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domingo, 19 de abril de 2026

Una mariposa sobre el hombro (1978)




Título original: Un papillon sur l'épaule
Director: Jacques Deray
Francia, 1978, 95 minutos

Un papillon sur l'épaule (1978) de Jacques Deray


Partiendo de un planteamiento remotamente similar al de Con la muerte en los talones (1959), la producción francesa (rodada en Barcelona) Un papillon sur l'épaule (1978) ofrece una lectura aún más sombría, más kafkiana, de la insignificancia del individuo frente a la maquinaria de las instituciones. De ahí que su protagonista, un simple ciudadano a merced de los caprichos del destino, experimente (y nosotros con él) la continua sensación de no saber bien bien qué es lo que ocurre a su alrededor.

Así pues, Roland Fériaud (Lino Ventura) llega a la Ciudad Condal por vía marítima para, acto seguido, hospedarse en el mítico Hotel Colón. Sin embargo, antes incluso de instalarse en su habitación, escucha los estertores de alguien que agoniza en la de al lado. Y ahí empieza todo: una pesadilla de la que despertará, dos días más tarde, en un misterioso hospital psiquiátrico casi vacío, tan vetusto como inquietante...



Por otra parte, Barcelona no es retratada como la ciudad turística y vibrante que hoy conocemos, sino que bajo la lente de Deray y la fotografía de Jean Boffety y Jean Charvein pasa a ser un escenario frío, desangelado y hostil en el que los edificios modernos de hormigón y los pasillos clínicos acentúan la sensación de aislamiento del protagonista. No falta, eso sí, el habitual macguffin al más puro estilo hitchcockiano, aquí en forma de maletín que unos y otros le reclaman reiteradamente al pobre Fériaud, sin que éste sepa de qué le hablan.

A grandes rasgos, la puesta en escena de Jacques Deray, libre adaptación (a cargo de Jean-Claude Carrière y Tonino Guerra) de la novela de John Gearon The Velvet Well, discurre por los cauces del cine de suspense, si bien deja entrever en el fondo un entramado conspiranoico que jamás llega a esclarecerse del todo. No obstante, la atmósfera opresiva de tintes oníricos que se respira en todo momento propicia que la película, pese a flirtear con el género del espionaje, se decante hacia el postulado de que el individuo es una pieza sin apenas valor en un desconcertante juego de ajedrez geopolítico o burocrático.



miércoles, 25 de septiembre de 2024

Marcello mío (2024)




Título original: Marcello mio
Director: Christophe Honoré
Francia/Italia, 2024, 120 minutos

Marcello mío (2024) de Christophe Honoré


Inclasificable en la misma proporción que la mayor parte de títulos que integran la filmografía del francés Christophe Honoré, Marcello mio (2024) bebe de fuentes tan diversas como la comedia, el musical o la ficción documental. Aunque es, por encima de todo, el homenaje personalísimo de una hija al padre y actor mítico cuyo centenario se conmemora estos días. Hasta el extremo de que Chiara termina por adoptar la personalidad de quien, además de su apellido y unos inconfundibles rasgos faciales, le transmitió también la pasión por el arte interpretativo.

A este respecto, se da la circunstancia de que muchos de los miembros del reparto se interpretan a sí mismos, lo cual no hace sino incrementar la sensación de que todo queda en familia. Así pues, Catherine Deneuve encarna a la madre que ve con preocupación la deriva que gradualmente toman los acontecimientos, en un juego en el que intervienen por igual la nostalgia y la atracción obsesiva hacia la figura paterna.



Al mismo tiempo, la puesta en escena de Honoré acentúa el carácter histriónico de un personaje que, al resucitar en pleno siglo XXI, pierde su aureola de latin lover para adoptar un aire más chaplinesco. De ahí que al emular el icónico baño en la Fontana di Trevi de La dolce vita (1960) la policía lo detenga como si de un loco se tratase.

