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lunes, 25 de noviembre de 2019

Cómo ser un french lover (2019)




Título original: Just a Gigolo
Director: Olivier Baroux
Francia, 2019, 94 minutos

Cómo ser un french lover (2019) de Olivier Baroux


Vaya por delante una advertencia: ésta es una de esas comedias gamberras, basadas en estereotipos fácilmente reconocibles, con las que el cine francés nos sorprende de vez en cuando. No llega al extremo de propuestas más políticamente incorrectas, como la saga de Les trois frères, pero sí que conecta de pleno con títulos más o menos recientes del tipo Un verano en Ibiza (Arnaud Lemort, 2019).

De hecho, su director, Olivier Baroux, ya ensayó la misma fórmula, hace aproximadamente una década, en Quiero ser italiano (2010), parodia en clave sociológica que guarda no pocas semejanzas con Just a Gigolo. Para empezar porque ambas están protagonizadas por el mismo actor, Kad Merad, uno de esos cómicos que, al igual que Dany Boon, cuenta con un amplio respaldo popular en Francia. 



Aunque, si vamos al fondo de la cuestión, las dos películas abordan, en realidad, un mismo tema: la obsesión de algunas personas por aparentar lo que no son, creyendo que así obtendrán el anhelado éxito social o, sencillamente, la aprobación de los demás. Enfoque que deja traslucir, claro está, la voluntad de caricaturizar a quienes viven pendientes de una imagen que, paradójicamente, tiene más de ridícula que de atractiva.

Pero, si además de todo lo que llevamos dicho, resulta que el gigoló protagonista tiene ya una edad que empieza a ser un severo hándicap para la práctica de su “profesión”, se comprenderá que el hombre, que no ha dado un palo al agua en su vida, opte de repente por recuperar el contacto con una hermana menor y un sobrino a los que lleva años sin ver. Es ahí donde la película gana enteros, puesto que el personaje pasa entonces a un segundo plano para dejar entrever las debilidades e incluso virtudes de  un individuo cuyo único y exclusivo empeño, hasta ese momento, había sido seducir a otoñales ricachonas dispuestas a sufragar su costoso tren de vida.

Alex (Kad Merad) y su sobrino Hugo (Léopold Moati)

lunes, 5 de marzo de 2018

Les premiers les derniers (2016)




Título en español: Los primeros los últimos
Director: Bouli Lanners
Bélgica/Francia, 2016, 93 minutos



Cuarto (y, de momento, último) largometraje dirigido por el actor belga Bouli Lanners. El espectador atento notará enseguida en la grisácea atmósfera de tiempo detenido que se desprende de Les premiers les derniers la influencia de al menos dos referentes. El primero de ellos sería el Jarmusch de Dead Man (1995), cuya eximia banda sonora a cargo de Neil Young es aquí remedada por la guitarra de Pascal Humbert. El segundo, tal vez menos obvio, sería el ambiente apocalíptico de The Road (La carretera) (2009), con sus inquietantes espacios abiertos por los que deambulan criaturas un tanto sui géneris, a veces chiflados, a veces iluminados, otras amenazadores, pero siempre supervivientes de un mundo en ruinas.



Como telón de fondo, las vías del antiguo aerotrén surcando la solitaria campiña de Orléans: símbolo ideal del progreso venido a menos que ahora sirve para que los candorosos Esther (Aurore Broutin) y Willy (David Murgia) huyan sin rumbo fijo en busca de la hija de ella. Peculiar pareja, la inocencia de la cual contrasta con la peligrosidad de esa banda de maleantes dispuestos a matar a quien sea para hacerse con un misterioso teléfono móvil. O Cochise (Albert Dupontel) y Gilou (el propio Lanners), verdaderos cowboys modernos en un wéstern distópico.



Sólo falta añadir a ciertos personajes de aspecto mesiánico para completar el cuadro: un enterrador que "se parece" a Max von Sydow; un vagabundo llamado Jesús y al que una bala perdida atraviesa una mano, como los clavos del Cristo crucificado; un enclenque anciano de barba profética (Michael Lonsdale) que, interpelado por Gilou sobre por qué se ocupa del motel o de las flores del invernadero, responderá con un misterioso: "Parce que vivre ce n'est pas juste respirer..."