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viernes, 21 de noviembre de 2025

Historias del buen valle (2025)




Director: José Luis Guerín
España/Francia, 2025, 122 minutos

Historias del buen valle (2025) de José Luis Guerín


Lleno total en la sala grande de la Filmoteca de Catalunya con motivo del preestreno de Historias del buen valle (2025), documental con el que José Luis Guerín rinde homenaje al barrio de Vallbona, una de las áreas más injustamente olvidadas de la periferia barcelonesa. De hecho, tal y como el propio cineasta comentaba en el coloquio posterior a la proyección, se trata de un espacio urbano del que apenas existían registros fílmicos hasta la fecha, razón de más para que se haya propuesto saldar esa deuda histórica con su último trabajo.

Y el resultado es un crisol de distintas lenguas (alrededor de doce se pueden escuchar a lo largo de la película, según Guerín) pertenecientes a otras tantas culturas llegadas de todo el mundo en el contexto de un espacio que fue creciendo sin orden ni control hasta conformar el actual paisaje fronterizo que es hoy, encajonado entre la C-58 y la línea de cercanías.



De entre los muchos testimonios que desfilan ante la cámara resulta especialmente emotivo el del anciano que rememora sus años mozos, cuando bailaba el tango en compañía de su ya difunta esposa, pero también el de la madre e hija guineanas que dialogan a orillas de un río que las retrotrae a recuerdos remotos de sus ancestros africanos. O las mujeres rusas y ucranianas que conversan amistosamente con la misma cordialidad de la que a menudo carecen los líderes políticos de sus respectivos países de origen.

Un mosaico humano con el que, en definitiva, Guerín regresa a ambientes y circunstancias muy parecidos a los que ya retratara hace casi un cuarto de siglo en su aclamada En construcción (2001), haciendo de nuevo hincapié en la necesidad de rediseñar los vínculos entre el cada vez más saturado centro de la ciudad y sus márgenes históricamente desatendidas.



sábado, 20 de septiembre de 2025

Miniaturas (2011)




Director: Jonás Trueba
España, 2011, 36 minutos



Durante muchos años Miniaturas (2011) ha quedado sistemáticamente excluida de la filmografía oficial de Jonás Trueba, quizá porque el propio cineasta la considera una obra menor, fruto del momento de transición que estaba atravesando cuando la concibió. Aun así, y pese al carácter experimental de la misma, la pieza fue incluida en su día entre los extras del DVD de Todas las canciones hablan de mí (2010). Y en fechas más recientes incluso se han llevado a cabo proyecciones públicas de un documento que el benjamín de la saga realizó con las múltiples grabaciones obtenidas mediante la cámara de tres píxeles de un modesto teléfono móvil.

A lo largo de su más de media hora de duración se pueden apreciar hasta doce de esas miniaturas simultáneamente en pantalla. Instantes de la vida cotidiana en los que se puede apreciar al director deambulando por las calles de Madrid o Nueva York, así como al resto de personas que por aquel entonces integraban su círculo más íntimo, ya sea la actriz Bárbara Lennie o el cineasta Javier Rebollo. También sus padres o su tío David aparecen fugazmente en esa vorágine de imágenes que apresaban, sin que él fuese del todo consciente, las inquietudes de un autor que, tiempo después y gracias a Los ilusos (2013), firmaría su primer trabajo independiente.

lunes, 2 de septiembre de 2024

Volveréis (2024)




Director: Jonás Trueba
España/Francia, 2024, 114 minutos

Volveréis (2024) de Jonás Trueba


Un autor ha dicho que el amor-recuerdo es el único feliz. Esta afirmación, desde luego, es muy acertada, con la condición de que no se olvide que es precisamente ese amor el que empieza haciendo la desgracia del hombre. El amor-repetición es en verdad el único dichoso. Porque no entraña, como el del recuerdo, la inquietud de la esperanza, ni la angustiosa fascinación del descubrimiento, ni tampoco la melancolía propia del recuerdo. Lo peculiar del amor-repetición es la deliciosa seguridad del instante.

