jueves, 17 de agosto de 2017

Asalto al Banco Central (1983)













Director: Santiago Lapeira
España, 1983, 94 minutos



—Esa foto no debe salir nunca de aquí, Andrés. 
—¿Por qué? 
—Por el bien de todos. Porque a veces la paz está por encima de la verdad. La paz bien vale este silencio...

Quienes estén más o menos habituados al universo literario de Juan Marsé o hayan leído novelas como Crónica sentimental en rojo de Francisco González Ledesma o la serie Carvalho de Vázquez Montalbán seguro que encontrarán elementos que les resulten familiares en Asalto al Banco Central (1983) de Santiago Lapeira. Aunque sólo se trate de las calles de una Barcelona un tanto cañí y muy anterior a la diseñitis que nos legaron los Juegos Olímpicos y demás fastos del 92.

Basada en el libro homónimo del italiano especializado en best-sellers sensacionalistas Alberto Speratti, la película pretendía, sin embargo, aportar un cierto tono de docudrama al ir puntualmente consignando los acontecimientos tal y como se produjeron en mayo de 1981, llegando incluso a valerse del recurso de los titulares sobreimpresos, como si de un reportaje televisivo se tratase. Realismo que también se procuraba transmitir con la participación de auténticos periodistas en el reparto, siendo Carlos Herrera el que posee mayor protagonismo (con un breve diálogo con Isabel Mestres), pero no el único: fugazmente veremos, entre otros, a Chelo García-Cortés (luego catapultada a la popularidad por la prensa del corazón y los programas de cotilleos) e incluso se puede escuchar la voz de una jovencísima Julia Otero.

Molinero (Sacristán) tras visitar al Seta en el cementerio

Pepe Sacristán, el actor estrella del cine de la Transición, encarna al reportero de investigación Andrés Molinero, empeñado en destapar un oscuro complot para el que fueron reclutados delincuentes comunes (ahí están, en sendos papeles, Arnau Vilardebò y Francesc Orella, este último sólo de pasada), pero cuyos cerebros apuntaban mucho más alto, con conexiones con la intentona golpista del 23-F incluidas. Se habla hasta de un maletín el contenido del cual podría comprometer seriamente a altas instancias del Estado. Quizá por ello, en un afán por demostrar las implicaciones de la conspiración a escala internacional, los guionistas situaron parte de la trama en Roma, adonde se rodaron algunas escenas.

De entonces a esta parte, el paisaje urbano barcelonés ha cambiado muchísimo: la sede del Banco Central pertenece ahora a El Corte Inglés: de hecho, todo el perímetro de Plaza Catalunya (antaño monopolizado por entidades bancarias) hace ya tiempo que fue copado por FNAC, Apple, el Hard Rock Cafe e incluso un Zara en lo que fueran las oficinas del Banco de Bilbao.


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