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martes, 29 de mayo de 2018

Vinculado a la elección (1968)















Título original: Sprízneni volbou
Director: Karel Vachek
Checoslovaquia, 1968, 85 minutos



Se cumple medio siglo de la Primavera de Praga. Y, con motivo de la efeméride, la Filmoteca de Catalunya proyectaba esta tarde un programa doble: por una parte, Praga 68 (véase la entrada anterior) y, a continuación, el reportaje Sprízneni volbou.

Lo interesante de Vinculado a la elección (1968) es el hecho de que muestra, en tiempo real, los acontecimientos previos a la llegada de los tanques soviéticos en agosto de aquel mismo año. En ese sentido, el equipo de Karel Vachek se limita a filmar en sobrio blanco y negro a los líderes políticos checoslovacos durante las jornadas que llevarían a la proclamación de Ludvík Svoboda como Presidente de la República tras la renuncia de Antonín Novotný.

Sin comentarios en off ni banda sonora, el espectador asiste a las conversaciones del politburó (muchas de ellas aparentemente privadas o, incluso, extemporáneas), de lo que se deduce un ambiente de notable efervescencia, siempre con la sombra de Dubček planeando de fondo, que preludia el fatídico desenlace que acabaría teniendo el Socialismo en libertad o de rostro humano. En cualquier caso, se trata de un documento imprescindible para el conocimiento de primera mano no sólo de la historia del país centroeuropeo, sino, sobre todo, para saber cómo funcionaban a nivel interno las instituciones del aparato comunista.


Praga 68 (1968)




Director: Josep Maria Garcia-Planas
España, 1968, 18 minutos

Praga 68 (1968) de Josep Maria Garcia-Planas


Josep Maria Garcia-Planas fue un industrial del sector textil que, desde finales de la década de los cincuenta, se dedicó a comerciar con los países de la órbita soviética pese a las nulas relaciones diplomáticas entre la España de Franco y los estados del Este europeo. Como decía su hijo, el periodista Plàcid Garcia-Planas, esta tarde en la sala Laya de la Filmoteca de Catalunya, las fisuras en el Telón de Acero eran más de las que cabría suponer y, así las cosas, desde 1959 el empresario pudo viajar al otro lado para vender los productos de su fábrica de Sabadell. Y siempre acompañado de una cámara tomavistas. 

En agosto de 1968, García-Planas se encuentra en Praga. Lo que le va a permitir ser testigo excepcional de la invasión de los tanques del Pacto de Varsovia. Sobre todo porque las imágenes que captará son las únicas que existen en color de unos hechos de tal magnitud. Durante cincuenta años, la grabación amenizó, junto con muchas otras, las veladas familiares de los Garcia-Planas (de hecho, hasta hoy sólo se había mostrado una vez en público). Hasta que, conscientes de la trascendencia histórica del material, los herederos del empresario decidieron poner la filmación en manos de las autoridades checas.



Desmintiendo las palabras de Václav Havel que Octavi Martí recordaba al inicio del acto (aquello de que el Mayo francés había sido una explosión de lirismo revolucionario por parte de los jóvenes universitarios, mientras que la Primavera de Praga no pasó de protesta de la gente mayor contra el régimen comunista surgido tras la II Guerra Mundial), las imágenes de Praga 68 muestran las calles de una vieja capital europea literalmente tomadas por la juventud. Los manifestantes rodean los tanques y hasta logran encaramarse sobre alguno de ellos a pesar del evidente peligro al que se exponen (Plàcid Garcia-Planas ha mostrado a los asistentes los primeros casquillos de bala que se dispararon medio siglo atrás).

Sonorizadas con música orquestal y la voz en off de un locutor que reproduce el testimonio en primera persona del autor de la película, las imágenes dejan constancia de algunas de las proclamas que se profirieron contra los invasores, desde esvásticas hasta alusiones a la guerra de Vietnam o al Pacto de Múnich de 1938, lo cual proporciona una instantánea bastante precisa de unos hechos que la colectividad vinculaba, ya entonces, tanto con su presente como con la repetición cíclica de la Historia.