Søren Kierkegaard (1813-1855)
La repetición
Traducción de Demetrio Gutiérrez Rivero

Lo ha vuelto a hacer: película tras película, el menor del clan Trueba ("Si menor en años, mayor en prez", que diría Valle-Inclán) se supera a sí mismo con la solvencia de quien ha mamado el cine desde su más tierna infancia y, por tanto, destila en todo lo que hace una suerte de frescura y destreza difícilmente igualables. Su último largometraje, Volveréis (2024), premiado en Cannes y protagonizado por Itsaso Arana, su pareja en la vida real, y esa especie de nuevo Resines que es Vito Sanz, pasa por ser una comedia romántica un tanto sui géneris, si bien dicha etiqueta, como todos los términos convencionales, al fin y al cabo, resultaría cuando menos discutible.

Y es que tras esa idea en apariencia frívola de celebrar las rupturas se esconde, en realidad, una reflexión bastante más dramática de lo que cabría esperar en torno a la trascendencia que realmente tienen las relaciones sentimentales. En ese orden de cosas, lo que aquí se plantea no deja de ser una relectura en clave moderna de lo ya expuesto por algunos filósofos decimonónicos (véase la cita del danés Kierkegaard que encabeza estas líneas y que en el filme es citada en un par de ocasiones) precursores de lo que un siglo después daría en denominarse existencialismo.



Una profundidad que, sin embargo, no está reñida con el tono cotidiano y hasta divertido de la mayor parte de situaciones y diálogos (los propios protagonistas, por cierto, Arana y Sanz, han colaborado en el guion). Así pues, el círculo de amistades y conocidos de la pareja (atención a la gran cantidad de cameos e intervenciones fugaces de algunos de los intérpretes que han ido participando a lo largo del tiempo en anteriores títulos del director, desde Sigfrid Monleón hasta Francesco Carril, pasando por Isabelle Stoffel o la joven Candela Recio, cuyo rostro se divisa entre los asistentes a la fiesta final) reaccionará con asombro o desconcierto ante el inusitado anuncio de separación de Ale y Álex.

Por último, el filme que nos ocupa encierra también un interesante juego metacinematográfico (impagable la escena en la que los personajes discuten a propósito de 10, la mujer perfecta (1979)) repleto de referencias y guiños cinéfilos, a menudo autoreferenciales. Tal sería el caso, por ejemplo, de haberle dado el papel de padre a Fernando Trueba o de esa otra película que discurre en paralelo y cuya directora, la misma Ale, se parece tanto a la chica de Álex. Elementos que, en definitiva, por todo lo que tienen de mitomanía personal (también se incluye, de pasada, una visita a la tumba de Truffaut en Montmartre), entroncan a la perfección con el título de ese libro de Stanley Cavell (1926-2018) que el suegro le presta a su ya casi ex nuera: El cine, ¿puede hacernos mejores?



lunes, 26 de agosto de 2024

El baile de la Victoria (2009)




Director: Fernando Trueba
España, 2009, 127 minutos

El baile de la Victoria (2009) de Fernando Trueba


Antes de soltar al joven Ángel Santiago, el alcaide pidió que se lo trajeran. Vino con el desgaire y la belleza brutal de sus veinte años, la nariz altiva, un mechón de pelo caído sobre la mejilla izquierda, y se mantuvo de pie desafiando a la autoridad con la mirada. Los granizos del temporal golpeaban contra los vidrios tras las rejas y deshacían la gruesa capa de polvo acumulado.

Antonio Skármeta
El baile de la Victoria

Como buen ciudadano del mundo que es, el cineasta Fernando Trueba posee una filmografía que remite a los distintos países en los que ha dirigido o ambientado sus películas. Así pues, El baile de la Victoria (2009), adaptación de la novela homónima de Antonio Skármeta que obtuvo el Premio Planeta en 2003, es un filme genuinamente chileno pese a que en su momento representase a España en la correspondiente edición de los premios Óscar.

