sábado, 31 de octubre de 2015

El nuevo nuevo testamento (2015)










Título original: Le tout nouveau testament
Director: Jaco Van Dormael
Bélgica/Francia/Luxemburgo, 2015, 113 minutos


¿Y si Dios viviera realmente en Bruselas? Original donde las haya, tanto visualmente como por lo irreverente de su punto de partida, la comedia de Jaco Van Dormael podría decirse que es la versión cínica de Amélie (2001). Son muchas y fácilmente reconocibles las similitudes que a nivel estilístico conectan El nuevo nuevo testamento con el imaginario de Jean-Pierre Jeunet. Sobre todo por esa voluntad de hacer el mundo mejor de lo que es, liberándolo de su insoportable grisura para convertirlo en un lugar más ameno.

Pili Groyne interpreta a Ea: ¿una nueva Amélie?
De ahí que la pequeña Ea se cuele en el despacho de su padre para enviar desde el ordenador la fecha de defunción prevista para cada habitante de la Tierra. ¿Qué pasaría si realmente fuésemos conscientes de la cuenta atrás que nos separa del fatídico momento? Probablemente aprovecharíamos mejor el tiempo y, lo que es más importante, dejaríamos de implorarle a Dios por nuestra salud o bienestar al saber cuál es exactamente nuestro destino. Y eso es lo que sucede en la película, con el consiguiente desbarajuste que ello conlleva.

Aunque, lejos de incurrir en la blasfemia, se diría más bien que el film retrata al Dios implacable del Antiguo Testamento, aquel que el poeta Blas de Otero describía en estos términos:

"Alzo la mano, y tú me la cercenas. 
Abro los ojos: me los sajas vivos. 
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas". 


Según este punto de vista su hijo JC habría sido el primero en plantarle cara para intentar cambiar la vida de los hombres (con escaso éxito, ciertamente, pues se lo pagaron crucificándolo). Pero ahora ha llegado el turno de su hija Ea, quien huirá de las iras paternas a través de una lavadora. Curiosa forma de escapar que parece emparentada con similares soluciones planteadas por Spike Jonze en Cómo ser John Malkovich (1999).


Y tras ella que se va el padre para darle su merecido, pese a que se expone a padecer en sus propias carnes la mayoría de penurias que él mismo ideó para fastidio del ser humano, desde la tostada que cae por el lado de la mermelada a la cola contigua a la nuestra que siempre avanza más rápido.


En su peregrinaje en busca de los nuevos apóstoles, Ea dará con los más variopintos personajes hasta completar una ideal nómina de dieciocho (como en los equipos de béisbol): un vagabundo, una muchacha con el brazo amputado, un niño enfermizo que quisiera ser niña... Y sabe escuchar en cada uno de ellos, detalle bonito del guion, la música de sus corazones: a veces La muerte y la doncella de Schubert, a veces "La mer" de Charles Trenet, a veces  O Solitude! de Henry Purcell...

De nuevo un film que cuenta con la participación del actor Benoît Poelvoorde (y con esta ya son tres las películas protagonizadas por el belga que recientemente se han podido ver en nuestra cartelera: de El precio de la fama y 3 corazones hemos dado buena cuenta en este blog). Y otra vez la siempre atractiva presencia de Catherine Deneuve, en esta ocasión encarnando a uno de los apóstoles modernos, que rehace su vida junto a un gorila. Y ¿qué decir de la siempre genial Yolande Moreau en el difícil papel de mujer de Dios? Condenada a permanecer en silencio, pasa sus días dedicada a las tareas domésticas y a coleccionar cromos, aunque será ella, sin embargo, quien acabe dándole colorido al mundo.

Por su barroquismo y derroche imaginativo, El nuevo nuevo testamento merece ser saludada desde ya como una de las apuestas más interesantes que últimamente ha dado el cine europeo.


