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miércoles, 17 de septiembre de 2025

David Gilmour Live at the Circus Maximus, Rome (2025)




Título en castellano: David Gilmour en vivo en el Circo Máximo de Roma
Director: Gavin Elder
Reino Unido, 2025, 150 minutos

DG en vivo en Roma (2025) de Gavin Elder


Pues sí, amigos: de nuevo uno de los Floyd ofrece su música en vivo a través de las pantallas de algunas selectas salas de cine. Y si en julio era Waters quien nos deleitaba desde Praga, ahora le toca el turno a David Gilmour desde las inmortales ruinas del circo romano. Dos únicos pases, como ya hiciera su ex compañero y hoy rival, en lo que se intuye como la manera que tiene Sony, actual propietaria del catálogo de la banda británica, de promocionar los trabajos en solitario de sus antiguos integrantes.

Poco nuevo que destacar, en realidad, respecto al concierto de Gilmour en Pompeya de hace ocho años, si no es la presencia de su hija Romany en el escenario y unas cuantas canciones de su último álbum, Luck and Strange (2024), en el repertorio. Por lo demás, la dirección vuelve a estar a cargo de Gavin Elder y los clásicos de la época dorada de Pink Floyd, desde "Time" hasta "Whish You Were Here", pasando por "Comfortably Numb" y su memorable solo de guitarra como colofón, van cayendo uno tras otro como no podía ser de otra manera.



Sin embargo, hay que rendirse a la evidencia y aceptar que aunque el casi octogenario Gilmour se mantiene en bastante buena forma, el tiempo no perdona y conviene dosificar fuerzas. De ahí que en varias ocasiones a lo largo del concierto el veterano guitarrista ceda el protagonismo a Ben Worsley, un tipo que toca como Gilmour, canta como Gilmour, pero no es Gilmour…

Se recuperan temas de la etapa post Waters de Pink Floyd, como "Sorrow", y hasta cuatro canciones de The Division Bell (1994). Y en esa misma línea, la nostalgia hace acto de presencia con "Fat Old Sun", del álbum Atom Heart Mother (1970), llegando a su punto álgido, en uno de los momentos más emotivos de la noche, gracias a una portentosa y minimalista versión (sin batería) de "The Great Gig in the Sky", complementada, a continuación, con "A Boat Lies Waiting", en lo que supone un sentido homenaje a Rick Wright, fallecido en 2008.

Y bien: si el hombre comienza con unas palabras al principio en las que no tiene pelos en la lengua para afirmar, medio en broma medio en serio, "Me llamo David Gilmour y soy una jodida leyenda", termina en cambio la velada mucho más comedido, agradeciendo públicamente el apoyo incondicional de su esposa y letrista Polly Samson.



miércoles, 23 de julio de 2025

Roger Waters: This Is Not a Drill - Live from Prague (2025)




Directores: Sean Evans y Roger Waters
Reino Unido, 2025, 165 minutos

This Is Not a Drill (2025) de Sean Evans


Un aire de despedida flota en el ambiente de This Is Not a Drill (2025), filmación de los conciertos que un pletórico Roger Waters de ochenta años ofreció en Praga los días 24 y 25 de mayo de 2023. Repaso bastante completo de toda una vida dedicada a la música en la que no faltan clásicos "de cuando tocaba con otra banda", afirma el siempre irónico artista en referencia a su pasado como líder y compositor principal de los míticos Pink Floyd.

Un escenario en forma de cruz en mitad de la arena permite a los asistentes gozar de las continuas proyecciones y proclamas que desfilan por las pantallas de la parte superior. Algunas son simples comentarios por parte del propio Waters, quien aprovecha para hacer balance, en forma de batallitas, de su trayectoria vital y artística (especialmente emotivas son las palabras que evocan a Syd Barrett, compañero y amigo, además de miembro fundador de los Floyd, apartado del grupo a causa de sus problemas mentales); otros son audios en los que la voz del veterano músico vuelve a recurrir al cinismo: "Si eres de los que no soportan mis reivindicaciones políticas... ¡Vete a la mierda!". Simple y directo.



La formación que lo acompaña no tiene desperdicio, con especial mención para los guitarristas Dave Kilminster y Jonathan Wilson, así como un incombustible Jon Carin que lo mismo toca con Waters que con Gilmour (este último, por cierto, no aparece en ninguna de las numerosas imágenes de archivo que desfilan en los momentos de mayor nostalgia del show, lo cual, lejos de ser una casualidad, refleja las tensiones que han ido erosionando su relación con Roger desde hace años).

El repertorio, muy representativo de toda su carrera, incluye también temas de sus álbumes en solitario: "The Powers That Be" de Radio K.A.O.S. (1987), "The Bravery of Being Out of Range" de Amused to Death (1992), "Déjà vu" del más reciente Is This the Life We Really Want? (2017). Aunque es una canción inédita en dos partes, "The Bar", la que arranca mayores aplausos del público, quizá porque la letra, libremente inspirada en un tema de Bob Dylan (al que Waters da las gracias, al igual que a su esposa Kamilah y a su hermano John, ya fallecido), nos interpela directamente para lograr el reto de huir del genocidio y salvar el alma de la humanidad.

