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sábado, 1 de junio de 2019

Evasión o victoria (1981)




Títulos originales: Victory / Escape to Victory
Director: John Huston
Reino Unido/EE.UU./Italia, 1981, 116 minutos

Evasión o victoria (1981) de John Huston


La casualidad ha querido que el mismo día que se jugaba la final de la Champions falleciera en un trágico accidente de circulación el futbolista José Antonio Reyes: cara y cruz de una misma moneda (la vida) en la que la gloria o la desgracia dependen, con suma frecuencia, de las arbitrariedades del azar.

También esta tarde, aunque ya a un nivel más local, daba inicio el Off-Side Fest/Cinema fora de joc. O, lo que viene a ser lo mismo, el Festival de cine documental de fútbol de Barcelona. La primera de sus sesiones, que se prolongarán hasta el próximo 9 de junio, ha sido el clásico Evasión o victoria: dirigida en 1981 por John Huston y que, además de contar entre su reparto con ases del balón de la categoría de Ardiles, Bobby Moore o el mismísimo Pelé, fue el remake de una vieja cinta húngara titulada Két félidö a pokolban (1961), algo así como "Dos medias partes en el infierno".

Fue, precisamente, en Hungría (por aquel entonces bajo régimen comunista) donde se rodó esta recreación del denominado "Partido de la muerte": un encuentro que habría tenido lugar en 1942 y en el que se enfrentaron oficiales nazis contra un combinado de jugadores ucranianos prisioneros de guerra. La leyenda dice que fueron estos últimos quienes se alzaron con la victoria (abultada, para más inri) y que por ello murieron ejecutados como represalia, aunque, al respecto, hay versiones para todos los gustos.



Son muchas, por cierto, las anécdotas que se cuentan a propósito del rodaje, siendo las protagonizadas por el inefable Sylvester Stallone las más sucosas. Y es que, según parece, el actor insistía en que fuese su personaje quien, pese a desempeñar las funciones de portero del equipo, anotase el decisivo gol en la escena final. Algo que, dada la presencia de Pelé, parecía del todo inviable. De modo que no hubo más remedio que añadir la secuencia del penalti para, así, colmar sus ansias de protagonismo.

Escape to Victory (habitualmente conocida, en Estados Unidos, como Victory) no deja de ser una superproducción de encargo, con sus trucos efectistas y actuaciones estelares, lo cual no impide que, a fuerza de una eficaz estructura narrativa calculada al milímetro, posea el encanto de determinados títulos del cine comercial, siempre vigentes, capaces, en todo momento, de enganchar a cualquier tipo de espectador por más que se hayan pasado en infinidad de ocasiones por televisión.


viernes, 13 de julio de 2018

La noche deseada (1967)




Título original: Hurry Sundown
Director: Otto Preminger
EE.UU., 1967, 146 minutos

La noche deseada (1967) de Otto Preminger


No deja de ser significativo el hecho de que fuese un director austriaco, emigrado a los Estados Unidos cuando ya superaba la treintena, quien se encargase con mayor ahínco de romper el tabú racial imperante en Hollywood y, por ende, en amplios sectores de aquel país. Preminger lo había intentado ya con Carmen Jones (1954), versión contemporánea de la ópera de Bizet interpretada por un reparto íntegramente afroamericano, y lo volvería a hacer con el filme que ahora nos ocupa.

La acción de La noche deseada se sitúa en el estado de Georgia, territorio de fuerte pasado esclavista cuyas leyes aún refrendaban la segregación entre negros y blancos, durante los días inmediatamente posteriores al fin de la Segunda Guerra Mundial. El marco espaciotemporal elegido era, por tanto, el idóneo para abordar un tema de candente actualidad, considerando que, con fecha de dos de julio de 1964, el Congreso había promulgado la Ley de Derechos Civiles. Una legislación sin duda histórica, pero que tardaría en dar sus frutos. De hecho, apenas un año después del estreno de la película tendría lugar el asesinato de Martin Luther King, destacado activista y uno de los impulsores de la mencionada ley, lo cual da fe de lo mucho que todavía quedaba para zanjar las tensiones de las que nos habla este filme.

El matrimonio Warren: Michael Caine y Jane Fonda


Una poderosa compañía del Norte dedicada a la fabricación de conservas está negociando la compra de unos terrenos de los que los Warren, acaudalada familia de la región, son propietarios principales. Sin embargo, quedan un par de parcelas cuyos legítimos dueños se resisten a dar su brazo a torcer: los McDowell y los Scott. El planteamiento no puede ser más simbólico, considerando que los segundos son descendientes de esclavos que adquirieron en 1866 y en pública subasta el solar en el que viven y los primeros, una familia caucásica numerosa (y empobrecida) el padre de la cual es un excombatiente que acaba de regresar de la guerra. Dadas las circunstancias, unos y otros se van a ver obligados a unirse para defender una causa común, lo cual indudablemente representa uno de los temas esenciales de la cinta.

Movidos por la más loable de las intenciones, y a pesar de haber sido capaces de concebir momentos de gran intensidad dramática (como la escena del juicio), los guionistas de Hurry Sundown sucumben, sin embargo, a la tentación de presentar los hechos bajo un prisma decididamente maniqueo, según el cual los personajes se dividen en buenos y malos. De acuerdo que algunos de ellos (caso del sheriff interpretado por George Kennedy o la propia Jane Fonda en el papel de rica hacendada) están pensados para mostrar una posición intermedia, a veces hasta ambigua, pero con todo y con eso les falta credibilidad. De modo que la visión que se acaba finalmente imponiendo es la de que los personajes que defienden postulados supremacistas son tontos y zafios (el juez Purcell encarnado por Burgess Meredith, sin ir más lejos), mientras que los afroamericanos son presentados en su totalidad en clave positiva. Cierto que el momento histórico que estaba viviendo la sociedad norteamericana casi obligaba a ello y que el objetivo perseguido por una película como ésta era concienciar al espectador. Pero más cierto es todavía que, en arte, lo tendencioso acostumbra a estar reñido con lo verosímil.

