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miércoles, 15 de julio de 2026

La muerte de Robin Hood (2026)




Título original:  The Death of Robin Hood
Director: Michael Sarnoski
EE.UU., 2026, 122 minutos

La muerte de Robin Hood (2026) de Michael Sarnoski


Enésima recreación cinematográfica de un personaje cuya presencia fílmica, lejos de agotarse, se ha mantenido presente a lo largo del tiempo, abarcando todas las épocas de la historia del cine. Sin embargo, The Death of Robin Hood (2026) ofrece una nueva dimensión del arquero de Sherwood, presentándolo como un villano moribundo que tal vez se benefició del éxito de una leyenda esencialmente falsa. En ese sentido, la película de Michael Sarnoski nos habla de la muerte de los ideales en un momento histórico en el que, faltos de héroes en quienes confiar, parece que lo que cunde es el desánimo.

En ese mismo orden de cosas, Hugh Jackman se mete en la piel de un individuo hosco, ya entrado en años, tan oscuro como la fotografía tenebrosa de Pat Scola, con el objetivo de desmitificar la figura de quien realmente no fue sino un hombre controvertido, con no pocos crímenes a sus espaldas. A tal efecto, el guion del propio Sarnoski toma como punto de partida una balada original del siglo XVII para llevar a cabo una de las visiones más ásperas y poéticas jamás filmadas sobre Robin Hood. El resultado es un drama existencial que constituye, al mismo tiempo, la deconstrucción descarnada sobre cómo la historia deforma la verdad para crear leyendas con las que podamos sobrevivir.



La acción se sitúa en la Inglaterra de 1247, cuando el protagonista ya no es un joven ágil, sino un anciano demacrado, con barba y melena gris descuidada, que vive en un exilio autoimpuesto en las montañas, carcomido por el remordimiento. Asimismo, la violencia de las reyertas en que se ve involucrado resulta rápida, visceral, y está desprovista de cualquier tipo de romanticismo. El caso es que, tras ser gravemente herido y reencontrarse brevemente con un Little John (Bill Skarsgård) cansado y transformado por los años, Robin busca refugio en un convento. Y allí es donde entra en escena la hermana Brigid (Jodie Comer), en una dinámica interpretativa que se acaba convirtiendo en el auténtico corazón de la historia.

Visualmente, la película destaca por su ya mencionada apariencia sombría. Fotografiada en gloriosos 35mm, la cinta renuncia a los habituales focos de los blockbusters y abraza la luz natural. Así el espectador se siente transportado a una Cumbria medieval, filmada en los impresionantes parajes de Irlanda del Norte, donde el barro, la nieve y la penumbra dominan la pantalla. No se trata, pues, de una cinta de aventuras veraniega, sino más bien de un drama psicológico otoñal de la factoría A24. De ahí que Sarnoski prefiera el vacío existencial a un espectáculo de flechas y capas verdes que hoy se vería ya por completo desfasado.



martes, 25 de noviembre de 2025

Los caballeros de la moto (1981)




Título original: Knightriders
Director: George A. Romero
EE.UU., 1981, 146 minutos

Los caballeros de la moto (1981) de George A. Romero


Aparte de historias sobre muertos vivientes, el cineasta norteamericano George A. Romero (1940-2017) también tuvo ocasión de frecuentar otros géneros menos terroríficos. Tal sería el caso, por ejemplo, de Knightriders (1981), curiosa combinación entre justas medievales y motocross a propósito de una troupe de artistas itinerantes cuyo espectáculo recrea, a lomos de una motocicleta, las antiguas gestas de los caballeros del ciclo artúrico o incluso del séquito de Robin Hood.

Pero ni los susodichos están en Camelot ni su cabecilla (Ed Harris) es Ivanhoe. Lo suyo responde más bien a una coyuntura decadente en la que unos abandonan el proyecto y otros se someten a los dictados de algún mánager oportunista. Baño de realidad, por tanto, frente a las ilusiones de unos individuos que pretenden sobrevivir en un mundo materialista rigiéndose según los ideales románticos del medievo.



Por otra parte, los espectadores más atentos se llevarán la grata sorpresa de descubrir al novelista Stephen King entre el público asistente a los torneos motorizados. La razón de tan ilustre cameo se debe a que el escritor se hallaba por aquel entonces enfrascado en la escritura de lo que dos años después acabaría siendo Creepshow (1982), también dirigida por Romero, con lo cual se deduce que la colaboración entre ambos debía de ser bastante estrecha.

Romero utiliza, en cualquier caso, esta fascinante propuesta como vehículo para examinar la dinámica de una comunidad de outsiders que busca su lugar en un contexto abiertamente hostil. De ahí que temas como la lealtad, la utopía comunitaria y la presión por "venderse" (muy en consonancia con la propia trayectoria del director en tanto que cineasta independiente) resuenen en todo momento a lo largo de una película sobre el choque de dos mundos antagónicos.



lunes, 23 de junio de 2025

Del amor y de la muerte (1977)




Director: Antonio Giménez Rico
España, 1977, 82 minutos

Del amor y de la muerte (1977) de Giménez Rico


Se hace difícil no interpretar en clave alegórica una película sobre un señor feudal estrenada en la España de la Transición. En ese sentido, Del amor y de la muerte (1977) contiene los elementos necesarios para leer entre líneas lo que Miguel Madrid y José Luis García Sánchez, autores del guion, se propusieron tal vez al idear la historia del viejo don Diego (Antonio Ferrandis) y su no menos abusivo heredero Gonzalo (Simón Andreu). Vamos: que el paralelismo con el ya difunto caudillo y las fuerzas reaccionarias de su entorno debió resultar diáfano para algunos espectadores de aquel entonces.