Brindando con mezcal al final del concierto


lunes, 16 de junio de 2025

The Committee (1968)




Título en español: El Comité
Director: Peter Sykes
Reino Unido, 1968, 58 minutos

The Committee (1968) de Peter Sykes


A caballo entre lo surrealista y lo kafkiano, The Committee (1968) es hoy sobre todo recordada gracias a la banda sonora que unos primerizos Pink Floyd compusieron para la película. Rodada en blanco y negro y protagonizada por Paul Jones, cantante de los Manfred Mann, la cinta aborda la extraña historia de un joven que, tras cercenarle la cabeza con el capó de su propio coche al conductor que lo ha recogido haciendo autoestop, terminará acosado por una comisión de expertos que le provoca un hondo sentimiento de culpa.

Australiano de nacimiento, el cineasta británico Peter Sykes (1939-2006) debutaba en la dirección con este mediometraje cuyos personajes disertan a propósito de lo humano y lo divino dando pie a diálogos tan suculentos como el que sigue entre el director del Comité y el protagonista: "Hay quien cree que los criminales y los locos son los verdaderos héroes", a lo que el otro responde, "¿Por qué no en un mundo tan corrupto?"



Sin embargo, uno de los momentos estelares del filme tiene lugar durante una fiesta en la que actúan el histriónico Arthur Brown y su banda, The Crazy World of Arthur Brown: él ataviado con una corona de fuego y su característica máscara metálica mientras interpreta la canción "Nightmare" (aunque la fama, como todo el mundo sabe, le viene por otro tema: "Fire!", que en España versionaron Los Salvajes y en Méjico La Máquina del Sonido).

Una atmósfera inquietante y sombría, con ciertos toques de excentricidad psicodélica, refleja las obsesiones habituales de la contracultura de finales de los sesenta. De ahí el tono introspectivo y discursivo, hasta cierto punto existencialista, vagamente deudor del cine de Antonioni, de una cinta que aborda la lucha del individuo contra las estructuras burocráticas.

"Quiero que me diga lo que pasó en el bosque aquel día..."


domingo, 15 de junio de 2025

Crystal Voyager (1973)




Director: David Elfick
EE.UU./Australia, 1973, 78 minutos

Crystal Voyager (1973) de David Elfick


Interesante documental en torno al mundo del surf y, en particular, del surfista estadounidense George Greenough, quien narra los pormenores de su día a día a través de la voz en off que acompaña las imágenes. Y así, durante más de cincuenta minutos, asistimos al relato de cómo construye y da forma a sus tablas y a su propia embarcación en las costas del sur de California mientras de fondo suenan las canciones del australiano G. Wayne Thomas y su banda.

Sin embargo, Crystal Voyager (1973) da un giro en la última media hora de metraje, dejando de lado las audacias de Greenough sobre las olas para centrarse en la magnificencia submarina de las profundidades oceánicas. Con el acompañamiento musical de Pink Floyd y su mítico "Echoes", cara B del álbum Meddle (1971). Ni que decir tiene que la combinación entre imagen y sonido da como resultado una experiencia cercana a lo lisérgico, que es como debió de disfrutarse, por cierto, en su momento, cuando un público formado por fieles seguidores del conjunto liderado por Roger Waters tenía la oportunidad de disfrutar en pantalla grande de semejante espectáculo.



Conviene puntualizar que estamos hablando de una generación que ya había experimentado vivencias similares dejándose seducir por los viajes interestelares de la odisea espacial pergeñada por Kubrick en 2001 (1968). De modo que la unión de las aguas embravecidas y el rock progresivo de los Floyd, después de que un año antes hubiesen interpretado ese mismo tema en directo en las ruinas de Pompeya, perseguía provocar el mismo o parecido efecto sobre la audiencia.

A este respecto, los objetivos ojo de pez utilizados por el director David Elfick y su equipo aportan al encuadre una característica apariencia convexa no rectilínea. Lo cual, junto con la elegancia de las tomas a cámara lenta, constituye el rasgo más definitorio de un producto anterior a la existencia de los videoclips pero cuyo resultado, a grandes rasgos, vendría a ser similar. El grupo británico, de hecho, utilizó estas mismas imágenes en algunos de sus conciertos.



jueves, 31 de octubre de 2024

Rock Bottom (2024)




Directora: María Trénor
España/Polonia, 2024, 86 minutos

Rock Bottom (2024) de María Trénor


Una explosión de colorido nos da la bienvenida al mundo sonoro de Robert Wyatt, leyenda del rock progresivo de los setenta que, tras su paso como batería por las filas de los no menos míticos Soft Machine, quedaría postrado de por vida en una silla de ruedas a consecuencia de un fatídico accidente (al parecer, en el transcurso de una noche de excesos etílicos, el músico británico se precipitó por la ventana de un cuarto piso). Corría junio de 1973.

Rock Bottom (2024) toma su título del disco homónimo que Wyatt publicaría hace ahora medio siglo, un año después de quedar parapléjico. Y, como no podía ser de otro modo, tratándose de un homenaje a uno de los álbumes emblemáticos de la historia de la música, la cinta de animación, dirigida por María Trénor bajo la producción de Alba Sotorra, se ha presentado estos días en Barcelona con motivo del Festival In-Edit que se celebra anualmente en la Ciudad Condal.



Un ambiente onírico, paralelo al que destilan las canciones de Wyatt, recorre las distintas escenas de principio a fin del relato, un a modo de semblanza biográfica teñida de efluvios psicodélicos y constantes referencias a la escena musical de aquel entonces: Nick Mason, batería de Pink Floyd, aparte de productor de varios proyectos en solitario de Wyatt, aparece brevemente al principio, en una secuencia en la que también se hace alusión de pasada a Syd Barrett.

