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martes, 26 de septiembre de 2023

El sol del futuro (2023)




Título original: Il sol dell'avvenire
Director: Nanni Moretti
Italia/Francia, 2023, 95 minutos

El sol del futuro (2023) de Nanni Moretti


Cuando un cineasta alcanza la venerable condición de septuagenario y atesora una carrera tan brillante como la del italiano Nanni Moretti (Brunico, 1953) se puede permitir el lujo de dirigir una película a la altura de Il sol dell'avvenire (2023). Y no sólo por lo que en ella dice (que, desde luego, el hombre se ha quedado a gusto), sino sobre todo por la credibilidad que le confiere una filmografía quizá un tanto irregular, pero siempre coherente en la forma y en el fondo.

Es probable que este último trabajo suyo no sea tan autobiográfico como a priori cabría pensar, y que ese director cuyas neuras hacen ir de cabeza a todo el equipo del filme que está rodando no se corresponda exactamente con su alter ego. En todo caso, el situar la acción de dicho proyecto en 1956, haciendo coincidir el momento de mayor efervescencia del PCI con los aciagos sucesos del Otoño húngaro, le permite llevar a cabo una reflexión a caballo entre el pasado y el presente que es a la vez ideológica y cinematográfica. A este respecto, dos son las cuestiones de fondo que aquí se plantean (aunque enunciarlas resulte un tanto de Perogrullo): "¿hacia dónde va el mundo?" y, al mismo tiempo, "¿hacia dónde va el cine?".



A ambas preguntas, Moretti responde con una comicidad no exenta de sarcasmo, dando a entender el fracaso de las utopías y, por ende, de una forma de entender la vida y el arte. De ahí la estupefacción del protagonista ante la ignorancia del joven colaborador que confunde a los comunistas con los rusos, el gusto por la violencia gratuita del que hacen gala los nuevos realizadores o el mercantilismo obtuso de los jerarcas de Netflix y su manía de reducirlo todo a algoritmos infalibles en los 190 países donde se comercializan sus insípidos productos.

Y, sin embargo, ante la locura colectiva, el viejo hombre de cine opta por mantenerse fiel a sus principios mediante una obra metaficcional que rinde homenaje al Fellini de Otto e mezzo (1963) y al Truffaut de La nuit américaine (1973), aparte de otras muchas referencias explícitas a lo largo del relato (la forma en que se inmiscuye en los asuntos de sus personajes, por ejemplo, pudiera recordar a Bergman o incluso a Woody Allen). Un irónico rayo de esperanza, ya desde el propio título, que nos recuerda cómo a menudo el gran teatro del mundo no difiere gran cosa de la troupe circense que, en los instantes finales, desfila alegremente rumbo a un destino incierto.



domingo, 8 de abril de 2018

Padre patrón (1977)




Título original: Padre padrone
Directores: Paolo y Vittorio Taviani
Italia, 1977, 114 minutos

Padre patrón (1977) de P. y V. Taviani


Multipremiada y elevada a la categoría de clásico, Padre padrone representa uno de los títulos esenciales en la ya extensa filmografía de los hermanos Taviani. Máxime si se tiene en cuenta que los hechos en los que se inspira la película proceden del testimonio del lingüista Gavino Ledda, autor del libro homónimo y víctima de la educación represiva que el filme ayudaba a poner en entredicho.

De hecho, la cinta se abre y se cierra con un a modo de prólogo-epílogo en el que el propio Ledda nos pone en antecedentes, dándole la réplica a Omero Antonutti en lo que supone una curiosa forma de ajustar cuentas con los fantasmas de su niñez: "Tenga esta vara: mi padre solía usarla..." Y, armado con la estaca que el hijo real ha brindado al padre en la ficción, irrumpe el inhumano progenitor en el aula para llevarse al chico por la fuerza.



Sería, sin duda, muy difícil en la actualidad sacar adelante un proyecto de las características de Padre padrone, habida cuenta de la explicitud de determinadas escenas, sobre todo en lo concerniente a maltrato infantil y animal. Con todo, hay en la mirada de los Taviani una ternura hacia las gentes y tradiciones sardas que va más allá de lo meramente anecdótico: el suyo es un cine de personas, más preocupado por los problemas del individuo y su encaje en la colectividad que no de la corrección política.

Al margen de una breve aparición de Nanni Moretti, resulta también interesante el uso que de la música se hace en la película. Como el Concierto para clarinete de Mozart, que vendría a ser una especie de leitmotiv sobre el afán de conocimientos de un Ledda que no se resigna a vivir eternamente bajo la égida paterna. Así pues, cuando el padre sumerja la radio en el agua, Gavino continuará silbando la misma melodía en señal de que ya no piensa dejarse doblegar más por la fuerza bruta de un hombre con muy pocas luces.

Los Taviani con Ledda (centro) en la actualidad

domingo, 29 de enero de 2017

Mia madre (2015)




Director: Nanni Moretti
Italia/Francia/Alemania, 2015, 106 minutos

Mia madre (2015) de Nanni Moretti


Ha muerto Emmanuelle Riva, la anciana de Amour y la muchacha de Hiroshima mon amour. Y la noticia me pilla casualmente viendo una historia sobre la muerte de una madre. O mejor dicho: sobre la dificultad de asumir su decrepitud e inminente desaparición. Margherita Buy se despierta en mitad de la noche y encuentra el piso inundado. ¿Pero esta escena no la había filmado ya Haneke en Amour...?

Conforme avanza Mia madre vuelvo a tener algún ligero déjà vu: las secuencias oníricas me hacen pensar en Fellini, concretamente en 8½. Así como el hecho de que asistamos al rodaje de un filme dentro de otro filme, cuya directora atraviesa una crisis personal y creativa. Pero todo ello no es óbice para que la película me emocione. A fin de cuentas, es público y notorio que Nanni Moretti (ya saben: ese señor italiano con barba que suele sentarse en los bancos de los parques para hablar de su familia) es un consumado maestro a la hora de contar historias que nos toquen la fibra.



En ese sentido, la información que se nos suministra para hacer creíbles las situaciones se irá dosificando con suma habilidad: la hija que olvida su libro de latín en casa; Ada (Giulia Lazzarini) preguntando por la función sintáctica de una palabra; antiguos alumnos que desean pasar a verla; la abuela enseñando a traducir a la nieta; Margherita queriendo saber adónde irán Lucrecio, Tácito y tanto saber acumulado cuando su madre ya no esté... Pinceladas sabiamente introducidas aquí y allá para construir unos personajes creíbles en torno a la figura materna. Sin duda, son muchos los años que lleva Moretti sentándose en los parques para hablar de su familia: tantos, que ni él mismo recuerda cuántos. Y si, encima, la música elegida para la banda sonora es de Arvo Pärt, la emotividad estará más que asegurada.

Pero, además de lágrimas, hay también sonrisas en Mia Madre, en especial cuando interviene el italoamericano John Turturro, quien interpreta a un histriónico y algo divo Barry Huggins: aparentemente, el típico actor de Hollywood fanfarrón e incapaz de aprenderse su texto de empresario en Noi siamo qui, la película sobre la lucha obrera que está rodando Margherita, pero aquejado, en realidad, de una dolencia neuronal hereditaria que le impide recordar las cosas a corto plazo. Su personaje actúa de contrapeso cómico frente al duelo de Margherita y su hermano Giovanni (el propio Moretti) ante la inmediata defunción de la madre.



P.D.: También ha fallecido John Hurt: tal vez tendremos ocasión de hablar de ello si Moretti filmase algún día un Mio padre...