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lunes, 6 de enero de 2025

Confidencias (1974)




Título original: Gruppo di famiglia in un interno
Director: Luchino Visconti
Italia/Francia, 1974, 126 minutos

Confidencias (1974) de Luchino Visconti


El hecho de que Visconti padeciese un derrame cerebral en 1972, a consecuencia del cual su salud quedó bastante mermada hasta su fallecimiento, cuatro años después, explica que para la puesta en escena de Gruppo di famiglia in un interno (1974) prefiriese un espacio cerrado, con pocos actores, y en el que, por tanto, le resultaba más cómodo manejarse. No obstante esa tendencia a los interiores, dando pie a un cine más discursivo, estaba ya presente en títulos anteriores como, por ejemplo, La caduta degli dei (1969) o incluso antes, con Vaghe stelle dell'Orsa… (1965).

El flemático profesor norteamericano al que da vida Burt Lancaster, hombre culto que lleva una existencia de asceta en el retiro de su confortable apartamento romano, contempla con estupor cómo unos extraños irrumpen en sus dominios para instalarse en el piso de arriba. Se trata de una marquesa (Silvana Mangano) y tres jóvenes —su amante (Helmut Berger), su hija (Claudia Marsani) y el novio de ésta (Stefano Patrizi)— cuyas costumbres desinhibidas alterarán el orden hasta entonces reinante en aquel espacio.



Haciendo gala de su acostumbrado gusto por los combates dialécticos, Visconti enfrenta a personajes de distintas generaciones con el afán de mostrar hasta qué punto la contracultura está haciendo mella sobre los valores de una forma de entender el mundo que está llamada a su fin. Así pues, las costumbres de los nuevos inquilinos, sobre todo en materia de sexo o libertad de pensamiento, sacuden violentamente los cimientos de las convicciones de un hombre acostumbrado a su soledad que, no obstante, acabará viendo en esos ocupas una especie de "familia".

Y es que, en definitiva, estamos ante la obra de un autor siempre a vueltas con sus fantasmas personales. De ahí que el protagonista, trasunto del propio cineasta (aunque hay quien afirma que está inspirado en el crítico Mario Praz), rememore la figura materna (Dominique Sanda) y hasta la esposa que una vez tuvo (Claudia Cardinale), quizá con la intención de ajustar cuentas con su pasado o, más concretamente, con los condicionantes de una clase social en la que no se siente cómodo.



sábado, 4 de enero de 2025

Muerte en Venecia (1971)




Título original: Morte a Venezia
Director: Luchino Visconti
Italia/Francia, 1971, 130 minutos

Muerte en Venecia (1971) de Luchino Visconti


¡Imagen y espejo! Su mirada abarcó la noble figura que se erguía al borde del mar intensamente azul, y en un éxtasis de encanto creyó comprender, gracias a esa visión, la belleza misma, la forma hecha pensamiento de los dioses, la perfección única y pura que alienta en el espíritu, y de la que allí se ofrecía, en adoración, un reflejo y una imagen humana. La arrebatada inspiración había llegado, y el artista, que empezaba ya a envejecer, no hizo más que acogerla sin temor y hasta con ansiedad.

Thomas Mann
La muerte en Venecia
Traducción de Martín Rivas

La languidez del Adagietto, cuarto de los cinco movimientos que integran la quinta sinfonía de Mahler, ha quedado tan indisolublemente asociado a la estampa de una Venecia decadente y crepuscular que sobran las palabras para describir lo que es ya uno de los momentos más icónicos de la historia del cine. Y es que con Morte a Venezia (1971) Visconti, ayudado en la dirección de fotografía por su operador, Pasqualino De Santis, ponía en práctica un esteticismo que bebe de fuentes pictóricas tan reconocibles como los impresionistas franceses, los paisajes de Turner o la luminosidad de un Sorolla.

