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viernes, 17 de agosto de 2018

El asesinato de la hermana George (1968)















Título original: The Killing of Sister George
Director: Robert Aldrich
EE.UU., 1968, 138 minutos

El asesinato de la hermana George (1968) de Robert Aldrich

Otro de los grandes directores de los que este año se cumple el centenario es el norteamericano Robert Aldrich, autor de una treintena larga de títulos y que vino al mundo un 9 de agosto de 1918. Así, a bote pronto, su nombre hace pensar en wésterns como Veracruz o Apache (ambos del 54) o contundentes dramas de hazañas bélicas del tipo Doce del patíbulo (1967). Sin embargo, fueron sus proyectos más personales, en la línea de la ya mítica ¿Qué fue de Baby Jane? (1962), duelo interpretativo de titanes entre Bette Davis y Joan Crawford, los que hoy vale la pena desempolvar.

Menos conocido entre nosotros por razones obvias, ya que, dado lo explícito de su temática, nunca llegó a estrenarse en España, The Killing of Sister George era la adaptación de una comedia de Frank Marcus que venía de triunfar clamorosamente en los escenarios de Broadway, donde se llevaron a cabo más de doscientas representaciones, lo que le valdría dos candidaturas a los premios Tony (Mejor obra y Mejor actriz), yendo a parar el segundo de dichos galardones a Beryl Reid, quien también protagonizó la versión cinematográfica.



Aldrich, tras consagrarse gracias al éxito comercial de filmes como los antes mencionados, afrontaba ahora el reto de producir él mismo, y en sus propios estudios, películas de mayor riesgo. Receta que, en el caso de El asesinato de la hermana George, acabaría dando lugar a un filme de un atrevimiento insólito para la época, por más que la acción se sitúe en el Londres efervescente de finales de los sesenta.

Aunque huelga decir que había que pagar un precio por tanta desenvoltura. Y a Aldrich le salió bastante cara la broma. Porque hablar abiertamente de lesbianismo, por muy entrañables que fuesen sus protagonistas, comportó que la cinta se exhibiese en Estados Unidos bajo la calificación X (con el estigma que ello supone). Algo que el director no pudo evitar pese a la batalla legal que entabló y los setenta y cinco mil dólares en costas que se dejaría, inútilmente, durante el proceso.

No obstante, nada de todo aquello importa ya: la película quedará para siempre como una sabia reflexión sobre los vicios privados y las virtudes públicas en el marco de otro tema no menos controvertido: el de la inconsistencia de la fama en el medio televisivo, donde los actores de seriales, a pesar de su popularidad, están a merced de lo que decida el productor sin escrúpulos de turno.


domingo, 10 de julio de 2016

Cuerpo y alma (1947)




Título original: Body and Soul
Director: Robert Rossen
EE.UU., 1947, 104 minutos

Cuerpo y alma (1947) de Robert Rossen


Revisar la nómina de profesionales que trabajaron en la producción de Cuerpo y alma pone ciertamente los pelos de punta: dirigida por Robert Rossen, a partir de un guion de Abraham Polonsky, con Robert Aldrich como asistente y montaje de Robert Parrish. Sin duda, ríos de talento (ya que Polonsky, Aldrich y Parrish también dirigirían reputados filmes en el futuro) a los que se sumó la banda sonora de Hugo Friedhofer y las actuaciones de John Garfield (el boxeador Charley Davis) y Lili Palmer (la pintora Peg Born).

En muchos aspectos, la historia narrada en Body and soul es arquetípica: el muchacho humilde de buen corazón e instintos primarios que, sin embargo, está a punto de dejarse corromper por el malévolo entorno de intereses creados que rodea al mundo del boxeo. En ese aspecto, será decisiva la influencia de su madre (Anne Revere, ¡sólo era diez años mayor que John Garfield!) y de su novia Peg, así como el triste final que tendrán sus amigos Shorty (Joseph Pevney) y Ben (Canada Lee): Charley podría haber acabado como ellos, aunque la suerte está de su parte.

