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lunes, 24 de febrero de 2025

Señor Kotcher (1971)




Título original: Kotch
Director: Jack Lemmon
EE.UU., 1971, 113 minutos

Señor Kotcher (1971) de Jack Lemmon


El debut de Jack Lemmon en la dirección, una película con toques cómicos que no es una comedia y pinceladas dramáticas, aunque sin pasarse, responde a unas características que lo enmarcan en lo que sería el cine independiente americano de los primeros setenta. Por lo menos en su versión más light y asequible para el gran público, la misma que practicó el también actor Paul Newman cuando se puso tras las cámaras para dirigir filmes de parecido corte como Raquel, Raquel (1968)El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas (1972).

Candidata a cuatro premios Óscar y ganadora del Globo de Oro a la Mejor Canción Original por el tema "Life Is What You Make It", lo cierto es que Kotch (1971) no pasa de ser una cinta amable en torno a un anciano un tanto excéntrico, interpretado por Walter Matthau, que hará muy buenas migas con una adolescente (Deborah Winters) que se queda embarazada. "De nuevo una extraña pareja", rezaban los carteles publicitarios de la época, aprovechando el tirón comercial del que Lemmon y el propio Matthau habían disfrutado apenas tres años antes.



También es verdad que los temas que aquí se abordan no han perdido vigencia, como por ejemplo lo difícil que resulta la conciliación familiar cuando los abuelos llegan a ese punto en el que su senilidad hace complicada la convivencia. En ese aspecto, el viejo Kotcher es un tipo de lo más curioso, erudito hasta el extremo de disgustarse ante un error ortográfico y siempre dispuesto a soltarle alguna de sus letanías al primer desconocido que se cruce por la calle.

Si bien se mira, ambos protagonistas se complementan por lo que tienen de antagónicos, de modo que la chica ve en él una figura paterna en la que ampararse, mientras que el octogenario, deseoso de compartir su experiencia con los demás, encuentra un motivo que le devuelve la ilusión de vivir y, de paso, darse a la fuga para evitar que su hijo (Charles Aidman) y su nuera (interpretada por Felicia Farr, la esposa de Lemmon) lo encierren en un lujoso geriátrico. Interesante propuesta cinematográfica que, por desgracia, no tendría continuidad, ya que el bueno de Jack, abrumado por las exigencias que conllevan las labores de dirección, decidió no volver a repetir la experiencia nunca más. Y a fe que cumplió su palabra.



jueves, 28 de diciembre de 2023

JFK: Caso abierto (1991)




Título original: JFK
Director: Oliver Stone
EE.UU./Francia, 1991, 206 minutos

JFK: Caso abierto (1991) de Oliver Stone


Se acaban de cumplir sesenta años del asesinato de Kennedy, que tuvo lugar en Dallas un 22 de noviembre de 1963 y cuya leyenda ha hecho correr ríos de tinta desde entonces. Porque todo apunta a que aquello no fue sino una conspiración orquestada desde diversos sectores del propio Establishment norteamericano. En ese aspecto, JFK (1991) contribuyó enormemente a divulgar dicha teoría dando pie a un relato que aspiraba a concienciar a la opinión pública sobre los peligros que, procedentes de las instituciones, acechan a la democracia.

Así pues, y decidido a dejar constancia de la trascendencia de los hechos, el director Oliver Stone asume el reto de reconstruir una trama cuya complejidad supera de largo la de cualquier película de espionaje al uso. Y lo hace, precisamente, por paradójico que parezca, valiéndose de las convenciones propias del género, de modo que mediante la política ficción se aspira a esclarecer los oscuros resortes de la realpolitik.



En ese orden de cosas, si hay una escena donde se habla bien a las claras de las tropelías que se pueden llegar a cometer desde las más altas instancias, ésa es la que protagoniza Donald Sutherland en su fugaz pero intensa aparición. Su personaje, un misterioso individuo que esconde su verdadera identidad bajo el nombre de X, desvela cómo el lobby de la industria armamentística dispone de suficientes mecanismos de presión como para llevarse por delante a todo aquel que pretenda implementar políticas pacifistas. Aunque sea el mismísimo Presidente de los Estados Unidos.

Llegados a este punto, la figura del fiscal Jim Garrison, un modesto padre de familia capaz de anteponer a todo su obsesión por desentrañar la verdad, entronca con una tradición de cine demócrata de la que forman parte títulos tan memorables como Todos los hombres del Presidente (All the President's Men, 1976) de Alan J. Pakula o Los tres días del Cóndor (Three Days of the Condor, 1975) de Sydney Pollack. Un papel hecho a medida del actor Kevin Costner, con especial lucimiento, entre otros muchos momentos, en el emotivo discurso final ante el jurado que ha de dictar sentencia.



domingo, 7 de mayo de 2023

Primera plana (1974)




Título original: The Front Page
Director: Billy Wilder
EE.UU., 1974, 105 minutos

Primera plana (1974) de Billy Wilder


Si ya la pieza teatral de Hecht y MacArthur era de por sí bastante corrosiva, el no menos cáustico tándem que conformaban Billy Wilder y su acólito I.A.L. Diamond intentó insuflarle nuevos bríos a un texto repleto de lucidez y sarcasmo. No en vano, la asociación entre ambos desde mediados de la década de los cincuenta había dado como fruto un puñado de guiones brillantes (y algún que otro Óscar), de modo que esta nueva entrega de The Front Page (1974), la tercera desde que Lewis Milestone, en el 31, y Howard Hawks, en el 40, dejasen su impronta sobre una de las mayores sátiras jamás escritas en torno al mundo del periodismo, invitaba a pensar que sería otra obra maestra.

