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miércoles, 27 de noviembre de 2024

Marco (2024)




Directores: Aitor Arregi y Jon Garaño
España, 2024, 108 minutos

Marco (2024) Aitor Arregi y Jon Garaño


Aun a sabiendas de cuál fue el desenlace de la historia (basta con tirar de hemeroteca), Marco (2024) recrea la trayectoria de su protagonista haciendo especial hincapié en la psicología de un impostor que se creía sus propias mentiras. O al menos eso es lo que se desprende de la sublime interpretación de Eduard Fernández, otra más que añadir a su ya larga lista de trabajos memorables.

A este respecto, el retrato que aquí se lleva a cabo de quien se hiciera pasar por antiguo deportado y víctima de los campos de exterminio nazi arroja la impronta de un individuo narcisista cuya máxima prioridad en la vida no fue otra sino reinventarse, siempre con el objetivo de aparecer ante el mundo como el héroe que nunca fue. Y a fe que lo consiguió, engañando a propios y extraños (incluida su familia), hasta que un historiador, Benito Bermejo (Chani Martín), lo desenmascaró para sorpresa de la atónita opinión pública.



Pero antes de que los vascos Arregi y Garaño decidieran llevar a la pantalla tales hechos, lo cierto es que los mismos ya habían suscitado el interés del novelista, y flamante académico de la lengua, Javier Cercas, quien inmortalizó al susodicho Marco en una excelente docuficción titulada simple y llanamente El impostor (Random House, 2014). Como también lo hicieron Santiago Fillol y Lucas Vermal en el interesante documental Ich bin Enric Marco (2009). Elementos que, junto con otras imágenes de archivo, aprovecha ahora esta película para recrear la repercusión mediática que en su momento mereció el caso.

Aunque, realmente, si por algo resulta atractiva la verdad incómoda que aquí se pone sobre la mesa es más bien porque saca a relucir la falta de escrúpulos de quien en su día iba por los colegios dando charlas educativas o incluso hizo llorar a algún que otro diputado con motivo de las conmovedoras palabras que pronunció en el Congreso. Hoy sabemos que todo aquello era falso y que Marco, en realidad un farsante de tres al cuarto, jamás estuvo en Flössenburg. Circunstancia con la que, por cierto, ironiza constantemente el guion de una cinta en la que los personajes apelan a menudo a la falsedad que suscitan determinadas situaciones.



viernes, 2 de diciembre de 2022

La trinchera infinita (2019)




Directores: Aitor Arregi, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga
España/Francia, 2019, 148 minutos

La trinchera infinita (2019)


El caso de los "topos" (partidarios del bando republicano que, al término de nuestra Guerra Civil, optaron por recluirse durante años en sus propios hogares) ha servido como motivo de inspiración para unas cuantas películas del cine español, siendo las más célebres El hombre oculto (1971), de Alfonso Ungría, y Mambrú se fue a la guerra (1986) de Fernando Fernán Gómez. Títulos a los que ahora cabe añadir La trinchera infinita (2019), dirigida por la misma terna de cineastas vascos (Arregi, Garaño, Goenaga) que ya deslumbraron con las muy estimables Loreak (2014) y Handia (2017).

Arranca la acción en el 36, en un lugar indeterminado de Andalucía. Sobre la pantalla aparece impresa una definición del diccionario (campeada. Correría, salida repentina, expedición súbita contra el enemigo en son de algarada), primera de las muchas que irán jalonando el relato en un a modo de itinerario vital del protagonista. Porque a Higinio (Antonio de la Torre) lo van a buscar a su casa los nacionales, de modo que no le queda más remedio que salir huyendo con lo puesto. Son estos primeros instantes de un enorme atosigamiento, con la cámara pegada a la espalda del personaje mientras éste huye desesperadamente por un laberinto de callejuelas.



Más tarde, una vez ya instalado en las reducidas dimensiones de su zulo, la puesta en escena adquiere forzosamente morosidad, asumiendo el reto de adoptar el punto de vista de quien, en lo sucesivo, percibirá a través de rendijas o mediante el murmullo amortiguado de los vecinos lo que ocurre en el exterior. Por otra parte, las noticias y canciones que suenan por la radio ayudan a marcar el paso del tiempo, mientras que la excelente caracterización del recluido, con su inexorable proceso de envejecimiento, representa uno de los puntos fuertes de la cinta. 