En ese mismo orden de cosas, el joven Rodrigo (Pedro Mari Sánchez), vilipendiado por los gerifaltes del lugar, pudiera verse como un trasunto de la joven democracia española, amenazada por múltiples peligros, o incluso del flamante monarca que llevaba un par de años ocupando la jefatura del Estado. De ahí que su metódica e inflexible venganza final, en la que el pastor liquida mediante espada, hacha o flechas a quienes le ofendieron en el pasado, tenga mucho de ajuste de cuentas como el que habría supuesto en el 77 la ruptura democrática contra los excesos de la dictadura franquista.



La presencia en el reparto de la siempre tentadora Amparo Muñoz, una de las actrices fetiche del cine de la Transición y que se hallaba en el momento álgido de su carrera, aporta al conjunto un toque sensual, inevitable, por otra parte, en una cinematografía inmersa en pleno proceso de liberación tras cuatro décadas de censura recalcitrante. Erotismo que, en el caso de La Polaca, cuyo papel de molinera presenta bastantes aristas, adquiere una dimensión mucho más perversa.

Ecos de tragedia griega, en la que se mezclan lo incestuoso y el afán de revancha, en el marco de una historia propia del romancero viejo rodada en localizaciones de Guadalajara y Albacete. Por eso la acción arranca y acaba con el mismo plano general de una era donde se trilla el grano y las palabras de un juglar que por allí cruza recitando sus versos: "De ella nació un rosal blanco, / de él nació un espino albar. / Crece el uno, crece el otro: / los dos se van a juntar / y las ramas que se alcanzan / fuertes abrazos se dan. / Y las que no se alcanzaban / no dejan de suspirar. / El amo, lleno de envidia, / ambos los mandó cortar. / El galán que los cortaba / no cesaba de llorar. /  De ella naciera una garza, / de él un fuerte gavilán: / juntos vuelan por el cielo, / juntos vuelan par a par".



domingo, 11 de mayo de 2025

La princesa prometida (1987)




Título original: The Princess Bride
Director: Rob Reiner
EE.UU., 1987, 98 minutos

La princesa prometida (1987) de Rob Reiner


"Hola: Me llamo Íñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir". Pocas frases han alcanzado tanta notoriedad en el cine de los últimos decenios como esta ya célebre réplica de The Princess Bride (1987), título de culto pese al carácter inicialmente comercial de una cinta en la línea de otros productos ochenteros igualmente fantasiosos como Dentro del laberinto (1986) o La historia interminable (1984). Aunque, a decir verdad, lo que se proponía Rob Reiner a la hora de adaptar el relato homónimo de William Goldman era más bien resucitar el espíritu aventurero de las producciones de capa y espada de la época dorada del Hollywood clásico. Motivo por el que tal vez los protagonistas masculinos de la cinta lucen todos ellos ese característico bigotito a lo Errol Flynn.

Así pues, burlándose de los clichés del género al mismo tiempo que los celebraba, la industria pretendía recuperar parte del encanto de sus orígenes, motivo por el que volvería a insistir en planteamientos por el estilo, caso de la fábula en clave alegórica Big (1988), comedia fantástica al servicio de Tom Hanks y dirigida por la malograda Penny Marshall, quien a su vez (curiosa forma de cerrar el círculo) había estado casada con Rob Reiner.



Por lo demás, estamos al mismo tiempo ante una obra cuyo carácter a medio camino entre lo histórico y lo paródico, con ciertas dosis de romanticismo, sentaría las bases de ulteriores éxitos de taquilla como, por ejemplo, Robin Hood: Príncipe de los ladrones (1991) o la mismísima saga iniciada con Shrek (2001). Un regreso a la magia de los cuentos infantiles que, en el caso que nos ocupa, se enmarca en la entrañable relación que se establece entre un nieto enfermo (Fred Savage) y su abuelo (Peter Falk). Vínculo que, además, se irá volviendo cada vez más estrecho conforme avance la lectura de ese libro tan fascinante que ha hecho las delicias de sucesivas generaciones de la misma familia.

Un guion brillante a base de diálogos repletos de líneas memorables ("Como desees", "¡Increíble!", "Jamás te rindas" o la ya mencionada frase de Íñigo) se encargaría del resto, dando lugar a una combinación perfecta de comedia, aventuras y romance. En ese sentido, el núcleo de la trama reside en los avatares a que deberán hacer frente Buttercup (Robin Wright) y Westley (Cary Elwes) para poner a salvo su amor de las continuas maquinaciones del malévolo Príncipe Humperdinck (Chris Sarandon) y del trío de bandidos liderado por Vizzini (Wallace Shawn). Elementos que la banda sonora de Mark Knopfler, candidata al Óscar a mejor canción original por el tema "Storybook Love", en la voz de Willy DeVille, envuelve con una acertada nota de ensoñación.



miércoles, 5 de abril de 2023

The Adventures of Maid Marian (2022)




Título en español: Las aventuras de la doncella Marian
Director: Bill Thomas
Reino Unido, 2022, 83 minutos

The Adventures of Maid Marian (2022)


Podría parecer que el hecho de concederle el protagonismo a la pareja del héroe obedece exclusivamente al empoderamiento femenino que está a la orden del día. Y, sin embargo, nada más lejos de la realidad, puesto que el planteamiento genérico de The Adventures of Maid Marian (2022) había ya servido como base para una exitosa serie televisiva de finales de los ochenta, Maid Marian and Her Merry Men, emitida por la BBC entre 1989 y 1994. Sólo que aquello era una comedia disparatada y la cinta que nos ocupa, en cambio, no pasa de insulso telefilme creado al amparo de las plataformas digitales.