A partir de aquí la trama discurrirá por senderos más o menos familiares para quienes conozcan la trayectoria del cantante y compositor, como la estancia de Wyatt en Mallorca junto a la que será su eterna compañera: la ilustradora y cineasta Alfreda Binge, Alif, con la que convive en la isla en una vorágine continua de misticismo hippie, auspiciado por el gurú y también músico David Allen, y de consumo masivo de sustancias alucinógenas. Sin embargo, que nadie se espere un biopic al uso porque esto es otra cosa, algo más cercano a las letras surrealistas del disco que a la estructura clásica de un relato. A fin de cuentas, lo que vemos en pantalla no dejan de ser los delirios de Wyatt mientras éste se halla convaleciente en el hospital.



lunes, 15 de agosto de 2022

El valle (1972)




Título original: La vallée
Director: Barbet Schroeder
Francia, 1972, 106 minutos

El valle (1972) de Barbet Schroeder


Dos son las ocasiones en que los legendarios Pink Floyd colaboraron con el cineasta francés Barbet Schroeder. De la primera de esas películas, More (1969), ambientada en la Ibiza de los hippies, ya tuvimos ocasión de hablar hace algunos años. La otra, titulada sencillamente La vallée (1972), narra el viaje iniciático de unos occidentales que se adentran en las profundidades de Papúa Nueva Guinea en busca de las tierras vírgenes de un misterioso valle "más allá de las nubes" (Obscured by Clouds, séptimo álbum de estudio de la banda británica, recogía las diez canciones de la banda sonora).

Puede que el contenido de la cinta, transcurrido medio siglo desde su estreno, haya quedado un tanto obsoleto en lo concerniente al misticismo de unos jóvenes cuya aspiración de dar con algo semejante al Paraíso en la Tierra se nos antoja hoy más bien ingenua. En todo caso, es el innegable valor documental de las imágenes lo que sigue manteniendo vivo el interés de un filme en el que participaron los Mapuga y otras tribus aborígenes.

La cantante y actriz Valérie Lagrange en el papel de Hermine


Por lo demás, Viviane (Bulle Ogier) y el resto de expedicionarios responden al perfil de europeos desencantados con un modo de vida excesivamente apegado a los bienes materiales y en el que sienten que ya no encajan. Por eso practican el amor libre y por eso mismo parten rumbo a las regiones inexploradas de las montañas en un viaje sin retorno que, además de ayudarles a dejar atrás su pasado, les permita hallar también la iluminación interior.

He ahí el motivo por el que no sólo conviven durante varios días con los indígenas, sino que participan asimismo de sus rituales con motivo de un festival organizado conjuntamente por varios clanes de la zona. Y así, la burguesa Viviane, esposa del cónsul francés en Melbourne, se irá olvidando de las exóticas plumas y máscaras con las que solía comerciar para, en lugar de ello, adentrarse paulatinamente en la pureza de un mundo tan primitivo como auténtico.



martes, 4 de enero de 2022

Café de Flore (2011)




Director: Jean-Marc Vallée
Canadá/Francia, 2011, 120 minutos

Café de Flore (2011) de Jean-Marc Vallée


Una historia cogida con pinzas en la que se mezclan distintos planos temporales, amoríos, reencarnaciones, rencillas familiares y hasta música de Pink Floyd. Aunque esto último también sucedía en C.R.A.Z.Y. (2005). Entre sus puntos fuertes, en cambio, destaca el hecho de que Café de Flore (2011) es, sin duda, una película muy de autor, probablemente repleta de referencias autobiográficas de su director y guionista: el malogrado Jean-Marc Vallée (1963–2021).

¿Qué relación puede haber entre la madre de un niño con síndrome de Down (Vanessa Paradis) que vive en el París de 1969 y la familia de un DJ québécois del siglo XXI? Insólitas y un tanto forzadas conexiones que la ex mujer del protagonista logrará intuir con la ayuda de una médium. Mientras, Antoine (Kevin Parent) intenta rehacer su vida junto a la bella Rose (Hélène Florent), algo que la hija adolescente del primero no acaba de digerir.



En todo caso, el difícil juego de equilibrios a través del tiempo y el espacio que aquí proponía el cineasta francocanadiense presenta no pocos elementos en común con un filme posterior de Todd Haynes titulado Wonderstruck (2017) y que ya tuvimos ocasión de comentar en su día. De lo cual parece desprenderse una cierta propensión a lo fantástico por parte de determinados directores de los últimos años a medio camino entre la industria y el cine independiente.

Por último, nótese cómo Vallée, fallecido hace apenas diez días, demostraba una vez más ser un consumado melómano. Así lo atestigua la selecta banda sonora de la cinta, donde, además de escucharse algunos temas de The Dark Side of the Moon, obra cumbre de los ya mencionados Pink Floyd, se incluyen varias canciones de The Cure.



miércoles, 2 de octubre de 2019

Roger Waters: Us + Them (2019)




Directores: Sean Evans y Roger Waters

Reino Unido, 2019, 135 minutos

Roger Waters: Us + Them (2019)

Tras Roger Waters: The Wall (2014) y la consiguiente réplica por parte de su antiguo compañero de filas (y hoy casi enemigo irreconciliable) David Gilmour Live at Pompeii (2017), el estreno del documental sobre la gira Us + Them ha levantado una menor expectación, quizá porque los incondicionales de todo aquello relacionado con los legendarios Pink Floyd ya empiezan a estar habituados a este tipo de filmaciones de conciertos. También es verdad que, en esta ocasión, serán dos los pases y que (conviene no olvidarlo) el de hoy ha coincidido con un partido del Barça en la Champions...