Verdadero canto de cisne por todas las connotaciones que encierra la obra maestra de un cineasta al que apenas le quedaban cinco años de vida, la cámara logra captar en imágenes el hastío que atenaza la existencia de su protagonista, un compositor en horas bajas (magistralmente interpretado por Dirk Bogarde) que vendría a ser el trasunto de Gustav Mahler, pero también de Thomas Mann (autor de la novela en la que se basa el guion) y hasta del propio Visconti.



El caso es que el anhelo de belleza absoluta que obsesiona al tal von Aschenbach cristaliza en un efebo de rubia melena llamado Tadzio (el sueco Björn Andrésen) cuya efigie de querubín excitará el carácter melancólico de un individuo del que algunos insertos en forma de flashback permiten adivinar que una vez estuvo casado y que, además de rotundos fracasos de público, sufrió por la muerte prematura de su hija. Aunque la epidemia que se desata en la ciudad de los canales, en paralelo al cansancio vital que experimenta el hombre, dará al traste con su fugaz ensoñación estética.

De hecho, el deseo inalcanzable constituye, junto con el fin de una era, la temática central de un filme profundamente emotivo, quintaesencia de muchas de las constantes que se aprecian a lo largo de la filmografía de su director, un Luchino Visconti que, dados sus orígenes aristocráticos, estaba en disposición de comprender, mejor que nadie, el ocaso de una forma de entender la realidad.



miércoles, 1 de enero de 2025

El gatopardo (1963)




Título original: Il gattopardo
Director: Luchino Visconti
Italia/Francia, 1963, 186 minutos

El gatopardo (1963) de Luchino Visconti


Había terminado ya el rezo cotidiano del rosario. Durante media hora la voz sosegada del príncipe había recordado los misterios gloriosos y dolorosos, durante media hora otras voces, entremezcladas, habían tejido un rumor ondulante en el cual se habían destacado las flores de oro de palabras no habituales: amor, virginidad, muerte, y durante este rumor el salón rococó parecía haber cambiado de aspecto. Hasta los papagayos que desplegaban las irisadas alas sobre la seda de las tapicerías habían parecido intimidados, incluso la Magdalena, entre las dos ventanas, había parecido una penitente y no una bella y opulenta rubiaza perdida en quién sabe qué sueños, como se la veía siempre.

Giuseppe Tomasi di Lampedusa
El Gatopardo
Traducción de Fernando Gutiérrez

La que para muchos es la obra cumbre de Visconti gira en torno a temas como la añoranza de una forma de vida que languidece o la propia decadencia de un hombre maduro cuya estrella se apaga en paralelo con esos mismos valores ancestrales. Lo cierto es que Il gattopardo (1963) representa la mejor versión de un cineasta que supo aunar la tradición aristocrática de sus orígenes familiares y una forma completamente artesanal de entender la puesta en escena.

El ambiente que muestra la película, el de los lujosos palacios sicilianos en cuyos salones se celebran elegantes bailes de gala al son de los valses de Verdi, tiene los días contados ante el avance imparable de una burguesía emergente que, primero a hombros de Garibaldi y sus Camisas Rojas y después bajo las riendas de la Casa de Saboya, impone el nuevo statu quo que cristalizará en la unificación italiana.



Don Fabrizio Salina (Burt Lancaster) encarna los ademanes señoriales de quien contempla impasible el curso de la historia. A fin de cuentas, sus estrechos esquemas mentales de viejo noble provinciano no conciben la posibilidad de que el advenimiento de un nuevo orden social pueda reducir a cenizas el mundo tal y como él lo concibe, fruto de siglos de privilegios de clase. Aunque su sobrino, el maquiavélico Tancredi (Alain Delon), verbaliza mejor que nadie cuál es el verdadero signo de los tiempos: "Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie...".

Haciendo gala de un estilo visual opulento y barroco, en magnífico Technicolor, Visconti logra una meticulosa ambientación tanto en lo concerniente al vestuario como a los decorados. A este respecto, sus largos planos secuencia y la elegancia de los movimientos de cámara contribuyen a crear una atmósfera de ensueño y melancolía. La misma que experimentará el protagonista en el último plano del filme cuando, cansado y abatido, deambule por las callejas del lugar hacia una muerte casi segura.