La historia que narra, si bien gira en torno a un atraco, contiene altas dosis de un cierto realismo poético cuyos personajes responden a perfiles que se salen de lo convencional. Ángel, por ejemplo, al que da vida Abel Ayala, destila entusiasmo en cuantas cosas hace y dice, por más disparatados que puedan parecer sus proyectos. Lo cual no impide, sin embargo, que termine contagiando dicha ilusión a la silenciosa bailarina Victoria (Miranda Bodenhöfer) y hasta a un tipo a priori tan distinto a él como el experto en cajas fuertes (en reventarlas, se entiende) Vergara Grey (Ricardo Darín).



Tal vez porque ambos están recién salidos de la cárcel, y porque los dos anhelan una estabilidad familiar que la vida les ha negado hasta la fecha, lo cierto es que entre ellos acaba naciendo la conexión necesaria para embarcarse en uno de los golpes más descabellados que se hayan visto jamás. Pero soñar es gratis y la suerte suele favorecer a los audaces. O no.

En suma, el guion de Trueba y su hijo Jonás (coescrito en colaboración con el propio Skármeta, quien aparece, además, en un breve cameo como crítico especialista en ballet) explora el lado más humano de los perdedores para adentrarse en los entresijos de unas relaciones definidas por una lealtad rayana en la adoración, como la del taxista cubano Wilson (Mario Guerra) o la del ya mencionado Ángel, que tienen a Vergara en un pedestal. Aunque también se apunta, como no podía ser menos tratándose de una sociedad aún marcada por los atropellos cometidos durante la dictadura pinochetista, el alto precio que pagan las almas inocentes cuando viven inmersas en un sistema corrupto.



martes, 28 de mayo de 2024

Segundo premio (2024)




Directores: Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez
España/Francia, 2024, 109 minutos

Segundo premio (2024) de Lacuesta y Rodríguez


La expectación de la que viene precedida Segundo premio (2024) sería equiparable en cierta manera al halo mítico que rodeó la fulgurante carrera de Los Planetas, conjunto de la escena indie granadina en cuya trayectoria, repleta de luces y sombras, se inspira la trama de una película a medio camino entre el documental y el biopic, más cerca de esto último que de lo primero.

La firman, en calidad de codirectores, Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez, si bien otros nombres ilustres (Fernando Navarro en el guion; Jonás Trueba, a través de Los Ilusos Films, como productor) han intervenido igualmente en la elaboración de un proyecto bastante sui géneris, galardonado con tres premios (Mejor Montaje, Mejor Película Española, Mejor Dirección) en el último Festival de Málaga.



De hecho, al final de los títulos de crédito con los que se cierra la cinta se especifica que los sucesos y personajes descritos en ella, pese a haber sido inspirados por los acontecimientos que rodearon la grabación en Nueva York del álbum Una semana en el motor de un autobús (1998), transcurren, sin embargo, en una realidad paralela.

Que nadie espere, pues, un filme al uso sobre el ascenso y posterior caída de la típica banda de rock alternativo que a duras penas logra mantenerse fiel a su esencia underground en el siempre difícil camino al estrellato. A este respecto, lo que propone el tándem Lacuesta-Rodríguez es una lectura libérrima en torno a las vivencias de unos músicos que difieren en el relato de sus propios recuerdos. Así pues, ni el cantante (Daniel Ibáñez) ni la bajista (Stéphanie Magnin) ni el guitarrista (Cristalino) lograrán ponerse de acuerdo en la evocación de aquellos lejanos noventa en los que se gestó una leyenda.

© Óscar Fernández Orengo


miércoles, 6 de septiembre de 2023

Las chicas están bien (2023)




Directora: Itsaso Arana
España, 2023, 86 minutos

Las chicas están bien (2023) de Itsaso Arana


Si, tal y como afirma el personaje de Bárbara Lennie en un momento determinado de Las chicas están bien (2023), "Las películas son cartas al futuro", entonces no cabe la menor duda de que el debut tras las cámaras de la hasta ahora actriz Itsaso Arana (Tafalla, Navarra, 1985) anticipa las líneas maestras de una obra que está llamada a perdurar en el tiempo. Lo cual no significa que la cinta, como todo filme primerizo, no tenga sus luces y sombras, si bien esas posibles carencias quedan de sobra compensadas por la valentía que rezuma un guion en el que los límites entre ficción y realidad se diluyen con la frescura propia de un juego.

