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lunes, 30 de marzo de 2026

Amarga Navidad (2026)




Director: Pedro Almodóvar
España, 2026, 111 minutos

Amarga Navidad (2026) de Almodóvar


La enésima incursión almodovariana en el melodrama de tintes autobiográficos nos sitúa en una tesitura muy similar a la ya explorada por el manchego en títulos anteriores como, por ejemplo, Dolor y gloria (2019) o, incluso, más atrás en el tiempo, la ya mítica (y fundacional en muchos aspectos) La ley del deseo (1987). Y lo hace recurriendo a su habitual paleta de colores estridentes, ya sea en el mobiliario que rodea a los personajes o la ropa que visten (generalmente de Prada).

También se desdobla en algunos de los protagonistas, sobre todo el cineasta al que interpreta Leonardo Sbaraglia, debidamente caracterizado con un corte de pelo como el del director, si bien la réplica de éste en la ficción que está escribiendo, en un magnífico papel de Bárbara Lennie, posee también no pocos rasgos que remiten igualmente a Almodóvar. Lo cual da pie a un interesante juego de muñecas rusas cuyo sentido último parece aludir al modo en que los creadores suelen fagocitar cuanto tienen a su alrededor, ya se trate de allegados o de sus propias circunstancias.



Sin embargo, Amarga Navidad (2026) dista de ser la producción más lograda de un cineasta que hace ya tiempo que parece que tocó techo a nivel creativo. Así pues, a la sensación de déjà vu que transmiten buena parte de los elementos de su puesta en escena, aparte de la banda sonora de Alberto Iglesias o los exteriores rodados en las arenas volcánicas de las playas de Lanzarote, se unen detalles (como las dos o tres menciones a la cocaína en sus diálogos) que chirrían un poco al entrar en abierto contraste con el carácter aburguesado que destila la parafernalia con la que Almodóvar suele adornar desde hace décadas todas sus películas.

No faltan, eso sí, momentos interesantes, incluso emotivos, como la escena en la que Amaia canta a capela "Las simples cosas", tal vez porque el director de Pepi, Luci, Bom… (1980) o Entre tinieblas (1983) ha alcanzado a estas alturas de su carrera una etapa introspectiva de maestría otoñal donde ya no necesita provocar para impactar. En todo caso, sigue sabiendo sacar lo mejor de su elenco de actrices, con interpretaciones notables de Aitana Sánchez-Gijón, Milena Smit (teñida y sin teñir) y Victoria Luengo, además de innovar en determinadas secuencias con el uso del texto sobreimpreso en pantalla. Destellos de genialidad que demuestran cómo donde hay ceniza, todavía queda fuego.



jueves, 21 de noviembre de 2024

La habitación de al lado (2024)




Título original: The Room Next Door
Director: Pedro Almodóvar
España/EE.UU., 2024, 107 minutos

La habitación de al lado (2024) de Almodóvar


Con su habitual paleta de colores vivos, esta vez deudores de la pintura de Hopper, el último filme de Almodóvar discurre por los cauces crepusculares del Huston de Dublineses (1987), cuya atmósfera gélida, premonitoria de la muerte asistida de una de las protagonistas, se cita explícitamente en varios momentos.

Aunque, más allá de sus virtudes estéticas, The Room Next Door (2024) se erige en sólido ejercicio de contención a cargo de un par de actrices dotadas de las cualidades idóneas para meterse en la piel de sus respectivos personajes, esas dos mujeres maduras y, en cierto modo, complementarias que afrontan con total entereza la enfermedad terminal de una de ellas.



A este respecto, tanto Tilda Swinton como Julianne Moore se integran con total naturalidad en el universo del cineasta manchego, aportando una nota sofisticada o incluso cosmopolita, típicamente anglosajona, en detrimento de la espontaneidad castiza que suele caracterizar a las heroínas (llámense Victoria Abril, Penélope Cruz o Marisa Paredes) de sus filmes rodados en castellano.

Correctísima puesta en escena, en definitiva, aderezada con la dirección de fotografía de Eduard Grau y, sobre todo, una impecable banda sonora de corte clásico a cargo de Alberto Iglesias que conecta de pleno con la tradición del melodrama hollywoodense a lo Douglas Sirk. Coordenadas añejas que, sin embargo, sirven de marco para una historia repleta de referencias actuales, desde la eutanasia hasta el cambio climático.



miércoles, 7 de junio de 2023

Extraña forma de vida (2023)




Título en inglés: Strange Way of Life
Director: Pedro Almodóvar
España/Francia, 2023, 31 minutos

Extraña forma de vida (2023) de Almodóvar


Comencemos por rebatir las posibles objeciones que más de un indocumentado pudiera lanzar contra Extraña forma de vida (2023): "¿Almodóvar? ¿Un wéstern?" Pues sí. Nada más acorde con la sensibilidad del cineasta manchego que una historia de trasfondo homosexual ambientada en el lejano Oeste. Y no sólo teniendo en cuenta producciones relativamente recientes como Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005), que también, sino sobre todo por títulos clásicos en la línea de Johnny Guitar (1954), cuya estilización (exaltada en su día por los integrantes de la Nouvelle Vague) no difiere gran cosa del cromo que ahora estrena el director de La ley del deseo (1987).