Dada su falta de rigor a la hora de retratar el Nottingham de 1199, The Guardian no tuvo reparos en calificarlo de "cacharro histórico", al tiempo que criticaba las lagunas de un guion "cómicamente antimedieval" que sitúa a Marian (Sophie Craig) escondida entre las monjas de un convento de clausura durante la larga ausencia de Robin (Dominic Andersen), reclutado por el rey Ricardo Corazón de León para sus campañas en el extranjero.



Carencias que un examen más minucioso elevaría considerablemente (basta fijarse en la suela de las botas de senderismo, marca Decathlon, de alguno de los personajes...), si no fuese porque la escasa calidad del producto salta de inmediato a la vista, sin necesidad de la prueba del algodón. En ese sentido, la puesta en escena del director Bill Thomas (Warwickshire, 1975) adolece de los defectos propios de una producción de bajo presupuesto a la que le sobran pretensiones y le faltan medios.

En todo caso, las continuas tomas aéreas sobre el bosque realizadas con dron o ese inquietante chirrido tan característico de la banda sonora revelan unos códigos procedentes del formato televisivo que, lejos de contribuir a engrandecer lo que debiera haber sido una relectura del mito en clave feminista, terminan convirtiéndose en un lastre que da como resultado otra entrega más de la saga que pasará sin pena ni gloria.



martes, 4 de abril de 2023

The Siege of Robin Hood (2022)




Título en español: El asedio de Robin Hood
Director: Paul Allica
Australia, 2022, 121 minutos

The Siege of Robin Hood (2022) de Paul Allica


Los cien años transcurridos entre el estreno de Robin de los bosques (1922) y The Siege of Robin Hood (2022) arrojan un balance nada desdeñable en cuanto a versiones y más versiones, unas más afortunadas que otras, en torno a la figura de un mito tan atemporal como atractivo. Quizá por ello, porque cada época se ha visto reflejada a su manera en los valores que encarna el personaje, la apariencia del mismo ha ido evolucionando en función de las modas e inquietudes que estuviesen a la orden del día en aquel momento. 

Así pues, si hace un siglo Douglas Fairbanks encarnaba un cierto ideal de masculinidad (al menos desde la óptica hollywoodense), la lectura que propone al respecto el australiano Paul Allica denota la infantilización creciente del cine y del mundo del entretenimiento en general. Y es que incluir escenas de acción a lo Jackie Chan, con los protagonistas combatiendo como si esto fuese una película de artes marciales o de samuráis (o lo que es peor: un videojuego bélico), pone de manifiesto hasta qué punto han cambiado los referentes.



Y si a todo lo anterior, que no es poco, se le añade que la cinta se rodó en un conocido parque temático de ambientación medieval, se comprenderá que no estamos precisamente ante lo que se dice una obra maestra. Sobre todo cuando, además de mezclar en la trama elementos del ciclo artúrico, se quiere hacer pasar un bosque de eucaliptos por las frondosidades inexpugnables de Sherwood. Por no mencionar a los extras, algunos de los cuales aparecen luciendo tejanos y otras prendas por el estilo.

Tampoco a nivel técnico se aprecian excesivas filigranas, más allá de alguna toma aérea realizada con dron y un uso bastante tosco de los efectos visuales y de sonido. Lo cierto es que es el propio Allica quien se lo guisa y quien se lo come, ya que además de escribir, dirigir y protagonizar la película, también es el responsable del montaje y uno de los productores. Aunque, viendo el resultado, casi mejor que se hubiese estado quietecito…



lunes, 3 de abril de 2023

Robin des Bois, la véritable histoire (2015)




Título en español: Robin de los Bosques, la verdadera historia
Director: Anthony Marciano
Francia, 2015, 93 minutos

Robin des Bois, la véritable histoire (2015)


Puede que el irreverente sentido del humor de Max Boublil, basado en una incorrección política más bien de brocha gorda, no guste a todo el mundo por igual, teniendo en cuenta que el actor y cantante francés (París, 1979) se permite incluso algún que otro comentario homófobo con tal de arrancar las carcajadas de sus seguidores. En todo caso, no parece que dicha fórmula le reportara excesivo éxito a la hora de atraer espectadores que quisieran disfrutar de esta curiosa parodia en torno a un Robin Hood de pacotilla, cobarde y embustero, que roba a los pobres para hacerse él rico.

Dirigida por Anthony Marciano (con ese apellido, cabía esperar cualquier cosa), Robin des Bois, la véritable histoire (2015) se inscribe en los mismos parámetros de un tipo de cine francés que desmiente la proverbial fama de intelectualismo con la que se suele asociar a los filmes de dicha nacionalidad. Y es que, además de las sesudas reflexiones que en su día llevaron a cabo los directores de la Nouvelle Vague, en la Francia actual también se cultiva una variante de comedia gamberra cuya única finalidad consiste en reírse de todo y de todos. Algunos ejemplos, en clave histórica, serían ¡¡¡Caverrrrnícola!!! (RRRrrrr!!!, 2004) de Alain Chabat o Los visitantes (Les visiteurs, 1993) de Jean-Marie Poiré, por no citar las astracanadas protagonizadas por el conjunto Les inconnus en las diversas entregas de Les trois frères.



