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lunes, 6 de agosto de 2018

Daddy Cool (2017)




Director: Maxime Govare
Francia, 2017, 97 minutos

Daddy Cool (2017) de Maxime Govare


La inspiración para el segundo largometraje que Maxime Govare (París, 1980) dirige en solitario le vino a partir de una broma de su productor, quien, viéndolo preocupado por no encontrar guardería al poco de haber sido padre, le sugirió que se montase él mismo una en casa por su cuenta. Dicho y hecho.

Al protagonista de Daddy Cool no parece afectarle el paso de los años: con cuarenta ya cumplidos, Adrien (Vincent Elbaz) sigue comportándose como un adolescente irresponsable que sale de fiesta cada noche con sus amigos. Pero cuando le embargan la tienda de discos que es su único sustento (por decir algo, ya que nunca entra nadie a comprar en ella) su pareja pierde la paciencia y le pide el divorcio.

Maude (Laurence Arné) es una exitosa dibujante de cómics que no tarda en sustituir a Adrien por un novio bastante más formal, aunque el tal Renaud (Grégory Fitoussi) se acaba revelando como un soseras de mucho cuidado...



Lo que antaño se conocía como la crisis de los cuarenta parece estar viviendo un proceso de redefinición en la sociedad actual vinculado a la inmadurez de individuos alérgicos al compromiso y a adquirir responsabilidades, si bien en el caso de Adrien, con todo lo desastrado que es y a pesar de lo poco ortodoxo de sus métodos, se acaba demostrando que el desorden en el que vive no le impide conectar con los niños que le dejan a su cargo.

Fresca, dinámica, desenfadada, Daddy Cool es una comedia tan inverosímil como gamberra, lo cual no impide que contenga momentos sinceramente emotivos, como la escena en la que el padre de Adrien (Michel Leeb) interpreta nada más y nada menos que "La chanson des vieux amants" de Brel durante la fiesta de aniversario de boda.


sábado, 19 de mayo de 2018

Mi familia del norte (2018)




Título original: La ch'tite famille
Director: Dany Boon
Francia, 2018, 107 minutos

Mi familia del norte (2018) de Dany Boon


El éxito, hace justo una década, de Bienvenidos al Norte (Bienvenue chez les Ch'tis, 2008) sólo es parangonable al acaecido después en España con los apellidos vascos, catalanes y demás secuelas que aún estén por llegar. Concretamente, daría pie a un remake a la italiana (Bienvenidos al sur, Luca Miniero, 2010) y aun se barajó la posibilidad, sin que todavía haya cristalizado en ningún proyecto en concreto, de que Will Smith hiciese lo propio adaptando la historia a la América profunda.

De modo que el actor y director Dany Boon, sabedor del filón que tiene entre manos, vuelve a la carga con La ch'tite famille, cuyo planteamiento consiste en todo lo contrario: enviar a una familia del norte a la capital para ver cómo sus modales provincianos chocan con el proverbial cosmopolitismo parisino. La acción, pues, se traslada esta vez al París sofisticado del diseño y las selectas salas de exposición. A la gran urbe donde, según se desprende del argumento, uno debe despojarse de su acento local si quiere triunfar.



Eso es lo que tuvo que hacer años atrás el afamado diseñador Valentin D. (Boon), quien junto a su esposa y "musa" Constance (Laurence Arné) ha levantado un prestigioso imperio que copa las portadas de las revistas y las ferias del sector a partir de nociones tan vagas y superficiales como "conceptualizar el vacío". Un estilo, en fin, cuyos productos estrella son la estilizada silla de tres patas de la que todo el mundo se cae (excepto sus creadores, claro) y la incómoda mesa monolito a la que sólo es posible sentarse ladeando las piernas a lo "amazona". De todo lo cual se deduce una más que evidente voluntad de ridiculizar la vacuidad de dicho mundo confrontándola con la naturalidad de una familia palurda, sí, pero orgullosa de sus tradiciones y de su peculiar forma de hablar.