Las cinco intérpretes que integran el reparto mantienen, de hecho, sus nombres reales a la hora de meterse en la piel de sus respectivos personajes, de modo que el ejercicio de introspección que llevan a cabo, sincerándose ante la cámara, resulta todavía más auténtico. Son reflexiones en voz alta que revelan desde el desconsuelo de la hija que perdió demasiado pronto a un padre o a una madre hasta la ilusión de la embarazada que espera su primer retoño, pasando por la joven que, envalentonada tras no pocos titubeos, decide finalmente declararse a su novio francés, aunque sea mediante una nota de voz que ésta le envía por WhatsApp.



Por otra parte, el enfoque eminentemente femenino/feminista de la trama deja traslucir una visión de lo que significa ser mujer hoy en día que implica una relectura empoderada del cuento de la princesa y el guisante. De ahí la complicidad entre mujeres de distintas generaciones (la niña encantada con la idea de hacer teatro, la abuela capaz de adivinar el sexo del futuro bebé con tan sólo echarle un vistazo a la madre) en un contexto en el que la presencia masculina se limita a un hermano ausente y al fugaz ligue veraniego de una de las protagonistas con un chico del pueblo.

Aun así, la originalidad de una propuesta tan sumamente sincera reside en su carácter de work in progress, logrando que el proceso de ensayo de una pieza teatral se acabe convirtiendo, aparte de en la propia película, en una interesantísima terapia desmitificadora cuyas participantes, aisladas durante varios días en un idílico marco campestre, lo mismo se expresan en castellano que en vasco. Definitivamente, conviene saludar con la efusividad que merece la irrupción en nuestro panorama fílmico (a veces convencional en exceso) de una autora con las ideas tan claras.



miércoles, 13 de julio de 2022

Tenéis que venir a verla (2022)




Director: Jonás Trueba
España, 2022, 64 minutos

Tenéis que venir a verla (2022) de Jonás Trueba


"Arcadia en flor" era el título de una canción que el malogrado Rafael Berrio compuso expresamente para la banda sonora de La reconquista (2016). Y es ese mismo espíritu pastoril de oasis alejado del mundanal ruido el que se respira en muchos momentos de Tenéis que venir a verla (2022), enésima incursión del menor de los Trueba en un tipo de cine, muy a lo Éric Rohmer, anclado en los pormenores de lo cotidiano y que aspira a ser, al mismo tiempo, reflejo de las inquietudes generacionales de sus personajes.

Rodada en apenas ocho días (tres en invierno y otros cinco al cabo de varios meses, ya en primavera), la película constituye una miniatura artesanal de apenas una hora de duración en la que enseguida se advierten las secuelas de la pandemia. De hecho, se palpa en el ambiente que tanto el confinamiento como la distancia social han hecho mella en las dos parejas que protagonizan la cinta, hasta el extremo de que una de ellas, la interpretada por Francesco Carril e Irene Escolar, se ha ido a vivir al campo en busca de una quietud que la capital ya no les ofrecía.



Mencionar a estas alturas el gusto del cineasta por incluir referencias literarias o musicales en sus filmes parecería toda una obviedad, ya que se trata de uno de los rasgos más reconocibles de su caligrafía. Baste decir que la acción arranca con una actuación en vivo de Chano Domínguez y que se dejan oír, aquí y allá, algunos versos de Olvido García Valdés recitados por la propia autora. Asimismo, Dani (Vito Sanz) y, sobre todo, Elena (Itsaso Arana) comentan con sus amigos algunos pasajes de un libro que andan leyendo: Has de cambiar tu vida, del filósofo alemán Peter Sloterdijk.

