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viernes, 22 de diciembre de 2017

Cinema Novo (2016)




Director: Eryk Rocha
Brasil, 2016, 92 minutos



Se me perguntarem o que é a minha pátria, direi:
Não sei. De fato, não sei
Como, por que e quando a minha pátria.
Mas sei que a minha pátria é a luz, o sal e a água
Que elaboram e liquefazem a minha mágoa
Em longas lágrimas amargas.

Vinícius de Moraes
"Pátria minha"

En tanto que hijo y heredero de uno de los cineastas más brillantes que jamás haya dado Latinoamérica, Eryk Rocha (Brasilia, 1978) toma sobre sus hombros la responsabilidad de contar mediante un documental en qué consistió el movimiento artístico al que pertenecieron tanto su padre como el resto de compañeros de generación enmarcados en el denominado Cinema Novo brasileño. Son los Carlos Diegues, Ruy Guerra, Joaquim Pedro de Andrade o Paulo César Saraceni, entre muchos otros, quienes, con su testimonio a través de imágenes de archivo, dejan constancia de qué es lo que se proponían hacer tomando una cámara en sus manos.

Como es lógico, el montaje juega un papel indispensable en un filme de tales características, en especial a la hora de seleccionar las escenas más significativas del corpus cinematográfico que nos legaron dichos autores: Barravento (1962), Dios y el diablo en la tierra del sol (1964), Tierra en trance (1967), Antonio das Mortes (1969) del propio Glauber Rocha; el filme colectivo Cinco vezes Favela (1962); La fallecida (1965) de Leon Hirszman o Macunaíma (1969) del ya mencionado de Andrade son sólo algunos ejemplos de la inmensa galería de películas citadas a lo largo del documental.



Aunque la labor llevada a cabo en Cinema Novo no se limita únicamente a un mero recuento de títulos, sino que, sobre todo, se subraya el compromiso político y social de unos autores conscientes de que podían llegar a cambiar la realidad a través de las historias que filmaban, premisa que pasó, previamente, por la aceptación de la pertenencia de Brasil al tercer mundo. Por eso, todos y cada uno de aquellos jóvenes directores se reconocen en sus declaraciones activistas antes que artistas, dispuestos a denunciar, armados únicamente con el poderoso objetivo de su cámara, las injusticias de la sociedad en la que viven.

Porque crear un cine nuevo implica forzosamente la creación de un mundo mejor, algo que no sólo pone de manifiesto el carácter revolucionario de aquel movimiento, sino también la voluntad de los miembros que lo integraron de aportar su particular grano de arena para la transformación del país. Deseo que se refleja, simbólicamente, en todos esos personajes a los que vemos correr en distintas secuencias extraídas de los filmes analizados, avanzando desesperadamente frente a una cámara que los capta en travelín, ajenos al hecho de que su lucha, anclada en un presente miserable, quedaría eternamente registrada para la posteridad.

El realizador Eryk Rocha

jueves, 21 de diciembre de 2017

Antônio das Mortes (1969)




Título original: O Dragão da Maldade contra o Santo Guerreiro
Director: Glauber Rocha
Brasil/Francia/Alemania, 1969, 95 minutos

Antônio das Mortes (1969)


Con una influencia del wéstern en el tramo final todavía más acusada que la de su predecesora, O Dragão da Maldade contra o Santo Guerreiro es una secuela bastante sui géneris de Dios y el Diablo en la tierra del sol (1964). Para empezar, porque se rodó en un estruendoso color que está en las antípodas del blanco y negro de la primera entrega. Y, en segundo lugar, porque ofrece una dimensión muchísimo más mítica de los personajes. De hecho, uno no sabe muy bien si lo que está viendo es una leyenda local filmada en clave de tragedia griega o, por contra, un documento etnográfico con trasfondo político sobre el folclore de la región.

En cualquier caso, Antônio das Mortes (ese cruce estremecedor entre Demis Roussos y Bud Spencer) vuelve a ser el protagonista absoluto, enfrentándose esta vez contra un anciano ciego que no para de chillar y que representa la mismísima encarnación de todos los males: firme partidario de la autocracia, su obsesión es exterminar cangaceiros, a quienes culpa de la ruina moral y material en la que se encuentra.



De nuevo la música vuelve a jugar un papel primordial, mediante un cancionero que hace las funciones de coro trágico al ir comentando las acciones de los personajes. Todos ellos son el fruto de una fusión sincrética en la que se (con)funden San Jorge y el dragón con divinidades africanas adoradas por los descendientes de los esclavos. 

El resultado es una barroca explosión de vida, compendio del Brasil profundo a la par que denuncia de las injusticias que impiden el progreso de aquella sociedad, motivo por el que se hace necesaria la figura de un héroe justiciero que venga a liberar a los oprimidos de sus cadenas.


domingo, 17 de diciembre de 2017

Tierra en trance (1967)




Título original: Terra em Transe
Director: Glauber Rocha
Brasil, 1967, 111 minutos

Tierra en trance (1967) de Glauber Rocha


Tierra en trance y, sin embargo, lo primero que vemos en pantalla es la inmensidad del océano, acompañada de cantos de origen africano. Glauber Rocha, realizador iconoclasta donde los haya, volvía al ataque, más combativo que nunca, dispuesto a denunciar la demagogia de los poderosos y arremetiendo contra todo lo establecido: "Las plazas pertenecen al pueblo como los cielos pertenecen al cóndor".