No obstante, también la esposa (Belén Cuesta) y el hijo acaban siendo víctimas de la situación, toda vez que el temor a ser descubiertos los fuerza a hablar en susurros y a fingir otra vida de puertas hacia afuera. Ahí es precisamente donde radica lo interesante del enfoque que le dan al guion Luiso Berdejo y Jose Mari Goenaga: en perfilar una multiplicidad de soledades, no sólo la de Higinio y su familia, sino también la de otros, como la pareja de homosexuales que se cuela en la casa e, incluso, la del odioso vecino (Vicente Vergara) que se pasa el resto de sus días obsesionado con fiscalizar a los demás. Todo lo cual degenera en el absurdo de perpetuar el miedo y el rencor, convertidos ya en rutina, hasta mucho después de que las autoridades franquistas hubiesen dado por concluida la contienda.



domingo, 1 de marzo de 2020

Handia (2017)




Directores: Aitor Arregi y Jon Garaño
España, 2017, 114 minutos

Handia (2017) de Aitor Arregi y Jon Garaño

País Vasco: 1836. En pleno auge de las guerras carlistas, las tropas de reclutamiento se presentan en el caserío de los Eleizegi. Son tiempos duros y el padre implora que no le priven de sus dos hijos varones. Apiadado o impaciente, el capitán le pide que elija a uno para que se incorpore a filas: el otro se quedará con él. Y así, Joaquín (Eneko Sagardoy) se libra de ir al frente con Martín (Joseba Usabiaga). Sin embargo, cuando este último regrese al cabo de tres años encontrará a su hermano muy cambiado...

La acromegalia es una de esas enfermedades denominadas "raras", consecuencia de un exceso de secreción de hormona del crecimiento por la hipófisis y cuyo síntoma más evidente es el gigantismo. Y, según parece, ésta fue precisamente la dolencia que aquejaba a Migel Joakin Eleizegi Arteaga, el Gigante de Altzo (1818-1861), un vasco que alcanzó los 2,40 metros de altura y cuya vida sirvió de base para el guion de la película que nos ocupa, ganadora de diez premios Goya.



Aitor Arregi y Jon Garaño, el mismo tándem de directores que en su día cosecharon el éxito con la entrañable Loreak (2014), volvían a la carga con otra cinta rodada en euskera y que, además de recrear con precisión notable el contexto histórico, sigue de cerca la línea de clásicos como El hombre elefante (1980) de David Lynch. Convertido en atracción de feria por necesidades económicas de su propia familia, Joaquín recorrerá media Europa como fenómeno que satisfaga la curiosidad del populacho, aunque también hay científicos que muestran interés en conocer su caso y hasta la reina Isabel II solicita apreciar de cerca los atributos del mozo. 

No obstante, la ficción se ve a menudo superada con creces por una realidad todavía más cruel, si cabe. Véase, si no, el rocambolesco periplo del baloncestista argelino Saad Kaiche hasta terminar haciendo de doble de Eneko Sagardoy en Handia. Toda una odisea en la que no faltó alguna que otra empresa que le ofreció empleo como reclamo publicitario. Lo cual demuestra que entre la España decimonónica que refleja la película y la actual tampoco han cambiado demasiado las cosas...


sábado, 14 de febrero de 2015

Loreak (2014)




Título alternativo: Flores
Directores: Jon Garaño y Jose Mari Goenaga
Euskadi, 2014, 99 minutos

Sólo son flores

Loreak (2014) de Jon Garaño y Jose Mari Goenaga

Evangelina Sobredo Galanes falleció el 2 de agosto de 1976, sobre las 5:40 horas de la madrugada, en un accidente de tráfico en la carretera C-620 (hoy día renombrada como N-525), en el casco urbano de Colinas de Trasmonte, localidad del partido judicial de Benavente (provincia de Zamora). Tenía 27 años. Su nombre artístico: Cecilia. Pese a lo prematuro de la muerte de la cantautora, dejó para la posteridad un puñado de canciones inolvidables. Entre ellas "Un ramito de violetas". La historia que explicaba es de sobras conocida: una mujer casada con un hombre aparentemente no muy tierno recibe cartas y flores de un anónimo admirador. Aquellos que recuerden la letra sabrán, por demás, "quién cada nueve de noviembre / como siempre sin tarjeta / le mandaba un ramito de violetas".

Pues mire usted por dónde que en Loreak, lo que son las cosas, también hay un accidente de coche y una mujer que recibe flores de un desconocido. Los vascos Jon Garaño y Jose Mari Goenaga han sabido dar en el clavo con este relato en el que los sentimientos latentes actúan de condicionante de toda la trama. Un argumento plagado de sutilezas que subyacen en el fondo de unos personajes a menudo más definibles por lo que callan que no por lo que están dispuestos a admitir.

Dos candidaturas a los premios Goya (a la mejor película y a la mejor música original, de Pascal Gaigne) confirman el éxito de esta producción rodada enteramente en euskera, lo cual, al igual que ya sucediera con Pa negre, no parece ser ningún obstáculo para llegar a un público amplio más allá del ámbito autonómico. Quizá porque el buen cine nada tiene que ver con prejuicios que convendría desterrar de una vez por todas.