Mostrando entradas con la etiqueta Éric Viellard. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Éric Viellard. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de diciembre de 2019

Las buenas intenciones (2018)




Título original: Les bonnes intentions
Director: Gilles Legrand
Francia, 2018, 103 minutos

Las buenas intenciones (2018) de Gilles Legrand


Será muy injusto y todo lo que se quiera, pero es una realidad innegable: llegadas a una cierta edad, la mayoría de las actrices se vuelven invisibles. Quizá por ello, Agnès Jaoui se ha especializado en papeles de mujer madura que, sin ser ni las más guapas ni las más inteligentes, se resisten, sin embargo, a asumir un destino tan sumamente cruel. Y así, en los últimos años la hemos visto haciendo de ama de casa premenopáusica en 50 primaveras (2017), a las órdenes de Blandine Lenoir, o en sus propias películas como directora, generalmente coescritas e interpretadas junto a su marido, el también actor Jean-Pierre Bacri.

Les bonnes intentions suma, además, a su argumento otro tema no menos candente que la reivindicación de la mujer entrada en años: la urgencia social en un país, esa Francia multiétnica del siglo XXI acuciada por el auge de la extrema derecha y el terrorismo islamista, cuyos cooperantes corren el riesgo de ser vistos por la opinión pública como paladines de un quijotismo trasnochado. Y lo hace amparándose en un tono de comedia que, sin llegar a eclipsar la problemática de fondo, permite un acercamiento desinhibido que ya han ensayado títulos recientes de la cinematografía gala como Las invisibles (2018) de Louis-Julien Petit.



La protagonista, trabajadora social en un centro cívico, se casó con un refugiado bosnio y tuvieron dos hijos, un chico y una chica. Hasta aquí todo normal. El problema es que Isabelle (Jaoui) se llega a implicar tantísimo con el grupo de extranjeros adultos a los que da clases de francés que, paulatinamente, irá desatendiendo a su propia familia. Situación crítica que se agrava cuando al aula de al lado llega una joven profesora alemana con nuevos y sugerentes métodos pedagógicos.

Puede que organizar una autoescuela clandestina no sea la mejor solución de cara a garantizar la plena inserción de los inmigrantes búlgaros, chinos, guineanos o moldavos para los que ha sido creada. Como tampoco parece muy probable que esos mismos individuos, por más amable que sea el retrato que se quiere ofrecer de ellos, se entusiasmen escuchando los monólogos de Cyrano de Bergerac (aunque el rapsoda sea Philippe Torreton, en persona). Todo apunta a que lo más importante es entretener al respetable durante hora y media, dorándole quién sabe qué píldoras que le hagan entender, de una vez por todas, la imperiosa necesidad de convertir Europa en tierra de acogida.


lunes, 30 de julio de 2018

Llenos de vida (2018)




Título original: Place publique
Directora: Agnès Jaoui
Francia, 2018, 98 minutos

Llenos de vida (2018) de Agnès Jaoui


Entre otras cosas, la última película del tándem Jaoui-Bacri comienza con una frase bastante reveladora de Jean d'Ormesson (1925-2017): "À vingt ans, si on n'a pas le cœur à gauche, on n'a pas de cœur. À quarante ans, si on a toujours le cœur à gauche, on n'a pas de tête". Elocuente, decimos, porque define a la perfección el carácter de la pareja protagonista: Castro (Bacri) fue tal vez un veinteañero engagé, aunque a sus 65 primaveras (y por más peluquín que luzca) su cinismo corrosivo delata un más que probable viraje hacia la derecha de un corazón que, a fuerza de airear las intimidades de los famosos por televisión, se ha endurecido enormemente; su exmujer Hélène (Jaoui) demuestra, en cambio, no tener mucha cabeza al continuar defendiendo con más de cincuenta años las mismas causas perdidas de cuando tenía veinte.

En realidad, se podría decir que, como en la ficción, el matrimonio Bacri-Jaoui lleva toda la vida representando la misma bufonada: coescrita por ambos y dirigida por ella, Place publique difiere en muy poco de anteriores proyectos de la pareja, experta en diseccionar las debilidades humanas en comedias corales aparentemente inofensivas, pero que no dejan títere con cabeza. Así pues, desde que comenzasen su andadura en 2000 con la aclamada Para todos los gustos, pocas (por no decir ninguna) de sus cinco comedias han eludido las reuniones sociales o celebraciones de todo tipo como planteamiento idóneo que les permita juntar en escena a personajes de muy distinto jaez.



En el caso que nos ocupa es el famoseo quien sale peor parado: todas esas celebrities de medio pelo que Nathalie (Léa Drucker) convoca en el jardín de su nueva residencia y que han alcanzado la "gloria" tan sólo por acumular unos cuantos cientos de miles de likes en las redes sociales de turno. Claro que el populacho también recibe a base de bien: desde la camarera que está más pendiente de hacerse selfis con sus ídolos en lugar de atender a las mesas hasta el chófer que baila amistosamente con Castro en la escena inicial para luego ser despedido de manera fulminante por una simple minucia de la que ni siquiera es culpable.