Entre las extravagancias más llamativas que nos depara el guion de Marciano y Boublil destaca cómo Robin (Boublil) gira la cara con asco cada vez que le habla Petit Jean (Ary Abittan), se supone que a causa de la fuerte halitosis que padece este último, o los gallos que continuamente se le escapan al sheriff de Nottingham (Gérard Darmon) cuando quiere impostar la voz. Aunque son, sin duda, los comentarios de naturaleza sexual o sexista (dirigidos contra Marianne, interpretada por Géraldine Nakache) los que pudieran incomodar a quienes no estén avezados a la libertad de expresión tal y como la entienden en el país vecino.

Luego hay momentos verdaderamente divertidos, como ese gag en el que Robin y Fray Tuck (Malik Bentalha) pretenden hacerse pasar por los "Kask Punk", versión medieval de los Daft Punk: elemento anacrónico que no podía faltar en una cinta de tales características, por más que los decorados y los exteriores, filmados en Hungría, nos hagan creer que la acción transcurre en la Inglaterra del siglo XII.



domingo, 2 de abril de 2023

Robin Hood: Forajido, héroe, leyenda (2018)




Título original: Robin Hood
Director: Otto Bathurst
EE.UU., 2018, 116 minutos

Robin Hood: Forajido, héroe, leyenda (2018)


"¡Uf! ¡Disparan flechas como si fuesen misiles...!" Así de claro lo tenían los dependientes del 79, la conocida tienda de la calle Tallers de Barcelona donde compré, hace unas semanas, el DVD de Robin Hood: Forajido, héroe, leyenda (2018). De lo cual cabe inferir, al mismo tiempo, el escaso crédito cosechado, tanto a nivel de público como de crítica, por una superproducción de cien millones de dólares, enésima entrega de un mito que aquí se reviste con unos ropajes muy distintos a los habituales.

De entrada, viendo el insólito diseño de vestuario concebido por Julian Day, nadie diría que la acción transcurre en la Inglaterra del siglo XII. Parece, más bien, que nos hallemos en un presente posmoderno o incluso en el seno de alguna distopía futurista cuyo villano implacable es el Sheriff de Nottingham (Ben Mendelsohn). A este respecto, la estética del filme renuncia voluntariamente al rigor histórico para situar al espectador en unas coordenadas cercanas al cine de superhéroes, otorgando el protagonismo a un Encapuchado antisistema que, como Batman, oculta su verdadera identidad cuando roba a los ricos para después entregárselo a los pobres.



Aunque la puesta en escena del británico Otto Bathurst (Londres, 1971), diseñada en colaboración con el francés Jean-Vincent Puzos, también bebe de otros lenguajes, más acordes con los gustos del público adolescente al que va dirigida la película. Así, por ejemplo, los títulos de crédito son un claro homenaje al mundo del cómic, mientras que la secuencia inicial, una escaramuza entre cruzados e infieles en Tierra Santa, no sólo está filmada como si se tratase de una escena bélica protagonizada por marines estadounidenses luchando contra insurgentes iraquíes, afganos o sirios, sino que revela, además, una clara influencia del ritmo y la velocidad propia de los videojuegos.

Rodada en enclaves tan diversos como Dubrovnik (Croacia), Hungría o la parisina Cité du Cinéma, el reparto de la cinta lo encabezaron Taron Egerton, como Robin de Loxley, y Eve Hewson, la hija de Bono, cantante de U2, en el papel de una Marian más empoderada que nunca. Asimismo, el siempre bullicioso Jamie Foxx da vida a Yahya, versión actualizada de Little John, aunque heredera, a su vez, de aquel Azeem que popularizara Morgan Freeman en la ya mítica Robin Hood: Príncipe de los ladrones (Robin Hood: Prince of Thieves, 1991). En definitiva, una atípica cinta de acción, ágil y dinámica (eso nadie lo discute), pero que, tal vez por mezclar demasiadas cosas inconexas, no obtuvo el éxito esperado en taquilla.



sábado, 1 de abril de 2023

Robin Hood: Ghosts of Sherwood (2012)




Título en español: Robin Hood: fantasmas de Sherwood
Director: Oliver Krekel
Alemania/EE.UU., 2012, 116 minutos

Robin Hood: Ghosts of Sherwood (2012)


Lo que nos faltaba por ver: zombis y ritos satánicos en el bosque de Sherwood… ¡Y además en 3D! El alemán Oliver Krekel (Kassel, 1967), especialista en este tipo de productos de serie Z, se atrevió a filmar la enésima incursión en el universo robinhoodesco dotándola de un enfoque que haría las delicias de cualquier cinéfilo friki en las sesiones golfas del Festival de Sitges.

Puestos a destacar sus peores defectos (porque virtudes, propiamente dichas, ya se sabe que no cabe esperarlas en una cinta de tales características), a uno se le plantea la duda de si la banda sonora a base de sintetizadores que pretenden sonar como una orquesta sinfónica, perpetrada por Michael Donner, es más cutre que el acento yanqui del doblaje de unos actores teutones que interpretan a ingleses de pura cepa del siglo XII. Aunque mejor dejarlo en tablas y pasar adelante con esta crónica informal.