En ese mismo orden de cosas, y fiel al estilo que recorre toda su filmografía, Almodóvar adorna la trama con varios guiños cinéfilos que van desde el contraluz a las puertas de una vivienda, en claro homenaje a Centauros del desierto (The Searchers, 1956) de John Ford, hasta el apasionado beso de Duelo al sol (1946), aquí menos trágico y diluido con el tiroteo de unos odres de vino remotamente quijotescos. Incluso los caballos del plano final, encerrados en el interior de una empalizada, podrían considerarse una alusión a los mustangs de Vidas rebeldes (The Misfits, 1961).

Pero entonces, alcanzada la media hora exacta de metraje, llega el punto final y la concurrencia (sala 4 del Renoir Floridablanca) suelta en voz alta varias perlas que no podemos dejar de reproducir por su innegable ingeniosidad: "¡Uy, parece un tráiler!", "¡Han durado más los créditos que la película!" De lo cual se desprende lo insólito que aún resulta, en el sentir colectivo, eso de que se proyecte un corto en circuitos comerciales, por muy célebre que sea su autor, bajo la égida de Saint Laurent, y por más estrellas de Hollywood que lo protagonicen.



domingo, 27 de noviembre de 2022

Madres paralelas (2021)




Director: Pedro Almodóvar
España/Francia, 2021, 123 minutos

Madres paralelas (2021) de Almodóvar


Otra historia rocambolesca que añadir a la filmografía de Almodóvar... Sólo que en esta ocasión el director manchego le da un inusual enfoque político al incluir referencias a la memoria histórica. Con todo y con eso, Madres paralelas (2021) sigue siendo, en esencia, una cinta muy almodovariana, por lo menos en lo que se refiere a su exultante diseño de producción (a cargo, una vez más, de Antxón Gómez) repleto de colorido y un cierto toque pop art

Y, como en anteriores entregas, el protagonismo vuelve a recaer en una Penélope Cruz cuyo papel de Janis le valdría una nueva nominación al Óscar a mejor actriz. Lo mismo que Alberto Iglesias, por cierto, otro de los habituales de la troupe, también candidato a la preciada estatuilla gracias a una banda sonora de puntuales resonancias castizas. Completan el reparto caras nuevas, como la jovencísima Milena Smit (Ana) o Israel Elejalde (Arturo), junto con nombres de la talla de Aitana Sánchez-Gijón (Teresa), Rossy de Palma (Elena) o incluso Julieta Serrano (Brígida).



No puede negarse que, pese a la sofisticación de la que ha ido revistiéndose su escritura con los años, el origen de los materiales que maneja Almodóvar a la hora de construir sus historias es, sin embargo, inequívocamente folletinesco. De ahí que recurra al tópico de las niñas intercambiadas al nacer, si bien actualizándolo mediante el recurso de las posteriores pruebas de ADN a las que se somete Janis. Lo cual enlazará, posteriormente, con las comprobaciones que llevan a cabo los familiares de las víctimas antes de reabrir una fosa de la Guerra Civil.

Todo pillado un poco por los pelos, se dirán algunos, aunque, a estas alturas, semejante reproche carece por completo de sentido, habida cuenta de lo estrambóticos que suelen ser los guiones de un cineasta habituado a hacer de la excentricidad su rasgo más distintivo. En todo caso, lo que sí que está muy bien traído es la cita final de Eduardo Galeano, bonita forma de cerrar una película tan valiente como hermosa: "No hay historia muda. Por mucho que la quemen, por mucho que la rompan, por mucho que la mientan, la historia humana se niega a callarse la boca".



viernes, 16 de julio de 2021

La voz humana (2020)




Título original: The Human Voice
Director: Pedro Almodóvar
España, 2020, 30 minutos

La voz humana (2020) de Almodóvar


La fascinación de Almodóvar por Cocteau, y en particular hacia La voix humaine (1930), viene de muy antiguo. Ya en La ley del deseo (1987) se incluía un fragmento de este monólogo, interpretado en aquel entonces por una Carmen Maura pletórica. Un año más tarde, la misma obra le serviría también de inspiración para escribir el guion de la aclamada Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988). Pero es que a comienzos de 1985, en una entrevista concedida por el cineasta al programa Autorretrato de RTVE, mencionaba el nombre del autor francés (minuto 28) entre sus posibles proyectos de cara al futuro.

Queda claro, por tanto, que estamos ante un artista de ideas fijas y sumamente perseverante en la consecución de sus objetivos. Por eso, una vez acabado el confinamiento impuesto por la pandemia, se lanzó de inmediato al rodaje de este mediometraje de apenas media hora de duración en el que la británica Tilda Swinton, una versión actualizada de la mujer protagonista, menos sumisa y más exuberante que en el texto original, da rienda suelta al frenesí que bulle en su interior tras haber sido abandonada por su pareja.