Sea por lo que fuere, el caso es que la sala 9 de los cines Balmes de Barcelona no se ha llenado. Ni tampoco ha hecho falta para que los asistentes disfrutasen a base de bien con el usual repertorio de clásicos pinkfloydianos. Comenzando por "Breathe", tema introductorio del mítico Dark Side of the Moon (1973), o el instrumental "One of these days" del álbum Meddle (1971), aunque también con tres canciones —"The Last Refugee", "Déjà vu", "Picture that"— pertenecientes a Is This the Life We Really Want? (2017), el que, presumiblemente, será testamento y último trabajo en estudio de Waters.



El tándem que integran Sean Evans y el propio artista ha concebido el filme como si éste mostrase un único concierto y no el resumen de un larguísimo tour mundial. A este respecto, el show combina espectacularidad y compromiso político a partes iguales, con continuas proclamas anti Trump y en favor de la causa palestina o de preservar el planeta. Quizá el momento álgido sea, en ese sentido, la recreación virtual de la Battersea Power Station, icónica portada del álbum Animals (1977) que emerge desde el centro del recinto y sobre cuya fachada se proyectan mil y una imágenes, mensajes e incluso controvertidas citas textuales extraídas de los discursos del presidente norteamericano.

Con todo, el resultado final posee un innegable toque mainstream, con continuos insertos de primeros planos de fans enfervorecidos cantando las canciones. Lo cual da una idea de hasta qué punto, valga la paradoja, lo reivindicativo puede acabar convertido en un producto convencional. Quizá por ello, Waters, quien, a sus setenta y seis años, tiene ya suficiente experiencia de la vida y, sobre todo, de este negocio, culmina la película con una reflexión en off sobre la naturaleza circense que se halla en la base de la industria musical y, sobre todo, en el carácter masivo que han acabado adquiriendo los conciertos de rock en abarrotados estadios de fútbol. Precisamente, y como interesante propina, las más de dos horas de metraje de Us + Them se complementan con el documental A fleeting glimpse: aproximación en clave íntima a la vida entre bastidores de una estrella (impagable la escena en la que Waters se niega a darle la mano a un joven seguidor por miedo a posibles gérmenes) y a los ensayos y/o preparativos que conlleva una gira de tales proporciones.

Interpretando "Time"

lunes, 22 de abril de 2019

Pink Floyd: Live at Pompeii (1972)




Director: Adrian Maben
Bélgica/Alemania/Francia, 1972, 92 minutos

EL ANTI-WOODSTOCK

Pink Floyd: Live at Pompeii (1972)
de Adrian Maben


La impetuosa efigie de Roger Waters aporreando un gong bajo el sol abrasador de Pompeya ha quedado para la historia como uno de los iconos de la música rock. Corría el mes de octubre de 1971 y Pink Floyd era todavía un grupo underground. Aunque no por mucho tiempo, puesto que el éxito apabullante de su álbum The Dark Side of the Moon les convertiría, apenas dos años después, en un auténtico fenómeno de masas.

Waters interpretando "A Saucerful of Secrets"

Es precisamente por eso que la filmación del "concierto" que ofrecieron en el anfiteatro de la antigua ciudad romana, a los pies del Vesubio, tiene, además de un innegable valor musical, el aliciente del documento que deja constancia de un período tan genuino como irrepetible. Y, si no, compárese con el recital ofrecido por David Gilmour en esa misma arena, ya en solitario y con muchos kilómetros a sus espaldas, en 2017: que el guitarrista intentase revivir las glorias de su juventud llenando con miles de personas el lugar donde él y sus antiguos compañeros habían actuado a puerta cerrada es la prueba fehaciente de que algo se perdió por el camino.

¿Chewbacca? ¡No: David Gilmour!

La idea de rodar en las ruinas pompeyanas la tuvo el director Adrian Maben a raíz de una visita turística en la que perdió el pasaporte: al regresar allí para buscarlo, a eso de las ocho, comprobó que el silencio del crepúsculo sería el entorno ideal para que la banda británica diese rienda suelta a su creatividad (que entonces era mucha). De modo que, tras entrevistarse un par de veces con Steve O'Rourke (1940–2003), a la sazón mánager del grupo, se pusieron manos a la obra, con un plan de rodaje de seis días. Que quedarían reducidos a tres, ante las dificultades técnicas para obtener suministro eléctrico suficiente que alimentase el mastodóntico equipo de sonido.

La banda al completo... en París

Quizá ello explica por qué de los siete temas que interpreta Pink Floyd en Live at Pompeii (seis, en realidad, puesto que la extensa "Echoes" fue dividida en dos partes) sólo la mitad se grabaron allí: la ya mencionada "Echoes", "A Saucerful of Secrets" y "One of These Days". Los otros tres —"Careful With That Axe Eugene", "Set the Controls For the Heart of the Sun" y "Mademoiselle Nobs" (versión instrumental de "Seamus")— fueron interpretados en un estudio de París, valiéndose, a ratos, de transparencias que se proyectan como fondo mientras Mason, Waters, Gilmour y Wright tocan sus instrumentos y que hoy se ven pasadísimas de moda.

