Mostrando entradas con la etiqueta Laurent Terzieff. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Laurent Terzieff. Mostrar todas las entradas

viernes, 15 de abril de 2022

La noche brava (1959)




Título original: La notte brava
Director: Mauro Bolognini
Italia/Francia, 1959, 95 minutos

La noche brava (1959) de Mauro Bolognini


Al escribir el guion de La notte brava (1959) Pasolini retomó buena parte de los ambientes romanos que cuatro años antes ya le habían servido como fuente de inspiración para su primera novela, Ragazzi di vita (1955). Que no son otros, huelga decirlo, sino los de una juventud ociosa de clase baja que anda metida continuamente en chanchullos de todo tipo. Son esos Ruggeretto (Laurent Terzieff), Bellabella (Franco Interlenghi) o Scintillone (Jean-Claude Brialy), muchachos apuestos y algo acanallados que aspiran a tener los bolsillos llenos de liras para llevar a cenar a una chica al mejor restaurante de la ciudad.

Los personajes femeninos, en cambio, responden al perfil de prostituta, oficial u oficiosa. Se trata de jóvenes que hacen la calle y que se dejan querer por el mejor postor. O que, como en el caso de Rossana (Rosanna Schiaffino), lo mismo van con uno que con otro en función de quién tiene el dinero. En cualquier caso, la actitud que tanto ellos como ellas ponen de manifiesto denota un vacío existencial y una amoralidad que anuncian, una década antes de su eclosión definitiva, la rebeldía sin causa propia de la contracultura.



La facilidad con la que estos mozos alardean con un fajo de billetes en la mano demuestra que vienen de la miseria y que, por más que se empeñen, difícilmente saldrán alguna vez de ella. Porque lo suyo es obtener dinero fácil, casi siempre robándolo, para, acto seguido, derrocharlo todavía más rápidamente. En ese orden de cosas, lo mismo los veremos en los bajos fondos, intentando colocar unos rifles de contrabando, que en una elegante sala de fiestas hasta altas horas de la madrugada.

Sin embargo, el rasgo que mejor los define es su feroz individualismo. Independientemente de que, en un arrebato altruista, sean capaces de pararse a donar sangre en una unidad móvil con la que casualmente se cruzan. Pero basta que haya dinero de por medio para que se traicionen, llegando incluso a las manos. Y es que no parece que exista un mañana o futuro posible para estos jóvenes: ellos viven aquí y ahora y, por ende, disfrutan al límite de los placeres conforme les van saliendo al paso.



jueves, 14 de abril de 2022

Ostia (1970)




Director: Sergio Citti
Italia, 1970, 103 minutos

Ostia (1970) de Sergio Citti


Debut en la dirección de Sergio Citti (1933–2005), aquel muchacho de la calle que, de la mano de Pasolini, acabaría convirtiéndose en su ayudante y hombre de confianza. De hecho, escribieron juntos el guion de Ostia (1970), curiosa farsa protagonizada por tres personajes marginales, con un punto de inocencia libertaria, que viven, aman y sueñan a orillas del Tirreno.

Bandiera (Laurent Terzieff) y Rabbino (Franco Citti) son dos hermanos cuya existencia de ladronzuelos de poca monta quedó profundamente marcada por algunas vivencias traumáticas que les tocó sufrir durante su niñez. Así, por ejemplo, aprovechando una de las habituales borracheras de su padre, decidieron matarlo arrojándolo desde lo alto de una ventana en represalia por haber sacrificado y cocinado a su querida oveja Rosina. Detalle biográfico bastante revelador que muestra bien a las claras cómo las gastan este par de inadaptados aparentemente inofensivos.



Sin embargo, la apacible realidad de los dos hombres se va a ver súbitamente alterada con la irrupción de una rubia despampanante que responde al nombre de Mónica (Anita Sanders). Como ellos, la muchacha también posee un historial repleto de malas experiencias, lo cual no es óbice para que se muestre encantadoramente desinhibida en todo momento, incluso cuando Bandiera y Rabbino van a dar con sus huesos en la cárcel. Hasta el extremo de que acabarán entablando un triángulo amoroso de fatales consecuencias.

