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domingo, 15 de diciembre de 2024

Piraña (1978)




Título original: Piranha
Director: Joe Dante
EE.UU./Japón, 1978, 94 minutos

Piraña (1978) de Joe Dante


Resulta inevitable acordarse de Tiburón (1975) cuando vemos cundir el pánico entre los personajes de Piranha (1978). De hecho, el parecido entre ambas producciones, totalmente intencionado, por cierto, no sólo suscitó las iras de la Universal, sino que a punto estuvo de costarle una querella a Roger Corman, productor ejecutivo de la cinta. No obstante, la intercesión del propio Spielberg, encantado con la película, evitó que la cosa llegase a mayores.

El caso es que su director, el mismo Joe Dante que años más tarde iba a ser el responsable de títulos tan emblemáticos como Aullidos (1981), Gremlins (1984) o El chip prodigioso (1987), acometió la puesta en escena con una clara intención referencial, motivo que explicaría la enorme cantidad de alusiones, veladas y explícitas, a los voraces habitantes de las profundidades acuáticas. Así pues, una trucha que se dora en una sartén, unas imágenes emitidas desde algún televisor, una bañista que está leyendo Moby Dick... nos recuerdan continuamente la presencia del peligro que acecha bajo las aguas.



Aunque aparte de pirañas mutantes, fruto de antiguos experimentos secretos con la mira puesta a infestar de dientes afilados los ríos norvietnamitas, el guion de John Sayles implica también una historia de amor latente entre Maggie (la canadiense Heather Menzies-Urich) y el alcoholizado Grogan (Bradford Dillman). Relación que se verá entorpecida, ni que decir tiene, por los continuos contratiempos a que ambos deben hacer frente.

La intervención del ejército, tras una sangrienta masacre, pone punto y final a la tragedia, si bien las últimas palabras de la doctora Mengers (Barbara Steele), con el telón de fondo de las aguas enrojecidas del mar, hacen presagiar lo peor... Desenlace abierto, por lo tanto, que dejaba abierta la puerta, asimismo, a una posible secuela, como así fue cuatro años más tarde, dirigida, entre otros, por James Cameron.



domingo, 19 de abril de 2020

El péndulo de la muerte (1961)




Título original: Pit and the Pendulum
Director: Roger Corman
EE.UU., 1961, 77 minutos

El péndulo de la muerte (1961)
de Roger Corman

Estremeciéndome de pies a cabeza, me arrastré hasta volver a tocar la pared, resuelto a perecer allí antes que arriesgarme otra vez a los horrores de los pozos —ya que mi imaginación concebía ahora más de uno situados en distintos lugares del calabozo. De haber tenido otro estado de ánimo, tal vez me hubiera alcanzado el coraje para acabar de una vez con mis desgracias precipitándome en uno de esos abismos; pero había llegado a convertirme en el peor de los cobardes.

Edgar Allan Poe
El pozo y el péndulo
Traducción de Julio Cortázar

Ya desde sus psicodélicos títulos de crédito iniciales, Pit and the Pendulum es un cromo lisérgico rebosante de los tópicos más frecuentes en el cine de terror de los años sesenta, desde las mazmorras de cartón piedra de un castillo repleto de telarañas hasta los primeros planos del rostro perturbador de Vincent Price. No faltan, asimismo, los rayos y truenos en un paraje inhóspito al borde de un acantilado solitario ni la celda de castigo en donde un antiguo inquisidor español torturó a no pocos reos valiéndose de los más sofisticados aparatos para el tormento.

La acción transcurre en 1546 en una remota fortaleza cuyo propietario, Nicolás Medina (Price), vive atenazado por el recuerdo de una vivencia traumática que marcó su infancia. Éste, individuo inestable al que la reciente muerte de su esposa ha terminado sumiendo en un permanente estado de desasosiego, cuenta, desde hace algún tiempo, con la compañía de su hermana Catherine (Luana Anders) quien, procedente de Barcelona, procura hacerle más llevadera su tristeza.