Por último, conviene llamar la atención a propósito de un detalle que pudiera ocasionar algún que otro malentendido: por más que el cartel de la película haya sido concebido con innegable sentido del humor ("Esto no es una cita" y "Esto es un adorno"), Tenéis que venir a verla no es propiamente una comedia. De entrada porque flota en todo momento (en los diálogos, en la atmósfera pospandemia...) un poso de melancolía que no invita precisamente a la sonrisa. Y, en segundo lugar, por el hecho de que esas mismas disquisiciones que mantienen las dos parejas dejan entrever una crisis existencial (¿la de los cuarenta, tal vez?) un tanto incómoda, incluso para el espectador.



martes, 12 de julio de 2022

Quién lo impide (2021)




Director: Jonás Trueba
España, 2021, 220 minutos

Quién lo impide (2021) de Jonás Trueba


Work in progress monumental, las casi cuatro horas de duración de Quién lo impide (2021) vendrían a ser, al mismo tiempo, una suerte de spin-off o secuela un tanto sui géneris de La reconquista (2016), en cuya parte final no sólo sonaba la canción de Rafael Berrio que da título a esta película, sino que también intervenían dos de los adolescentes que después habrían de protagonizar el siguiente trabajo de Jonás Trueba, un docudrama que por momentos pudiera recordar a la célebre Entre les murs (2008) del francés Laurent Cantet.

Por otra parte, la particular génesis del proyecto, rodado entre 2016 y 2021, entronca en cierto modo, y salvando las distancias, con el planteamiento del que se servía Richard Linklater en Boyhood (2014), en el sentido de que vemos crecer a unos muchachos que atraviesan el momento crítico de empezar a plantearse qué hacer con sus vidas. Incertidumbres y demás dudas existenciales propias de la edad que, en lo que a ellos respecta, se verían incrementadas aún más, si cabe, tras el mazazo que significó la pandemia y el consiguiente confinamiento.



Fruto de la excepcionalidad que supuso dicho período, el filme arranca y concluye con esas multipantallas propias de las videollamadas, escenario a su vez incómodo en tanto que priva a los interlocutores de la posibilidad de todo contacto físico, tan necesario para unos chicos y chicas que se hallan inmersos en plena pubertad. De entre todos los participantes, quizá sean Candela y Silvio quienes acaparan mayor atención por parte de la cámara, teniendo en cuenta que van a compartir diversas experiencias iniciáticas de enorme trascendencia, tanto a nivel corporal como emocional (la travesía del pantano hasta la frontera portuguesa, la primera visita a la Filmoteca...). 

Del resto puede decirse que viven los acontecimientos con igual intensidad, ya se trate del viaje de fin de curso a Andalucía o de los talleres de mediación en el instituto. El caso es que todos manifiestan su inquietud ante lo que les pueda deparar el futuro, así como unas mismas ganas de expresarse libremente sin necesidad de ajustarse a lo que marcan unas convenciones sociales que tal vez hayan quedado obsoletas. A fin de cuentas: "Si tienes quince años / y pretendes escapar / con eso basta y sobra para hacerlo".



lunes, 11 de julio de 2022

La reconquista (2016)




Director: Jonás Trueba
España, 2016, 108 minutos

La reconquista (2016) de Jonás Trueba


La reconquista a la que alude el título de esta película no tiene nada que ver con el proceso histórico de recuperación del territorio peninsular invadido por los musulmanes. Muy al contrario, se trata de un término cuya literalidad expresa que donde hubo fuego siempre quedan rescoldos: una vieja historia de amor que, al cabo de los años, parece renacer de sus cenizas con inusitada viveza.

Después de Los exiliados románticos (2015), otro título de equívocas connotaciones pseudohistóricas, Jonás Trueba ahondaba en su particular visión de las relaciones de pareja con una cinta intimista en la que el protagonismo recaía de nuevo en algunos de sus actores fetiche, caso de Francesco Carril (Olmo) o Aura Garrido (Carla). Sin embargo, es la navarra Itsaso Arana (Manuela) quien interpreta al personaje más relevante de una trama construida en torno a la idea del reencuentro.



Dos treintañeros (él traductor; ella de paso por Madrid tras varios años residiendo en Buenos Aires) reviven, en el transcurso de una noche, sensaciones que alguna vez compartieron y que ya creían olvidadas por completo. Pero una carta, escrita cuando eran adolescentes y que Manuela ha conservado durante todo este tiempo, parece ser el detonante de que la chispa vuelva a surgir entre los dos.