3 corazones (2014)











Título original: 3 coeurs
Director: Benoît Jacquot
Francia/Alemania/Bélgica, 2014, 106 minutos



La última película del francés Benoît Jacquot estrenada entre nosotros tiene como punto de partida el encuentro casual de un hombre y una mujer una noche en una ciudad de provincias. Él (Benoît Poelvoorde) acaba de perder su tren; ella (Charlotte Gainsbourg) ha bajado al estanco a comprar cigarrillos. ¿Por qué debían conocerse y mucho menos gustarse? Y, lo que es más inverosímil todavía: ¿por qué debían quedar en encontrarse algunos días más tarde en París, en los jardines de Luxemburgo? Mientras tanto, la música de Bruno Coulais ha ido anticipando desde los títulos de crédito que algo terrible va a ocurrir, con inquietantes ráfagas de la sección de metal (un poco a lo Hans Zimmer en Origen, auque ambas películas no tengan absolutamente nada que ver entre ellas).



Tal y como sucedía en Tú y yo de Leo McCarey, ambos acudirán a la cita, pero no a la vez, por lo que el que se cansa de esperar cree que el otro ha faltado a su palabra. Poco tiempo después, Marc conoce a otra mujer (Chiara Mastroianni), con la que se casa sin saber que es hermana de la primera... Para acabar de redondear la inverosimilitud del guion, de repente aparece una misteriosa voz en off en mitad del film, anónimo (e innecesario) narrador omnisciente que comenta lo que van a hacer los personajes. Y, por si fuera poco, a Marc (que además es inspector fiscal) le queda tiempo para investigar al alcalde que lo casó con Sophie. De lo que pasa cuando Sylvie regresa de Estados Unidos mejor no avanzar nada...



Como se suele decir en estos casos, la historia no pega ni con cola. Claro que siempre resulta divertido que los protagonistas de la película sean también familia en la vida real: la madre de las hermanas Berger es nada más y nada menos que Catherine Deneuve (madre de Chiara Mastroianni, cuya pareja sentimental fuera de la pantalla es realmente Benoît Poelvoorde).



En fin, el director de Villa Amalia (2009) y Adiós a la reina (2012) parece que no ha sabido en esta ocasión acabar de resolver satisfactoriamente el triángulo que se traía entre manos. Ya se sabe que, en estos casos, tres son multitud...

viernes, 30 de octubre de 2015

Calle Bornholmer (2014)










Título original: Bornholmer Straße
Director: Christian Schwochow
Alemania, 2014, 88 minutos


“Ab sofort!, unverzüglich”

Calle Bornholmer (2014) de Christian Schwochow

El alemán Christian Schwochow (Bergen, 1978), director de películas como la recientemente estrenada entre nosotros Al otro lado del muro, dirigió el año pasado para el canal ARD, y bajo la producción de los míticos estudios UFA, este telefilme con motivo de la celebración de los veinticinco años de la caída del muro de Berlín.

Se trata de una divertida comedia que incide sobre las horas previas a un decisivo momento histórico: el nueve de noviembre de 1989, en uno de los puestos fronterizos que dividen a la ciudad alemana, sito en la calle que da título al film, los policías de la RDA encargados de velar por el control de la zona se debaten entre mantener el statu quo que lleva vigente desde 1960 o si, por contra, deben acatar de inmediato las medidas anunciadas por Günter Schabowski, a la sazón portavoz del politburó del aparato comunista, en rueda de prensa internacional: interrogado por los periodistas y debido a un error de apreciación, Schabowski interpretó que su aplicación sería “Ab sofort!, unverzüglich” ("¡De inmediato!, sin demora").

Dicha dicotomía queda personalizada en la figura de Harald Schäfer (interpretado por Charly Hübner), el bonachón agente, adoctrinado en la más estricta obediencia, que, urgido por las circunstancias, deberá tomar una heroica decisión que comportará enormes repercusiones.

