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miércoles, 16 de julio de 2025

Tres amigas (2024)




Título original: Trois amies
Director: Emmanuel Mouret
Francia, 2024, 117 minutos

Tres amigas (2024) de Emmanuel Mouret


Fiel a su estilo, inconfundiblemente deudor de Rohmer y el mejor Woody Allen, el cineasta francés Emmanuel Mouret se lanza en Trois amies (2024) a uno de esos típicos enredos en los que al final se pierde la cuenta de quién engaña a quién y de quién está enamorado cada personaje. Aunque esto último casi forma parte de las convenciones propias del género y es posible que ni ellos mismos lo tengan del todo claro.

Por otra parte, el hecho de que los protagonistas sean amigos cuyas trayectorias se entrelazan le otorga a la trama un matiz aún más rocambolesco, si cabe, por lo que tiene de "doble traición" el convertir a amantes y cornudos, al mismo tiempo, en confidentes de sus aventuras amorosas.



Sin embargo, la cinta encierra una sorpresa a nivel narrativo al hacer que el narrador de los acontecimientos sea un difunto (Vincent Macaigne), lo cual aporta una nota luctuosa al conjunto, alejándolo de la frivolidad propia de lo que sería un simple vodevil en sentido estricto. Así pues, el espíritu de Victor no sólo nos pone en antecedentes mediante su voz en off, sino que él mismo asistirá perplejo a algunos de los acontecimientos protagonizados por su viuda.

Maestro indiscutible de las comedias románticas inteligentes y los dramas sutiles que exploran la complejidad de las relaciones humanas, Mouret regresa a las pantallas con la misma elegancia y agudeza que caracteriza sus trabajos anteriores. Y lo hace, en esta ocasión, para dejar en el aire preguntas como si una relación puede subsistir sin amor o, incluso, a propósito del verdadero significado de la pareja y el adulterio en la vida adulta.



domingo, 13 de noviembre de 2022

Sólo las bestias (2019)




Título original: Seules les bêtes
Director: Dominik Moll
Francia/Alemania, 2019, 117 minutos

Seules les bêtes (2019) de Dominik Moll


Resulta inevitable contemplar los gélidos paisajes nevados de Seules les bêtes (2019) sin que se nos vengan a la mente títulos como Fargo (1996) o la menos citada, pero igualmente magistral, Affliction (1997) de Paul Schrader. Por otra parte, ocurre lo mismo con la multiplicidad de puntos de vista y tramas interconectadas en distintos lugares del planeta que ya había explorado el González Iñárritu de Babel (2006) y que aquí volvía a ser un elemento clave de la mano del francoalemán Dominik Moll.

Adaptación de la novela homónima de Colin Niel (el novelista, por cierto, interpreta un breve papel como dependiente en una cooperativa), los hechos descritos constituyen un sólido thriller en el que todas las piezas irán encajando hasta completar un panorama desolador a propósito de las relaciones humanas en un mundo cada vez más global y menos de fiar (si es que alguna vez lo fue...).



El caso es que todos y cada uno de los personajes que integran este caleidoscopio de destinos entre la Francia profunda y los barrios populosos de Abiyán, la capital económica de Costa de Marfil, mienten de alguna forma. O, por lo menos, se resignan a llevar una doble vida que el azar (esa fuerza poderosa que, según el hechicero al que acude el joven Armand, es más grande que cualquiera de nosotros) a punto está de hacer saltar por los aires.

Aunque no es ésa exactamente la enseñanza más valiosa de cuantas el sabio Papa Sanou (Christian Ezan) le aporta al joven africano (Guy Roger 'Bibisse' N'Drin). En realidad, la esencia de todo lo que afirma el brujo se resume en una sola frase: "El amor es dar lo que no se tiene". Quizá si Michel (Denis Ménochet) lo hubiese sabido, habría valorado más su matrimonio con Alice (Laure Calamy) y así, tal vez, no se habría precipitado el pernicioso efecto dominó que atrae la fatalidad sobre buena parte de los protagonistas de esta historia.



jueves, 28 de noviembre de 2019

Los miserables (2019)




Título original: Les misérables
Director: Ladj Ly
Francia, 2019, 102 minutos

Los miserables (2019) de Ladj Ly

Amigos míos, retened esto: 
no hay malas hierbas ni hombres malos. 
No hay más que malos cultivadores…

