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sábado, 12 de septiembre de 2026

Sola en la oscuridad (1967)




Título original: Wait Until Dark
Director: Terence Young
EE.UU., 1967, 108 minutos

Sola en la oscuridad (1967) de Terence Young


La base teatral de la que parte Wait Until Dark (1967) condiciona que la acción transcurra prácticamente en su totalidad en el interior de un apartamento de Manhattan. El mismo en el que vive su protagonista, Susy Hendrix, una joven ciega interpretada por Audrey Hepburn, quien recibiría por este papel su quinta y última nominación al Óscar antes de que la actriz se retirase de la actuación durante casi una década. Por otra parte, se da la circunstancia de que la producción de la película corrió a cargo de Mel Ferrer, esposo en aquel entonces de la intérprete, en un intento desesperado por salvar un matrimonio que hacía aguas por todas partes (la pareja, de hecho, se divorciaría al año siguiente).

En términos hitchcockianos, el macguffin que hace avanzar la trama es una muñeca de porcelana en cuyas entrañas se esconde un valioso alijo de heroína y que la astucia de una bella intermediaria (Samantha Jones) ha hecho que termine en un lugar imprevisto. Ni que decir tiene que los malvados miembros de la banda de traficantes que se hallan detrás de la operación harán lo imposible por dar con el paradero de la droga, colándose si hace falta en el domicilio del matrimonio Hendrix...



El acecho que el trío de maleantes despliega en torno a la joven invidente constituye un severo ejercicio de suspense claustrofóbico, reforzado mediante la banda sonora de Henry Mancini, en la composición de la cual se utilizaron instrumentos desafinados para crear una atmósfera inquietante que amplificase la desorientación de la pobre Susy (y de paso la del propio espectador). En abierto contraste con la indefensión de ella, Alan Arkin compone a Roat, un sociópata aterradoramente metódico cuya presencia constante impregna la pantalla de un peligro tangible y que, en un alarde interpretativo, se desglosa puntualmente en el padre y el hijo del mismo. Sin embargo, el punto fuerte de la puesta en escena radica en la brillante interpretación de Hepburn, quien logra un trabajo alejado de la mera victimización al dotar a su personaje de un ingenio resuelto y pragmático

La dirección de Young destaca por su capacidad para convertir las limitaciones espaciales en una herramienta dramática despiadada. A través de un ritmo calibrado al milímetro, la cinta construye una atmósfera de paranoica sofocación. A este respecto, resulta curioso recordar la conexión previa entre el cineasta y su estrella, ya que ambos habían coincidido de forma indirecta durante los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Así, mientras un joven Terence Young participaba como paracaidista en la batalla de Arnhem en 1944, la adolescente Audrey Hepburn se encontraba en esa misma ciudad prestando ayuda en el hospital de campaña donde el propio Young recibió atención médica tras resultar herido. Dicho vínculo entre director y actriz pareció traslucirse años después en una profunda confianza mutua en el plató, permitiendo que ella entregara una de las actuaciones más intensas de toda su carrera.



martes, 26 de diciembre de 2017

Crónica negra (1972)

















Título original: Un flic
Director: Jean-Pierre Melville
Francia/Italia, 1972, 98 minutos

Crónica negra (1972)

Bastan apenas unos segundos para darse cuenta de que estamos de nuevo ante una película de Melville: un grupo de hombres, ataviados con gabardina y sombrero de ala ancha, esperan dentro de un lujoso automóvil negro frente a una solitaria sucursal bancaria. Bajo un intenso aguacero, uno a uno irán saliendo del coche para adentrarse en el banco. Su objetivo es atracarlo...

Ni una sola palabra, apenas el rugir de las olas. Y allá donde la mayoría de cineastas habrían optado por una elipsis, Melville se detiene a contar meticulosamente los preparativos. Como en El samurái (1967), como en Círculo rojo (1970). Crónica negra es más de lo mismo: la historia de una banda organizada llevando a cabo un minucioso golpe. Sus detractores dirán que filmaba siempre la misma película; sus seguidores, que era verdaderamente un autor con un estilo bastante definido.



Y otra vez Alain Delon como protagonista. Sólo que esta vez hace de comisario: uno de aquéllos de pocas palabras, al que no hay caso ni caco que se le resistan. Aunque poco convincente a la hora de soltar tortas, la verdad: que Delon siempre ha ejercido de guaperas profesional y no le pega nada lo de pegarle al prójimo (valga la paronomasia). Suerte que ahí está Catherine Deneuve para darle la réplica femenina, encarnando a una femme fatale de cara angelical.

Bueno: ¿y qué decir de esas transparencias tan indisimuladas o de los fondos pintados? ¿Y de la maqueta del tren y del helicóptero de juguete? En manos de otro director suscitarían la risa a primeras de cambio y aquí, sin embargo, nos mantiene en vilo durante los veinte minutos que dura la secuencia, otra vez prescindiendo de los diálogos. Ésta era la marca de fábrica Melville: la de un hombre estrafalario y un tanto huraño, pero que le tenía cogida la medida a eso de hacer películas policíacas.