Mostrando entradas con la etiqueta Richard Schweizer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Richard Schweizer. Mostrar todas las entradas

sábado, 2 de marzo de 2019

Heidi (1952)















Director: Luigi Comencini
Suiza, 1952, 97 minutos

Heidi (1952) de Luigi Comencini

Para quienes pasamos de los cuarenta, Heidi fue poco más que un candoroso dibujo animado. Sin embargo, sorprende comprobar la enorme cantidad de adaptaciones a que ha dado lugar el clásico de Johanna Spyri. La que nos disponemos a comentar no fue ni la primera (hay una versión muda de 1920 y otra, con Shirley Temple, de 1937) ni la última: en 2015 se volvía a llevar a la pantalla, con Bruno Ganz haciendo de abuelo, y una década antes, en 2005, encontramos otra entrega, con Max von Sydow y Geraldine Chaplin en papeles destacados.

Protagonizada por el mismo reparto que aquí actuó a las órdenes del italiano Luigi Comencini se llevaría a cabo, tres años después, una secuela titulada Heidi und Peter (1955), en color y bajo la dirección de Franz Schnyder. Queda clara, pues, la vigencia de un título que es en sí mismo toda una institución (lo mismo podría decirse de El Mago de Oz o, en clave más reciente, de la saga Harry Potter).



Que la pureza alpina, en contraste con la severidad urbana de la señorita Rottenmeyer, no parece pasar de moda, si bien hoy, cuando el mundo es mucho menos inocente que antaño, las travesuras de la ingenua niña (que lo mismo se guarda los panecillos para llevárselos a Pedro que hace caminar a su amiga inválida) a muchos se nos pueden antojar una historia melindrosa y sensiblera en extremo.

Por lo menos, el ver la película en la versión hablada en alemán nos ha servido para descubrir que el nombre de la protagonista se pronuncia /jáidi/ (y no /jéidi/, como siempre habíamos dicho por estos lares, tan poco políglotas, por otra parte...). En cualquier caso, el enlace que adjuntamos es el de la versión francesa (es lo que tiene la plurilingüe sociedad helvética) cuyo principal aliciente es que la voz de la protagonista fue doblada por Françoise Dorléac (1942–1967), la malograda hermana de Catherine Deneuve.


miércoles, 27 de febrero de 2019

Cuatro en un jeep (1951)




Título original: Die Vier im Jeep
Directores: Leopold Lindtberg y Elizabeth Montagu
Suiza, 1951, 95 minutos

Cuatro en un jeep (1951) de Lindtberg y Montagu


Pese a tratarse de un título sobradamente conocido (e incluso coronado, en su momento, con el Oso de oro del Festival de Berlín), se ha llamado poco la atención a propósito de las muchas semejanzas entre la película que nos ocupa y un clásico de las proporciones de El tercer hombre (1949). Véanse, si no, algunas de ellas: la acción, preferiblemente nocturna, se sitúa en la Viena ruinosa y devastada por los efectos de la Segunda guerra mundial; un personaje, al que las autoridades declaran en busca y captura, no aparecerá hasta bien entrada la acción...

Por si fuera poco, la codirectora Elizabeth Montagu también había trabajado, dos años antes, a las órdenes de Carol Reed en calidad de asesora, así como de guía del mismísimo Graham Greene en la capital austriaca, por lo que queda fuera de toda duda que los paralelismos entre ambos filmes sean casuales.



La enorme carga simbólica de ese todoterreno, a bordo del cual viajan cuatro oficiales de otras tantas nacionalidades, perfila con absoluta nitidez lo que significaría la Guerra Fría en ciudades que, como Viena o Berlín, iban a estar mucho tiempo bajo el control directo de las potencias vencedoras.

Si además interviene una belleza exótica en la trama (en ese aspecto, la sueca Viveca Lindfors sería el equivalente de Alida Valli en la ya mencionada The Third Man), es lógico que el resultado final adquiera por fuerza una mayor trascendencia, toda vez que su marido es un fugitivo que huye de los soviéticos, lo que acabó motivando las iras de la URSS.


martes, 26 de febrero de 2019

La hora de los fantasmas (1942)




Título original: Das Gespensterhaus
Director: Franz Schnyder
Suiza, 1942, 107 minutos

La hora de los fantasmas (1942)
de Franz Schnyder


Resulta realmente curioso comprobar hasta qué punto conceptos tan a la orden del día como posverdad, infoxicación o sensacionalismo estaban ya presentes en esta vieja cinta suiza a propósito de un joven reportero (Jakob Sulzer) que quiere investigar qué hay de cierto sobre los rumores de la presencia de un fantasma en una finca abandonada del casco antiguo de Berna. Una vez allí, y tras recibir el permiso de Jeannette (Blanche Aubry), la sobrina del dueño fallecido, el periodista pasará la noche reconociendo el terreno con el objetivo de documentarse.