La contención con la que se exponen los hechos juega un papel determinante en una puesta en escena deudora del mejor cine de autor. Buena prueba de ello es la elección del Concierto para dos mandolinas de Vivaldi que suena de fondo en la escena del reencuentro. O la quietud melancólica con la que está filmado el concierto de Rafael Berrio (tristemente fallecido de un cáncer en 2020). Aunque si hay algo que demuestra la conciencia de Jonás Trueba respecto a la unidad y coherencia de su obra es el hecho de que la parte dedicada a rememorar la adolescencia de Olmo y Manuela contiene el embrión del que sería su siguiente proyecto: Quién lo impide (2018-2021).



domingo, 10 de julio de 2022

Los ilusos (2013)




Director: Jonás Trueba
España, 2013, 93 minutos

Los ilusos (2013) de Jonás Trueba


La diferencia [entre nuestra generación y la de nuestros padres] es que ellos pensaban que todo iba a ir a mejor y nosotros pensamos que todo va a ir a peor...

Tras haber debutado con Todas las canciones hablan de mí (2010), espléndida ópera prima en torno a la compleja vida sentimental de un treintañero, Los ilusos (2013) tuvo algo de piedra fundacional en la carrera de Jonás Trueba. No en vano, la productora del mismo nombre que crearía a raíz del estreno de dicho filme le ha venido sirviendo desde entonces como plataforma para convertirse en uno de los cineastas independientes con mayor proyección del panorama nacional.

A grandes rasgos, nos encontramos frente a un ejercicio de estilo por parte de un director con vocación de autor. A este respecto, resulta bastante sintomática la elección del blanco y negro, así como el hecho de que el formato utilizado para el rodaje de la película fuesen unos 16 milímetros que remiten de inmediato al espíritu amateur del arte cinematográfico más primigenio.



De todo ello se infiere un estilo muy nouvelle vague, enriquecido, por otra parte, con continuas referencias cinéfilas y literarias. Y también musicales, toda vez que se incluye hasta una actuación en vivo del grupo El Hijo. Con todo lo cual se configura un particular universo cuyos rasgos esenciales derivan de la construcción del discurso narrativo conforme transcurre la acción (son varias las ocasiones en las que Jonás Trueba irrumpe en escena para recordarnos el carácter metaficcional de su obra).

Así pues, y de la misma forma que Truffaut se vale de un alter ego en sus filmes, aquí es Francesco Carril quien cumple esa función. Sólo que el hábitat de su personaje no es el París de los sesenta, sino un Madrid gris, más bien inhóspito, ciudad ideal para un soñador que ya ha estrenado su primera película y no sabe muy bien de dónde sacar la inspiración para la siguiente. Autobiográfico o no, se trata de un planteamiento que tal vez explique la presencia en los títulos de crédito de un nutrido grupo de "consejeros artísticos y sentimentales" entre los que destacan nombres como los también cineastas Javier Rebollo o David Trueba.



jueves, 29 de agosto de 2019

Todas las canciones hablan de mí (2010)




Director: Jonás Trueba
España, 2010, 108 minutos

Todas las canciones hablan de mí (2010)
de Jonás Trueba


Fiel a los elementos que componen el universo fílmico de los Trueba —habitualmente delimitado por libros, música de jazz y referencias cinéfilas—, Jonás hacía su debut en la dirección con lo que en apariencia tiene pinta de ser una simple comedia romántica, pero que, a decir verdad, no fue sino la primera entrega de una particular forma de entender y explicar la realidad. Como en las películas de John Cassavetes, los apartamentos, los cafés, las librerías donde transcurre la acción no son decorados, sino lugares auténticos en los que la vida fluye parsimoniosamente. Quizá por eso mismo Ramiro (Oriol Vila) tiene la sensación de que todas las canciones hablan de él...

Licenciado en Filología, Ramiro es el prototipo de joven un tanto cenizo y que, un poco a la manera de los personajes de Truffaut, se dedica a ir de flor en flor porque es incapaz de olvidar a la que de verdad es el amor de su vida. Tal y como nos recuerda la voz en off del propio Jonás Trueba, él y Andrea (Bárbara Lennie) se separaron hace algún tiempo tras seis años de relación. Aunque donde hubo fuego siempre quedan rescoldos y sus pasos parecen predestinados a reencontrarse.



