Werner Herzog y protagonizada por Nicolas Cage ha terminado convirtiéndose en el último trabajo de Gus Van Sant, uno de esos cineastas un tanto olvidados que vuelve ahora a la palestra con Dead Man's Wire (2025). Basada en hechos reales (como recalca el insólito título que le han puesto en España), la cinta recrea el secuestro, a punta de escopeta y a manos de un colérico cliente despechado, del presidente de una compañía de crédito hipotecario.

Abandonando la introspección poética que lo hiciera célebre gracias a títulos como Elephant (2003), Last Days (2005) o Paranoid Park (2007), Van Sant dirige un vibrante y ácido thriller de época que reconstruye el increíble caso real de Tony Kiritsis (interpretado por el sueco Bill Skarsgård), un hombre que, en 1977 y tras sentirse estafado por su banco, decide retener al ejecutivo Richard Hall (Dacre Montgomery) de una forma aterradora: atándole una escopeta recortada al cuello con un cable conectado al gatillo.



La impecable estética setentera, a cargo de James Wise y Stefan Dechant, unida a la fotografía de Arnaud Potier, recrean en pantalla unos acontecimientos que en su día supusieron un auténtico evento mediático nacional. Asimismo, la banda sonora de Danny Elfman subraya perfectamente ese tono de comedia negra y tragedia inminente, a medio camino entre el drama social y la sátira criminal, que se respira de principio a fin de la trama. Como también aporta una nota interesante el personaje al que da vida Colman Domingo, un locutor de radio llamado Fred Temple que tendrá un papel determinante en la historia.

Aunque es, sin duda, la presencia en el reparto del mítico Al Pacino, en el papel de potentado hombre de negocios, padre del rehén, la perla de un filme incómodo y oportuno, de los más energéticos y entretenidos que haya rodado en décadas su director. Y es que en un momento de descontento social a nivel global, Van Sant mira hacia atrás para recordarnos que la mecha de la rabia contra las instituciones siempre ha estado ahí, sólo que ahora disponemos de mejores cámaras para grabarla.



lunes, 2 de septiembre de 2019

Érase una vez en... Hollywood (2019)




Título original: Once Upon a Time... in Hollywood
Director: Quentin Tarantino
EE.UU., Reino Unido, China, 2019, 161 minutos

Érase una vez en... Hollywood (2019)
de Quentin Tarantino


Precedido de la habitual expectación que suelen levantar todos sus proyectos, lo último de Tarantino (penúltimo, si el director acaba cumpliendo la promesa de retirarse tras haber rodado diez películas) destaca por un inusual tono crepuscular, que tal vez se acentúa debido a que el trasfondo de la acción gira en torno al asesinato, a manos de la Familia Manson, de la actriz Sharon Tate y otras cuatro personas el nueve de agosto de 1969. Crimen del que, por cierto, se ha vuelto a hablar muchísimo durante estos días con motivo del cincuenta aniversario de su perpetración.

Aunque, sin duda, es la abundancia de alusiones musicales y cinéfilas que se da cita en Once Upon a Time... in Hollywood lo que hará que el aficionado a ambas disciplinas forzosamente disfrute mientras suenan los acordes de clásicos como "Hush" de Deep Purple o hasta unos segundos de "Bring A Little Lovin'" del grupo español Los Bravos. Mientras que, por otra parte, también se alude fugazmente a consumados especialistas del wéstern europeo de la talla de Sergio Corbucci o Joaquín Luis Romero Marchent.



Sin embargo, es la televisión la gran fuente de referencias para unos personajes que, fieles a su cita semanal, se sientan frente al receptor cada vez que se emite un capítulo de F.B.I. o de cualquier otra de las series míticas de aquel entonces. Lo mismo da que se trate del actor en horas bajas Rick Dalton (DiCaprio) o de los inquilinos del escalofriante rancho Spahn: todos, sin excepción, están pendientes del aparato, dando a entender que una época se extingue (la de los grandes estudios cinematográficos) y otra, igualmente atractiva, si bien menos glamurosa, da comienzo a su reinado.

Y es ahí, precisamente, donde radica el tema central del filme: en la muerte del cine y el advenimiento de producciones televisivas más baratas, pero, al mismo tiempo, desprovistas del hechizo del séptimo arte. Los días de gloria de aspirantes al estrellato como Rick Dalton y su doble y amigo Cliff Booth (Pitt) tocan a su fin, por lo que el crimen cometido en el 10050 de Cielo Drive debe ser entendido como la metáfora que simbólicamente escenifica dicha debacle. Y que, medio siglo más tarde, sería extrapolable, mediante un claro paralelismo, para describir lo que ha supuesto la irrupción de internet en nuestra forma de ver películas.


sábado, 4 de agosto de 2018

A la caza (1980)




Título original: Cruising
Director: William Friedkin
EE.UU./Alemania, 1980, 102 minutos

A la caza (1980) de William Friedkin


Pues sí: aunque parezca mentira, William Friedkin dirigió otras películas aparte de French connection (1971) y El exorcista (1973). Como, por ejemplo, este thriller policial ambientado en los locales gais de Nueva York y que, en el momento de su estreno, fue merecedor de varias nominaciones a los... Razzies.

De hecho, Cruising (que aquí recibió el nada sutil título de A la caza) fue un proyecto que ya nació marcado por la polémica y, además, por partida doble: por un lado, los detractores de que la homosexualidad apareciese como trasfondo de un guion cinematográfico (a la sazón muchos más y, sobre todo, más virulentos que hoy en día) pusieron el grito en el cielo por lo que entonces se consideraban escenas demasiado explícitas; por otra parte, desde los propios colectivos LGBT hubo quien intentó boicotear el filme al juzgar que éste incitaba a la violencia contra los homosexuales.



Al parecer, Brian De Palma aspiraba a dirigir la película, cosa que finalmente no fue posible por problemas con los derechos de autor sobre la novela de Gerald Walker, y se dice que la primera opción de Friedkin para el papel protagonista no era Pacino sino Richard Gere. En cualquier caso, lo que queda claro es que tanto temática como visualmente Cruising entronca a la perfección con una serie de títulos en la que algunos de esos nombres andaban implicados por aquellas fechas. Tal sería el caso de American Gigolo (1980) de Paul Schrader o Vestida para matar (1980) del propio De Palma.

En líneas generales, y pese a algunos cabos de su trama que deliberadamente se dejan sueltos, Cruising se nos aparece al cabo de los años como la simbiosis perfecta entre Psicosis (1960) y Taxi Driver (1976). Se sirve del Macguffin a lo Hitchcock en las primeras secuencias, con esos miembros humanos que aparecen flotando en la bahía del río Hudson, para luego retomar la sordidez de los bajos fondos neoyorquinos tal y como la retratara Scorsese en los primeros títulos de su filmografía. Por todo lo cual, es muy probable que estemos ante uno de esos casos en los que, dejando de lado la intolerancia y la corrección política que en su día condicionaron la recepción de la película, se haga necesario el revisarla en aras de valorar en su justa medida lo que tiene toda la pinta de ser un clásico injustamente infravalorado.