Título original: Freud's Last Session
Director: Matt Brown
Irlanda/Reino Unido/EE.UU., 2023, 108 minutos
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| La última sesión de Freud (2023) de Matt Brown |
Como ya sabemos, hay muchos caminos que pueden llevar a la felicidad, en la medida en que es accesible al hombre, mas ninguno que permita alcanzarla con seguridad. Tampoco la religión puede cumplir sus promesas, pues el creyente, obligado a invocar en última instancia los "inescrutables designios" de Dios, confiesa con ello que en el sufrimiento sólo le quedan la sumisión incondicional como último consuelo y fuente de goce. Y si desde el principio ya estaba dispuesto a aceptarla, bien podría haberse ahorrado todo ese largo rodeo.
Sigmund Freud
El malestar en la cultura (1930)
Traducción de Ramón Rey Ardid
Parece casi de obligado cumplimiento, como si la figura de Sigmund Freud no tuviese suficiente peso por sí misma, la extraña premisa de que en cualquier película dedicada al insigne psicoanalista deba oponérsele algún otro contrincante que cuestione o rebata sus controvertidas teorías. Así pues, si en Freud (1962) John Huston se hacía eco de las desavenencias a propósito de la histeria entre el vienés y su en principio colaborador Joseph Breuer, la muy posterior Un método peligroso (2011) enfrentaba al autor de La interpretación de los sueños con el joven y arrogante Carl Gustav Jung.
Para no perder la costumbre, Freud's Last Session (2023) plantea el hipotético encuentro entre un moribundo anciano enfermo de cáncer, refugiado en Londres, para más inri, tras la anexión al Tercer Reich de su Austria natal, y el apologista cristiano C. S. Lewis (Matthew Goode), célebre, entre otras cosas, por haber escrito Las crónicas de Narnia. Ni que decir tiene que del debate entre ambos surgen muy diversas y sustanciosas diferencias, la mayoría motivadas por el cinismo del primero en materia religiosa y la afición del otro, al igual que su colega Tolkien, a practicar el proselitismo en los ambientes universitarios británicos.
Aparte de los típicos asuntos que forman el corpus de las teorías freudianas (el odio al padre, la atracción física hacia la madre de un amigo muerto en el frente...), lo cierto es que a lo largo de la trama irán quedando al descubierto las debilidades de ambos protagonistas hasta conformar el retrato exacto de dos hombres aquejados, a pesar de su innegable superioridad intelectual, por múltiples complejos y prejuicios. Que en el caso de Freud giran en torno a la dolorosa aceptación de la homosexualidad de su hija Anna (Liv Lisa Fries).
Acostumbrado a meterse en la piel de grandes celebridades, como ya hiciera en el pasado encarnando a personalidades de la talla de Picasso, Hitchcock o Nixon, el veterano Anthony Hopkins se muestra una vez más convincente en su cometido al captar las distintas facetas de un personaje (a veces familiar, a veces cascarrabias, pero siempre certero en su visión del mundo) al que, sin embargo, decrépito y vulnerable en su ámbito doméstico, una simple prótesis dental mal ajustada ("El Monstruo") le hará sufrir horrorosamente durante los últimos días de su azarosa existencia.
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