Victor Hugo (1802-1885)

La Francia real, bien al contrario que la estampa idílica con la torre Eiffel al fondo y los bateaux mouche surcando el Sena al son de acordeones, late en los suburbios de la banlieu parisina y su polvorín multiétnico siempre a punto de estallar. Se palpa en el auge populista de la extrema derecha y, por desgracia, tiene más que ver con la desafección de amplios sectores de la juventud, a menudo musulmanes de tercera o cuarta generación, hacia los valores del laicismo republicano, que no, pese a las protestas de los gilets jaunes (que son otra cosa), con los estereotipos intelectualoides surgidos a raíz del mayo del 68.

Dicho lo cual, cabría aún preguntarse qué tiene que pasar para que el cine aborde, de una vez por todas, el retrato verista de una tan cruda realidad. Por de pronto, y a falta de nuevo aviso, Les misérables parece ser la respuesta. No es, ni mucho menos, una obra redonda (le sobra, por ejemplo, el consabido recurso del poli novato-bueno versus el poli quemado-malo, aparte de que es poco o nada crítica con el radicalismo islámico), pero el ímpetu con el que muestra las consecuencias e incluso los orígenes de la exclusión social hace que deba ser tenida muy en cuenta.



Arranca la película con unas imágenes de seguidores de la Selección Francesa de fútbol. ¿Son éstos los miserables a los que alude el título? Puede. Aunque no deja de ser una contradicción flagrante, y muy significativa, que quienes celebran enfervorecidos los goles de Mbappé o de Dembélé, haciendo suyos los colores de la bandera nacional, sean los mismos que después viven al margen de toda ley en unos guetos donde el único orden imperante es el dictado por los cabecillas de las bandas locales.

Basándose en experiencias personales y en su corto homónimo de 2017, el realizador de origen maliense Ladj Ly (París, 1978 u 80, según qué fuentes) debuta con una cinta rotunda en la línea de filmes como Dheepan (Jacques Audiard, 2015) y heredera de títulos ya clásicos, caso de L.627 (1992) de Tavernier, que en el pasado también trataron el difícil día a día de las fuerzas policiales en los distritos menos favorecidos de la capital francesa.


viernes, 4 de mayo de 2018

9 dedos (2017)




Título original: 9 doigts 
Director: F.J. Ossang
Francia/Portugal, 2017, 99 minutos

9 dedos (2017) de F.J. Ossang


Cantante punk entre otras muchas cosas, el francés F.J. Ossang fue premiado en el último festival de Locarno como mejor director por esta cinta seudopolicíaca en blanco y negro que puede verse estos días en el Zumzeig de la calle Béjar. Cuyo carácter alternativo y ligeramente francófono no hace falta recordar: allí se programaron, en su día, Bella durmiente (2016) de Adolfo Arrieta o La fille de nulle part (2012) de Jean-Claude Brisseau, por poner sólo un par de ejemplos de filmes alternativos en la línea de 9 doigts.

Que tiene algo del ambiente entre misterioso y surrealista de las películas del húngaro Béla Tarr, pero sin llegar a su metraje kilométrico. Aunque los referentes explícitos de los que se sirve Ossang son mucho más clásicos: ya la primera escena nos remite a El tercer hombre (1949), con una persecución nocturna en la que Magloire (Paul Hamy) deja atrás una estación de tren para adentrarse a través de solitarias calles húmedas hasta dar con sus huesos en un barco rumbo a ninguna parte. En cambio, el líder de la banda de matones que intentan acorralarlo se llama Kurtz, en clara referencia al enigmático coronel que interpretara Marlon Brando en Apocalypse Now (1979).



Anárquica, alocada, frenética, la estructura de 9 dedos hará sin duda las delicias de los amantes del cine de Bruno Dumont, pasado por el tamiz del cine negro e, incluso, del cine mudo, ya que no son pocos los planos en los que se opta por focalizar la atención del espectador cerrando el encuadre sobre un determinado personaje.

A la deriva, claustrofóbico, hermético... El particular universo creado por Ossang ofrece una amplia gama de posibilidades expresivas que vienen a demostrar cómo el cineasta, objeto de una reciente retrospectiva en la Filmoteca Española, bebe lo mismo de Melville que de Godard. En otras palabras: la suya es una propuesta radical que no puede dejar a nadie indiferente.