El director de fotografía James Wong Howe (en cuclillas y con patines)


La atmósfera de cine negro que se respira en Cuerpo y alma se completa con la intervención de ese "malévolo entorno" al que hacíamos referencia en el párrafo anterior: Quinn (William Conrad) es el cazatalentos sin escrúpulos que guarda un enorme parecido con Orson Welles; Alice (Hazel Brooks) sería la femme fatale que nada tiene que hacer frente a la ternura de Peg; Roberts (Lloyd Gough) es, por último, ese tipo de empresario prepotente que está acostumbrado a comprarlo todo (y a todos) con sus fajos de billetes, pero al que Charley dejará con un palmo de narices al final de la peli.

Lástima que en la vida real ni los pérfidos muerden siempre el polvo ni los combates amañados se suelen frustrar frente a la integridad del púgil: si hay algo que flota alrededor de un filme como Body and soul es el triste recuerdo de la caza de brujas macarthista que tan gravemente afectó a la carrera de buena parte de quienes trabajaron en él. Aunque esa es otra historia y ya no tiene remedio. Suerte que al menos nos quedan las películas como consuelo...


domingo, 2 de agosto de 2015

El emperador del Polo Norte (1973)




Título original: Emperor of the North Pole
Director: Robert Aldrich
EE.UU., 1973, 118 minutos

1933: punto álgido de la Gran Depresión. Es la advertencia con la que se abre El emperador del Polo Norte, film que pese a su título nada tiene que ver con proezas de esquimales (tipo Anthony Quinn en Los dientes del diablo, 1960) sino con un tren de mercancías al que se obstinan en subir, una y otra vez, dos polizones con peculiar nombre de guerra: el joven Cigaret (Keith Carradine) y el veterano A Number One (Lee Marvin). Completa el trío de protagonistas Shack (Ernest Borgnine), fanático implacable en sus labores de revisor.

En parte película de aventuras, drama social o road movie, Robert Aldrich supo sacarle el máximo partido a esta insólita historia basada en un relato de Jack London. Y como era habitual en la filmografía de Aldrich, máxime si Lee Marvin figuraba en el reparto, hay pelea cuerpo a cuerpo en no pocas escenas. Sobre todo con Shack, dispuesto a lo que haga falta para mantener su tren limpio de vagabundos.

Referente a estos últimos, son también interesantes los momentos en los que se junta la cuadrilla de desharrapados que, víctimas de la crisis económica, decidieron un buen día echarse al camino para buscarse la vida y llegar a ser, tal vez, "emperadores del Polo Norte". De hecho, Cigaret y A Nº 1 se conocerán cuando el primero intente robarle una gallina al segundo. La relación que se establecerá entre estos dos personajes es esencialmente la misma que se da entre Lazarillo de Tormes y su primer amo el ciego: si bien A Nº 1 "acoge" a Cigaret y le enseña algunos trucos de supervivencia, a cambio le hará padecer alguna que otra perrería. La diferencia, en cambio, con la pareja más célebre de nuestra Picaresca es que Lázaro estrella al ciego contra un poste antes de abandonarlo definitivamente y aquí es el avezado A Nº 1 quien tira del tren a Cigaret.

Ya lo canta Marty Robbins en los títulos de crédito iniciales:

A man and a train, a train and a man
They both tried to run as far
And as fast as they can
But a man's not a train and a train's not a man
A man can do things that a train never can

"Un hombre y un tren, un tren y un hombre:
los dos quieren correr tan lejos
y tan rápido como les sea posible,
pero un hombre no es un tren y un tren no es un hombre:
un hombre puede hacer cosas que un tren nunca haría..."

El emperador del Polo Norte (1973)
Primerísimo plano de Shack (Ernest Borgnine)
A-Number One (Lee Marvin)
A pesar de las apariencias, la película tiene más de comedia que otra cosa