¿Supera Mi familia del norte el modelo de partida? Desde luego, si hay que juzgarla por su sentido del humor, está claro que no: Dany Boon, en colaboración con la guionista Sarah Kaminsky, propone una historia insípida y repleta de tópicos (la amnesia del protagonista, la manida contraposición entre provincianos y urbanitas...) en la que es la madre (Line Renaud) la que lleva el peso de la acción; a pesar de algún que otro momento aislado (caso de la irrupción del clan en el Palais de Tokyo, por ejemplo) o de la presencia en el reparto de actores míticos como el legendario Pierre Richard haciendo de padre calamitoso, la impresión general de conjunto es la de un filme anodino sin demasiada gracia, en la que el actor-director ha estado más pendiente de rendir homenaje a sus amigos (cameo de Kad Merad, uno de los protagonistas de Bienvenidos al Norte; dedicatoria final al desaparecido Johnny Hallyday, quien estaba previsto que actuase en la película) que no de hacer reír al público.


lunes, 27 de febrero de 2017

Manual de un tacaño (2016)




Título original: Radin !
Director: Fred Cavayé
Francia, 2016, 89 minutos

Manual de un tacaño (2016)


Nihil novum sub sole... Primero fue Plauto. Siglos más tarde, Molière. Y ahora Dany Boon bajo la dirección de Fred Cavayé. El que un personaje arquetípico sea la enésima versión de un vicio profundamente vinculado a la condición humana parece no suponer impedimento alguno para que se siga explotando su vis cómica. Así pues, ya se trate del Euclión romano de la Aulularia (o Comedia de la olla) o bien del barroco Harpagón protagonista de L'avare, lo cierto es que, desde que el mundo es mundo, periódicamente se ha ido poniendo al día la figura del tacaño, y siempre con notable éxito. De lo cual cabe deducir que a los espectadores de todas las épocas siempre les ha gustado ver la pintura exagerada de ciertos defectos, máxime cuando se trata de ridiculizarlos sin ambages.

En Radin !, que aquí se ha titulado con el más explícito Manual de un tacaño, Dany Boon toma el relevo de Louis de Funès, quien ya interpretara al avaro personaje en 1980. Sólo que esta vez no se trata de una adaptación del clásico teatral, sino más bien de una libre lectura de un terreno que en su momento ya exploraron Jacques Tati o Rowan Atkinson. Porque el François Gautier que interpreta Boon debe mucho (y no hay más que echar un vistazo al póster del filme para darse cuenta de ello) a Mr. Bean o a Monsieur Hulot. La diferencia estriba en que éste sí que habla, quizá porque se enmarca en una tradición cómica basada más en el diálogo que en el mimo (Mr. Bean y Monsieur Hulot son, en ese sentido, bastante chaplinescos).



Para humanizar un tanto al personaje, se le convierte en virtuoso violinista, se le busca una partenaire que bebe los vientos por él (Laurence Arné) y, finalmente, aparece una hija adolescente de cuya existencia el buen hombre no tenía ni idea (Noémie Schmidt). Rotundamente inverosímil, se nos dirá. Cierto, pero en la comedia (como en el amor y en la guerra) todo vale. Y, por si fuera poco, Laura cree que su padre es en realidad una especie de filántropo que dedica el dinero que ahorra a mantener un orfelinato en Méjico.

Aquí no hay trampa ni cartón: quien vaya al cine a ver las correrías de este tacaño sabe perfectamente a lo que va. Es decir, que Dany Boon, en virtud del estrellato que detenta desde hace tiempo, posee un público predispuesto a reírle todas y cada una de las gracias. Y los avispados productores, conscientes de ello, se valen de argumentos infalibles: un taxista simpático (Mon meilleur ami), un estricto agente de aduanas (Rien à déclarer) o un provinciano enamorado de una parisina (Lolo). Eso cuando no tiran de los arquetipos molierescos, porque, aparte del avaro, hace tres años ya vimos al mismo actor dirigir y protagonizar Supercondríaco, traslación al siglo XXI de Le malade imaginaire. ¿Qué será lo siguiente? ¿Tartuffe? ¿Le Misanthrope? Lo mismo da: sea lo que sea seguro que tiene éxito y nos lo venderán después bajo la etiqueta de "la comedia del año en Francia".