El actor Charly Hübner es el agente Harald Schäfer

A pesar de la tensión que se acumula a medida que los ciudadanos se agolpan en la frontera y de lo trascendental de los hechos, Calle Bornholmer (basada en el libro de Gerhard Haase-Hindenberg) plantea en clave burlesca la trama, lo cual pone de manifiesto una saludable capacidad de los guionistas para satirizar la historia reciente de su país. Sirva de ejemplo, a tal efecto, la perrita vagabunda que pone en jaque a la guardia fronteriza y que simboliza la voluntad de huir (aunque sólo fuese por unas horas) de tantos alemanes orientales que se sentían atrapados al otro lado del muro.

Sueños que el dinero puede comprar (1947)











Título original: Dreams That Money Can Buy
Director: Hans Richter
EE.UU., 1947, 80 minutos

Sueños que el dinero puede comprar (1947) de Hans Richter

El alemán Hans Richter fue el encargado de dirigir este curioso experimento surrealista en los Estados Unidos. Fuertemente emparentado con el universo visual del poeta y también cineasta Jean Cocteau, Sueños que el dinero puede comprar contó con la participación de notables artistas europeos y americanos tales como los compositores Louis Applebaum, el mítico Paul Bowles (expatriado en Tánger durante tantos años y autor de la novela El cielo protector), John Cage, David Diamond y el francés Darius Milhaud.

El director Hans Richter
Aunque visualmente el diseño de las imágenes recayó sobre dibujos, objetos y sugerencias debidos a un grupo de prestigiosos artistas formado por Alexander Calder, Marcel Duchamp, Max Ernst, Fernand Léger y Man Ray.


Filmado en Technicolor en Nueva York entre 1944 y 1947, el resultado final fue un heterogéneo conjunto de historias de contenido onírico cuyos títulos son: Narciso, Deseo, Ballet, Discos, Circo y Ruth, rosas y revólveres. Entre los momentos más impactantes del film cabe mencionar el del hombre que se vuelve verde o el hecho de que los personajes hablen sin mover los labios, rasgo este último que contribuye a acentuar la mencionada vertiente onírica de las imágenes.


En circunstancias normales una película de tales características difícilmente se habría filmado en América y en inglés, aunque las complicaciones derivadas de la segunda guerra mundial harían coincidir en Nueva York a buena parte del colectivo surrealista (Buñuel incluido). Quizá de ahí proceda el provocador título de la cinta, basada realmente en la inquietante figura de un traficante de sueños: todo tiene un precio, hasta lo más íntimo.

Fotografía tomada durante el rodaje

jueves, 29 de octubre de 2015

Pulp Fiction (1994)












Director: Quentin Tarantino
EE.UU., 1994, 154 minutos

Pulp, n. 6. a magazine or book printed on rough, low-quality paper made of wood pulp or rags, and usually containing sensational and lurid stories, articles, etc.

Largo y tendido podría hablarse de cómo Tarantino y Pulp Fiction han llegado a convertirse en el mito que son hoy en día, mediante una perspicaz combinación de elementos que van desde la ultraviolencia a los diálogos hilarantes pasando por una banda sonora trufada de exquisitas perlas raras. Y un guion magistral, por supuesto, premiado con el Óscar y cuya frescura y atrevimiento, inspirados en la imaginería de la Serie B, revolucionaron la manera de hacer cine. Se trata, sin duda, de una fórmula que funciona, capaz de entusiasmar no sólo al público cinéfilo (el film obtuvo la Palma de Oro en el Festival de Cannes) sino también a audiencias de todo tipo.

Quedarán para el recuerdo el twist de Travolta y Uma Thurman, el apócrifo pasaje de la Biblia citado por Samuel L. Jackson, la relación, con sus más y sus menos, entre el boxeador Butch Coolidge (Bruce Willis) y el mafiosillo Marsellus Wallace (Ving Rhames) o el savoir faire del resolutivo Mr. Wolf (un genial Harvey Keitel que interviene fugazmente en un papel hecho a medida).


martes, 27 de octubre de 2015

Young Sánchez (1964)











Director: Mario Camus
España, 1964, 90 minutos


No tenía miedo. No sentía el cuerpo. Estaba más ligero que nunca. Los aplausos le levantaban. Los llamó el árbitro al centro del ring. Les hizo las recomendaciones de costumbre y encareció la combatividad: eran profesionales. Volvió cada uno a su rincón.

