Directores: Aitor Arregi, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga
España/Francia, 2019, 148 minutos
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| La trinchera infinita (2019) |
El caso de los "topos" (partidarios del bando republicano que, al término de nuestra Guerra Civil, optaron por recluirse durante años en sus propios hogares) ha servido como motivo de inspiración para unas cuantas películas del cine español, siendo las más célebres El hombre oculto (1971), de Alfonso Ungría, y Mambrú se fue a la guerra (1986) de Fernando Fernán Gómez. Títulos a los que ahora cabe añadir La trinchera infinita (2019), dirigida por la misma terna de cineastas vascos (Arregi, Garaño, Goenaga) que ya deslumbraron con las muy estimables Loreak (2014) y Handia (2017).
Arranca la acción en el 36, en un lugar indeterminado de Andalucía. Sobre la pantalla aparece impresa una definición del diccionario (campeada. Correría, salida repentina, expedición súbita contra el enemigo en son de algarada), primera de las muchas que irán jalonando el relato en un a modo de itinerario vital del protagonista. Porque a Higinio (Antonio de la Torre) lo van a buscar a su casa los nacionales, de modo que no le queda más remedio que salir huyendo con lo puesto. Son estos primeros instantes de un enorme atosigamiento, con la cámara pegada a la espalda del personaje mientras éste huye desesperadamente por un laberinto de callejuelas.
Más tarde, una vez ya instalado en las reducidas dimensiones de su zulo, la puesta en escena adquiere forzosamente morosidad, asumiendo el reto de adoptar el punto de vista de quien, en lo sucesivo, percibirá a través de rendijas o mediante el murmullo amortiguado de los vecinos lo que ocurre en el exterior. Por otra parte, las noticias y canciones que suenan por la radio ayudan a marcar el paso del tiempo, mientras que la excelente caracterización del recluido, con su inexorable proceso de envejecimiento, representa uno de los puntos fuertes de la cinta.
No obstante, también la esposa (Belén Cuesta) y el hijo acaban siendo víctimas de la situación, toda vez que el temor a ser descubiertos los fuerza a hablar en susurros y a fingir otra vida de puertas hacia afuera. Ahí es precisamente donde radica lo interesante del enfoque que le dan al guion Luiso Berdejo y Jose Mari Goenaga: en perfilar una multiplicidad de soledades, no sólo la de Higinio y su familia, sino también la de otros, como la pareja de homosexuales que se cuela en la casa e, incluso, la del odioso vecino (Vicente Vergara) que se pasa el resto de sus días obsesionado con fiscalizar a los demás. Todo lo cual degenera en el absurdo de perpetuar el miedo y el rencor, convertidos ya en rutina, hasta mucho después de que las autoridades franquistas hubiesen dado por concluida la contienda.
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