Es ésta una película de primeros planos mirando a cámara. O en la que unos "irrumpen" en la privacidad de los otros, tal vez porque se imaginan cómo será la existencia que lleva cada cual ahora que ya no están juntos. Hay amigos peculiares como Lucas (Bruno Bergonzini), que parecen salidos de una obra de Valle-Inclán. O que, como Luismi (Ramon Fontserè), le echarán un cable a Ramiro para publicar su primer libro, aunque sea con una errata en la portada.

Tiene, por lo demás, una estructura muy literaria, dividida en seis partes con títulos tan ocurrentes como "Las inquietudes de Ramiro Lastra" (de clara raigambre barojiana) o "La paradoja matemática de la nostalgia". De hecho, son muchas las citas que, explícitamente o a través de los diálogos, irán desfilando, desde versos de la argentina Alejandra Pizarnik (1936-1972) hasta aforismos de Pessoa. Como aquel que afirma que: "Todas las cartas de amor son ridículas. No serían cartas de amor si no fueran ridículas. Cuando hay amor, las cartas de amor tienen que ser ridículas. Y es que, en fin, sólo las criaturas que no han escrito jamás cartas de amor son las que son ridículas."


lunes, 26 de agosto de 2019

La virgen de agosto (2019)




Director: Jonás Trueba
España, 2019, 125 minutos

La virgen de agosto (2019) de Jonás Trueba


Siempre es una alegría comentar las películas de Jonás Trueba, ese tipo simpático que rueda como quien respira, sin importarle gran cosa ni el qué ni el cómo, sino, lo que es mucho más importante en cine: los estados de ánimo. Fiel a esta premisa, que bien podrían avalar grandes directores de ayer y de hoy, desde el Rohmer de Cuento de verano (1996) hasta el Hong Sang-soo de La cámara de Claire (2017), La virgen de agosto se nos presenta repleta de giros y de guiños que se inscriben en la tradición del mejor cine de autor.

De momento (la película se estrenó el pasado 15 de agosto, coincidiendo con la festividad que le da título), la mayoría de críticas y reseñas están obviando un detalle que, quizá por evidente, podría pasar por alto. Y es la simbología de los nombres y de las fechas en una historia que a lo mejor es menos cotidiana de lo que parece. Así, por ejemplo, la protagonista se llama Eva (Itsaso Arana), está a punto de cumplir la edad de Cristo y, por lo que se deduce del desenlace, es ella, y no la que está en los altares, la verdadera "virgen de agosto".



También hay algunos enclaves de su periplo estival particularmente significativos, como la visita al Museo Arqueológico Nacional donde se encuentran la Dama de Elche y la Dama oferente del Cerro de los Santos, sacerdotisas o diosas ambas y, por ahí, equivalente de lo que la Virgen representa en la cultura cristiana. Por si fuera poco, Eva se someterá a un rito chamánico de estar por casa y el que tal vez llegue a convertirse en su pareja (y al que confunde con un suicida) responde al peculiar nombre de Agos (Vito Sanz), hipocorístico de Agostino.

Y todo esto para llevar a cabo lo que a Jonás Trueba mejor se le da, que es el retrato generacional de unos jóvenes que aspiran a "hacerse una persona de verdad" o que simplemente se conformarían con que, en el caso de las mujeres, la maternidad o la menstruación dejasen de suponer una traba que lastra su existencia. Homenaje a la geografía urbana y, sobre todo, humana, de un Madrid languideciente y a ratos fantasmal en el que, sin embargo, la vida continúa a pesar del parón veraniego.


domingo, 27 de septiembre de 2015

Los exiliados románticos (2015)




Director: Jonás Trueba
España, 2015, 70 minutos

Desde la tierra mítica de Grecia
llegó hasta el norte el soplo que la anima
y en el norte halló eco, entre las voces
de poetas, filósofos y músicos: ciencia
del ver, ciencia del saber, ciencia del oír. Mozart
es la gloria de Europa, el ejemplo más alto
de la gloria del mundo, porque Europa es el mundo.