"Tengo que ganar", pensó. Abrió la boca y el segundo le colocó el protector. "Tengo que ganar —pensó— para ellos. Tengo que ganar este combate para mi padre y su orgullo, para mi hermana y su esperanza, para mi madre y su tranquilidad. Tengo que ganar."

IGNACIO ALDECOA
"Young Sánchez"


Son muchas las películas ambientadas en el mundo del boxeo, aunque la inmensa mayoría, como es natural, proceden de Hollywood: Cuerpo y alma (Robert Rossen, 1947), El ídolo de barro (Mark Robson, 1949), Campeón (Franco Zeffirelli, 1979)... Y eso por no citar la saga de Rocky, claro. Sin embargo, los filmes de dicho género en el cine español son más bien escasos, siendo quizá Young Sánchez el ejemplo más destacable.


Producida por Iquino y dirigida en 1964 por un joven Mario Camus, este fue, de hecho, su segundo largometraje, tras Los farsantes. A partir del relato homónimo de Ignacio Aldecoa cuyo final encabeza esta entrada y protagonizada por Julián Mateos (al igual que Los atracadores de Rovira Beleta, que comentábamos hace algunas semanas), la película destaca por su estilo casi documental. De hecho, carece prácticamente de banda sonora y cuenta en su reparto con la participación de viejas glorias pugilísticas, como Luis Romero (el preparador) o Ermanno Bonetti (Paulino). Refleja, además, mediante la sobria fotografía de Víctor Monreal, la sordidez de ciertos ambientes barceloneses en los que transcurre la acción.

Julián Mateos, Young Sánchez

Trama en la que, aparte de las accidentadas andanzas de Paco, resulta especialmente emotivo el personaje de El Conca, interpretado por Carlos Otero: típica promesa venida a menos, en su dorada decrepitud se debate entre apadrinar al joven Sánchez para evitar que cometa sus mismos errores o bien dejarse arrastrar por la funesta senda del alcoholismo.


Luis Romero encarna al preparador de Paco
Ermanno Bonetti en el papel de Paulino
En su intento de captar las diversas componendas que se llevan a cabo con tal de abrirse camino en un medio tan sumamente competitivo, Young Sánchez puede considerarse un film realista y, hasta cierto punto, incluso determinista. Sobre todo por la insistencia en subrayar cómo el inquietante Don Rafael se cruza fatídicamente en el camino de Paco para pervertir con sus promesas y combates amañados a la futura estrella del boxeo.

El actor Sergio Doré (izquierda) es el pérfido don Rafael
Puede que los más de cincuenta años transcurridos desde su estreno le hayan restado algo de credibilidad a Young Sánchez, aunque sigue siendo un documento de primer orden para comprender cómo, en las grandes ciudades, muchos jóvenes de las barriadas populares veían en el deporte profesional la oportunidad ideal para huir de la miseria de su entorno.


martes, 20 de octubre de 2015

Condenados (1953)











Director: Manuel Mur Oti
España, 1953, 95 minutos


Beethoven en la Mancha... Y no se pasea a lomos de un viejo rocín sino que lo hace de la mano de Manuel Mur Oti (1908-2003), creador de tan insólita asociación y director del drama rural Condenados, inspirado en la pieza teatral del mismo título de José Suárez Carreño y para cuya banda sonora se utilizó la música del mencionado músico alemán.

Quien no haya tenido ocasión de ver aún esta joya de la cinematografía española debería lanzarse inmediatamente de cabeza, ya que se trata sin duda de una obra maestra. Hay en ella algo del cine soviético, con esos soberbios planos en blanco y negro de la llanura castellana y los jornaleros que a base de abnegado esfuerzo laboran la tierra.