Little John (Kane Hodder) y Maid Marian (Ramona Kuen)


El caso es que en Robin Hood: Ghosts of Sherwood (2012), y perdón por el spoiler, al legendario arquero se lo cargan dos veces (huelga decir que en ambas ocasiones resucita). Porque resulta que en las profundidades de la arboleda habita una bruja con la cara llena de churretes que fabrica unas pócimas fetén. Y esa colección de potingues lo mismo sirve para reanimar a los muertos que para fabricar explosivos y hasta misiles chinos (les prometo que no exagero).

Resultado: un bodrio incontestable de casi dos horas de duración que ostenta un meritorio 1'8 sobre 10 en el ranking de IMDb. La cifra habla por sí sola y es muy probable que para los responsables de semejante engendro ello represente "motivo de orgullo y satisfacción", que diría el Emérito. A mí, por cierto (y no tengo reparos en admitirlo), me ha gustado. Sobre todo en su tramo final, cuando, de tan mala que es, acaba resultando hasta divertida.



domingo, 19 de marzo de 2023

Robin Hood: The Rebellion (2018)




Título en español: Robin Hood: La rebelión
Director: Nicholas Winter
Reino Unido, 2018, 92 minutos

Robin Hood: The Rebellion (2018)


Poco se puede decir de esta olvidable cinta, a propósito del célebre arquero de Sherwood, salvo que acredita que el mito sigue vivo. De ahí que aún continúen rodándose películas en torno a la figura de un héroe medieval cuyo espíritu parece evolucionar en consonancia con el signo de los tiempos. Robin Hood: The Rebellion (2018), escrita, dirigida, fotografiada y hasta coproducida por Nicholas Winter, obedece a unos parámetros que poco o nada difieren de los de productos televisivos como, por ejemplo, la popular serie Game of Thrones. Sin embargo, el resultado final dista muchísimo de ser mínimamente convincente.

Los actores (es un decir) interpretan sus papeles con una total falta de credibilidad, el guion (hora y media de clímax que no llega nunca a culminarse) carece por completo de interés, la puesta en escena (convencional, previsible...) abusa de recursos tan toscos como la cámara lenta. Cierto que las localizaciones y los exteriores, rodados en su mayoría en el sur de Gales, son bastante correctos, pero aún así falla lo más importante: que los hechos narrados desprendan un mínimo de verosimilitud.



Porque no cabe la menor duda de que, por muy enamorado que esté Robin (Ben Freeman) de su Lady Marian (Marie Everett), alargar innecesariamente el rescate de la joven, presa en las mazmorras del maligno Sheriff de Nottingham (James Oliver Wheatley), termina por ralentizar el ritmo de un filme que se supone de acción. Imperfecciones que, por otra parte, se pretende corregir en no pocas escenas con altas dosis de violencia gratuita.

Sin embargo, la morosidad con la que se desarrollan los combates a espada, desprovistos de cualquier atisbo coreográfico, dificulta enormemente que el espectador pueda llegar a sentirse identificado con lo que está viendo. Hasta el extremo de que se diría, ante semejante cúmulo de despropósitos, que las imágenes parece que hayan sido concebidas por y para adolescentes, quizá el único tipo de público capaz de tragarse un bodrio de tales proporciones. Desde luego, el 3'3 que le dan en IMDb parece más que justificado.



sábado, 18 de marzo de 2023

Robin Hood (2010)




Director: Ridley Scott
EE.UU./Reino Unido, 2010, 156 minutos

Robin Hood (2010) de Ridley Scott


—¿Qué sugieres? ¿Un castillo para cada hombre? 
—El hogar de todo inglés es su castillo. Lo que pedimos, majestad, es libertad. ¡Libertad por ley!

Tal vez habría que achacar el relativo fracaso comercial de Robin Hood (2010) al hecho de que no acabó de entenderse muy bien el que Ridley Scott decidiese abordar un tema para entonces tan trillado como la enésima incursión en las aventuras del célebre arquero inglés. En cualquier caso, y al margen de que una superproducción épica de tales proporciones quedase un poco en agua de borrajas, hay que admitir que el enfoque que le daba a la historia el guion de Brian Helgeland pretendía remontarse a los orígenes del personaje hasta el extremo de ofrecer una precuela aparentemente bien documentada. De ahí que se escuche hablar en francés más que en ninguna otra de las numerosas entregas que la precedieron en el tiempo (de sobras es sabido que los nobles normandos de aquel entonces se expresaban mayoritariamente en esa lengua).

Por otra parte, uno de los alicientes de la película fue, sin duda, su reparto, encabezado por el australiano (aunque neozelandés de nacimiento) Russell Crowe, colaborador habitual de Ridley Scott desde los días de Gladiator (2000), y Cate Blanchett en el papel de Marion de Loxley. Completaban el elenco nombres míticos como los del sueco Max von Sydow (Sir Walter Loxley) o William Hurt (William Marshal), así como jóvenes promesas, por ejemplo Oscar Isaac (Príncipe Juan) o Léa Seydoux (Isabel de Angulema), que ya comenzaban a despuntar. Incluso Denis Ménochet, hoy célebre por su trabajo en As bestas (2022), aparece fugazmente entre las huestes del pérfido Godofredo (Mark Strong).