Es decir, que en La hora de los fantasmas el espectador tiene el privilegio de asistir en directo a la fabricación de un mito, comprobando el verdadero alcance del poder de los medios de comunicación de masas en lo concerniente a establecer la verdad oficial entre la opinión pública.



Segundo trabajo en la dirección de Franz Schnyder tras el gran éxito cosechado el año anterior con Gilberte de Courgenay (1941), Das Gespensterhaus se realizó en plena guerra mundial, en un contexto en el que apenas llegaban producciones extranjeras al país helvético. En ese sentido, el cine local experimentaría un cierto apogeo, al menos cuantitativo, gracias a productoras como la Praesens-Film. El guion de esta comedia satírica fue escrito por Richard Schweizer, máximo responsable artístico de los mencionados estudios, y Kurt Guggenheim a partir de una novela de Ulrich Wichelegger.

Hay, sin embargo, algo genuinamente germánico en el trasfondo de dicha historia, en la que una sencilla noticia de la crónica de sucesos termina encubriendo una estafa de grandes proporciones. Es ese toque decadente, tan habitual en buena parte de la literatura anterior al ascenso del nazismo, y que pone de manifiesto el carácter inflacionista de una sociedad en la que, junto con la moneda, se acabarán devaluando los valores más esenciales de la moral.


domingo, 17 de febrero de 2019

Los ángeles perdidos (1948)




Título original: The Search
Director: Fred Zinnemann
Suiza/EE.UU., 1948, 104 minutos

Los ángeles perdidos (1948) de Fred Zinnemann


¿Cómo ver al Soldado Stevenson enseñando a hablar a ese chiquillo desamparado y no acordarse del doctor Itard y del pequeño Víctor en L'enfant sauvage? Truffaut, cinéfilo empedernido, a buen seguro que conocía esta película, máxime si se tiene en cuenta que fue todo un éxito comercial, avalado por el Óscar al mejor guion y un premio especial de la Academia para el niño Ivan Jandl.

The Search (que aquí se tituló Los ángeles perdidos) fue también el filme debut de un jovencísimo Monty Clift, quien encarna al convincente redentor de Karel: una de tantas criaturas desvalidas que, tras finalizar la guerra, habitaban las calles de la Alemania arrasada por las bombas. Los mismos inocentes, de hecho, que también protagonizaron otro título destacable de aquel 1948: la mítica Germania, anno zero de Roberto Rossellini.



Zinnemann, sin duda uno de los grandes directores de la historia del cine, conduce con suma maestría una trama que, como su propio nombre indica, gira en torno a una búsqueda: la de una madre desesperada (Jarmila Novotna) a la que los oficiales nazis separaron de su hijo de nueve años en Auschwitz.

Como es obvio, con semejantes elementos se podría haber caído muy fácilmente en el melodrama lacrimógeno. Sin embargo, y tal vez debido a la proximidad temporal de los hechos que se relatan, el director austriaco optó por un cierto toque documental, subrayado mediante una ocasional voz en off femenina que nos pone en situación ya desde los primeros instantes del filme. Hay, por cierto, un remake de The Search: lo dirigió el francés Michel Hazanavicius en 2014 y en Georgia, tras el éxito internacional cosechado con su anterior The Artist (2011).


domingo, 3 de febrero de 2019

La última oportunidad (1945)




Título original: Die letzte chance / Dernière chance
Director: Leopold Lindtberg
Suiza, 1945, 113 minutos

La última oportunidad (1945) de L. Lindtberg


Una huida angustiosa y agobiante, a través de los gélidos valles alpinos, en pos de la frontera suiza y al albur de lo que las circunstancias deparen: he ahí, en esencia, la sinopsis de Die letzte chance (1945), película de propaganda surgida, como tantas otras en aquel mismo período, de la factoría Praesens-Film con la clara voluntad de llamar la atención sobre las duras condiciones de vida que debían afrontar los miles de refugiados que se habían visto desplazados de sus respectivos países de origen con motivo de la conflagración mundial.