El apasionado triángulo amoroso que sirve de base a la trama lo forman Aurelia (Aurora Bautista), Juan (José Suárez) y José (Carlos Lemos), si bien son los celos los responsables de la tragedia que una y otra vez se cierne sobre el destino de los protagonistas con obstinada insistencia.

Aurelia y Juan
José y Aurelia
Condenados fue un film concebido expresamente para el lucimiento de Aurora Bautista y la habitual aparatosidad que caracterizaba su forma de encarnar los papeles dramáticos, aunque ello no es óbice para que funcione a la perfección la simbiosis entre música, paisaje e interpretación.

Aurora Bautista (Aurelia) en una de sus poses características
Rodada en el verano del 53 entre Camuñas (Toledo) y Medina de Rioseco (Valladolid), se inscribe en una tradición de películas ambientadas en el campo, como La venganza (1958) de Juan Antonio Bardem o Llanto por un bandido (1964) de Carlos Saura, en las que la lucha enconada entre vecinos de una misma aldea podría considerarse como un eco más o menos alegórico de los bandos que se enfrentaron en la guerra civil española. Sin embargo, Condenados se hallaría ideológicamente en las antípodas de los films de Bardem y Saura, habida cuenta de cómo el honor y la honra en la más pura tradición calderoniana parecen ser defendidos.

El equipo de Condenados (1953) durante una pausa del rodaje

domingo, 18 de octubre de 2015

El precio de la fama (2014)













Título original: La rançon de la gloire
Director: Xavier Beauvois
Francia/Suiza/Bélgica, 2014, 110 minutos

El precio de la fama (2014) de Xavier Beauvois
Suiza. Navidad de 1977. En su exclusiva mansión dieciochesca de Vevey, a orillas del lago Leman, agoniza el genial Charlie Chaplin. Aunque la muerte del artista sugerirá una ocurrente idea a Eddy (Benoît Poelvoorde), quien deberá convencer a Osman (Roschdy Zem) para que sea su cómplice.


Basada en un hecho real, El precio de la fama es una comedia negra que narra la chapucera intentona de un par de amigos desesperados por resolver, de una vez por todas, su precaria situación económica. Eddy es el "cerebro" de la trama: tras varios años en prisión, al recuperar la libertad es hospedado por Osman en una modesta roulotte. Osman es un emigrante argelino que vive con su hija Samira, a la espera de que su mujer sea intervenida de una delicada operación de cadera. Y no es que le hagan mucha gracia los planes de su amigo Eddy, que digamos. Pero como este le salvó la vida no le queda más remedio que acabar echándole un cable "por cuestión de principios".


El espíritu de Charlot está muy presente en un film en el que, de hecho, intervienen algunos miembros de la familia Chaplin. Se diría que el actor y director francés Xavier Beauvois hubiese querido, por momentos, combinar el sarcasmo de Monsieur Verdoux (1947) con la melancolía de Candilejas (1952). No era fácil, pues, la pirueta que Beauvois pretendía llevar a cabo y de ahí que la crítica se haya encarnizado con su película, la cual, pese a todo, fue candidata al León de oro en la penúltima edición del Festival de Venecia.


Imponente, por otra parte, la banda sonora de Michel Legrand: todo un lujo, viniendo de un veterano que ha sabido ilustrar las imágenes con la elegancia habitual en él. Se incluye, por cierto, algún guiño al respecto: en el televisor que Eddy regala a Osman y Samira aparecen cantando, durante unos segundos, Catherine Deneuve y Françoise Dorléac en un célebre número de Les demoiselles de Rochefort. Y, como todo el mundo sabe, la música del film de Jacques Demy la compuso también Legrand, aparte de que la Deneuve es la madre de Chiara Mastroianni, quien precisamente interpreta el papel de la circense Rosa en El precio de la fama.