Sin embargo, ya desde los primeros compases de la película se echa de ver enseguida que el tiempo no ha pasado en vano y que, a pesar de la buena química entre los siempre magníficos Jack Lemmon y Walter Matthau, el aire vintage que rezuma la historia, en una época en la que los días de gloria de las grandes rotativas ya hace mucho que quedaron atrás, no acaba de funcionar del todo. Hasta el extremo de que hubo quien creyó apreciar síntomas de decadencia de una fórmula hasta entonces infalible en esa falta de ritmo de la que adolecen no pocos momentos de la puesta en escena.



Asimismo, entre los cambios introducidos en la trama sorprende la ausencia de la madre de la prometida (una jovencísima Susan Sarandon), así como la del mafiosillo que trabaja a las órdenes del editor del periódico, personajes que, en ambos casos, habrían contribuido a reforzar el carácter humorístico de muchas secuencias. En cambio, se introduce como novedad la figura de Rudy Keppler (Jon Korkes), cronista novato al que, ante la baja de Hildy (Lemmon), le encargan cubrir la inminente ejecución de un condenado a muerte.

Quizá consciente de su propio declive, Billy Wilder decide arrancar con las imágenes de un taller de imprenta en pleno funcionamiento donde se están tirando multitud de ejemplares tal y como se hacía antiguamente. A este respecto, la cinta que nos ocupa tiene algo de homenaje a aquellos reporteros que vivían pendientes de conseguir una exclusiva a toda costa, pero ya desde la óptica romántica del que sabe que está hablando de usos y costumbres que no volverán a repetirse nunca más.



viernes, 13 de septiembre de 2019

Piratas (1986)




Título original: Pirates
Director: Roman Polanski
Francia/Túnez, 1986, 121 minutos

Piratas (1986) de Roman Polanski


Fiel a su obsesión por los espacios claustrofóbicos, Polanski sitúa la mayor parte de la trama de Pirates (1986) sobre la cubierta de un navío en alta mar, algo que ya había hecho en su primer largometraje, El cuchillo en el agua (Nóz w wodzie, 1962), y cuya insistencia pone de manifiesto algún oscuro resorte de la psique más profunda de un cineasta al que el infortunio ha perseguido en no pocas ocasiones a lo largo de su longeva trayectoria.

Es ésta una película de género y de aventuras, dotada de una estructura circular y con un diseño de producción mastodóntico que la acerca, en cierto modo, al universo visual de Terry Gilliam, quizá porque para el polaco, como ya hiciera en Dance of the Vampires (1967) y, muchos años después, con su versión de Oliver Twist (2005), las recreaciones históricas tienen algo de divertimento, de homenaje a los filmes que le hicieron descubrir el cine en su niñez.



A este respecto, Walter Matthau compone un capitán Red malhumorado y con pata de palo que deliberadamente recuerda a otro célebre oficial, éste procedente del mundo del cómic: el Capitán Haddock de las historietas de Tintín. Papel que, cuando el guion comenzó a gestarse a mediados de la década de los setenta, tenía que haber interpretado Jack Nicholson, acompañado por Isabelle Adjani haciendo de María Dolores, pero que, debido a las desmesuradas pretensiones económicas del histriónico actor, iría finalmente a parar a un veterano (y bastante más convincente) Matthau.

Sin embargo, los cuarenta millones de dólares que costó Pirates, buena parte de ellos dedicados a la construcción a escala del Neptuno (réplica exacta de un galeón español del siglo XVII), no se recuperarían jamás, en lo que supone uno de los fracasos de taquilla más estrepitosos en la carrera de Polanski, amén de certificar que este tipo de cintas, repletas de tópicos (con asado de rata y trono azteca de oro macizo incluidos), ya no contaban para entonces con el favor del público.


domingo, 26 de agosto de 2018

Un extraño en mi vida (1960)




Título original: Strangers When We Meet
Director: Richard Quine
EE.UU., 1960, 117 minutos

Un extraño en mi vida (1960) de Richard Quine


Beverly Hills en Cinemascope, violines con sordina, el glamur de las estrellas de Hollywood y uno de aquellos temas que tanto excitaban la morbosidad de nuestros padres y abuelos: ¡adulterio! El hecho de que Kirk Douglas, protagonista de Strangers When We Meet junto a Kim Novak, ejerciese, además, las funciones de productor ejecutivo de la película tuvo que ver, sin duda, en la elección de un tema tan sumamente atrevido para la moralidad puritana de aquel entonces.

