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sábado, 17 de marzo de 2018

Congreso en Sevilla (1955)




Director: Antonio Román
España, 1955, 90 minutos



No te vuelvas pa' Estocolmo. 
Te lo pido de rodillas, 
que quiero yo presumir 
en la feria de Sevilla. 
Nórdica de mi ensueño, 
mujer de mis enderezos, 
quisiera ser esquimal 
pa' darte en la boca un beso... 

Tras su apariencia de comedia amable, Congreso en Sevilla escondía, sin embargo, una visión completamente interesada de los tópicos en torno a lo español y a los "avanzados" países nórdicos. Así pues, si los adustos suecos son retratados como fríos y cerebrales individuos parcos en palabras, la candorosa protagonista no tiene más que desatarse por soleares para que aquéllos se rindan automáticamente a sus pies. Y si, aun todo y con ésas, queda alguno reacio (como la circunspecta doctora Petersen), bastará con que pruebe la manzanilla, ya en la capital andaluza, y el milagro se obrará sin remisión.

La España del turismo de masas comenzaba a perfilarse a mediados de la década de los cincuenta y ello es algo que se percibe muy a las claras en esta película, ya desde el propio título, que parece invitar a los abúlicos escandinavos a desmelenarse en Sevilla con el pretexto de celebrar un congreso médico. Desde luego, un argumento digno de la mente estrecha del inefable José María Pemán, luego endulzado y revisado con los diálogos de los Colina, Santugini y Tono de marras.



Pero hasta en ese marco pretendidamente idílico y folclórico hay lugar para la nota ideológica: se dispone Carmen Fuentes (el personaje al que da vida Carmen Sevilla) a cantar "Caminito de Alcalá" en el interior de las bodegas jerezanas de Pedro Domecq. Y, ¿qué es lo que se ve de fondo? Pues una barrica de manzanilla sobre la que aparece estampada la siguiente leyenda: "A la gloriosa Legión creada por el heroico mutilado General Millán Astray (19 noviembre 1938)". Y en la de al lado el nombre de otro general golpista: García Valiño. ¿Inocente casualidad? Obviamente no. Como la perla machista de turno, curiosa variación misógina del "¡Que inventen ellos!" unamuniano:

Dra. PETERSEN: ¿Qué dirían mis alumnos si me viesen? Yo me debo a la ciencia.
PACO DOMÍNGUEZ: ¡Bah! ¡La ciencia está bien para los señores de barba! ¡La misión de una mujer es hacer feliz a un hombre y poblar la tierra...!

Con todo, la intervención de Fernán Gómez haciendo de cirujano sueco o la de los secundarios Manolo Morán y, en menor medida, Pepe Isbert o un Manolo Gómez Bur con camisa de fuerza, hacen que valga la pena revisar este filme, en el que ya se planteaba, por cierto, una terrible constante de nuestra historia: la de los españoles que se ven forzados a buscarse la vida en el extranjero (en este caso, en Estocolmo) sin demasiada fortuna.

"¡Como este sol no hay nada en el mundo!": la lluvia en Sevilla

lunes, 25 de abril de 2016

Fuenteovejuna (1947)








Director: Antonio Román
España, 1947, 74 minutos



Al val de Fuenteovejuna
la niña en cabellos baja;
el caballero la sigue
de la Cruz de Calatrava.
Entre las ramas se esconde,
de vergonzosa e turbada;
fingiendo que no le ha visto,
pone delante las ramas.

¿Para qué te ascondes,
niña gallarda?
Que mis linces deseos
paredes pasan.

Acercóse el caballero,
y ella, confusa y turbada,
hacer quiso celosías
de las intricadas ramas.
Mas, como quien tiene amor
los mares e las montañas
atraviesa fácilmente,
la dice tales palabras:

"¿Para qué te ascondes,
niña gallarda?
Que mis linces deseos
paredes pasan."

Fuenteovejuna
Jornada II, segunda parte
Lope de Vega

No parecía tarea nada fácil adaptar una comedia del Siglo de Oro a la gran pantalla, habida cuenta de las enormes diferencias que median entre uno y otro formato. Sin embargo, el director Antonio Román acometió la empresa rodeándose de un espléndido equipo de profesionales entre los que destacaban Sigfrido Burmann como responsable de los decorados y Heinrich Gärtner (Enrique Guerner) en la fotografía. La enaltecedora banda sonora corrió a cargo del maestro Manuel Parada. La adaptación literaria a partir del texto en verso de Lope se debió a José María Pemán y Francisco Bonmatí de Codecido. El reparto iba encabezado por Amparo Rivelles (Laurencia) y Fernando Rey (Frondoso), siendo Manuel Luna el encargado de dar vida al pérfido Comendador Fernán Gómez. En cuanto al donaire Mengo, ¿quién mejor que Tony Leblanc podía hacerce cargo de un papel tan cómico?

Precisamente, eso de que el populacho se rebele contra el tirano para darle muerte es un tema que sin duda podía plantear más de un problema con la censura franquista. Quizá por ello, en esta versión de apenas hora y cuarto de duración se optó más bien por exaltar la superficialidad folclórica del relato sin ahondar en las causas, lo cual implica dar mayor protagonismo a la espectacularidad de los cientos de extras utilizados durante el rodaje así como a la fastuosidad del vestuario y de los decorados. La apoteosis final, con la entrada providencial de los Reyes Católicos para impartir justicia, ya estaba presente en el original lopeveguesco, de modo que en esta ocasión le venía que ni pintada a las autoridades de la España autárquica para subrayar la exaltación fervorosa de la tríada formada por Dios, patria y trono.