Otto Preminger (derecha) dando indicaciones a sus actores

jueves, 27 de agosto de 2015

Interstellar (2014)




Director: Christopher Nolan
EE.UU./Reino Unido/Canadá, 2014, 169 minutos

Interstellar (2014) de Christopher Nolan



¿Quiénes son "ellos"?

Do not go gentle into that good night,
Old age should burn and rave at close of day;
Rage, rage against the dying of the light.

Though wise men at their end know dark is right,
Because their words had forked no lightning they
Do not go gentle into that good night.

Good men, the last wave by, crying how bright
Their frail deeds might have danced in a green bay,
Rage, rage against the dying of the light.

Wild men who caught and sang the sun in flight,
And learn, too late, they grieved it on its way,
Do not go gentle into that good night.

Grave men, near death, who see with blinding sight
Blind eyes could blaze like meteors and be gay,
Rage, rage against the dying of the light.

Dylan Thomas, 1914 - 1953

Como ocurre con la mayor parte de la filmografía de Christopher Nolan, Interstellar es una película abrumadora, excesiva y extenuante. Tras las casi tres horas de duración, uno acaba verdaderamente agotado, tal es el torrente de imágenes, acciones y datos que se nos viene encima. Al margen de si las teorías del astrofísico Kip Thorne referentes al espacio y el tiempo en las que se basa el guion son discutibles o no, lo cierto es que parece un poco exagerado cruzar el universo entero para acabar salvando a la... familia. 

Pero, en fin, ya sea por obra y gracia del Plan A o del Plan B, merced a los misteriosos versos que siempre recita el profesor Brand (Michael Caine), por la aparición de Matt Damon cuando ya nadie se lo espera o por las tormentas de arena que asolan al planeta en un futuro inmediato haciéndolo inhabitable, Interstellar plantea suficientes elementos (verosímiles o no) como para tener enganchado al espectador el tiempo que haga falta. Es el toque Nolan: crear una sensación de complejidad aparente bajo la que se esconden los típicos recursos del cine de suspense de toda la vida. En ese sentido, podría decirse que Christopher Nolan es un Hitchcock sofisticado o la traslación de sus hallazgos al terreno de la ciencia ficción. En todo caso, lo que sí que tienen ambos en común es que son londinenses afincados en Hollywood.

El otro referente inexcusable es, ¿cómo no?, el de 2001 (obra, en este caso, de un director de Hollywood que se afincó en Londres). Los mensajes familiares en formato vídeo que Cooper (Matthew McConaughey) visiona en la nave son una referencia evidente a la película de Kubrick, así como la ausencia de ruido en el espacio cuando se producen explosiones dada la falta de aire que lo transmita (señalábamos recientemente el mismo detalle al comentar Gravity). A estas alturas, parece ineludible que cualquier cineasta que dirija una historia de ambientación sideral deba citar a Kubrick: 2001 marcó una pauta insalvable para lograr credibilidad y no parecer ridículo.

Por último, merece la pena destacar el planteamiento documental al principio y al final del film. Los ancianos que dan su testimonio sobre la tormenta de arena son, en realidad, supervivientes de un fenómeno similar acaecido en Estados Unidos durante la Gran Depresión. No sabemos cómo lo habría hecho Spielberg de haber acabado dirigiendo este proyecto, pero Nolan optó por hacer más efectivo el temor de un posible desastre natural a escala planetaria con estas inquietantes declaraciones en primera persona.




viernes, 29 de mayo de 2015

Hannah y sus hermanas (1986)




Título original: Hannah and Her Sisters
Director: Woody Allen
EE.UU., 1986, 106 minutos

Hannah y sus hermanas (1986)


Siempre genial y divertido, Woody Allen plantea una historia de enredos sentimentales entre las parejas de tres hermanas en un guion que a punto estuvo de ser nominado al premio Pulitzer. Los elementos habituales de su universo están presentes: Nueva York, hipocondría (Mickey, el personaje interpretado por Woody Allen, está obsesionado con la posibilidad de padecer un tumor cerebral), religión (Mickey, también, se debate entre si dejar el judaísmo para convertirse al catolicismo o bien hacerse hare krishna), crisis matrimoniales, psicoanálisis, intelectualismo (la poesía de E. E. Cummings, la música de Bach), el jazz, sexo, miedo a la muerte, monólogo interior de los personajes, un sentido del humor afiladísimo...

Y, como también es habitual desde hace tiempo, el reparto del que se rodeó Woody Allen es espectacular: Michael Caine, Mia Farrow, Max von Sydow, John Turturro, Dianne Wiest o Maureen O'Sullivan (madre de Mia Farrow en la película y en la vida real, por cierto, además de novia de Tarzán muchos años antes).

En sucesivas cenas de Acción de Gracias la familia al completo se reunirá en el apartamento de los padres (una veterana pareja de actores) y nosotros, entre tanto, habremos tenido ocasión de asistir a cómo se han hecho y deshecho diversas relaciones entre ellos.