Richard Wright (1943–2008)

Como suele ocurrir en estos casos, existen dos versiones distintas del material filmado: por una parte, el montaje original, de apenas una hora de duración; por otra, el montaje que el propio Maben llevara a cabo en 2003, enriqueciendo el metraje ya existente con entrevistas a los miembros de la banda (o devorando ostras o "peleándose" por un pastel de manzana en la cantina de los estudios Abbey Road...) e imágenes de las sesiones de grabación de los álbumes Meddle (1971) y The Dark Side of the Moon (1973). No obstante, todo hay que decirlo, el director también se saca de la manga unas innecesarias instantáneas de planetas y naves espaciales que puede que sirvan de relleno, pero que, en cualquier caso, podía haberse ahorrado...

Nick Mason

sábado, 21 de julio de 2018

Zabriskie Point (1970)




Director: Michelangelo Antonioni
EE.UU., 1970, 113 minutos

¿DINAMITAR LA SOCIEDAD DE CONSUMO?

Zabriskie Point (1970) de Michelangelo Antonioni


Tan mítica como fallida, Zabriskie Point (1970) es hoy una cinta de culto más célebre por su banda sonora, parcialmente a cargo de Pink Floyd, que no por sus méritos cinematográficos. Francamente: ni Antonioni sabía del todo qué hacer en un ámbito que no era el suyo ni en Hollywood supieron qué hacer con Antonioni... Ésa es al menos la sensación que provoca el visionado de una película con la que se quiso captar la esencia de la contracultura y que, probablemente por ello, no ha envejecido precisamente bien.

En la secuencia inicial, por ejemplo, un grupo de jóvenes universitarios están celebrando una asamblea. Algunos de ellos, como Kathleen Cleaver (líder histórica de los Panteras Negras), reivindican ardientemente los derechos de los afroamericanos, si bien la reunión deriva hacia un enfrentamiento dialéctico para dilucidar quién es el más "revolucionario" de los allí presentes: ése es el tono panfletario y, por ende, superficial del que el filme ya no sabrá desprenderse durante el resto de su metraje.



En Europa, el director italiano había demostrado ampliamente su capacidad para concebir obras maestras mediante el auxilio de intérpretes como Monica Vitti o Marcelo Mastroianni cuyo atractivo físico no estaba reñido con un enorme talento. En Zabriskie Point, en cambio, los protagonistas sólo son guapos... Cierto que tampoco se trataba de actores profesionales, pero, aun así, ni Mark Frechette (que fallecería en prisión poco tiempo después con apenas 27 años) ni Daria Halprin están a la altura.

¿Y qué otra cosa cabía esperar de una película producida por la Metro-Goldwyn-Mayer? Antonioni pretendía que, en el plano final, un aeroplano escribiese sobre el cielo la frase "Fuck You, America!" Algo contra lo que los directivos de la compañía se opusieron frontalmente, pero que ilustra a la perfección el pulso que se vivió tras las cámaras entre lo comercial y lo radical y que daría como resultado un producto híbrido que no acaba de ser ni lo uno ni lo otro.


jueves, 11 de enero de 2018

Rosencrantz y Guildenstern han muerto (1990)




Título original: Rosencrantz & Guildenstern Are Dead
Director: Tom Stoppard
Reino Unido/EE.UU., 1990, 117 minutos

Rosencrantz y Guildenstern han muerto (1990)


La única película hasta la fecha dirigida por el dramaturgo británico de origen checo Tom Stoppard fue esta adaptación de su propia obra teatral homónima. Y, por extraño que parezca, decidió que empezara y acabase al son de una antigua canción de Pink Floyd titulada "Seamus", blues de apenas dos minutos de duración y peculiar ambientación perruna con el que se cerraba la cara A de su álbum Meddle (1971). En realidad un divertimento, comparado con la profundidad mística (y, más tarde, política) de sus grandes discos conceptuales. Parece como si Stoppard nos estuviera diciendo: del mismo modo que la banda más trascendental del rock progresivo tuvo tiempo de permitirse alguna que otra humorada, yo voy a hacer ahora lo propio con el sacrosanto Hamlet de Shakespeare.

En otro orden de cosas, Rosencrantz y Guildenstern han muerto (1990) recuerda vagamente a un título español rodado más o menos por las mismas fechas: Don Juan en los infiernos (1991) de Gonzalo Suárez, otro escritor metido a cineasta. Tanto en un caso como en el otro, se aprecia una similar factura a la hora de poner al día mitos clásicos de la literatura universal, aunque tal vez Stoppard se muestre más deudor de un planteamiento pirandelliano al estilo de Seis personajes en busca de autor.



De ahí que, convirtiendo a dos secundarios de una obra cumbre en los protagonistas de una trama disparatada, se lograse infundir nueva vida a un texto que adquiría en el acto una dimensión totalmente distinta. Algo así como si los héroes hubiesen ido a pasearse al callejón del gato en un esperpento de Valle-Inclán.

En ese sentido, son especialmente fascinantes los momentos de la película en los que los actores, valiéndose de escasos recursos (un pañuelo rojo, un leve gesto...), son capaces de representar determinadas escenas teatrales en un alarde de imaginación, prueba irrefutable de la procedencia escénica de su director.


domingo, 17 de septiembre de 2017

Jodorowsky's Dune (2013)




Director: Frank Pavich
Francia/EE.UU., 2013, 90 minutos

Jodorowsky's Dune (2013) de Frank Pavich


La siempre proteica personalidad del chileno Alejandro Jodorowsky creyó dar con la horma de su zapato el día que cayó en sus manos la novela Dune de Frank Herbert. Pero la que debía ser la gran película de la historia y piedra fundacional de la nueva ciencia ficción no llegaría nunca a rodarse. Este documental explica cómo fue todo el proceso.

