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viernes, 1 de noviembre de 2019

Sensualidad (1951)




Director: Alberto Gout
Méjico, 1951, 96 minutos

Sensualidad (1951) de Alberto Gout


Pasional y desbordante, el melodrama clásico mejicano deja siempre perplejo por lo abigarrado de sus historias, repletas de mujeres fatal, amoríos imposibles y demás elementos propios de la literatura folletinesca. En esencia, Sensualidad no difiere gran cosa de lo que ya expusimos hace unos meses a propósito de Víctimas del pecado (1951), estrenada a principios del mismo año que ésta y con prácticamente el mismo elenco de intérpretes, encabezado por la volcánica Ninón Sevilla.

La verosimilitud, por descontado, queda en un segundo término, por lo que nada tiene de particular que un juez de lo más severo (Fernando Soler) acabe sucumbiendo ante los encantos de la misma mujer a la que previamente había condenado a dos años de presidio sin apenas pestañear. De lo contrario, ni habría película ni la ficción (siempre más atractiva que la tediosa realidad) sería tan endiabladamente divertida.

El juez Alejandro Luque siente verdadera fascinación por Aurora


Para colmo de males (o de bienes, que eso depende de lo libidinoso que fuese el respetable) la tal Aurora (Ninón Sevilla) se arranca a bailar y cantar cada dos por tres. Y a fe que no lo hace nada mal la moza, dotada de un especial sentido del ritmo, como queda patente en números de bulliciosa exuberancia coreográfica tales como "Se você" o "La media naranja".

La principal pega, sin embargo, radica en ese machismo latente, tan charro en aquel entonces (y tan abominable en el día de hoy) que no sólo manifiestan personajes de extrema virilidad como el Rizos (Rodolfo Acosta), sino incluso la esposa del propio don Alejandro, quien, al saber de su adulterio, le suelta aquello de: "Todos los maridos han hecho lo mismo que tú. Tú te tardaste más que los demás, pero también te arrepentiste antes, ¿verdad? Ya ves que no me enojo. Para que te des cuenta de que en ninguna parte encontrarás nunca tanta comprensión ni tanto cariño como en tu esposa".


sábado, 10 de agosto de 2019

Víctimas del pecado (1951)




Director: Emilio Fernández
Méjico, 1951, 90 minutos

Víctimas del pecado (1951) de Emilio Fernández


En el transcurso de una entrevista a Emilio "El Indio" Fernández que se emitió, a mediados de los años setenta, en el programa A fondo de Radio Televisión Española, el memorable Joaquín Soler Serrano tuvo a bien preguntarle por su estancia en prisión durante el período revolucionario. Y éste, como quien no quiere la cosa, confesó que se había fugado "a lo macho", dinamitando una de las paredes de su celda: "¡Mi don Emilio, —prorrumpió el entrevistador— es usted un charro de arriba a abajo!" 

Así era "El Indio", genio y figura. Y uno de los cineastas de mayor intensidad que hayan pisado la faz de la tierra. Sus películas poseen la fuerza de la pasión desmedida, la misma que heredarían directores tan diversos como Fassbinder o Almodóvar.



En Víctimas del pecado los bofetones van y vienen que es un encanto. Hay un recién nacido al que abandonan en una papelera y una despampanante bailarina cubana que no duda en adoptarlo. Los hombres son recios, libertinos y pendencieros. Y las mujeres extremadamente sensuales. Visión estereotipada de ambos sexos que, no obstante, adquiere una magnitud genuinamente racial en las escenas de baile, fotografiadas con enorme esmero por Gabriel Figueroa.

Se trata de un apasionado drama musical y hasta carcelario cuya trama folletinesca, tópica y por momentos excesiva, deja entrever, sin embargo, un cierto trasfondo social que se concreta en la preocupación por esas víctimas a las cuales alude el título: seres desprotegidos, como Violeta (Ninón Sevilla), siempre a expensas del matón de turno, pero dotados de un feroz instinto de supervivencia que, más allá del presidio o de la prostitución forzosa, les ayudará a sobreponerse a todo tipo de adversidades.