Por último, atención a quienes no hayan visto todavía la película y sean dados a abandonar la sala antes de que acaben los créditos finales: una pequeña sorpresa nos hará ver que, ayer como hoy, todavía hay quien emula a Eddy y Osman...

Un rayo de luz (1950)












Título original: No Way Out
Director: Joseph L. Mankiewicz
EE.UU., 1950, 106 minutos

Un rayo de luz (1950) de Joseph L. Mankiewicz
Nominada al Oscar al mejor guion, Un rayo de luz supuso el debut oficial de Sidney Poitier. Con apenas 22 años interpreta a Luther Brooks, un joven médico residente que debe enfrentarse a los prejuicios raciales de su entorno, comenzando por la pareja de delincuentes convalecientes tras un tiroteo a los que se ve obligado a atender. Richard Widmark encarna a Ray Biddle, el intolerante hermano superviviente e instigador de los disturbios contra Brooks. Y todo porque Ray cree erróneamente que es el tratamiento aplicado por el doctor el que ha matado a su hermano.



El resto del reparto lo completan Linda Darnell como Edie Johnson (la cuñada de Ray), Stephen McNally (el doctor Wharton, verdadero valedor de Luther) y Harry Bellaver (miembro mudo y bastante rudo del clan Biddle).



Tal y como ya habían hecho previamente cintas del tipo La barrera invisible de Elia Kazan (1947, Gentleman's Agreement) o años después Adivina quién viene esta noche de Stanley Kramer y de nuevo con Poitier como protagonista (1967, Guess Who's Coming to Dinner), Un rayo de luz pretende hacer reflexionar al espectador americano de la época hasta qué punto puede ser racista sin saberlo una sociedad teóricamente basada en el principio democrático de igualdad de todos sus ciudadanos.


Mankiewicz (centro) dirigiendo a Poitier y a McNally

sábado, 17 de octubre de 2015

Operación Cicerón (1952)











Título original: 5 Fingers
Director: Joseph L. Mankiewicz
EE.UU., 1952, 108 minutos


Mankiewicz haciendo de Hitchcock o, lo que es lo mismo, una historia de espías durante la Segunda guerra mundial, ambientada en Turquía y con banda sonora de Bernard Herrmann: unos intrigantes pizzicato por aquí, unos trémolos sugiriendo misterio por allá, una inquietante sección de metal por acullá... y el suspense está servido.


Desde el primer momento, con plano inicial del parlamento británico e inserto explicativo, se insiste en que la historia está basada en hechos reales, recogidos en una novela por L.C. Moyzisch (antiguo agregado militar en la embajada alemana de Ankara).


Los papeles principales fueron interpretados por James Mason y la francesa Danielle Darrieux. Él es Diello, el mayordomo del embajador inglés: de origen albanés, sueña con llegar a más y por ello decide pasar documentos altamente secretos a los alemanes a cambio de una suculenta recompensa. Ella, la condesa Anna Staviska: venida a menos, solicitará la ayuda económica de unos y otros, aunque para ello deba sentirse tratada por Diello como su igual.


Y, como en toda intriga que se precie, también habrá, por supuesto, dolorosas traiciones y venganzas meticulosamente calculadas entre los protagonistas, aunque las carcajadas de Diello en la escena final hagan valer el tópico de que quien ríe el último ríe mejor.

Diello en su lujosa terraza de Río de Janeiro
La película obtuvo, sin éxito, sendas nominaciones en los Oscar del 53 a la mejor dirección y al mejor guion, habiendo ganado antes el Globo de oro en esta última categoría para Michael Wilson.


viernes, 16 de octubre de 2015

Metrópolis (1927)





Director: Fritz Lang
Alemania, 1927, 153 minutos


Argumento:

En el futuro, en la ciudad de Metrópolis solo existen dos clases de seres humanos: una minoría privilegiada de pensadores y una mayoría de trabajadores esclavizados. Los dos grupos son necesarios y se complementan, aunque viven separados en una sociedad aparentemente perfecta.

