Mostrando entradas con la etiqueta Françoise Lebrun. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Françoise Lebrun. Mostrar todas las entradas

domingo, 4 de enero de 2026

Father Mother Sister Brother (2025)




Título en español: Padre Madre Hermana Hermano
Director: Jim Jarmusch
EE.UU./Italia/Francia/Irlanda/Alemania, 2025, 110 minutos

Father Mother Sister Brother (2025)


Las tres historias que conforman Father Mother Sister Brother (2025) responden a una forma de hacer cine cuya característica más notable sería el sosiego que transmiten las distintas situaciones expuestas. Algo que, por otra parte, viene siendo habitual en la filmografía de Jarmusch, director independiente estadounidense al que, sin embargo, hace ya tiempo que se le valora más en Europa, razón por la cual esta su última película es una coproducción entre varios países, situándose la acción de dos de los episodios (el segundo y el último) en Dublín y en París, respectivamente.

En el primero de los fragmentos es el padre (Tom Waits), un anciano decrépito que vive solo en su cabaña a las afueras de New Jersey, quien recibe la visita de sus dos hijos (Adam Driver y Mayim Bialik), a los que hace mucho tiempo que no veía. Algo similar a lo que ocurre en el siguiente, donde ahora es una madre (Charlotte Rampling), novelista de éxito, la que acoge a dos hermanas (Cate Blanchett y Vicky Krieps) enormemente distintas entre sí. En cambio, el tercero explica el reencuentro de dos hermanos (Luka Sabbat e Indya Moore) que visitan el antiguo apartamento de sus padres, ya fallecidos.



Aparte de la predilección de Jarmusch por los planos en ángulo cenital, sobre todo de las mesas donde se sirve la comida, hay una serie de constantes que se irán repitiendo en los tres segmentos, ya sean frases (como el modismo alusivo a un tal tío Bob) o esos jóvenes skaters que avanzan a cámara lenta por las calles y que tanto recuerdan a los de Paranoid Park (2007) de Gus Van Sant. Todo ello inmerso en una banda sonora, compuesta por el propio cineasta en colaboración con Annika Henderson, cuya sonoridad envolvente remite al sonido ambient a lo Music for Airports (1978) de Brian Eno.

Aunque lo más remarcable de la cinta, premiada con el León de Oro en la última edición del Festival de Venecia, es el sentimiento de pérdida que se percibe en todas las historias, esos lazos familiares debilitados por el paso del tiempo o simplemente por la desidia fruto de un mundo, el de la sociedad líquida, en el que todo va demasiado deprisa, incluso las relaciones humanas. Secretos y mentiras (o por lo menos medias verdades), silencios incómodos y demás temas recurrentes que propician que los personajes, pese al vínculo que los une, sean en realidad unos perfectos desconocidos los unos para los otros.



martes, 31 de mayo de 2016

Tres recuerdos de mi juventud (2015)




Título original: Trois souvenirs de ma jeunesse (nos Arcadies)
Director: Arnaud Desplechin
Francia, 2015, 123 minutos

Tres recuerdos de mi juventud (2015)
de Arnaud Desplechin


El ligero barroquismo culturalista que transmiten sus películas es la marca de fábrica del cineasta francés Arnaud Desplechin (Roubaix, 1960): pasiones desbordadas, referencias novelescas o cinematográficas, todo vale con tal de conmover al espectador.

En Trois souvenirs de ma jeunesse (nos Arcadies) el protagonista vuelve a ser Paul Dédalus (de nuevo interpretado por el actor Mathieu Amalric), como ya sucediera en Comment je me suis disputé… (ma vie sexuelle), cinta dirigida en 1996 por el propio Desplechin y de la que estos Tres recuerdos... suponen la precuela. De hecho, el apellido Dédalus procede del universo literario de James Joyce, siendo ésta la tercera ocasión (la anterior fue en Un conte de Noël, 2008) en la que dicho personaje aparece en un filme del director.