Con un inglés de andar por casa, a veces directamente en castellano, Jodorowsky narra frente a las cámaras de Frank Pavich la génesis y posterior desarrollo del proyecto; su particular manera de convencer a quienes iban a ser sus colaboradores; gente que, según sus vehementes palabras, serían guerreros del espíritu: el productor Michel Seydoux; Salvador Dalí, Orson Welles, David Carradine, Mick Jagger en pequeños papeles; Moebius (Jean Giraud), Dan O'Bannon, H.R. Giger, Chris Foss o Douglas Trumbull en el apartado técnico y artístico; Pink Floyd en la música... Y así un largo etcétera de grandes personalidades, incapaces de resistirse a su temperamento desbordante.

Jodorowsky (izquierda) y Jean Giraud (derecha)


Pero, una vez confeccionada la plantilla con los mejores, vino la parte más complicada: viajar hasta Hollywood para conseguir financiación. Y ahí es donde se estrella el sueño de un hombre, porque, por más impactante que fuese el monumental storyboard elaborado a tal efecto y que les servía de carta de presentación, los productores americanos veían con total recelo a su director: el mismo "chiflado" que había protagonizado El Topo (1970) o La montaña sagrada (1973) y que pretendía llevar a cabo un largometraje de no menos de quince horas.

Aun así, y a pesar del rechazo frontal de los estudios a su proyecto y la posterior versión fallida a cargo de David Lynch, multitud de pequeños detalles revelan que lo que él pretendía hacer no cayó en saco roto, sino que sería reutilizado en años venideros en multitud de producciones futuristas. Sin ir más lejos, su mismo equipo fue el encargado de diseñar con notable éxito la primera entrega de Alien y la propia saga de Star Wars deja entrever el ascendente que las ideas del visionario Jodorowsky tuvieron sobre el concepto general ideado por George Lucas. ¿Quién sabe? Tal vez fue mejor así: al menos la leyenda ha ido alimentando el mito hasta convertirlo en la mejor película jamás filmada y eso ya sí que nadie puede pararlo.


miércoles, 13 de septiembre de 2017

David Gilmour Live at Pompeii (2017)




Director: Gavin Elder
Reino Unido, 2017, 100 minutos

David Gilmour Live at Pompeii (2017) de Gavin Elder

Pues sí: el bueno de Gilmour no podía ser menos y ya tiene su película de igual modo que Roger Waters presentara, hace exactamente un par de años, la versión cinematográfica de la mastodóntica gira sobre The Wall: hasta ese punto llega la rivalidad entre dos egos que llevan media vida disputándose el legado de Pink Floyd, banda de bandas cuyo catálogo sigue siendo, a día de hoy, la base de sus respectivos repertorios. 

También el formato ha sido calcado a la hora de comercializar el filme: un único pase mundial en gran pantalla días antes del lanzamiento del álbum y DVD. Cine Balmes, 20 horas: ¿qué tipo de gente llena hasta rebosar la sala 9? Como era de prever, incondicionales del conjunto británico (las camisetas de The Dark Side of the Moon así lo indican). Tanto, que no les duelen prendas al pagar religiosamente los 15 euros con 50 que vale la entrada. La edad media de la concurrencia ronda la cincuentena, eso era igualmente de esperar.

Y como todo buen conocedor del grupo sabe, la elección de Pompeya como marco para el evento no es en absoluto casual: en 1972, el cineasta Adrian Maben filmó al cuarteto en el mismo anfiteatro que ahora, cuatro décadas y un lustro después, revisita David Gilmour. Sólo que, en aquel entonces, tal vez como respuesta irónica a la locura suscitada por el festival de Woodstock, la actuación tuvo lugar sin público y a plena luz del día. Lo de ahora es otro cantar: una banda de nueve músicos (esta vez sin Phil Manzanera) acompaña al que fuese guitarra y voz solista de Pink Floyd, amén del consabido despliegue de medios (especialmente de luz y de sonido) que caracteriza sus recitales. Nada que ver con la relativa austeridad de aquel lejano 72, el año previo a que el grupo abandonase la escena underground para convertirse en un fenómeno de masas.

Dave Gilmour: then & now

La versión exhibida esta noche en cines tiene una duración de cien minutos, habiendo quedado fuera alguno de los temas emblemáticos ("Money", por ejemplo) que sí aparecerán en el disco que sale a la venta el 29 de este mes. Reproducimos, a continuación el listado de canciones que hemos podido disfrutar en deleitoso Dolby Atmos, indicando entre paréntesis el álbum de procedencia y respectivo año de publicación:

1. "5 A.M." (Rattle That Lock, 2015)
2. "Rattle That Lock" (Rattle That Lock, 2015)
3. "What Do You Want from Me" (The Division Bell, 1994)
4. "The Great Gig In the Sky" (The Dark Side of the Moon, 1973)
5. "A Boat Lies Waiting" (Rattle That Lock, 2015)
6. "Wish You Were Here" (Wish You Were Here, 1975)
7. "In Any Tongue" (Rattle That Lock, 2015)
8. "High Hopes" (The Division Bell, 1994)
9. "One of These Days" (Meddle, 1971)
10. "Shine On You Crazy Diamond" (Wish You Were Here, 1975)
11. "Sorrow" (A Momentary Lapse of Reason, 1987)
12. "Run Like Hell" (The Wall, 1979)
13. "Time / Breathe (Reprise)" (The Dark Side of the Moon, 1973)
14. "Comfortably Numb" (The Wall, 1979)