A fin de cuentas, la transmutación que lleva a cabo Chiara, por más que ella se meta en el personaje, ni siquiera logrará convencer a Stefania Sandrelli durante el transcurso de un peculiar espacio televisivo en el que compiten diversos dobles o versiones de Mastroianni. Y es que, en definitiva, la película aspira a ser una especie de exploración tragicómica en torno a temas como la construcción de la identidad, determinados fantasmas familiares o el legado artístico sin que tampoco llegue a quedar muy claro cuál de ellos sería el más determinante.



sábado, 30 de diciembre de 2023

Operación Ogro (1979)




Título original: Ogro
Director: Gillo Pontecorvo
Italia/España, 1979, 105 minutos

Operación Ogro (1979) de Gillo Pontecorvo


Con el asesinato del almirante Luis Carrero Blanco, hace ahora medio siglo, se cerraba toda posibilidad a que el régimen franquista pudiese perpetuarse tras la muerte del dictador. Más aún, la imagen del coche del Presidente del Gobierno volando por los aires, víctima del brutal atentado terrorista perpetrado por ETA, hasta precipitarse en un patio interior de la madrileña calle de Claudio Coello permanece intacta en la memoria de muchos españoles. Y todo gracias a la excelente reconstrucción llevada a cabo por el cineasta italiano Gillo Pontecorvo (1919-2006) en su película Operación Ogro (1979), uno de aquellos casos en los que la imagen cinematográfica se ha acabado imponiendo a la evidencia histórica.

Pero, al margen de ese preciso momento, el resto de la cinta recrea sólidamente los preparativos del comando encargado de excavar un túnel en los bajos de un edificio situado en las inmediaciones del recorrido que Carrero, hombre metódico de costumbres fijas, realiza invariablemente cada mañana a bordo de su imponente Dodge 3700 GT, de alrededor de 1800 kilos de peso, después de oír misa en la iglesia de San Francisco de Borja.

Emilio Ruiz del Río (al fondo) en la maqueta de la calle Claudio Coello


Dado que se trataba de una coproducción, en el reparto intervinieron actores españoles (Pepe Sacristán, Ángela Molina, Eusebio Poncela), italianos (Gian Maria Volontè, Saverio Marconi) y franceses (Nicole Garcia, Féodor Atkine). La banda sonora corrió a cargo de Ennio Morricone, un habitual en este tipo de producciones del cine político por entonces tan en boga. De la impecable puesta en escena ideada por Pontecorvo y su equipo de guionistas baste decir que transcurre a caballo entre 1978, ya en plena Transición, y los días previos al magnicidio, en 1973.

Se ha especulado muchísimo a propósito de cómo pudo un grupo armado planificar semejante acción a escasos metros de la embajada estadounidense sin levantar sospechas, llegándose a sugerir si la CIA estaba al corriente de sus movimientos y simplemente se limitó a dejarlos ejecutar el "trabajo sucio". Aunque eso serían ya conjeturas que exceden el marco de los hechos aquí descritos. Desde el punto de vista estrictamente narrativo, lo que merece la pena destacar es la tensión dramática entre los personajes de Izarra (Volontè) y Txabi (Poncela), encarnaciones respectivas de cómo unos y otros traicionaron o bien defendieron los ideales por los que luchaban.



martes, 18 de julio de 2023

El adversario (2002)




Título original: L'adversaire
Directora: Nicole Garcia
Francia/Suiza/España, 2002, 129 minutos

El adversario (2002) de Nicole Garcia


De las tres películas basadas en el fatídico affaire Romand (aquel ciudadano francés que asesinó a los miembros de su familia justo antes de que se descubriera que había estado llevando una doble vida durante casi veinte años), L'adversaire (2002) es, sin lugar a dudas, la más truculenta de todas ellas. Entre otras cosas porque su directora, la también francesa Nicole Garcia, se ciñó con bastante fidelidad, a diferencia del enfoque un tanto libre que adoptaron, respectivamente, Laurent Cantet en L'emploi du temps (2001) y Eduard Cortés en La vida de nadie (2002), a los hechos descritos en la novela homónima de Emmanuel Carrère.

A este respecto, la cinta que nos ocupa presenta al protagonista (interpretado por Daniel Auteuil) como un hombre que rezuma tristeza. De lo cual se deduce que no le mueve tanto la vanidad, sino el temor de defraudar las expectativas que los demás han ido depositando sobre él. De ahí la lucha interna de quien se debate entre admitir su fracaso o bien preservar a toda costa la reputación de triunfador que se le presupone.