Pero un buen día, Freder —hijo del gobernador Joh Fredersen— decide seguir a una hermosa desconocida que ha irrumpido en su jardín rodeada de niños pobres y viaja tras ella al subsuelo. Allí tendrá ocasión de conocerla y se enamorarán. María, una especie de líder religiosa, le abrirá también los ojos a la realidad al descubrirle la explotación que está destruyéndolos.

Mientras tanto, el gobernador se da cuenta de esta situación y decide deshacerse de María. Así es que la raptan y le encarga a Rotwang —un científico a su servicio— la creación de un androide clonado a partir de ella.

El gobernador la envía entonces al subsuelo para confundir a los rebeldes con ideas “iguales” a las de María y así sembrar la discordia iniciando una rebelión entre los trabajadores.




Comentario:

Metrópolis es una película precursora del tema apocalíptico y el colapso de la civilización, en este caso debido a la explotación que ejercen las clases acomodadas sobre los robotizados obreros. En su rodaje se emplearon alrededor de 750 actores de reparto y la friolera de 35.000 extras. Los efectos especiales son sobresalientes y adelantados para la época, aunque tratándose de una historia situada en el año 2000 su diseño de la “tecnología” del futuro se parece bastante a la de los años veinte y tiene, más bien, un valor estético y simbólico.


Pese a ello, los decorados y la iluminación logran una atmósfera de megalópolis muy efectiva que más adelante sería copiada en películas como Blade Runner (1982).

Metrópolis, última película del Expresionismo alemán, continúa siendo, sin embargo, una de las películas artísticamente más impecables de todos los tiempos y no solo en el apartado técnico, sino sobre todo por su derroche de fantasía abrumadora. Cada escena es toda una obra de arte por su perfecta combinación de iluminación, fotografía, minuciosos decorados y magnífico montaje. Desde el paraíso prefabricado del Club de los Hijos hasta las fábricas monumentales inspiradas en la antigua Babilonia, pasando por la nueva versión del mito de Frankenstein que es la mujer máquina, Metrópolis nos ofrece una impresionante sucesión de escenas absolutamente memorables.

La Máquina Corazón a pleno rendimiento
Además, su argumento es de una complejidad y profundidad asombrosas, pese a lo inocente que en nuestros días pueda parecer su desarrollo. Se comienza con una dura crítica al capitalismo y su mecanización de la sociedad. Cómo el hombre, inventor de todo este montaje, está siendo víctima del trabajo sin darse cuenta de que lo que realmente ha creado es un instrumento mediante el que los más inútiles son los que acaparan toda la riqueza, mientras los trabajadores esclavizados sudan y sufren en sus puestos. Más tarde aborda otro gran tema: la religión. Nos habla de fanatismos, de la necesidad de encontrar un líder mediador en el que arroparnos para conseguir el diálogo y el entendimiento. También otros temas son tratados en Metrópolis, como el egoísmo, así como la rivalidad amorosa, el jugar a ser Dios y, en definitiva, las debilidades de la naturaleza humana.


Son, por otra parte, interesantes los paralelismos que se establecen entre diversos momentos del pasado y lo que en teoría nos depara el futuro: la quema de brujas como en la Edad Media, la vuelta a las catacumbas en las que se refugiaban los cristianos en tiempos del Imperio Romano, la rebelión de las masas similar a la acaecida en Francia en 1789… Y también son paralelas diferentes situaciones dentro del propio film, como los respectivos desfiles de obreros en el inicio y el desenlace de la historia: el primero en el cambio de turno y el segundo en las escaleras de la catedral.


La dirección de esta producción monumentalista es, por todo lo dicho, sencillamente espectacular. Y aunque a veces se noten las maquetas utilizadas, no hay que olvidar que estamos hablando de 1927. Sin duda, Metrópolis es una obra maestra de Fritz Lang, quien aunque luego supo rehacer una interesante carrera en Hollywood como director de Cine Negro nunca volvería a alcanzar los mismos niveles de audacia, esplendor y grandiosidad.