El director, Ridley Scott, durante una pausa del rodaje


Curiosamente, la base de la trama radica en un equívoco: al hacerse con la corona del difunto Ricardo Corazón de León (Danny Huston), Robin y sus hombres planean regresar a Inglaterra desde Tierra Santa haciendo que el primero de ellos adopte la identidad de Sir Robert Loxley (Douglas Hodge). Arriesgada artimaña que los llevará de Jerusalén a Londres, donde harán entrega del preciado objeto a Leonor de Aquitania (Eileen Atkins) y, de paso, se verán envueltos en las muchas intrigas en las que se halla inmerso el reino.

Lo curioso del caso es que la puesta en escena, precisa en su afán por retratar una Edad Media de villorrios pestilentes, ofrece también una imagen un tanto inusual de los forajidos que habitan en las profundidades del bosque de Sherwood: apenas una camarilla de críos escrofulosos, con pinta de zombis o tribu perdida amazónica, que primero recibirán los cuidados maternales de Marion y a quienes, ya al final de las más de dos horas y media de metraje, se unirán Robin y los suyos bajo el epígrafe de "And so the legend begins..." ('Y así comienza la leyenda').



viernes, 17 de marzo de 2023

Las locas, locas aventuras de Robin Hood (1993)




Título original: Robin Hood: Men in Tights
Director: Mel Brooks
EE.UU./Francia, 1993, 104 minutos

Las locas, locas aventuras de Robin Hood (1993)


Haciendo gala de la causticidad que lo caracteriza, el incombustible Mel Brooks revisitaba los lugares comunes en torno a la figura del legendario arquero de Sherwood, sobre todo con la mira puesta en parodiar el exitoso blockbuster protagonizado por Kevin Costner apenas un par de años antes. Aunque, por otra parte, Robin Hood: Men in Tights (1993) alude también a muchos otros referentes cinematográficos o culturales que poco o nada tienen que ver con el personaje en cuestión. Así, por ejemplo, se incluyen gags que lo mismo remiten a El padrino (1972) que bromean a propósito de la religión judía.

Para el papel principal se eligió a Cary Elwes, quien tiempo atrás había protagonizado La princesa prometida (1987) a las órdenes de Rob Reiner, mientras que Roger Rees da vida al extravagante Sheriff de Rottingham y Richard Lewis es un Príncipe Juan hipersensible al ruido cuyo lunar irá sucesivamente cambiando de posición sobre su rostro conforme avance la trama. Asimismo, Amy Yasbeck interpreta a una sexy Marian férreamente protegida por su cinturón de castidad, marca Everlast, y la implacable Brunilda (Megan Cavanagh). Por último, Mark Blankfield es el ciego Blinkin ('Tuerting' en la versión castellana) y Dave Chappelle una especie de gracioso negro o donaire al estilo clásico llamado Ahchoo ("¡Jesús!").



Imposible no desternillarse de risa en algún momento con las ocurrencias (a menudo políticamente incorrectas) de estos tipos ataviados con sus ridículos leotardos verdes. De entre las muchas situaciones que se remedan, a cuál más hilarante, merece la pena destacar la típica lucha a bastonazos entre Robin y el fornido Little John (Eric Allan Kramer), sobre un minúsculo riachuelo y con palos cada vez más pequeños, o el espectacular efecto dominó de las armaduras cayendo, una tras otra, en el interior del palacio.

Ni que decir tiene que en la sátira, tal y como la concibe Brooks, los anacronismos forman parte consustancial del relato, hasta el extremo de que la comicidad (en una línea muy similar a la practicada por los británicos, y algo más intelectuales, Monty Python) nace de continuos guiños al espectador, el cual se convierte de inmediato en cómplice de los dardos envenenados del cineasta-humorista (o viceversa).

Mel Brooks en el papel de Rabino Tuckman


martes, 28 de febrero de 2023

Irati (2022)




Director: Paul Urkijo Alijo
España/Francia, 2022, 114 minutos

Irati (2022) de Paul Urkijo Alijo


La acción de Irati (2022) transcurre en un mundo arcaico de lamias (genios femeninos de extraordinaria belleza, pese a sus pies de pato, que habitan en los ríos) y gigantes de fuerza descomunal surgidos del interior de la tierra. Poco importa, pues, que tanto el espacio (Pirineos Occidentales) como la época (siglo VIII de nuestra era) aparezcan debidamente indicados al inicio del relato, ya que, en realidad, la puesta en escena de Paul Urkijo (Vitoria, 1984) opta deliberadamente por mezclar lo histórico con lo legendario. Con todo lo que ello implica: un despliegue descomunal de efectos especiales que le valieron a la película el ser aclamada en el Festival de Sitges, donde obtuvo un par de galardones, así como cinco candidaturas en la última edición de los Premios Goya.

Pero la espectacularidad de las secuencias de acción, en pleno fragor de la batalla, no impide, sin embargo, ahondar en los entresijos de una mitología autóctona cuyo origen se remonta a estadios muy primitivos de la historia del País Vasco. En ese sentido, el guion del propio director, a partir de la novela gráfica El ciclo de Irati, de Jon Muñoz Otaegui y Juan Luis Landa, nos habla de antiguas divinidades (tal vez las mismas, como la diosa Mari, que inspiraron a los hombres de las cavernas) condenadas a desaparecer ante el avance imparable de las grandes religiones monoteístas. De hecho, la trama deja entrever un evidente contraste entre la dialéctica cristiana y el imaginario del pensamiento mítico.