A nivel visual, Antonio Román tuvo el buen criterio de respetar el valor simbólico de determinados objetos sobre los que se reclama la atención del espectador: las flores pisoteadas por los aldeanos (minuto 11:45), el vaso de vino estrujado por el comendador (minuto 13:12), el cuchillo de Laurencia (minuto 19) o la vara rota del alcalde (minuto 57:31). El recurso, ampliamente utilizado tanto por Lope como por los continuadores de la fórmula por él creada, en especial Calderón de la Barca, adquiere mayor efectividad en el medio cinematográfico merced al uso del primer plano.

Ocurre un poco lo mismo con la ya mencionada profusión de figurantes, como se hace evidente en la escena de la batalla campal (minuto 50), en la que, por cierto, se aprecia un uso del montaje similar al que años después utilizará Orson Welles en la célebre contienda rodada en la Casa de Campo para Campanadas a medianoche.

Claro que el buscar el efectismo fácil puede ir en detrimento de la fuerza dramática: en la comedia original de Lope de Vega no se ve cómo torturan a los aldeanos para averiguar quién mató al comendador sino que nos llegan sus lamentos desde un cuarto contiguo. Sabio ardid que, además de agilizar la puesta en escena, favorece que el espectador se lo imagine todo (lo cual siempre es más angustiante). En la película, en cambio, vemos cómo se aplica el suplicio, lo cual, por vía de realismo, le resta vigor a la escena.

Sea como fuere, lo que no se acaba de entender es cómo siendo Lope de Vega el autor más prolífico de la literatura castellana sus obras, en cambio, no se hayan adaptado con mayor frecuencia al cine. En ese sentido, no deja de ser significativo que una película como Lope (Andrucha Waddington, 2010) llegase tan tarde y, lo que tiene incluso un punto cómico, dirigida por un brasileño... Desde luego, chovinistas no somos.

Félix Lope de Vega y Carpio (1562-1635)

sábado, 9 de enero de 2016

El fantasma y doña Juanita (1945)




Director: Rafael Gil
España, 1945, 64 minutos

El fantasma y doña Juanita (1945) de Rafael Gil


Pocas cosas hay más patéticamente conmovedoras que un payaso que no haga reír. Como en la célebre aria "Vesti la giubba" de la ópera I Pagliacci de Rugiero Leoncavallo. En Mañana (José María Nunes, 1957) es lo que le sucedía, por ejemplo, al clown interpretado por José Sazatornil. Aunque una década antes ya se había planteado una situación similar en El fantasma y doña Juanita.

Basada en la novela El romance del fantasma y doña Juanita (1927), del gaditano José María Pemán, la versión cinematográfica que dirigió Rafael Gil contó con los servicios del autor en calidad de guionista y un reparto encabezado por Antonio Casal y Mary Delgado.

La acción transcurre en Villaclara, una ficticia ciudad de provincias en la que los diarios locales tienen el placer de anunciar en los ecos de sociedad la petición de mano de Rosita Izquierdo por parte del industrial don Serafín González. Este último ni siquiera aparecerá como personaje, pero a juzgar por la fotografía que publica el periódico no puede decirse que hiciera muy buena pareja con la muchacha.

Porque, razón de más es señalarlo, Rosita ya tiene otro pretendiente, del que realmente está enamorada. Así que cuando su tía los sorprenda flirteando en el jardín montará en cólera y, acto seguido, (tras echar a la calle al pobre José) le explicará a su sobrina un hecho acaecido durante su juventud que marcaría para siempre el resto de su vida. El filme se organiza, pues, como un larguísimo flashback / confidencia al estilo de Primavera (Robert Z. Leonard, 1937) o Titanic (James Cameron, 1997).

La vivencia en cuestión tuvo que ver con la llegada a Villaclara, muchos años atrás, del Gran Circo Alegría bajo la dirección de Pierre Brochard (francés algo malcarado al que da vida Juan Espantaleón). Una de sus "diez formidables atracciones" es el payaso Tony, ése que decíamos antes que no tenía mucha gracia (qué curioso: el actor que lo interpreta tampoco...)

Juanita y él se conocerán un día que coinciden visitando una ermita, aunque Tony (avergonzado de su condición de artista de la farándula) le dirá que se llama Antonio Ruiz y se hará pasar por el gerente del circo. De manera que la chica se acaba enamorando de un "fantasma", habida cuenta que a consecuencia del fatídico incendio del circo nunca sabrá que Antonio y Tony eran la misma persona.

Otros secundarios que intervienen son Juan Calvo (el cura don Elpidio), Alberto Romea (el erudito y pelmazo boticario don Laureano Izquierdo, padre de Juanita), Pepe Isbert (don Pancho) y Camino Garrigó (la tan traída doña Juanita de marras). Podríamos citar también a la mona Micaela, que hace un papelazo junto a Antonio Casal: de hecho, le roba las escenas (lo cual tampoco era muy difícil).