Apenas cuatro pertenecen a la carrera en solitario de Gilmour: los otros diez son temas de Pink Floyd, lo cual da una idea bastante precisa de cuál es la dependencia del músico británico respecto a su banda de origen. Pero eso es, al fin y al cabo, lo que demanda el público: ya se sabe que la nostalgia suele tener más gancho comercial que la originalidad artística. Aun así, os dejamos con un par de vídeos para que podáis comparar entre la creatividad desbordante de unos jóvenes Pink Floyd y el vigor del que todavía hace gala David Gilmour a sus setenta y un años. El lugar y el tema elegidos son el mismo. Lo único que no ha parado de fluir desde entonces son el tiempo y los astros: "The time is gone, the song is over, thought I'd something more to say..."



martes, 29 de septiembre de 2015

Roger Waters The Wall (2014)




Directores: Sean Evans y Roger Waters
Reino Unido, 2014, 165 minutos

Roger Waters The Wall (2014) de Sean Evans


Sencillamente apoteósico. Sean Evans y Roger Waters ofrecen a los seguidores del músico británico la posibilidad de ahondar en los entresijos de la gira mundial que Waters llevó a cabo entre el 15 de septiembre de 2010 y el 21 de septiembre de 2013. El filme no sólo incluye la interpretación íntegra del álbum The Wall (originalmente publicado en 1979 por Pink Floyd) sino también un personal peregrinaje del músico por los escenarios en los que lucharon y murieron su abuelo y su padre.

Así pues, lo veremos recorrer, al volante de un antiguo Bentley, las carreteras de Francia e Italia hasta llegar a los respectivos monumentos fúnebres de sus familiares. Allí, les rendirá homenaje interpretando a la trompeta la melodía de "Outside the wall". Igualmente emotiva es la escena en la que, rodeado de sus tres hijos (India, Harry y Jack), presenta sus respetos ante la tumba del abuelo.

La emotividad de este periplo llega a tal extremo que, en varias ocasiones a lo largo de dichas escenas, intercaladas entre canción y canción, veremos a Roger derramar lágrimas por aquellos que no conoció pero que tan enormemente influyeron en él como fuente de inspiración.

Tras la proyección del documental se incluye The simple facts, una amistosa conversación entre Roger Waters y Nick Mason a partir de preguntas formuladas por fans de todo el mundo. Sentados a la mesa de un restaurante, irán respondiendo entre bromas a algunas de ellas, apiladas en sendos montones de tarjetas. ¿Quién diría que este par de tipos en su momento se enzarzaron en una batalla legal por obtener los derechos de explotación del nombre Pink Floyd?


Momento álgido de "Comfortably numb"

sábado, 11 de julio de 2015

More (1969)




Director: Barbet Schroeder
Alemania/Francia/Luxemburgo, 1969, 111 minutos

Cartel original de More (1969) de Barbet Schroeder


Filme de culto donde los haya, More supuso la primera experiencia como director del cineasta francés (pese a ser de familia alemana y haber nacido en Irán) Barbet Schroeder. Explica la historia de un joven alemán llamado Stefan que, procedente de Lübeck, llega a París en autoestop. Tras hacer amistad con Charlie, granuja de medio pelo que sobrevive a base de pequeños hurtos, conoce en una fiesta a Estelle Miller, atractiva muchacha de Nueva York que, en breve, partirá rumbo a Ibiza. Stefan, seducido por esta versión balear de la femme fatale, se dejará arrastrar por una vorágine autodestructiva...

Por aquel entonces Ibiza no era todavía el destino turístico masificado de hoy en día, pese a que los hippies de toda Europa empezaban a llegar allí (de hecho, More contribuyó en buena medida al desarrollo de dicho fenómeno). Si Barbet Schroeder eligió el lugar, fue porque en la isla se encontraba la casa familiar adquirida por su madre en los años cincuenta y en la que se rodaron buena parte de las escenas del film. Y, lo que son las cosas, en su última película (Amnesia, 2015) la acción vuelve a estar situada en la misma casa de Sant Antoni de Portmany.

Aparte de sol y experiencias sensoriales, en Ibiza había ya en aquel momento una colonia de alemanes, algunos de ellos antiguos oficiales nazis que, huyendo de la justicia, se habían refugiado en el anonimato que proporcionaban las tranquilas calas ibicencas. De ahí el personaje de Ernesto Wolf, quien (haciendo honor a su apellido) es el malo de la película.

Aunque si por algo es conocida More es por su banda sonora, compuesta por los Pink Floyd (cuando todavía eran un grupo underground de la psicodelia londinense). Canciones como "Cirrus Minor", "Crying Song", "Cymbaline" o "Green is the colour" contribuyen a crear la atmósfera de éxtasis místico tan necesario para una historia como esta. No obstante, la elección de la banda no fue casual: un año antes, Syd Barrett se vio obligado a abandonar Pink Floyd debido a una enfermedad mental consecuencia directa de su abuso del LSD. Así que nadie mejor que los escarmentados miembros del resto del grupo para crear la música de una película con claro mensaje antidroga.