Sin embargo, la visita inesperada del inglés Francis Barnard (John Kerr), hermano de la difunta, coincidirá con una serie de fenómenos extraños que van a poner en entredicho que Elizabeth (Barbara Steele) esté realmente muerta.

Con un guion del novelista Richard Matheson, basado, a su vez, en el relato homónimo de Edgar Allan Poe, El péndulo de la muerte posee el característico brío de las producciones de Roger Corman, si bien adolece de alguna que otra imprecisión histórica e incluso lingüística, como esa manía que tienen los personajes de utilizar el término doña como si fuese sinónimo exacto de señora. De ahí que sus diálogos abunden en expresiones graciosísimas del tipo "¡Hola, doña!" o "¡Adiós, don Medina!" Con todo y con eso, la cinta, magistralmente fotografiada por Floyd Crosby en formato Panavisión, se deja ver con agrado.


viernes, 1 de septiembre de 2017

Vinieron de dentro de... (1975)




Título original: Shivers
Título alternativo: They Came from Within
Director: David Cronenberg
Canadá, 1975, 88 minutos

Historias del Cronen(berg)

Vinieron de dentro de... (1975) de David Cronenberg


Puede que no sea el filme más recordado de su director (por lo menos a nivel popular), pero quienquiera que vea Shivers enseguida reconocerá en él las fuentes de las que bebió el joven Cronenberg, así como la influencia que éste ejercería de inmediato sobre otros autores. Respecto a lo primero, cabe destacar la inexcusable referencia a La noche de los muertos vivientes (1968), sobre todo cuando Roger (Paul Hampton) se vea rodeado por hordas de infectados que lo empujan irremisiblemente hacia la piscina donde tendrá lugar el gran desenfreno orgiástico final. En cuanto a influencias, no hubo que esperar demasiado: apenas cuatro años después, la primera entrega de Alien demuestra bien a las claras hasta qué punto Ridley Scott se había empapado del universo del canadiense, haciendo que su criatura extraterrestre también brotara de las entrañas de las víctimas.

Premiada en Sitges hace más de cuarenta años, They came from within dista bastante de ser una película redonda, aunque ya está latente en ella una pulsión que recorrerá la posterior filmografía de David Cronenberg, con títulos como La mosca (1986), El almuerzo desnudo (1991), Crash (1996) o Spider (2002). Así pues, desde las diapositivas iniciales, típica muestra de spot publicitario destinado a la promoción de una zona residencial de apartamentos tan prefabricada como inquietante, percibimos que el hipotético bienestar que se le presupone al progreso no siempre acarrea las mejores consecuencias.



Es éste un discurso habitual del contexto histórico en el que se gestó la película, el de la crítica del carácter alienante que en las sociedades capitalistas suele tener el modo de vida masificado de las grandes ciudades, en especial a raíz del boom inmobiliario, por más que se publiciten las bondades de sus confortables y, en teoría, exclusivos barrios de diseño. 

Pero no acaba ahí el desasosiego que se deja entrever en Vinieron de dentro de... El otro gran tema que plantea remite directamente a cómo se conciben las relaciones interpersonales en dicha civilización ultramoderna. Unos vínculos afectivos en los que el sexo aparece sobredimensionado y que, tal vez por ello, llevan a Cronenberg a imaginar un mundo en el que una especie de sanguijuela feroz se introduce en los cuerpos de la gente para convertirlos en sátiros libidinosos, sedientos de perpetuar la pandemia en otros organismos. ¿Metáfora de las enfermedades venéreas? ¿Alegoría de la obsesión por la sexualidad? ¿Visión punitiva de la promiscuidad en la que desembocó la liberación sexual de finales de los sesenta? El escenario mostrado por el director queda abierto a esas y a otras posibles lecturas. En todo caso, llama la atención lo actual de dicho planteamiento, no sólo por el anunciado remake de Shivers, sino porque en 2014 David Robert Mitchell ya llevó a cabo una particular puesta al día de las mismas ideas con la aclamada It Follows. Desde luego, todo vuelve.