También aparecen tangencialmente algunos elementos sarracenos, aliados con la madre del protagonista, dando a entender que la presencia musulmana en la Península no obedeció tanto a una invasión pura y dura, sino más bien a una compleja estrategia de intereses geopolíticos. Aunque ese no es más que un tema muy secundario en una cinta que pretende explorar la dimensión telúrica de las creencias que un día sostuvieron los primeros pobladores de los valles de Euskadi.

A nivel comercial no deja de ser un reto producir un largometraje de acción y fantasía histórica íntegramente rodado en euskera, pero el entusiasmo de sus promotores (entre ellos el chef Karlos Arguiñano a través de Bainet Zinema) ha hecho posible el milagro de recrear en imágenes cómo Eneko Ximenez, también conocido como Eneko Aritza o, en castellano, Íñigo Arista, considerado el primer rey de Pamplona, intentó evitar por todos los medios que las costumbres paganas de sus ancestros fuesen definitivamente arrinconadas bajo el peso de la cultura imperante.



sábado, 25 de febrero de 2023

Robin Hood: El magnífico (1991)




Título original: Robin Hood
Director: John Irvin
Canadá/Alemania/Reino Unido/EE.UU., 1991, 104 minutos

Robin Hood: El magnífico (1991)


El mismo año en que Warner Bros. arrasaba en las taquillas de medio mundo gracias a Robin Hood: Prince of Thieves (1991), la 20th Century Fox apenas sí logró llamar la atención con una película también basada en el legendario forajido. Es posible que el sex appeal de Kevin Costner eclipsase por completo al más anodino Patrick Bergin o que la meticulosa puesta en escena del británico John Irvin, pese a lo notable de su ambientación medieval, careciese de la vivacidad made in Hollywood que Kevin Reynolds supo aportarle a la historia. En cualquier caso, lo cierto es que la cinta que nos ocupa sólo se estrenó comercialmente en cines de Europa, mientras que su exhibición en Estados Unidos y Sudamérica se llevó a cabo únicamente en formato televisivo.

Otro de los rasgos singulares de la trama, según el guion de Sam Resnick y John McGrath, es que los antagonistas pasaban a llamarse Baron Daguerre y sir Miles Folcanet, respectivamente, en lugar de los habituales Sheriff de Nottingham y Guy de Gisbourne, sin que quede muy claro si esto obedecía a una estrategia comercial para distanciarse de su "rival" hollywoodense o si los productores pensaron que sería históricamente más exacto dar nombres de origen francés a sus villanos normandos. Sea como fuere, el holandés Jeroen Krabbé y el alemán Jürgen Prochnow fueron los encargados de interpretar a uno y otro personaje.



En cuanto al resto del reparto, aparte del ya mencionado Bergin, destaca la presencia de una jovencísima Uma Thurman de apenas veinte años dando vida a Lady Marian, la cual se viste de chico para camuflarse entre los adeptos del arquero de Sherwood. Manida estratagema que, sin embargo, acabará dando sus resultados, puesto que ni siquiera el sagaz líder de los proscritos parece darse cuenta del engaño.

Por último, en el apartado técnico merece la pena hacer hincapié a propósito de la cuidada dirección fotográfica, a cargo de Jason Lehel, cuyas tonalidades frías, predominantes durante todo el metraje, sólo dejarán paso al colorido primaveral en la secuencia que cierra el filme, cuando las nupcias de los protagonistas parecen anunciar que han llegado tiempos mejores al reino de Inglaterra.



viernes, 24 de febrero de 2023

Robin Hood: Príncipe de los ladrones (1991)




Título original: Robin Hood: Prince of Thieves
Director: Kevin Reynolds
EE.UU., 1991, 155 minutos

Robin Hood: Príncipe de los ladrones (1991)


Más recordada por la machacona balada de Bryan Adams que encabezaba su banda sonora que no por sus escasos méritos cinematográficos, Robin Hood: Prince of Thieves (1991) adolece de los mismos defectos que la mayoría de blockbusters estrenados en los ochenta y primeros noventa: personajes planos, un guion repleto de tópicos y una historia tan confusa como endeble. Poco importa, puesto que el tipo de espectador al que iba dirigida prefería la acción al conflicto dramático y tanto le daba no ya el rigor histórico de los hechos expuestos, sino la propia verosimilitud de la trama.

En ese mismo orden de cosas, los diálogos contienen no pocas bromas, muchas de ellas improvisadas durante el rodaje, aportando un ligero sesgo humorístico en la línea del modelo que algunos años antes había fijado Rob Reiner con La princesa prometida (The Princess Bride, 1987). Buena parte de esas réplicas jocosas fueron ocurrencia del actor Alan Rickman (1946-2016), encargado de dar vida al malévolo Sheriff de Nottingham, en su afán por darle algo más de sustancia al personaje.



Aunque si algún atractivo tuvo la cinta para el público de aquel entonces fue la presencia estelar de Kevin Costner en el papel de antiguo cruzado que, tras regresar a su Inglaterra natal en compañía del sarraceno Azeem (Morgan Freeman), se verá obligado a vengar la memoria de su difunto padre con la ayuda de un grupo de forajidos que se oculta en las profundidades del bosque de Sherwood.