Valiéndose de una estructura con continuos saltos temporales, la acción transcurre alternativamente entre un pasado inmediato donde se prefiguran los hechos y el presente lamentable en el que se consuma la tragedia. Días grises de un individuo que se hace pasar por funcionario de la Organización Mundial de la Salud mediante un frágil sistema de equilibrios que tarde o temprano acaba saltando por los aires. Como la confianza de la esposa crédula (Géraldine Pailhas) o la de los familiares y amigos que le confiaron sus ahorros para que los invirtiese en Suiza.

Entre ese círculo de íntimos se halla el fiel Luc (François Cluzet), pero también una amante desquiciada (Emmanuelle Devos) con cuyas declaraciones a la policía se puede ir completando el rompecabezas de una trama construida en torno a una mentira. Y cuando se precipiten los acontecimientos y Jean-Marc (Auteuil) ejecute la sentencia final que se ha ido cociendo a lo largo de todo el relato (con confesión filmada en vídeo incluida) se materializará ante los ojos del espectador una atrocidad que pudiera recordar a la plasmada por Haneke en El séptimo continente (1989).



martes, 11 de abril de 2023

Una bonita mañana (2022)




Título original: Un beau matin
Directora: Mia Hansen-Løve
Francia/Reino Unido/Alemania, 2022, 112 minutos

Una bonita mañana (2022) de Mia Hansen-Løve


Desde que se separó del padre de su hija, Sandra (Léa Seydoux) lleva cinco años dedicada casi en exclusiva a sus labores como traductora e intérprete, así como a cuidar de su padre (Pascal Greggory), aquejado de una enfermedad neurodegenerativa cuyos síntomas se van agravando día tras día. Hasta que, de pronto, reaparece en su vida Clément (Melvil Poupaud), un viejo amigo, cosmoquímico de profesión, con el que rápidamente entabla un tórrido romance. El único y gran problema, sin embargo, radica en que Clément es un hombre casado, con todos los inconvenientes que ello conlleva...

A fuerza de constancia, la cineasta francesa Mia Hansen-Løve (París, 1981) ha ido construyendo una sólida filmografía en la que Un beau matin (2022), su octavo largometraje, certifica la madurez creativa de una autora que, ya desde sus primeros trabajos, se ha distinguido por cultivar una voz absolutamente personal. Algo que, en el caso que nos ocupa, adquiere tintes autobiográficos cuando la protagonista encuentra entre los papeles del viejo Georg un emotivo poema que fue escrito, en realidad, por el padre de la propia realizadora poco antes de que éste falleciese.



Y es que el punto de inflexión en el que se encuentra Sandra, a medio camino entre la pasión amorosa y el duelo ante el progresivo declive de la figura paterna, la convierten en una mujer con los sentimientos a flor de piel, capaz de emocionarse hasta el extremo de arrancarle a Clément la promesa de que, si siguen juntos al cabo de treinta años y ella empieza a manifestar los mismos síntomas que padece su padre, aquél le aplicará la eutanasia.

La luminosidad de las imágenes, unida al colorido con el que se captan, por ejemplo, los libros de la biblioteca familiar (pinceladas, según afirma la hija, que constituyen la vida de una persona), da como resultado una puesta en escena sensorial, aunque lánguida al mismo tiempo, en la que la música de Schubert (el Andantino de la Sonata nº 20) o las piezas para piano del sueco Jan Johansson (1931-1968) adquieren vital importancia a la hora de crear una determinada atmósfera, a veces intimista y a ratos melancólica, que desemboca, no obstante, en un final esperanzador (la "bonita mañana" a la que alude el título) sobre el horizonte parisino.



lunes, 3 de junio de 2019

Clara y Claire (2019)




Título original: Celle que vous croyez
Director: Safy Nebbou
Francia/Bélgica, 2019, 101 minutos

Clara y Claire (2019) de Safy Nebbou

Y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son, 
aunque ninguno lo entiende...

Las denominadas redes sociales reciben tal apelativo porque teóricamente nos interconectan, aunque, como a la protagonista de Celle que vous croyez (2019), también pueden atraparnos. Sobre todo si, amparándose en el relativo anonimato que ofrecen, uno cae en la tentación de parapetarse tras un perfil falso.

En ese aspecto, la película de Safy Nebbou no gira tanto en torno al dilema moral de si mentir puede acarrear fatales e inesperadas consecuencias (que también), sino, de un modo especial, a propósito del problema de la identidad en las sociedades modernas.