En ese aspecto, el convoy humano que integran los protagonistas posee un evidente valor metonímico en tanto que sus miembros, todos ellos de distintas nacionalidades, simbolizan el dolor de otros tantos expatriados en el mundo entero. Así pues, la mezcolanza de lenguas que se escucha a lo largo del filme (inglés, italiano, francés, alemán, holandés, serbocroata) no sólo invita a la fraternidad entre las víctimas, que se entienden sin mayor problema en el seno de esa babel bélica, llegando a cantar al unísono "Frère Jacques" (cada uno en su idioma), sino que pretende hacer visible la tragedia de tantísimos damnificados anónimos en el mundo entero.



También el rol que corresponde a cada uno dentro del grupo es bastante sintomático del papel que, en la vida real, las potencias aliadas se sentían en la obligación de desempeñar para vencer al nazismo. Así pues, dos oficiales británicos y un sargento norteamericano serán los encargados de liderar el cotarro, con el matiz, nada baladí, de que los tres habían sido, al igual que en la ficción, prisioneros de guerra que lograron asilo en Suiza. Y así, sucesivamente, el sacerdote (Romano Calò) es un remanso de paz y consuelo, sobre todo para los atribulados ancianos y niños que se van uniendo a la marcha; el científico-intelectual-erudito teutón obsesionado con preservar sus valiosos apuntes terminará por humanizarse, etc.

Por último, vale la pena señalar hasta qué punto las escenas rodadas en italiano poseen un innegable tono neorrealista, por ejemplo en el caso de la bella Tonina (Luisa Rossi), que lava sus trapos a orillas del lago como si tal cosa, o del carretero (Giuseppe Galeati), quien no sólo esconde a Halliday y Braddock en el interior de su tartana, sino que es capaz, gracias a su elocuencia, de convencer a los aduaneros fascistas de que no registren el interior, ya que, según dice, transporta mercancías para el Gobierno.


sábado, 26 de enero de 2019

Marie-Louise (1944)




Directores: Leopold Lindtberg y Hermann Haller
Suiza, 1944, 103 minutos

Marie-Louise (1944) de Lindtberg y Haller


A pesar de tratarse de una película de propaganda, Marie-Louise posee el encanto de la inmediatez: esa extraña emoción que traspasa los límites de lo ficticio y que apenas se alcanza cuando los acontecimientos narrados tienen su correlato directo en la más cruda realidad. En dicho sentido, la última imagen del filme —un primer plano del cartel colgado a la entrada del campamento infantil en el que puede leerse Soyez les bienvenus— aspiraba a influir sobre la conciencia del espectador para que saliera de la sala de proyección dispuesto a amparar a cuantos refugiados llegasen al país huyendo de la barbarie nazi.

La neutral Suiza, enclave de paz y prosperidad en el corazón de Europa, pretendía contribuir con "Un film profondément humain" (como indica su eslogan publicitario) al auxilio de las criaturas que hubiesen perdido sus hogares a consecuencia de los bombardeos sobre territorio francés durante la Segunda Guerra Mundial. A fin de cuentas, se trataba de un país hermano y la productora Praesens ponía así su grano de arena para solventar la terrible crisis humanitaria desatada en ciudades como Ruan, la capital de Normandía.



De allí precisamente procede Marie-Louise Fleury, la protagonista, una niña espigada y pizpireta que será acogida con los brazos abiertos por la amantísima familia Rüegg. Afectuosa hasta tal punto que la cría, cuando llegue el momento de regresar a su país, preferirá abandonar el tren y darse a la fuga para reunirse de nuevo con sus benefactores.

Como es obvio, son muchos los momentos de hondo patetismo en una producción cinematográfica que, como ésta, aspiraba a tocar la fibra del público. Por ejemplo, la escena del entierro, en la que la cámara se va deteniendo ante el féretro de cada uno de los miembros de la familia Fleury muertos a consecuencia de las bombas mientras la voz en off de los difuntos glosa quiénes fueron y qué es lo que ya no podrán ser... Se comprenderá, por tanto, que la Academia de Hollywood, en un gesto insólito, premiase por primera vez en la historia un filme de habla no inglesa en la categoría de Mejor guion.