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viernes, 24 de noviembre de 2017

Song to Song (2017)




Director: Terrence Malick
EE.UU., 2017, 129 minutos

Song to Song (2017)


La enésima entrega de la película que Terrence Malick se empeña en rodar una y otra vez, inédita (de momento) en salas comerciales, se presentaba esta tarde en la Filmoteca de Catalunya. Con una cola para entrar, por cierto, que rodeaba el edificio, lo cual indica la expectación que despierta, a pesar de todo, el cineasta norteamericano.

Rodada a la par que Knight of Cups, en Song to Song ha vuelto a quedarse alguna que otra estrella fuera del montaje final, algo que ya no nos sorprende tratándose de un director tan excéntrico como excesivo. En este caso el sacrificado ha sido Christian Bale, paradójicamente el protagonista indiscutible de su anterior filme (tan caprichoso es el tal Malick).



Y vuelta a desfilar ante la cámara de unas celebridades (Michael Fassbender, Ryan Gosling, Rooney Mara, Natalie Portman, Cate Blanchett, Val Kilmer...) que, a fuerza de improvisar, acaban repitiendo la misma sarta de idioteces vacías de contenido para dar a entender la falta de rumbo que afecta a la vida de sus respectivos personajes. En esta ocasión, los excesos giran en torno al sexo, las relaciones de pareja y la música, sustrato sobre el que pretende sustentarse el filme y pretexto para que Patti Smith o Iggy Pop hagan de sí mismos.

Ya lo apuntábamos hace unos días en una entrada anterior: rodar tan seguido no le sienta nada bien a la obra de un hombre acostumbrado a que pasaran décadas entre la producción de cada uno de sus proyectos.


lunes, 14 de agosto de 2017

Lion (2016)













Director: Garth Davis
Australia/Reino Unido/EE.UU., 2016, 118 minutos



Cuando acaba Lion, uno tiene la sensación de haberse tragado un publirreportaje de casi dos horas, de tan decepcionante que llega a ser el final. Y es una lástima, porque la primera parte (hablada en hindi y bengalí), la de los hermanos Guddu y Saroo y las penalidades de este último a lo largo de su periplo, prometía bastante. Pero ya se sabe que cuando al inicio de una película aparece aquella frase sobreimpresa de "Basado en un hecho real" hay que esperarse lo peor: el anticine, ese producto diseñado para consumo de las masas sin criterio a base de nominaciones a los Óscar (seis en el caso de Lion).

Y eso no es lo peor, no. Porque la visión que se da de la India como país caótico y pobre es de una perversidad inadmisible: en su afán por predisponer al espectador a favor del niño protagonista, se nos muestra el entorno en el que se mueve como un espacio de hostilidades continuas. Cierto que la lucha por la supervivencia no debe de ser tarea fácil en Calcuta, pero en aras de conseguir inspirar ternura hacia el pobre niño desamparado se roza un simplismo que no se recordaba desde El expreso de medianoche (1978) de Alan Parker: la escena de los hombres persiguiendo criaturas en los pasillos de la estación, por ejemplo, es simplemente tremendista.



Aunque una vez en Tasmania, la cosa no mejora, qué va: la parte de Lion que se desarrolla en tierras australianas oscila peligrosamente hacia terrenos más propios del telefilme de sobremesa, con ese ser llamado Nicole Kidman buscando en todo momento la lágrima fácil, una historia de hijos adoptivos que, de repente, sienten la necesidad imperiosa de reencontrarse con sus raíces (el segundo de ellos, además, con graves problemas de conducta) y la consabida historia de amor entre veinteañeros (el Dev Patel de Slumdog Millionaire y la Rooney Mara de Carol).

Y, para colmo, ese final: ¡pero qué final! Y no me estoy refiriendo al inevitable y previsible reencuentro, sino al pegote que viene justo a continuación, ya en los créditos finales: ¿pero de verdad era necesario? Bueno, no quisiera cebarme más. Busquemos algo bueno, va. A ver, dejadme que piense... ¡Ya lo tengo! Las ensoñaciones en las que el Saroo adulto cree ver a su hermano Guddu, sacándole partido a un hallazgo para borrar los límites temporales que ya ensayara con notable éxito Ingmar Bergman en Fresas salvajes (1957). En fin: yo no sé si es que hoy me he levantado con el pie izquierdo o es que el guacamole de la cena estaba en mal estado, pero lo cierto es que hacía tiempo que no me decepcionaba tanto una peli. Serán cosas de la edad.


sábado, 21 de enero de 2017

Carol (2015)












Director: Todd Haynes
EE.UU./Reino Unido/Australia, 2015, 118 minutos



Nominada para seis Óscars, la que de momento es la última película del californiano Todd Haynes se nos antoja una especie de déjà vu. Y ese 'ya visto' se debe a que el mismo director había tratado un tema similar en Lejos del cielo (Far from Heaven, 2002). Ha cambiado a Julianne Moore por Cate Blanchett y una relación entre hombres por otra entre mujeres, pero ambas películas se ambientan en la década de los cincuenta. Por otra parte, lo expuesto en Carol recuerda un poco a otro título de 2002: Las horas (The Hours). E incluso hay un largo trayecto en coche de las dos protagonistas que recuerda vagamente a Thelma & Louise (1991). De modo que, por muy lograda que sea la interpretación de las actrices o la novela de Patricia Highsmith en la que se basa (The Price of Salt), a uno la tan ponderada Carol le ha causado más indiferencia que otra cosa.

Ahora bien: no tan rápido. Algo bueno debe tener cuando ha levantado tanto revuelo. Y, después de pensarlo mejor, se llega a la conclusión de que es la ausencia de morbosidad en el tratamiento del romance entre Carol Aird y Therese Belivet (Rooney Mara) lo que realmente gusta de ella. Sí: porque Haynes acierta a centrarse en el amor que las une, dejando en segundo plano la vertiente más corporal.

La banda sonora de Carter Burwell, con un cierto toque a lo Philip Glass, contribuye a que la balanza se acabe de decantar hacia el aprobado con reservas, a la espera de qué lugar le reserva el futuro a una producción como ésta.