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sábado, 14 de marzo de 2020

Abre los ojos (1997)




Director: Alejandro Amenábar
España/Francia/Italia, 1997, 117 minutos

Abre los ojos (1997) de Alejandro Amenábar

Si no fuera porque, a priori, Alejandro Amenábar y Mateo Gil parecen dos tipos cuyos referentes están a años luz de nuestro Siglo de Oro, se diría que a la hora de escribir el guion de Abre los ojos tuvieron en mente La vida es sueño de Calderón de la Barca. Porque a su protagonista, César (Eduardo Noriega), le ocurre un poco lo mismo que al Segismundo calderoniano, quien, tras haber pasado un tiempo en la corte del rey de Polonia, vuelve a despertar en la torre que había sido su prisión desde que naciera.

¿Qué es verdad qué es mentira...? Lo único cierto es que, al plantear la existencia de realidades paralelas, la película que nos ocupa se avanzaba en dos años a Matrix (1999), si bien su estilo bebe menos de la ciencia ficción y muchísimo del thriller. Tiene, asimismo, algo de El hombre elefante (1980) de David Lynch o incluso de Los ojos sin rostro (1960) de Georges Franju, probablemente más por azar que no por voluntad expresa de sus creadores.



Sin embargo, las continuas alusiones a los sueños o a la criogenización sitúan el relato en una tesitura que llega a poner en tela de juicio los límites de la realidad hasta hacernos dudar de nuestra propia existencia. A este respecto, el imperativo del título supone una invitación a cuestionarse desde una nueva óptica todo aquello que nos rodea, máxime cuando la ciencia hace ya tiempo que demostró cuán poco fiables son las percepciones sensoriales.

Queda, al margen de su potente carga filosófica, una historia de amor imposible: la de un joven que se enamora perdidamente de una chica que sólo existe en su vida onírica (Penélope Cruz); o que ve cómo una intrusa (Najwa Nimri), procedente de sus pesadillas más recurrentes, usurpa la personalidad de aquélla hasta desconcertar a César y al propio espectador a propósito de cuál es la auténtica. ¿Y si todos nosotros no fuésemos más que imágenes de un mundo imaginario? Al borde del abismo, desde lo alto de la Torre Picasso, o en plena Gran Vía madrileña, inusualmente desierta, César podría decir con Segismundo aquello de: "el vivir sólo es soñar; / y la experiencia me enseña / que el hombre que vive sueña / lo que es hasta despertar..."


miércoles, 6 de junio de 2018

El método (2005)




Director: Marcelo Piñeyro
España/Argentina/Italia, 2005, 115 minutos

El método (2005) de Marcelo Piñeyro


Bon dia i benvinguts. Com ja els vam avançar, aquesta és la darrera fase del procés de selecció per accedir al càrrec de director comercial de Dekia. Vostès són els últims aspirants. Sabem que aquesta no és una prova habitual. Seguim el protocol establert per la nostra central a Suècia. Si en algun moment consideren que alguna de les propostes que els farem no és acceptable per a vostès poden abandonar el procés. La porta és oberta. Si surten d'aquesta sala, però, sigui pel motiu que sigui, entendrem que renuncien a continuar aspirant al càrrec.

Jordi Galceran
El mètode Grönholm

Recuerdo que un grupo de profesores fuimos a ver El mètode Grönholm al teatro Poliorama el 16 de diciembre de 2005 y que al día siguiente, sábado, le tocó el turno a la película, esta vez en el cine Boliche. Es más: años después, con motivo de su reposición, volvería a ver la obra el 3 de febrero de 2011, ahora con alumnos y de nuevo en el Poliorama.

Lo curioso del caso es que, en aquel entonces, la adaptación cinematográfica no me acabó de convencer, quizá porque, teniendo tan reciente el montaje teatral, uno tiende sin darse cuenta a comparar. Sobre todo tratándose de dos planteamientos tan distintos. Efectivamente, mientras el texto de Jordi Galceran, a pesar de la profundidad implícita en su análisis de los competitivos procesos de selección, no deja de ser una comedia, la película del argentino Marcelo Piñeyro, en cambio, es mucho más despiadada.



Revisada al cabo de los años, sin embargo (y ya sin el condicionante del modelo que la inspiró), compruebo con satisfacción que El método, como el buen vino, ha ganado enteros. De entrada, por haber sabido anticipar no sólo la crisis económica, sino los movimientos ciudadanos de protesta, que en el filme aparecen como trasfondo y que, en la vida real, no cuajarían hasta el 15-M de seis años más tarde. Pero también, y de un modo especial, porque los siete candidatos están magistralmente interpretados por un elenco de actores bastante notable.

Que, como suele suceder con todas las historias que transcurren en el interior de una sala cerrada a cal y canto donde un grupo de personas debe tomar una decisión, terminan por recordarnos a los Doce hombres sin piedad (1957) de Sidney Lumet. O incluso, aunque menos, a aquellos Diez negritos de Agatha Christie, por el hecho de que los aspirantes van siendo gradualmente eliminados. De cualquier modo, la competitividad y la acritud a la que deben hacer frente para ocupar un puesto ejecutivo en Dekia, lo mismo en 2005 que en 2018, no sólo mantiene su vigencia, sino que sigue dando pie a filmes similares, como la francesa Corporate que ayer ya tuvimos ocasión de comentar en la entrada anterior.