Todo es verdad, todo es mentira: pero ninguno de los que se asoman a la "plaza pública" a la que alude el título original (me gustaría saber de dónde viene lo de Llenos de vida de la versión española) sale del todo indemne de una mascarada que guarda no pocas similitudes con el anterior trabajo como actor de Bacri: la disparatada C'est la vie (Le sens de la fête, 2017) de Nakache y Toledano, que ya tuvimos ocasión de comentar aquí a finales de enero de este año.

Como en la última de Haneke, el uso del móvil es ridiculizado

sábado, 12 de agosto de 2017

¡Hasta pronto! (2015)




Título original: Au revoir... et à bientôt !
Director: Miguel Courtois
Francia, 2015, 100 minutos

¡Hasta pronto! (2015) de Miguel Courtois


Las azarosas sobremesas del mes de agosto nos llevan hasta este intrascendente telefilme cuyo realizador, sin embargo, es el hispanofrancés Miguel Courtois, conocido entre nosotros por haber dirigido en 2004 la muy estimable El Lobo (con, entre otros, Eduardo Noriega o José Coronado y ganadora de dos Premios Goya), así como el polémico documental Yo, Juan Carlos I, rey de España, que RTVE no llegó a emitir pese a haber participado en la producción.

Y también encontramos, como protagonista, a un viejo rostro conocido: Bernard Le Coq, gracias a quien, los que tenemos de cuarenta para arriba, nos mojamos la barriga a base de mojitos veraniegos preparados con la tónica Schweppes que él mismo anunciaba en los ochenta.



En esencia, Au revoir... et à bientôt ! no deja de ser la eterna fábula del ratón de campo y el de ciudad, sólo que aquí son un agricultor sexagenario y una diseñadora parisina los que deberán hacer un esfuerzo por adaptarse a los antagónicos mundos de cada cual tras haberse conocido fortuitamente en un neutral balneario de Biarritz.

Trama de lo más inocente, por descontado, pero que encierra una cierta reflexión sobre cómo los habitantes de la pequeña villa de Rouillac (Nueva Aquitania) y, en particular, la familia Duvallois, tienden a juzgar de antemano a Lila (Florence Pernel) por el simple hecho de ser una sofisticada urbanita a la que le dan miedo los animales de la granja. Al final, como en toda comedia que se precie desde Shakespeare y Lope de Vega, boda y aparejamientos varios entre el resto de personajes, mientras los recién casados se marchan en un tractor.


miércoles, 9 de agosto de 2017

50 primaveras (2017)




Título original: Aurore
Directora: Blandine Lenoir
Francia, 2017, 89 minutos

50 primaveras (2017) de Blandine Lenoir


Aurore (que las productoras locales han tenido a bien rebautizar con un más explícito 50 primaveras) pertenece a esa clase de comedias mainstream del cine francés, capaces de interesar a todos los sectores del público merced a su carácter eminentemente comercial. A tal efecto, escogen temas de interés social para plantear el dilema de algún personaje desde una óptica moral. Quizá sean Francis Veber o Patrice Leconte los realizadores que mejor representan ese tipo de cine, con películas como Le placard (Salir del armario, 2001) o Mon meilleur ami (2006), respectivamente, junto con Jean Becker (Dialogue avec mon jardinier, 2007) y otros éxitos de taquilla más o menos recientes como Qu'est-ce qu'on a fait au Bon Dieu ? (2014).

Nómina que podría incrementarse con títulos de la cada vez más extensa filmografía de la directora y actriz Agnès Jaoui, que aquí interpreta a la protagonista: una mujer que acaba de entrar en la cincuentena y a la que aquejan los consabidos gajes de la edad, desde sofocos a dificultades para la inserción laboral, pasando por el síndrome del nido vacío y una situación sentimental en punto muerto.

Bailando el clásico de Nina Simone "Ain't Got No, I Got Life"


Aridez afectiva que comenzará a tocar a su fin cuando Totoche (Thibault de Montalembert), el novio que tuvo a los dieciocho años y al que abandonó por su mejor amigo, reaparezca para poner un punto de optimismo en su horizonte vital. No será el único, pues su hija mayor espera un hijo, y amigos no le faltan. La mejor: Mano (Pascale Arbillot), mujer independiente, optimista, excéntrica y dotada de un particular sentido del humor que le permite atreverse a todo.

Se dirá, y con razón, que apenas hora y media de metraje no da para profundizar lo suficiente en temas de tanta relevancia. Pero aun así, Blandine Lenoir ha querido, en el que es su segundo largometraje, incluir un pequeño fragmento televisivo de la antropóloga Françoise Héritier. Se trata de una interesante reflexión a propósito de unas estampas decimonónicas que representaban las respectivas edades del hombre y de la mujer, prueba fehaciente de cómo los roles tradicionalmente asignados a uno y a otro sexo diferían sustancialmente. Breve nota erudita en un conjunto destinado a dejar buen sabor de boca en espectadores de toda condición y a poner en el mapa a un segmento de la población femenina al que con demasiada frecuencia se tiende a considerar invisible.