En activo desde 1955, año en que el actor fundara la productora bautizándola con el nombre de su madre, la Bryna Productions se apuntaría algunos éxitos sonados a lo largo de sus más de tres décadas de existencia, entre los que destacan Senderos de gloria (1957), Espartaco (1960) o Siete días de mayo (1964). Con el poder que le otorgaba el que su sola presencia prácticamente garantizase el éxito en taquilla, Douglas apostó a menudo por proyectos arriesgados que después encomendaba al talento de jóvenes directores emergentes como Kubrick.



Claro que, para justificar la infidelidad de Larry con Maggie y así meterse al espectador en el bolsillo, era necesario hacer un poco de "trampa" (todos los melodramas son, en el fondo, bastante tramposos). Así pues (y en eso el cartel que adjuntamos arriba es bastante explícito), los personajes que forman el entorno de la pareja son deliberadamente antipáticos: Eve (Barbara Rush) es una esposa fiel y eficiente pero sin apenas sentido del humor; Ken (John Bryant), hombre cortés aunque con poca sangre en las venas, vive más pendiente de su trabajo que de Maggie (Novak). Y ¿qué decir de Roger Altar (al que interpreta el malogrado Ernie Kovacs), novelista de éxito, tan inseguro para encajar las críticas como para encontrar a la mujer ideal? Ni siquiera la casa de ensueño que Larry diseña para él parece satisfacerle. Por último, Felix (Walter Matthau), antiguo carnicero y entremetido vecino de los adúlteros, es el más odioso del reparto: en contraste con su zafio comportamiento, rayano en el chantaje, Larry parece a su lado hasta buen tipo y todo. De modo que, ante semejante panorama ¿cómo no iban a caer el arquitecto y la rubia explosiva el uno en brazos del otro, si es la propia monotonía del ambiente asfixiante en el que viven inmersos la que los empuja a hacerlo?

Por ese mismo afán de intentar comprender qué mueve a dos personas casadas a ser infieles, el guion, escrito por Evan Hunter a partir de su novela, contiene dos o tres momentos divertidos. Como cuando Maggie le pregunta a Larry (Douglas) que cómo se las apaña para afeitarse el hoyuelo de la barbilla y él responde: "Tengo una cuchilla cilíndrica y la hago girar". O en la escena en la que Felix, sabedor de la aventura extramarital de sus vecinos, le pide a Larry que no sobreactúe al negar los hechos: a Douglas, como a tantos actores del Hollywood dorado, se les acusó con bastante frecuencia de hiperactuar en sus papeles.


jueves, 29 de diciembre de 2016

Los valientes andan solos (1962)




Título original: Lonely Are the Brave
Director: David Miller
EE.UU., 1962, 107 minutos



Western crepuscular, como se suele decir en estos casos, Lonely Are the Brave se encuentra en la misma línea temática que The Misfits de Huston: la de aquellos viejos cowboys que se resisten a aceptar que el progreso ha acabado con el mundo tal y como ellos lo conocieron. Lo cual los convierte en héroes románticos, admirables por su fidelidad a los ideales que encarnan, pero a la vez patéticos por lo desigual de una guerra que tienen perdida de antemano.

El John W. "Jack" Burns que Dalton Trumbo escribió para Kirk Douglas es uno de esos personajes que marcan época: independiente, generoso, aguerrido... vive al margen de los convencionalismos sociales porque su horizonte vital no se detiene ante las leyes que constriñen al individuo. Para él no hay fronteras entre estados ni obligaciones más allá de cuidar de su yegua Whisky. Y hacerse arrestar con tal de sacar de prisión a su mejor amigo, encarcelado, a su vez, por ayudar a los inmigrantes ilegales mejicanos. Tan amigos son que hasta parecen compartir la mujer (Gena Rowlands).



Quizá para subrayar el carácter crepuscular de la historia se optó por añadirle a la misma elementos de tipo humorístico que ayudasen a rebajar la percepción de que Los valientes andan solos narra exclusivamente la huida de un forajido. Son los años sesenta y ya nadie parece tomarse en serio los westerns. Por eso tanto el sheriff que interpreta Walter Matthau como su ayudante tienen, en ese sentido, la función de entretener al espectador con su torpeza y meteduras de pata, contribuyendo a crear la ilusión de que Jack podrá zafarse de las autoridades por más que utilicen un helicóptero para perseguirlo a través de las montañas.

Pero cualquier atisbo de esperanza se acabará diluyendo bajo la lluvia torrencial del desenlace. Jack Burns, todo nobleza, no podía tener un final noble porque el Oeste hace tiempo que dejó de serlo: que él y Whisky sean arrollados por un tráiler que transporta retretes es la metáfora, burda, que simboliza hasta qué punto han cambiado las cosas: "los héroes clásicos han ido finalmente a pasearse en el Callejón del Gato" y allí se darán la mano la mala estrella del viejo cowboy y la tragicómica desesperanza del ciego Max Estrella. Como dice Valle-Inclán en Luces de Bohemia, los espejos cóncavos y convexos arrojan ahora una imagen deformada de lo que en tiempos hubiera sido un final de tragedia.

Los valientes andan solos (1962)