Brigitte Helm (centro) en un descando del rodaje
El Expresionismo:

El Expresionismo es un movimiento artístico surgido en Alemania a principios del siglo XX a partir de grupos de pintores. Hay que entenderlo como una deformación de la realidad para conseguir expresar adecuadamente los valores que se pretenden resaltar. Es decir, predomina la “expresión subjetiva” sobre la representación de la objetividad, así como las atmósferas cerradas y opresivas en las que se moverán los protagonistas. Los decorados, las luces, el vestuario y la interpretación sobria de los personajes serán elementos con valor simbólico que aspirarán a mostrar a través de la gran pantalla una óptica deformada de la realidad.


Llegará al cine de forma tardía, con El gabinete del doctor Caligari de Robert Wiene (1919), película inspirada en una serie de asesinatos que tuvieron lugar en Hamburgo, Alemania. El atractivo principal de la película reside en su anormalidad escenográfica: chimeneas oblicuas, reminiscencias cubistas y ventanas en forma de flecha, todo ello con una función claramente dramática y psicológica, y no como algo decorativo. Sin embargo, fue realmente el azar el que contribuyó a realzar ese dramatismo, ya que, debido a la escasez de iluminación en el estudio donde se rodó, se decidió pintar los decorados con luces y sombras.


En un principio, el cine mudo alemán estuvo plenamente vinculado al expresionismo con directores como Fritz Lang, Friedrich Murnau, Paul Leni y Paul Wegener, entre otros. Algunas de las obras más representativas de este período fueron: Nosferatu, Fausto, Metrópolis, El Golem o El último. La desmesura iba asociada a un tipo de cine de terror y fantástico, lo que condicionó su desarrollo. Algunas obras posteriores se realizaron en la etapa del cine sonoro, por ejemplo, M, el vampiro de Düsseldorf, otra película de Fritz Lang. No obstante, en la cinematografía más moderna, sus representantes principales (como Orson Welles) incorporaron una estética mucho más madura y alejada del exceso de teatralidad.

En España, se rodaron algunas películas influidas por varios de estos directores. Podríamos destacar, en este sentido, la aportación de Edgar Neville con La torre de los siete jorobados (1944), donde se intenta adaptar al ambiente madrileño el estilo de los filmes expresionistas.

Fritz Lang:

Junto a Murnau, el austriaco Fritz Lang es uno de los maestros de la escuela expresionista. Ya en su película Los Nibelungos tuvo ocasión de poder demostrar toda su madurez, si bien esta exaltación aria, en la que los hunos son presentados como seres de raza inferior, parece premonitoria del Nazismo.

Metrópolis, de 1927, será su obra definitiva. En ella, juega con espacios, volúmenes y claroscuros y, pese a ser un tratado sociológico algo infantil, Lang consigue imágenes que pasarán a la historia del cine y que el espectador no podrá olvidar: su opresivo mundo subterráneo, el relevo de turno de los obreros, la inundación, el pánico en la ciudad, etc. Por todo ello, Metrópolis representa el mejor ejemplo del expresionismo arquitectónico o Monumentalismo.

Detalle que permite ver cómo se rodó la célebre escena de la inundación
En general, se ha disculpado a Lang de querer engrandecer al pueblo alemán en sus películas mudas, responsabilizando a su esposa y guionista, Thea Von Harbou, futura militante del partido nazi, de ser la responsable de dicha exaltación. De hecho, en 1933 Lang realizó El testamento del doctor Mabuse, película prohibida en la Alemania de la época al ser considerada una crítica del Nacionalsocialismo. Un poco más tarde, el cineasta huyó a Estados Unidos, donde proseguiría su carrera como director hasta su fallecimiento en 1976.

El realizador Fritz Lang en sus años de madurez