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sábado, 8 de febrero de 2025

Drácula (1958)




Título alternativo: Horror of Dracula
Director: Terence Fisher
Reino Unido, 1958, 82 minutos

Drácula (1958) de Terence Fisher


Al irrumpir en la habitación, el Conde se volvió hacia nosotros, y una expresión demoníaca, cuya descripción yo conocía ya, apareció en su semblante. Sus ojos rojos centellearon con furia diabólica; las grandes ventanas de su nariz aguileña se abrieron y temblaron; y los dientes blancos y afilados, detrás de sus labios manchados de sangre, castañetearon como los de una fiera salvaje.

Bram Stoker
Drácula (1897)
Traducción de Francisco Torres Oliver

Pese al aura legendaria que ha acabado adquiriendo la cinta, Drácula (1958) fue esencialmente una producción de bajo presupuesto en la misma medida que lo fueron la mayor parte de filmes surgidos de la mítica Hammer. Es por ello que la acción se circunscribe a una hipotética e imprecisa Alemania, hacia 1885, para así evitar los cambios de escenario que habría supuesto mostrar en pantalla el traslado desde la lejana Transilvania hasta Londres, por vía marítima, tal y como se describe en la novela.

No obstante, la presencia perturbadora de Christopher Lee encarnando al perverso huésped de las tinieblas, además de la impetuosidad del tecnicolor (sobre todo cuando hay sangre de por medio), proporcionan al conjunto el vigor necesario para que el espectador pase por alto la modestia de los decorados y participe plenamente de la atmósfera terrorífica que los carteles de la época promocionaban mediante eslóganes del tipo "Sensational Shock" o "Don't dare see it alone!" ("¡Ni se le ocurra verla solo!").



En ese mismo orden de cosas, Lee aportaba una apariencia física imponente, una mirada penetrante y una voz profunda que casaban a la perfección con la maldad y el carisma del vampiro. Su Drácula era a la vez seductor y aterrador, una fuerza de la naturaleza que encarnaba el mal y la oscuridad. Asimismo, Peter Cushing interpreta al doctor Van Helsing como un hombre inteligente, decidido y valiente, cuya determinación para destruir al Conde resulta por completo inquebrantable. A este respecto, la dinámica entre Lee y Cushing creó una tensión palpable en la pantalla, elevando así la intensidad de la trama.

Se ha señalado a menudo que la propuesta visual concebida por Terence Fisher destila un innegable erotismo latente, en especial en lo tocante al propio vampiro, un ser seductor y peligroso que ejerce enorme atracción sobre las mujeres y cuya mirada, voz y movimientos están cargados de sensualidad. De ahí que la relación entre Drácula y sus víctimas femeninas esté marcada por la ambigüedad, ya que, por un lado, el Conde sería un depredador que se aprovecha de la vulnerabilidad de las mujeres, pero, por otro, parece que las mujeres también se sienten atraídas por él, a pesar del peligro que representa. Por no hablar del carácter inequívocamente lascivo de las vampiras, ataviadas con ligeras túnicas y siempre dispuestas a clavar sus afilados colmillos sobre el cuello del primer incauto que se cruce en su camino.



domingo, 15 de enero de 2023

La espada del bosque de Sherwood (1960)




Título original: Sword of Sherwood Forest
Director: Terence Fisher
Reino Unido, 1960, 80 minutos

La espada del bosque de Sherwood (1960)


El inconfundible toque personal de Terence Fisher se percibe ya desde los títulos de crédito iniciales de Sword of Sherwood Forest (1960), segunda incursión de la Hammer, tras Los hombres del bosque de Sherwood (1954), en el universo Robin Hood, esta vez retomando el protagonismo que el actor Richard Greene venía ejerciendo desde 1955 en una popular serie de televisión sobre dicho personaje.

Del resto de intérpretes, todos ajenos al mencionado espacio televisivo, destacan Peter Cushing en el papel de Sheriff de Nottingham y una bellísima Sarah Branch como Lady Marian que, después de esta película, trabajaría exclusivamente para la pequeña pantalla.



Los exteriores, cosa poco frecuente en producciones de serie b como la que nos ocupa, se rodaron en las verdes campiñas de Irlanda (concretamente en el condado de Wicklow), por lo que no es de extrañar que algunos secundarios se expresen con un marcado acento irish.

No faltan, por supuesto, las habituales demostraciones de puntería con el arco y las flechas, aunque sea disparando contra una calabaza (siglos antes de que Colón las trajese de América...), ni combates a espada (¡oh sacrilegio!) en el interior de un convento de monjas de clausura. Detalles de una trama cuyo eje central gira en torno a las tribulaciones del Sheriff, en connivencia con el Conde de Newark (Richard Pasco) y Lord Melton (Oliver Reed), para acabar con la vida del Arzobispo de Canterbury (Jack Gwillim), férreo defensor de los derechos de los nobles que partieron a las cruzadas.



domingo, 20 de septiembre de 2015

La maldición de Frankenstein (1957)




Título original: The Curse of Frankenstein
Director: Terence Fisher
Reino Unido, 1957, 82 minutos

La maldición de Frankenstein (1957) de Terence Fisher


La entrada número 300 de este blog va dedicada a un filme de la Hammer que recrea, ¿cómo no?, uno de los máximos mitos del terror: el doctor Frankenstein y su criatura. Y, como tampoco podía ser menos, la dirección estuvo a cargo de Terence Fisher y el papel protagonista fue interpretado por Christopher Lee.

Son muchas las anécdotas que rodearon la gestación de la película, como por ejemplo el hecho de que en un principio se barajaron los nombres de dos actores para interpretar al monstruo: Bernard Bresslaw y el propio Lee. Pero dándose el caso de que el primero cobraba diez libras por día de trabajo mientras que el segundo tan sólo ocho, el contrato y la gloria fueron a parar a Christopher Lee y no a Bresslaw...

Phil Leakey maquillando a Christopher Lee


A diferencia de las producciones de terror de la Universal de los años treinta, forzosamente rodadas en blanco y negro, la Hammer se decanta por filmar en color como rasgo distintivo que acentúa lo macabro de sus historias. En el caso de The Curse of Frankenstein (1957), además, se procuró por todos los medios que la caracterización de la criatura fuese lo más distinta posible a la lucida anteriormente por Boris Karloff.

Lo que no cambia son esos decorados de cartón piedra que simulan situar la acción en Suiza o el laboratorio del doctor, repleto de alambiques, probetas y líquidos burbujeantes de todos los colores. El guion, en cambio, se estructura como un largo flash-back: el de la historia que le cuenta el doctor Frankenstein (Peter Cushing) al sacerdote que le atiende en la celda antes de ser ejecutado por sus experimentos contra natura.

He aquí el resultado.