Aparte del cainismo en su vertiente más lumpen, la película aborda especialmente las condiciones de vida de ese subproletariado sin conciencia de clase que tantas veces fuera retratado por Pasolini. Se trata de seres desprovistos de raíces, aparentemente felices en su miseria, pero que albergan una rabia incontenible en su interior, tal y como sucedía con los personajes de su novela Una vita violenta (1959). La misma aspereza, y en eso el filme tiene algo de profético, que apenas un lustro después acabaría dando lugar al asesinato del cineasta italiano en esa misma playa de Ostia.



sábado, 2 de abril de 2022

Medea (1969)




Director: Pier Paolo Pasolini
Italia/Francia/Alemania, 1969, 110 minutos

Medea (1969) de Pier Paolo Pasolini


Para el hombre antiguo mitos y rituales son experiencias concretas, que comprenden también su experiencia corporal y cotidiana. Para él la realidad es una unidad tan perfecta que la emoción que siente frente a un cielo de verano, por ejemplo, equivale a la experiencia personal más interior de un hombre moderno.

Palabras del centauro Quirón extraídas de los diálogos de la película

Como ya sucediera con Edipo Re (1967), primera entrega de su Ciclo Mítico, el mérito principal de la Medea pasoliniana reside en una lúcida aproximación a la Grecia antigua despojándola del aura museística en la que habitualmente nos ha llegado envuelta. En ese sentido, las imágenes de Medea (1969) destilan una fuerza que es fruto del laborioso proceso llevado a cabo por el cineasta italiano en su afán por localizar la esencia de la cultura clásica allí donde ésta perdure, ya sea en las escarpadas covachas de la Capadocia turca o frente a las murallas de Alepo en Siria.

De modo que, sabedor de lo que se trae entre manos, Pasolini considera lo más natural del mundo que un centauro se pasee por las rectilíneas galerías marmóreas de la Piazza dei Miracoli, en las inmediaciones de la torre de Pisa, mientras de fondo suenan cantos tibetanos y hasta una melodía tradicional japonesa.



Otro tanto ocurre con la presencia de una cautivadora Maria Callas, en su única incursión fílmica, a la hora de encarnar un papel hecho a la medida de quien, al igual que la hechicera sacerdotisa de Hécate, fue en la vida real una mujer fuerte, aunque aquejada por infaustas pasiones de todo tipo. El trágico destino de su personaje, además, se opone al pragmatismo racionalista de Jasón (Giuseppe Gentile), aspirante a dueño del codiciado vellocino de oro y, por ende, héroe materialista por antonomasia.

Sin embargo, a Pasolini le interesa poco la mitología y mucho el contraste entre un mundo ancestral de sacrificios humanos y otro, trasunto del neoliberalismo contemporáneo, en el que cualquier atisbo poético parece irremisiblemente condenado a fenecer en aras del progreso. Cierto que esos temas alientan muy en el fondo de una puesta en escena polvorienta, etnográfica, luminosa las más de las veces, plagada de anacronismos e intencionados fallos de rácord (ya desde el propio desajuste del doblaje en relación a lo que puede leerse en los labios de los actores, la mayoría de ellos no profesionales).



viernes, 11 de mayo de 2018

La Vía Láctea (1969)




Título original: La voie lactée
Director: Luis Buñuel
Francia/Italia, 1969, 102 minutos

La Vía Láctea (1969) de Luis Buñuel


Carlos Fuentes veía en [La voie lactée] una película combativa, antirreligiosa, mientras que Julio Cortázar llegó a decir que la película le parecía pagada por el Vaticano. [...] Cuando [...] se estrenó en Copenhague [...] fue proyectada en francés, con subtítulos daneses. Uno de los primeros días, unos quince gitanos, hombres, mujeres y niños, que no hablaban ni danés ni francés, sacaron entradas y vieron la película. Volvieron dieciséis o diecisiete días seguidos. Muy intrigado, [el responsable de la sala] intentó adivinar la razón de esta fidelidad. No pudo conseguirlo, ya que no hablaban su lengua. Finalmente, los dejó entrar gratis. No volvieron más.

