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sábado, 18 de noviembre de 2017

Pacto de silencio (1949)




Director: Antonio Román
España, 1949, 83 minutos

Pacto de silencio (1949) de Antonio Román


ISABEL: ¡Pero qué horrible es todo esto! 
JOHN: De nuestra firmeza en los momentos difíciles depende el fin de todo. Prométeme ser fuerte...

Vi por vez primera Pacto de silencio hará cosa de diez años y recuerdo que, ya entonces, me llamó poderosamente la atención a causa de diversos motivos. En primer lugar, por su impactante escena inicial: un vigoroso bombardeo, recreación bastante acertada de la batalla de Dunkerque (no en vano, el montaje corrió a cargo de Antonio Isasi-Isasmendi). También por el verismo, en la secuencia siguiente, de los escombros, admirable trabajo del decorador Juan Alberto Soler. Pero, sobre todo, debido a su aspecto general de thriller al modo británico, centrado en la particular historia de un miembro de la Resistencia francesa. ¿Cómo era esto último posible tratándose de una película rodada en pleno franquismo?

La respuesta hay que buscarla en la fecha de estreno: para 1949, tras la caída de los regímenes fascistas en toda Europa, comenzaba a ser urgente planificar el lavado de imagen por parte del franquismo que desembocaría, ya en la década siguiente, en su alianza estratégica con EE.UU. A nivel cinematográfico, dicha operación se haría visible en julio de 1950 con el reestreno de Raza (ahora rebautizada como Espíritu de una raza), nueva versión del filme bélico de Sáenz de Heredia, en la que desaparecían los saludos con el brazo en alto y otros símbolos por el estilo, para convertir lo que fuese apología del totalitarismo en una cinta de propaganda anticomunista. Por lo que no es de extrañar que, un año antes, Pacto de silencio preparara el terreno que propiciase el acercamiento ideológico con el amigo americano.

Isabel durante el juicio. Curiosamente, la actriz Ana Mariscal
había formado parte del reparto de Raza

De ahí la sorprendente situación de que su protagonista, el Mayor John Brand (interpretado por el italiano Adriano Rimoldi), fuese un miembro de la Armada Británica casado con una española que vive en La Plana de Vic. Más asombrosa, si cabe, por el hecho de que, tras intercambiar su identidad con la de un cadáver en Dunkerque, Brand es reclutado por los partidarios de de Gaulle en un Argel cuyo café recuerda irremediablemente al de Casablanca (1942) y que su antagonista sea un espía alemán (aunque ni su nacionalidad ni el término nazi se lleguen a pronunciar, como por otra parte es lógico, ni una sola vez).

Isabel (Ana Mariscal), junto a Carlos (Conrado San Martín)

En su momento, Pacto de silencio fue recibido como un filme influido por el neorrealismo italiano, opinión que, visto hoy, puede resultar del todo sorprendente, si bien es cierto que su director, Antonio Román, no sólo fue un cinéfilo atento a las novedades que de aquel país llegaban, sino que, además, prefirió que los actores de Pacto de silencio no usaran maquillaje. En cualquier caso, Román debió guardar un buen recuerdo de esta producción (rodada en los Estudios Trilla de Barcelona y, parcialmente, en Navarra, a partir de una idea del crítico Alfonso Sánchez), puesto que en 1963 llevaría a cabo un remake con el mismo título, ambientado ahora en la guerra de independencia argelina.

Isabel y John (Adriano Rimoldi) en el Hotel Miramar

viernes, 15 de enero de 2016

Esta tierra es mía (1943)




Título original: This Land Is Mine
Director: Jean Renoir
EE.UU., 1943, 103 minutos

Esta tierra es mía (1943), de Jean Renoir


Segunda película oficial de Renoir en Hollywood (la primera había sido Aguas pantanosas en 1941) o tercera si se tiene en cuenta su aportación no acreditada en Mi encantadora esposa (Bruce Manning, 1943). En el caso de que fuera necesario etiquetar de alguna manera el contenido de Esta tierra es mía deberían utilizarse palabras como colaboracionismo, Resistencia, ocupación, valentía...

Lejos de su Francia natal por motivos obvios, el director pretende con este filme poner su grano de arena en la lucha contra el nazismo y el gobierno de Vichy, resultante de la firma del armisticio con los alemanes el 22 de junio de 1940. Se trata, sin duda, de uno de los episodios más vergonzantes de la historia de aquel país y a Jean Renoir le duele ver cómo el mariscal Pétain ha creado un régimen de marcado perfil autoritario.

Con este contexto, se comprenderá por qué el maestro de escuela Albert Lory (Charles Laughton) es un hombre apocado bajo la influencia castradora de su madre: simboliza a todos aquellos ciudadanos de la zona "libre" del Estado Francés que no han sido capaces de rebelarse contra una autoridad que ha entregado la nación al enemigo. Es muy significativa, al respecto, la escena que muestra a Lory llorando en el refugio antiaéreo durante un bombardeo, puesto que con ella se pretende subrayar la cobardía de quien debiera dar ejemplo de entereza frente a sus alumnos.

Charles Laughton y Maureen O'Hara

Sin embargo, la evolución posterior de los hechos pondrá a Albert en la tesitura de tener que sacrificarse por el bien de la comunidad. En uno de los finales más emotivos del cine de aquel periodo, junto con el de El gran dictador, Albert Lory acabará leyendo en clase la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. Acto seguido será conducido frente al pelotón de fusilamiento... Pero el suyo es un sacrificio cargado de esperanza, porque en los cien minutos que dura la película se ha obrado el milagro en pantalla y el que era un vulgar pusilánime es ahora un héroe para la causa, como lo serán todos aquellos que vean su historia en todo el mundo.

Algo similar es lo que acontece con Louise Martin (Maureen O'Hara): ha malgastado su tiempo en una relación con George Lambert, un hombre estirado y pedante que acabará delatando a su hermano (hemos visto a George Sanders interpretar a ese tipo esnob en incontables ocasiones). Cuando, demasiado tarde, sea consciente de la inocencia de Albert, Louise estallará en lágrimas, pero la lucha habrá ganado otra adepta.

Del estrambótico Mayor Erich von Keller (Walter Slezak) baste decir que su rígido brazo postizo hace pensar en el que, años más tarde, el actor Fernando Delgado lucía en La prima Angélica (1974) escayolado y haciendo un forzado saludo fascista.

El mítico Alfonso Sánchez dijo de Jean Renoir que "siempre se adelantó varios años al cine de su tiempo. [...] El amor al hombre preside toda su obra. En los filmes de Renoir todos los personajes tienen sus problemas, pequeños o grandes. [...] Inserta el drama personal en el contenido social, participa en todos sus sentimientos, obliga al espectador a inmiscuirse en los personajes. [...] Su sentido visual revoluciona la realización clásica. [...] Renoir es por sí mismo la iniciación al cinema moderno" (Iniciación al cine moderno, volumen I, Editorial Magisterio Español, Colección Novelas y cuentos, 112, Madrid, 1972, páginas 24, 25, 27 y 29).

Jean Renoir (1894-1979)