Eldorado, país imaginario en el que se desarrolla la acción, comparte no pocos de sus problemas con la mayoría de estados latinoamericanos: corrupción, pobreza, analfabetismo. En una palabra: subdesarrollo. Porque con esa estética del hambre adoptada por Rocha lo que el cineasta brasileño está realmente enarbolando es la defensa del tercer mundo en oposición a los abusos especulativos del capital imperialista, simbolizado en la película por las injerencias de la multinacional EXPLINT (Compañía de Explotaciones Internacionales).



Aunque también la televisión recibe alguna que otra pulla, mostrando bien a las claras cómo el canal del empresario Julio Fuentes (Paulo Gracindo) es utilizado como arma electoral para desacreditar al candidato conservador. En cualquier caso, los personajes se dirigen al espectador en no pocas ocasiones, mirando directamente a cámara.

En ese caos barroco de líderes políticos a cuál más degenerado, el poeta y periodista Paulo Martins (interpretado por Jardel Filho) se dejará querer por unos y por otros, populistas y conservadores, hasta desembocar en un desencanto que le hará prescindir de la contienda social. Triste destino para quien podría haber desempeñado una función clave en la lucha de clases y que, en cambio, no logra sobreponerse a la impotencia que le causa el enfrentarse a una realidad en la que todo individuo tiene un precio y, por ende, es susceptible de ser corrompido (él el primero).


sábado, 16 de diciembre de 2017

Dios y el diablo en la tierra del sol (1964)




Título original: Deus e o Diabo na Terra do Sol
Director: Glauber Rocha
Brasil, 1964, 120 minutos

Dios y el diablo en la tierra del sol (1964)


La estética del hambre nacía con esta película para colocar a Brasil entre las cinematografías más significativas del mundo (y no sólo del tercer mundo). Porque la fuerza de sus imágenes resulta tan impactante como el título con el que las bautizó Glauber Rocha: Deus e o Diabo na Terra do Sol. Una miseria que grita clamando justicia y que se rebela al proclamar un nuevo evangelio aparentemente revolucionario: el que predica el santo Sebastião (Lidio Silva).

Hastiado de la pertinaz sequía y de las injusticias infligidas por un patrón déspota, Manuel (Geraldo del Rey) convence a su mujer para unirse al séquito del anacoreta, creyendo ver en sus promesas la tan ansiada redención. Aunque luego vendrá la represión impuesta por las fuerzas vivas transfiguradas en forma de temible sicario o violento cangaceiro ("bandolero"). O lo que es lo mismo: Antônio das Mortes (Maurício do Valle) y Corisco (Othon Bastos), respectivamente.

Instantánea tomada durante el rodaje, con Rocha en el centro


La música de Villa-Lobos, unida a la aridez del paisaje, confiere al conjunto un aspecto entre salvaje y delicado, muy en consonancia con la dualidad paradójica planteada ya desde el propio título de la película. Así pues, lo divino y lo diabólico se darán cita en un mismo espacio a la espera de que los hombres diriman sus diferencias. 

Como en los romances de ciego, la acción es narrada mediante una voz en off de fondo que va cantando los hechos principales de la historia a través de diversas canciones, cuya letra es obra del propio realizador. Un Glauber Rocha que bebe de muy diversas fuentes, desde el wéstern hasta el neorrealismo italiano, pero que es capaz de crear, a partir de elementos tan dispares, un personal universo anclado en la más pura tradición del Brasil profundo.


martes, 28 de julio de 2015

La edad de la Tierra (1980)




Título original: A idade da Terra
Director: Glauber Rocha
Brasil, 1980, 160 minutos

La edad de la Tierra (1980) de Glauber Rocha


Una explosión de color. Exuberancia a raudales desde el primer fotograma, ese amanecer en tiempo real que tantos han querido imitar después (como el mejicano Carlos Reygadas en Luz silenciosa [2007], sin ir más lejos). La edad de la Tierra, testamento fílmico de Glauber Rocha, es a la vez un homenaje a Pier Paolo Pasolini, el brutal asesinato del cual inspiró al cineasta brasileño para concebir un film que aunase a un tiempo la perdurabilidad de Cristo en el Tercer Mundo con el eterno enfrentamiento entre capitalismo y marxismo en el ámbito de la controversia política.

Desde los carnavales de Río hasta las procesiones religiosas pasando por la glacial arquitectura de Brasilia, yendo mucho más allá de los límites de la mera experiencia cinematográfica, Rocha lleva a cabo un particular retrato de su país y de sí mismo. Pero tanto en un caso como en el otro, La edad de la Tierra rezuma un cierto desencanto, tal vez el hastío que conllevan las desilusiones derivadas de ver cómo, a pesar de los intentos revolucionarios fallidos del pasado, la pobreza se ha enquistado en el pueblo hasta devenir atávica.

Resulta, al respecto, muy sintomática la inclusión en el film de varios personajes que representan la demagogia de los políticos populistas con sus discursos vacíos y repetitivos hasta el paroxismo, así como las diversas encarnaciones de lo que podríamos denominar el Cristo tercermundista: Indio pescador, Negro, Militar/conquistador portugués y Revolucionario. Como es, igualmente, reveladora la presencia del periodista y escritor Carlos Castelo Branco, Castelinho, disertando sobre si hubo o no una revolución dentro de la revolución de 1964.

Apenas nueve meses después del estreno de A idade da Terra, moría repentinamente Glauber Rocha víctima de una septicemia. Tenía 42 años y acababa de fallecer un genio.

Maurício do Valle y Tarcísio Meira
encarnando colores políticos opuestos
Glauber Rocha (1939-1981)