¿Que las mujeres, principalmente a partir de una cierta edad, se vuelven invisibles? Ningún problema: internet nos brinda la posibilidad de crear un alter ego virtual, joven y apetecible, capaz de mantener vivo el encanto que, en el riguroso mundo sensible, los estragos del tiempo se empeñan en marchitar.



De ahí que Claire, la profesora universitaria encarnada por Juliette Binoche, le confiese a su terapeuta (Nicole Garcia) que, más que hacerse pasar por una joven de veinticuatro años, ella siente que tiene esa edad cada vez que contacta con Alex (François Civil) a través de Facebook.

Basado en la novela de Camille Laurens, el filme se vale de un argumento convencional y hasta cierto punto previsible para recordarnos el carácter etéreo de la realidad, el derecho a reinventarse a uno mismo y/o la posibilidad de utilizar las nuevas tecnologías para rebelarse contra los estereotipos que terminan por encasillarnos.


viernes, 16 de junio de 2017

El sueño de Gabrielle (2016)




Título original: Mal de pierres
Directora: Nicole Garcia
Francia/Bélgica/Canadá, 2016, 120 minutos

El sueño de Gabrielle (2016) de Nicole Garcia


Car au fond, en amour, il s’agit peut-être au bout du compte de se fier à la magie, on ne peut pas dire qu’on puisse trouver une règle, quelque chose à suivre pour que tout se passe bien.

Milena Agus
Mal di pietre (Traducido del italiano por Dominique Vittoz)

¿Cuántas películas deben de haberse estrenado durante los últimos años que contengan el nombre de Gabrielle? ¿Y no fue también Marion Cotillard quien protagonizó El sueño de... Ellis...? ¿A las órdenes de James Gray...? Pero, antes de dejarnos arrastrar por una más que justificada sensación de déjà vu, conviene aclarar que el título francés de El sueño de Gabrielle es Mal de pierres: "mal de piedra", jugando con el doble sentido de los cálculos en las vías urinarias que padece la protagonista y la pétrea rigidez de su vida sentimental.

Poco más se puede añadir a propósito de una historia que transcurre entre los años cuarenta y sesenta y que se centra en el matrimonio forzoso entre los Rabascall. Él (Alex Brendemühl) es un republicano español; ella, la hija de unos granjeros que no entienden sus ansias de libertad. Cuando, tiempo después, Gabrielle sea internada en un balneario suizo para ser tratada de sus dolencias renales, conocerá al que cree ser el amor de su vida: el teniente André Sauvage, convaleciente de las heridas recibidas en Indochina e interpretado por Louis Garrel. Pero "toda la vida es sueño y los sueños..."



Es curioso constatar, a raíz de un filme como éste, cómo lo que funciona sin mayores problemas en una novelita de apenas cien páginas resulta, en cambio, vagamente sensiblero y escasamente verosímil al ser trasladado a la pantalla. Por más que su directora (la también actriz Nicole Garcia) haya introducido varios cambios en el guion con respecto a la obra de la italiana Milena Agus, siendo el más llamativo el trasladar la acción desde Cerdeña hasta la Provenza francesa.

Con todo, debería ser valorado en su justa medida el esfuerzo interpretativo de los actores, en especial el llevado a cabo por una Marion Cotillard que realiza una compleja labor de introspección a la hora de hacer entender qué es lo que lleva a una mujer perteneciente a un determinado medio social a enfrentarse contra los dictados del entorno a través de los sueños que forja en su mente.


lunes, 20 de junio de 2016

Grandes familias (2015)




Título original: Belles familles
Director: Jean-Paul Rappeneau
Francia, 2015, 113 minutos

Grandes familias (2015) de J.P. Rappeneau


Jean-Paul Rappeneau es un director al que le gusta tomarse su tiempo entre película y película, quizá porque necesita planificar hasta el último detalle de los proyectos en los que se implica. De ahí que desde su debut tras la cámara en el remoto 1958 con Chronique provinciale apenas hayan sido nueve los largometrajes dirigidos por el cineasta. El principal hito de su carrera fue, sin lugar a dudas, Cyrano de Bergerac, en 1990. Y la penúltima entrega, en 2003, había sido Bon voyage, coescrita en colaboración con el hoy premio Nobel de literatura Patrick Modiano.