Para su última película, Desplechin ha optado por conceder el papel principal a una pareja de jóvenes debutantes: Quentin Dolmaire (encarnando al joven Dédalus) y Lou Roy-Lecollinet (Esther). Mediante una estructura más bien deslavazada asistiremos a lo largo de dos horas largas a lo esencial de la adolescencia de Paul, marcada por un amor de los que dejan huella y que condicionará el resto de su trayectoria vital: lector de Yeats, antropólogo vocacional, entusiasta de la lengua griega, aficionado a los lieder de Hugo Wolf… las intensas (e inconexas) vivencias del muchacho permiten retratar un carácter inestable y sumamente sensitivo.

Once nominaciones a los premios César (de los cuales Desplechin obtuvo el de mejor realizador) avalan la validez de un planteamiento tan extremado como claramente deudor del lenguaje instaurado en su día por la Nouvelle vague. No es casual, en ese sentido, ni el uso de la voz en off ni la elección de determinados pasajes de la banda sonora que Georges Delerue compusiera en 1960 para Tirez sur le pianiste ! de Truffaut.

Mathieu Amalric vuelve a ser Paul Dédalus

lunes, 7 de diciembre de 2015

La religiosa (2013)




Título original: La religieuse
Director: Guillaume Nicloux
Francia/Alemania/Bélgica, 2013, 112 minutos

La religiosa (2013) de Guillaume Nicloux


Si uno se para a pensarlo, no son pocas las películas que se han centrado en el mundo de las novicias, como por ejemplo las tres versiones de La hermana San Sulpicio (Florián Rey, 1927 y 1934; Luis Lucía, 1952), Historia de una monja (Fred Zinnemann, 1959) o Visión - La historia de Hildegard Von Bingen (Margarethe von Trotta, 2009). Por no mencionar Sor Citroen (Pedro Lazaga, 1967) y productos similares del periodo franquista.

En el caso del cine francés se podrían citar unas cuantas más: Thérèse (Alain Cavalier, 1986), Soeur Sourire (Stijn Coninx, 2009) o La religiosa (Jacques Rivette, 1966). De esta última nos llega ahora (con cierto retraso, todo hay que decirlo) una nueva versión, firmada por Guillaume Nicloux, director de El secuestro de Michel Houellebecq (2014).

Se trata de una adaptación de la novela homónima de Denis Diderot en la que la actriz Pauline Étienne da vida (como ya hiciera Anna Karina antes que ella) a la joven Suzanne Simonin, víctima de severos castigos e incluso del acoso de sus superioras en la Francia de mediados del siglo XVIII. Falta de una verdadera vocación, Suzanne se verá arrastrada por la voluntad familiar e ingresará en el convento. Una vez dentro sabrá de su condición de hija ilegítima, lo cual la convierte, hasta cierto punto, en la víctima expiatoria de los pecados de su madre. A pesar de lo cual, contará con el amparo de la benévola Madame de Moni (Françoise Lebrun). Pero la anciana muere tras ser atacada por la hermana Bénédicte en uno de sus raptos de locura y Christine, la nueva superiora (Louise Bourgoin), impondrá las más crueles vejaciones a la novicia como castigo por no acatar sus obligaciones monásticas.



Tras lograr contactar con un abogado, Suzanne conseguirá que la trasladen. Pero va a topar con una superiora (al fin Isabelle Huppert: hay que esperar hora y cuarto hasta que aparece en pantalla) que, si bien al principio parece ser toda comprensión y cariño, digamos que tiene tendencia a excederse a la hora de mostrar su afecto por la joven...

Isabelle Huppert (centro)

En resumidas cuentas, más que como alegato anticlerical, La religiosa de Nicloux se nos aparece como defensa de la libertad individual frente al dogma intransigente, mostrando el triunfo de la voluntad de su protagonista pese a los muchos condicionamientos de clase que le toca padecer.

El equipo de La religiosa en la Berlinale