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sábado, 27 de junio de 2020

La vida de Brian (1979)




Título original: Life of Brian
Director: Terry Jones
Reino Unido, 1979, 94 minutos

La vida de Brian (1979) de Monty Python

Pocas veces una comedia ha levantado tantas ampollas. Aunque, bien mirado, si se tiene en cuenta que su temática es bíblica y que los encargados de contar la historia no fueron otros sino los corrosivos Monty Python, se comprenderá enseguida la controversia generada por Life of Brian. Sobre todo considerando que la cinta, desternillante como pocas, acababa con sus protagonistas crucificados mientras cantan (y silban) aquello tan ¿optimista? de "Always Look on the Bright Side of Life".

Haciendo un juego de palabras propio de los componentes del grupo, podría decirse que la máxima oposición contra un filme cuyo estreno mundial tuvo lugar en Nueva York y en el que, aparentemente, se ridiculizaba la Pasión de Cristo vino de la "Casa Blanca". Pero no de la residencia oficial y centro de trabajo del presidente de los Estados Unidos, sino de la rancia cofundadora del Nationwide Festival of Light: una tal Mary Whitehouse (1910-2001) que se dedicó a impulsar piquetes, a lo largo y ancho del Reino Unido, en aquellos cines que se atreviesen a proyectar el filme.



En realidad, todo este tipo de campañas ultrapuritanas no hicieron otra cosa sino contribuir a darle todavía más publicidad a una película repleta de gags memorables y que, con bastante frecuencia, ha sido considerada la obra cumbre de sus autores. De hecho, así lo manifiestan los propios integrantes de la compañía en el documental incluido en los extras del DVD. El mismo en el que hoy pueden admirarse las escenas que en su momento quedaron fuera del montaje definitivo y cuya perla más valiosa es la que protagonizaba un cruce entre nazi y sionista llamado Otto (Eric Idle) que en el desenlace de la versión actual sólo aparece, fugazmente, acompañado de un comando suicida.

Parodia descarada, en muchos aspectos, de Ben-Hur (1959), Espartaco (1960) o Rey de reyes (1961), los elementos satíricos de Life of Brian abarcan una amplia gama de matices que van desde la mofa política a costa del Frente Popular de Judea hasta el humor de brocha gorda mostrado durante la dilapidación o, incluso, el más puro chiste escolar (caso del centurión que riñe al protagonista, no tanto por haberlo pillado in fraganti haciendo pintadas subversivas, sino por no saber declinar correctamente en latín). Todo un surtido de inteligentísima causticidad que, sin embargo, les valió a sus creadores la acusación de blasfemos. Lo cual no deja de ser, en sí mismo, una profunda contradicción con la propia esencia del cristianismo, ya que, en definitiva, ¿qué clase de Dios es el que no tolera una broma?


sábado, 6 de abril de 2019

Los héroes del tiempo (1981)




Título original: Time Bandits
Director: Terry Gilliam
Reino Unido, 1981, 116 minutos

Los héroes del tiempo (1981) de Terry Gilliam


Sólo la fecunda imaginación de los Monty Python Terry Gilliam y Michael Palin podía concebir una banda de ladrones enanos dedicada a los viajes en el tiempo. Dicho y hecho: con su habitual creatividad desbordante y cáustico sentido del humor, Time Bandits lo mismo discurre durante las campañas napoleónicas que en plena Edad Media; nos conduce ante el mítico rey Agamenón (que, según parece, era igualito que Sean Connery) o presenta a Robin Hood (John Cleese) como si fuese el Duque de Kent saludando a los futbolistas antes de un encuentro ("Jolly good! Jolly good!"). Y eso sin mencionar que tanto el Diablo (David Warner) como el mismísimo Creador del Universo (Ralph Richardson) cuentan con papeles destacados en el reparto.

Un agujero negro en el interior del armario de la habitación de Kevin (Craig Warnock), un niño ignorado por sus padres (a quienes parecen interesarles más los electrodomésticos ultramodernos o los estúpidos concursos televisivos en lugar de su propio hijo) que acabará refugiándose en un mundo de fantasía en el que no hay límites y donde todo es posible. Planteamiento del que, años más tarde, se servirá Guillermo del Toro en El laberinto del fauno (2006), pero que en el caso de Time Bandits tiene su referente más inmediato en El Mago de Oz (1939).



Desde los enanitos, que recuerdan a los Munchkins, hasta el detalle de que, una vez despierto, Kevin comprueba con sorpresa que el jefe de bomberos comparte un enorme parecido físico con el rey Agamenón, todo concuerda puntualmente con el recorrido que Dorothy y sus amigos llevan a cabo desde Kansas hasta la Ciudad Esmeralda.

El ex Beatle George Harrison tuvo mucho que ver en la producción de esta película, llegando a hipotecarse para obtener los cinco millones de dólares que costó el rodarla (recaudaría más de cuarenta y dos...). El tema central de la banda sonora, "Dream Away", también es suyo.


martes, 19 de marzo de 2019

La bestia del reino (1977)
















Título original: Jabberwocky
Director: Terry Gilliam
Reino Unido, 1977, 105 minutos

La bestia del reino (1977) de Terry Gilliam

La típica historia del dragón que asola y atemoriza a los desamparados habitantes de un reino medieval adquiere, en manos de los británicos Monty Python, una dimensión insólita vista a través del prisma de su corrosivo humor negro. Porque, lejos de tratarse de una ingenua comedia intrascendente (como erróneamente podrían pensar quienes confundan humorismo con humorada), lo cierto es que Jabberwocky encierra una cáustica (a la vez que inteligente) reflexión en torno a los tejemanejes del poder y demás intrigas palaciegas.

De entrada, llama poderosamente la atención lo bien recreada que aparece la Edad Media en esta película, con sus súbditos misérrimos y la mugre por doquier. Habría que esperar casi una década para que otro filme, El nombre de la rosa (1986) de Jean-Jacques Annaud, igualase semejante dosis de realismo, pues ni siquiera John Boorman pudo sustraerse en su afamada Excalibur (1981) a la tentación de idealizar dicho período histórico según los clichés fijados por el Romanticismo decimonónico.



Aunque luego están, por supuesto, los anacronismos de los que intencionadamente se sirven Terry Gilliam y los suyos, desde una fugaz alusión a los Hermanos Marx hasta esas patatas "precolombinas" que regala y aun devora con canina avidez la oronda Griselda (Annette Badland). O el detalle tremendista de las salpicaduras de sangre con las que, paulatinamente, irán siendo recubiertos los impasibles miembros de la familia real que asisten desde su palco a un encarnizado torneo.

Todo un recital de inventiva al servicio del atolondrado Dennis Cooper (Michael Palin) cuyas "aventuras" son fiel reflejo de su carácter antiheroico. De hecho, el propio nombre del personaje revela abiertamente la condición caricaturesca del mismo, toda vez que, en inglés, cooper significa "tonelero", que es el oficio que desempeñaba el difunto padre del protagonista.