Luis Cernuda



Nacido Jonás Rodríguez Huete (Madrid, 1981), Jonás Trueba va camino de convertirse en digno heredero de la saga iniciada por su padre (Fernando) y continuada por su tío (David). De momento son ya tres los largometrajes firmados por el menor de la estirpe (Todas las canciones hablan de mí, 2010, y Los ilusos, 2013, fueron las anteriores).

En Los exiliados románticos vuelve a contar con varios de sus actores de confianza (Francesco Carril, Vito Sanz o la suiza Isabelle Stoffel) a los que ahora se unen la italiana Renata Antonante y el televisivo Luis E. Parés (colaborador habitual de Historia de nuestro cine en La 2 de TVE). Su director define este último trabajo como una película rodada "sobre la marcha" y a buen seguro que el calificativo es bastante certero si se tiene en cuenta que sus tres protagonistas masculinos dedican doce días a viajar desde Madrid hasta París (haciendo escala, previamente, en Toulousse y, posteriormente, en Annecy) a bordo de una destartalada furgoneta Volkswagen.

Una vez allí, se van a reencontrar con antiguos amores de juventud que han ido a buscar expresamente. De ahí el título, que además coincicide con el de un libro del historiador británico Edward Hallett Carr (Londres, 1892-1982). Asimismo, las tres ciudades elegidas están históricamente vinculadas con el exilio español republicano. También de la italiana Natalia Ginzburg se habla bastante, en especial de su libro de cuentos Las pequeñas virtudes, publicado originalmente en 1962. Como se ve, las referencias literarias son constantes: todavía, en los créditos finales, se incluirá una cita de Blaise Pascal.



Se palpa muchísimo amor por el cine y la cultura franceses en Los exiliados románticos, lo cual no es de extrañar viniendo de un Trueba (es conocida la debilidad, tanto de David como de Fernando, por todo lo procedente del país galo). Así pues, no sólo los exteriores se han rodado en Francia (especialmente en su capital) sino que en los títulos de crédito se ha jugado con los colores de la bandera de aquel país (como puede observarse más arriba, en la primera imagen que precede esta entrada).



En su frescura y canto a la juventud, la película de Jonás Trueba conecta tanto con el espíritu de la Nouvelle vage como con algunas de las producciones independientes más recientes del cine francés (2 otoños 3 inviernos o La chica del 14 de julio serían buenos ejemplos). También contiene algo, si bien en menor grado, de la calma zen del coreano Sang-soo Hong. Ficción y realidad se mezclan a partes iguales. Por eso los personajes se llaman exactamente como los actores que los encarnan. Hay, en ese sentido, una aparición del también director Sigfrid Monleón interpretándose a sí mismo en el transcurso de una cena en la que Luis admite estar escribiendo una tesis doctoral sobre el exilio (exactamente igual que Luis E. Parés en la vida real).

Desayunando a orillas del Garona en Toulousse (con el Pont Neuf al fondo)
Luis E. Parés (sin barba) flanqueado por Isabelle y Renata
y (con barba) a la derecha de Francesco Carril
Renata Antonante e Isabelle Stoffel en el lago de Annecy


Otro de los rasgos que ponen de manifiesto la esencia libre del film son las canciones de Tulsa cantadas por Miren Iza y cuyas letras actúan en cierta manera de guion oficioso. De hecho, en Los ilusos se incluía también música en directo, lo cual supone una puesta en escena a veces cercana a la estética del videoclip. Y ¿qué decir, por otra parte, de su carácter políglota? En Los exiliados románticos se incluyen diálogos en italiano, francés, inglés e, incluso, en alemán. Nada extraño tratándose de una generación cuya patria será, sin duda, el mundo.

Aunque rodada con una cámara de fotos (¿quién lo diría?), esto es, en fin, lo que deparará la película de Jonás Trueba a quien quiera subirse a la furgoneta: soñar es libre y Francia está a un tiro de piedra. ¿A quién no le apetece liberarse de convencionalismos innecesarios a estas alturas para darse un chapuzón en un lago de aguas cristalinas?

El director Jonás Trueba