Una furtiva lágrima...


domingo, 22 de septiembre de 2019

¿Qué? (1972)




Título original: Che?
Director: Roman Polanski
Italia/Francia/Alemania, 1972, 114 minutos

¿Qué? (1972) de Roman Polanski


Todos los cineastas, sin excepción, sufren algún que otro traspié a lo largo de sus carreras o tienen en su historial uno o varios puntos negros de los que avergonzarse. Lo cual, contrariamente a lo que pudiera parecer, les engrandece, puesto que dichos "fracasos" son la prueba fehaciente de su humanidad, al tiempo que corroboran que ni ellos mismos poseen la clave del éxito perpetuo.

Pues bien: en el caso de Polanski, esa película fallida se tituló Che? Algo así como la versión cutre de Alice in Wonderland pasada por el tamiz de aquel destape infecto del que creemos tener la exclusiva en España, pero que fue, en realidad, un fenómeno de ámbito europeo. Al parecer, el director polaco y su coguionista Gérard Brach la concibieron como simple gamberrada para desquitarse por el mal sabor de boca tras el revés en taquilla de Macbeth (1971). Y a buena fe que ello se nota de principio a fin en una cinta que transmite la sensación de haber sido improvisada.

Polanski en un breve papel


Claro que su planteamiento tampoco dista gran cosa del de Cul-de-sac (1966), si no fuera porque la ambientación italiana (el filme se rodó, casi íntegramente, en la lujosa villa que Sofia Loren poseía en Amalfi) parece que no le sienta tan bien al cine de Polanski como las escarpadas costas de Northumberland.

Sea como fuere, y a pesar de su chabacano sentido del humor machista, Che? contó con la siempre gratificante presencia de Marcello Mastroianni —metido en la piel de un aristócrata decadente y también en la de un tigre— así como la de la explosiva Sydne Rome, que se pasa media película en cueros "por necesidades del guion".


domingo, 15 de abril de 2018

Los proscritos del matrimonio (1963)




Título original: I fuorilegge del matrimonio
Directores: Valentino Orsini, Paolo y Vittorio Taviani
Italia, 1963, 100 minutos

Los proscritos del matrimonio (1963)


Ayer Milos Forman, hoy Vittorio Taviani... La nómina de cineastas míticos vivos se va reduciendo lenta pero inexorablemente. En el caso del italiano se da la circunstancia de que la Filmoteca de Catalunya dedica estos días una retrospectiva a los Taviani, de modo que, como ya sucediera con Alain Resnais y Richard Attenborough, el fallecimiento del director ha coincidido con la proyección de uno de sus filmes.

Segundo largometraje de ficción que dirigía la pareja de hermanos, en esta ocasión junto a Valentino Orsini, I fuorilegge del matrimonio consta de seis episodios cuyo hilo conductor es el divorcio, tema absolutamente tabú en una Italia por entonces controlada por la Democracia Cristiana. Antes de cada uno de ellos aparece en pantalla el texto con alguno de los supuestos, a cuál más insólito, en los que la nulidad matrimonial debería estar permitida.

Scilla Gabel en el papel de Wilma


De extensión e interés desigual, destacan el primero, en el que los responsables de la curia vaticana aparecen caracterizados como si de antiguos profetas se tratase, el tercero, sobre una muchacha que, tras haber subido al terrado de un edificio para hacer el amor a la luz de la luna, se queda allí atrapada (y desnuda) y el último, protagonizado por Ugo Tognazzi, empeñado, tras pasar varios años en África, en encontrar a su esposa, a la que cree enclaustrada en un convento de monjas.

A pesar del supuesto tono cómico de la cinta, I fuorilegge del matrimonio (inspirada en el proyecto de ley que presentara el senador socialista Luigi Renato Sansone para la aprobación del "piccolo divorzio") destila una cierta actitud crítica respecto al férreo ascendente que la Iglesia Católica ejercía sobre la sociedad italiana del momento.

Ugo Tognazzi escoltado por la policía