Del mismo director nos llega ahora Belles familles, una historia sobre herencias familiares en la línea de filmes como Propiedad privada (2006), del belga Joachim Lafosse, de la que esta sería la versión edulcorada. Lo primero que llama la atención de Grandes familias es su reparto, plagado de estrellas del cine francés, comenzando por Mathieu Amalric, al que acompañan nombres de la talla de André Dussollier (es la segunda vez, en pocas semanas, que vemos a estos dos actores compartir escena, tras Tres recuerdos de mi juventud, de Arnaud Desplechin), Gilles Lellouche, Karin Viard, Nicole Garcia o Guillaume de Tonquedec. Nómina a la que cabría añadir la belleza de la joven Marine Vacth. Queda claro, pues, que Rappeneau es un realizador consagrado con el que todos los actores desean trabajar.



El otro detalle que deslumbra es el despliegue de medios, con localizaciones por medio mundo, algunas tan dispares y remotas como Londres, Shanghái o Zanzíbar. De nuevo un indicio de la importancia de Rappeneau, quien no parece escatimar en recursos porque todo está a su alcance.

¿Y el guion? ¡Ah, pequeño gran problema! Pues resulta que el guion (escrito con el auxilio, entre otros, del también director Philippe Le Guay) es de una superficialidad irrebatible: se diría que Grandes familias es una de esas películas que no llegan nunca a arrancar porque tampoco hay mucho que explicar. En ese orden de cosas, ni la disputa de la familia Varenne por la vieja casa familiar ni la relación de Jérôme (Mathieu Amalric) con la exótica Chen-Lin (Gemma Chan) ni, mucho menos, el posterior flechazo por Louise (Marine Vacth) son en absoluto creíbles. En nada de lo que se cuenta, ni siquiera en el esbozo de la complicada relación de Jérôme con su padre, se ha logrado insuflar ni un ápice de vida. Y es una lástima, porque considerando el currículum de quienes han intervenido en ella cabía esperar mucho más.

El director Jean-Paul Rappeneau

sábado, 18 de junio de 2016

Que empiece la fiesta (1975)




Título original: Que la fête commence...
Director: Bertrand Tavernier
Francia, 1975, 114 minutos

Que empiece la fiesta (1975) de Bertrand Tavernier


Al margen de su reflexión acerca del poder (tema tan caro a Tavernier desde los inicios de su carrera hasta su último largometraje de ficción, Crónicas diplomáticas, en 2013), si por algo destaca Que la fête commence... es por una extraordinaria recreación del libertinaje dieciochesco. Pero sin moralinas ni tampoco morbosidad alguna: la voluptuosidad que practican los miembros de la corte del regente Felipe II de Orleans es mostrada como algo natural y cotidiano, con la espontaneidad y alegría de vivir que muy probablemente se dieron durante la época histórica que se recrea. En ese sentido, el guion de Jean Aurenche y Bertrand Tavernier renuncia a los efectismos al uso en películas posteriores como Las amistades peligrosas (1988) de Stephen Frears (director nacido, al igual que Tavernier, en 1941). En lugar de ello, prefieren adoptar un tono más en la línea de los filmes históricos de Éric Rohmer o incluso del último Rossellini.

El reparto de Que empiece la fiesta va encabezado por Philippe Noiret, capaz de componer a un humanísimo regente encargado de velar por los destinos de Francia durante la minoría de edad del futuro Luis XV y alejado de los estereotipos al uso; Jean Rochefort es el Abate Dubois, tan ateo como obsesionado por llegar a ser arzobispo y partícipe del mismo desenfreno que su señor; Jean-Pierre Marielle interpreta al excéntrico marqués de Pontcallec, quien será perseguido por pretender convertir la Bretaña en una república independiente. Por último, Nicole Garcia (de la que, casualmente, este fin de semana se estrena su última película: Grandes familias) es La Fillon, joven prostituta que frecuentará la compañía del regente.

El regente (Philippe Noiret) y su mano derecha el Abate Dubois (Jean Rochefort)

Recreación histórica de tintes cómicos, el tono festivo de Que la fête commence... lo aportan escenas como la inicial procesión bretona en la que el sacerdote amenaza con excomulgar a los ratones de una plaga o en los casamientos forzosos de los condenados a ir desterrados a Luisiana.

La banda sonora, por último, la conforman diferentes pasajes de piezas orquestales compuestas por el propio Felipe II de Orleans y que fueron ensambladas para la ocasión por Antoine Duhamel.

La corte en pleno banquete