Luis Buñuel
Mi último suspiro
Traducción de Ana Mª de la Fuente

Balthazar Clémenti, hijo del mítico actor y realizador francés Pierre Clémenti, ha estado estos días en Barcelona presentando la retrospectiva dedicada al Mayo del 68 que organiza la Filmoteca de Catalunya. En la tarde de hoy, antes de la proyección de La Vía Láctea de Buñuel, dedicaba unas palabras (con su particular mezcla de francés, español e italiano) a llevar a cabo la semblanza del padre, un hombre intelectualmente inquieto al que interesó más el arte que el dinero. De hecho, con su primer sueldo se compró una cámara de 16 mm, lo cual nos da ya una pista de por dónde iban sus intenciones. Con todo, Clémenti júnior se lamenta de que su padre ejerciera poco como tal, habiendo sido Jean-Claude Carrière quien realmente lo acogió en su casa durante años.

Alain Cuny: "El hombre de la capa"

Respecto a la película, poco podemos decir de un engendro barroco e iconoclasta de semejantes proporciones: su fuerza está en sus imágenes, compendio de las obsesiones del director aragonés, quien hace acopio de materiales diversos, juntando herejes de todos los tiempos con guardiaciviles, monjas crucificadas, curas de pueblo y peregrinos camino de Santiago.

¿Es La voie lactée una road movie? Sí en esencia, aunque también es fácilmente reconocible la impronta de la picaresca en su estructura, marcada por una continua sucesión de personajes y episodios de muy distinta ralea.

Ver al ya mencionado Carrière haciendo de Prisciliano y predicando en latín en mitad de un bosque o escuchar la voz del propio Buñuel a través de la radio de un coche son sólo algunos de los alicientes contenidos en una de las películas más irreverentes jamás filmadas.

De izquierda a derecha: Frankeur, Terzieff, Clémenti

domingo, 24 de abril de 2016

Detective (1985)









Título original: Détective
Director: Jean-Luc Godard
Francia/Suiza, 1985, 95 minutos



No es tarea fácil resumir el argumento de Detective, probablemente porque, como ocurre en la mayor parte de la filmografía de Godard, no lo hay. Limitémonos, pues, a decir que un par de investigadores privados (William Prospero y el inspector Neveu, interpretados respectivamente por el desaparecido Laurent Terzieff y el mítico actor insignia de la Nouvelle vague Jean-Pierre Léaud) siguen desde una habitación de hotel la pista de un crimen que se cometió allí dos años atrás; que un representante de boxeadores llamado Jim Fox Warner (el cantante Johnny Hallyday) mantiene contactos con la mafia (Alain Cuny será Old Mafioso) y con el matrimonio Chenal (Nathalie Baye y Claude Brasseur)...

Laurent Terzieff

En fin, no vale la pena continuar. Godard se limitó, en una película de encargo producida por Alain Sarde, a acumular los estereotipos más habituales del cine negro para confeccionar su ya habitual retahíla de citas literarias (Leonardo Sciascia, Joseph Conrad...), musicales (Schubert, Chopin...) y cinéfilas (La bella y la bestia de Cocteau, La escuadrilla deshecha con Erich von Stroheim...)

Jean-Pierre Léaud

Con todo, Detective contiene hallazgos geniales y divertidos, como la imagen del púgil Tiger Jones (Stéphane Ferrara) devorando una barra de chocolate gigante o boxeando (suavemente, ça va de soi) con los senos de una muchacha. Aparte de que este filme supuso el debut de Julie Delpy. Aunque de eso mejor hablamos otro día...

Godard (centro) durante el rodaje de Detective