Juzgada con ojos de hoy, More solo puede ser contemplada con una sonrisa en los labios, al comprobar cómo (en vista de lo que estaba por venir) lo que en su día se consideró escándalo y contracultura el paso de los años lo ha convertido en apenas un inocente alegato psicodélico.


Stefan, Cathy y Estelle durante una fiesta en Ibiza
Klaus Grünberg y Mimsy Farmer en la casa de los Schroeder
Mucho yoga y poco curro
Portada original de la banda sonora compuesta por Pink Floyd

viernes, 1 de mayo de 2015

The Wall (1982)




Título original: Pink Floyd The wall
Director: Alan Parker
Reino Unido, 1982, 95 minutos

Pink Floyd The Wall (1982) de Alan Parker

La banda británica de rock progresivo Pink Floyd publicó el doble álbum conceptual The Wall en 1979. Tres años más tarde, Alan Parker dirigía esta adaptación escrita por Roger Waters (bajista, letrista y uno de los cantantes del grupo, que poco después acabaría abandonando la formación tras un sonado litigio por hacerse con los derechos del nombre de la misma).

La puesta en escena concebida por Parker (deudora de la estética del videoclip entonces imperante) mantiene, en buena medida, el papel principal de los personajes diseñados por el dibujante Gerald Scarfe que ya ilustraban la carátula del disco y la posterior gira mundial que emprendería el grupo. Se alternan, por tanto, animaciones con actores de carne y hueso, siendo el protagonista de estos últimos el también cantante Bob Geldof, encargado de interpretar a Pink. En cuanto al travelín inicial a lo largo de un pasillo con que arranca la película, recuerda vagamente la estética de El resplandor (1980) de Stanley Kucrick. También las ya mencionadas animaciones de Gerald Scarfe poseen no poco de terroríficas.

La historia que se cuenta a través de las canciones compuestas por Waters es una amalgama de vivencias personales. En primer lugar, la ausencia del padre al que nunca llegó a conocer pues falleció en la batalla de Anzio durante la Segunda Guerra Mundial. También el hecho de hasta qué punto las estrellas de la música pueden llegar a crear una barrera (un muro) que los aísla de la realidad. A este respecto, muchas de las imágenes que vemos en pantalla están inspiradas en la trayectoria vital de Syd Barrett (1946-2006), miembro fundador de Pink Floyd que acabaría desquiciado por el consumo de LSD. Así, por ejemplo, cuando vemos a Geldof afeitarse las cejas o el cigarrillo consumido íntegramente entre sus dedos. Más inquietante, por otra parte, es el paralelismo que se establece entre un estadio abarrotado de fans durante un concierto de rock y un mitin nazi. Por último, Roger Waters hace igualmente alusión a los traumas que le dejó un sistema educativo especialmente represor e, incluso, a la ruptura de su primer matrimonio. Hay, además, no pocas referencias a otros discos de la banda: por ejemplo, el poema que recita en clase en voz alta el maestro para ridiculizar al pequeño Pinky es, en realidad, la letra de 'Money', canción perteneciente a The Dark Side of the Moon (1973).

La mayoría de canciones de The wall (no se incluyeron todas: hay notables ausencias, como por ejemplo 'Hey, you') se volvieron a grabar expresamente para la película con arreglos ligeramente distintos a los del álbum original. En un par de ocasiones, la voz de Bob Geldof sustituye a la de Waters (quien cantaba originariamente en las dos partes del tema 'In the flesh?'). Hasta se incluyen un par de canciones que no pertenecen al disco en el que se inspira la película: 'What Shall We Do Now?' y 'When the Tigers Broke Free'. Esta última terminaría siendo incluida en The Final Cut (1983), el último disco que Roger Waters grabó con Pink Floyd.

Hubo una época en la que la música de Pink Floyd fue luminosa y el grupo funcionaba como un colectivo en el que cada miembro contribuía con sus aportaciones. Así lo atestigua un puñado de discos brillantes como Ummagumma (1969), More (1969) Atom Heart Mother (1970), Meddle (1971), Wish you Were Here (1975)... Pero fue pasando el tiempo y la personalidad arrolladora de Waters acabaría fagocitándolo todo hasta relegar a sus compañeros a simples músicos de estudio. Uno de ellos, el teclista Richard Wright, sería incluso despedido tras grabar The Wall (su participación en el álbum es, de hecho, escasa). La película traduce en imágenes ese proceso y los fantasmas que engendró en la imaginación de Roger Waters. Como él mismo admite en la letra de 'Comfortably Numb':

When I Was A Child
I Caught A Fleeting Glimpse
Out Of The Corner Of My Eye.
I Turned To Look But It Was Gone
I Cannot Put My Finger On It Now
The Child Is Grown,
The Dream Is Gone.
I Have Become
Comfortably Numb.

* * *
Cuando era niño
Capté un fugaz destello
Mirando de reojo.
Me volví para verlo, pero se había ido
Y ahora no puedo dar con él:
El niño ha crecido,
El sueño se ha esfumado.
Y yo me he quedado
Plácidamente paralizado.

Pink Floyd The Wall (1982)
"We don't need no education..."
"We don't need no thought control..."
"Uuuh, babe! Don't leave me now!"
"Outside the Wall! Outside the Wall!!"
De izquierda a derecha: Waters, Mason, Gilmour, Wright