La espectacularidad de la puesta en escena, con la cámara volando sobre la punta de una flecha, por ejemplo, fue de las que marcan época, hasta el extremo de que cabría preguntarse si los organizadores de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Barcelona'92 tuvieron en mente esta película a la hora de decidir que otro arquero tan diestro como Robin de Locksley, en este caso Antonio Rebollo, encendiese el pebetero del estadio de Montjuïc bajo la atenta mirada de los espectadores de medio mundo.



sábado, 18 de febrero de 2023

Robin y Marian (1976)




Título original: Robin and Marian
Director: Richard Lester
EE.UU., 1976, 107 minutos

Robin y Marian (1976) de Richard Lester


Hay ocasiones en las que la ficción parece tan hecha a la medida de los protagonistas de una historia que las circunstancias de los personajes encajan perfectamente con las de sus intérpretes. Tal fue el caso de Sean Connery y Audrey Hepburn en Robin and Marian (1976), recreación de lo que pudiera haber sido la madurez del mítico arquero cuando, al cabo de los años, se reencuentra con su antiguo amor de juventud. 

Lo cierto es que tanto él, ahora convertido en un tipo medio calvo de poblada barba gris, como ella, metida a monja de clausura, son encarnados a la perfección por dos actores que para entonces ya habían dejado atrás el máximo esplendor de sus respectivas carreras (la Hepburn, de hecho, llevaba una década retirada de la interpretación, mientras que la imagen de Connery se hallaba lejos de la del apuesto Agente 007 que en su día le diera la fama).



Con un breve pero intenso papel, metiéndose en la piel del decrépito rey Ricardo Corazón de León, Richard Harris eleva el nivel interpretativo de la cinta hasta darle un cierto toque shakespeariano que le venía muy bien al enfoque riguroso, nada idealizado, con el que el director Richard Lester imagina una Edad Media de villorrios malolientes y llanuras polvorientas cuyos exteriores se rodaron íntegramente en España. Lo cual propició, dato curioso, que una jovencísima Victoria Abril (cuando aún firmaba con su verdadero nombre, Victoria Mérida Rojas) debutase con una fugaz aparición de inocente esposa del rey Juan (Ian Holm).

Tal y como plantea la trama, el guion de James Goldman aúna dos modelos en apariencia muy distintos. Uno sería el de la recreación histórica a lo Espartaco (Spartacus, 1960), con el grupo de forajidos entrenándose en las profundidades del bosque a las órdenes de Robin y Little John (Nicol Williamson) y a la espera de dar el gran golpe contra el poder del sheriff de Nottingham (Robert Shaw). El otro, más reflexivo, en torno a los vaivenes de una relación de pareja, remite a otro título también protagonizado por Audrey Hepburn: Dos en la carretera (Two for the Road, 1967). Sea como fuere, el caso es que el final, uno de los más emotivos que jamás se hayan filmado, aúna definitivamente los destinos de estos dos compañeros de viaje con una flecha que apunta hacia el infinito y un primer plano de unas manzanas maduras, casi podridas, que ya habían aparecido al principio del filme y que representan una metáfora explícita del final de la vida.



viernes, 17 de febrero de 2023

Las flechas de Robin Hood (1975)




Título original: Стрелы Робин Гуда
Director: Sergey Tarasov
Unión Soviética, 1975, 92 minutos

Las flechas de Robin Hood (1975)


Visto desde la óptica soviética, Robin Hood (Boris Khmelnitskiy) se nos aparece como un tipo circunspecto de negra barba cerrada y ademanes un tanto solemnes. Una formalidad que contrasta enormemente con las seis baladas pop de Vladimir Vysotsky que originariamente constituían la banda sonora de Стрелы Робин Гуда (1975). Sin embargo, la ortodoxia de las autoridades comunistas no vio con buenos ojos semejante audacia en una cinta de aventuras románticas, de modo que "se sugirió" que dichas canciones fuesen sustituidas por otras mucho más convencionales de Raymond Pauls cuya letra, por cierto, no resultaba tan incendiaria.

En ese mismo orden de cosas, también cabría achacar al sesgo ideológico de la producción, dirigida por el ruso Sergey Tarasov en los Estudios Riga de Letonia, el hecho de que el arquero de Sherwood sea presentado como un adalid de las clases oprimidas en su lucha constante contra la aristocracia parasitaria del sheriff (Ints Burans) y la élite eclesial encabezada por el insidioso obispo Gerford (Juris Strenga). Al mismo tiempo, aunque en clave ligeramente cómica, fray Tuck (Eduards Pavuls) da pruebas de un carácter libidinoso que le lleva a besarse con su amante tras el tronco de cualquier árbol.



Los exteriores de la película se rodaron en Polonia, concretamente en el Castillo de Malbork, una imponente fortaleza militar del siglo XIII, mandada construir por la Orden Teutónica, y que pasa por ser uno de los complejos medievales de ladrillo más grandes del mundo. En ese escenario tendrá lugar la tortura y posterior rescate in extremis, a punto de ser quemada en la hoguera, de Marian (Regina Razuma).

De la puesta en escena, sobria y típicamente convencional según los parámetros de las filmografías del Este, destaca, no obstante, el hecho de que las dianas utilizadas por los arqueros para medir su puntería sean simples troncos cortados por la mitad, lo cual transmite una sencillez muy alejada de la parafernalia de otras producciones artísticas en torno a la figura de Robin Hood, más vistosas, sí, pero quizá concebidas con menor rigor histórico.