Tanto la colorista puesta en escena como el hecho de haber filmado en el interior de una gran nave industrial confieren al conjunto una factura cuyo barroquismo oscila entre la asepsia de una ferretería y el flamante diseño de un hogar repleto de cuadros, libros y DVD. Hay también un perro, único testigo de la desesperada súplica telefónica que allí tiene lugar.

"Ejercicio de estilo" o "divertimento", calificativos de los que La voz humana (2020) ha sido merecedora desde que fuese presentada en el Festival de Venecia, lo cierto es que el tratarse de una cinta hablada mayoritariamente en inglés acaba generando una barrera que, en cierto modo, la aleja del habitual universo almodovariano. O dicho de otra forma: parece como si con el idioma se perdiese también parte de la comicidad inherente al estilo de su autor. Algo que lo define, por más melodramáticas que sean las historias que explique, y que seguía presente en Julieta (2016) o Dolor y gloria (2019) pese a que dichos títulos inaugurasen una etapa presuntamente más contenida de su filmografía.



jueves, 15 de julio de 2021

Dolor y gloria (2019)




Director: Pedro Almodóvar
España/Francia, 2019, 113 minutos

Dolor y gloria (2019) de Almodóvar


Se suele decir que Fellini esculpió a su semejanza a Marcello Mastroianni —en Otto e mezzo (1963), por ejemplo, y en tantísimas otras películas— hasta el extremo de convertirlo en su alter ego cinematográfico. Y eso mismo es lo que hace Almodóvar con Antonio Banderas en Dolor y gloria (2019). La forma de vestir, el corte de pelo: todo en Salvador Mallo remite, de un modo u otro, al director manchego (incluso el nombre del personaje, si se reordenan las letras que lo forman, constituye un anagrama evidente de Almodóvar).

Aun así, no todos los elementos del filme son autobiográficos, tal vez porque el cineasta debe de estar harto de que luego le interroguen por la veracidad de lo que cuenta en sus guiones. Por eso le hace decir al protagonista que su madre (Julieta Serrano) se opone a que hable de ella en sus películas. Otras situaciones, en cambio, como el plantón que da a los asistentes al coloquio en la Filmoteca y el gag de responder por teléfono a las preguntas del público, tienen pinta de ser alguna fantasía que en la vida real jamás se atrevió a llevar a cabo.



La nota predominante en Dolor y gloria es un cierto pesimismo, teñido de nostalgia, que planea de principio a fin del relato. Recuerdos de la primera infancia, mezclados con la pesadumbre causada por los achaques de la edad. De lo cual se deriva esa apatía que transmite magistralmente Banderas y que encierra, en segundo plano, una reflexión a propósito de los fantasmas a los que debe hacer frente un afamado director de cine en horas bajas.

Muchas de dichas inquietudes son fruto de una necesidad acuciante de reconciliarse con el pasado, especialmente con amigos-amantes, llámense Alberto (Asier Etxeandia) o Federico (Leonardo Sbaraglia), a los que hace años que se perdió la pista. Otras angustias, por el contrario, tienen su origen en aquel primer deseo frustrado de la niñez, cuando Salvador era un chaval pobre que vivía en una cueva cuya única ventana al exterior eran los cromos de estrellas de Hollywood que regalaban con las tabletas de chocolate y "las películas proyectadas sobre un muro enorme encalado de blanco que olía a orines, jazmín y a brisa de verano".



La concejala antropófaga (2009)




Director: Pedro Almodóvar
España, 2009, 8 minutos

La concejala antropófaga (2009) de Almodóvar


Más que un monólogo, un torbellino: el reto de soltar el mayor número posible de barbaridades y ordinarieces en apenas ocho minutos. Según parece, Almodóvar escribió el texto de La concejala antropófaga la noche antes para que Carmen Machi, tras su brillante participación en Los abrazos rotos (2009), lo interpretase al día siguiente. Sin embargo, conviene juzgar su contenido sin precipitación. Porque una cosa es la vis cómica de la actriz (unida a la fama de transgresor del cineasta manchego) y otra, muy distinta, detenerse a analizar algunas de las perlas que salen por esa boquita. Ahí van algunas: "Reconocer el deseo como principal motor de una sociedad mejor", "A los ciudadanos hay que ofrecerles alternativas que les hagan evolucionar y ser más felices", "No hay nada más democrático que el placer..."

miércoles, 14 de julio de 2021

Matador (1986)




Director: Pedro Almodóvar
España, 1986, 110 minutos

Matador (1986) de Pedro Almodóvar


—He debido estar loco para no haberte visto antes. ¿Desde cuándo coleccionas cosas mías? 
—Desde la primera vez que te vi matar, te he buscado en todos los hombres que he amado. He tratado de imitarte cuando los mataba.
—¿Y por qué no me has buscado antes?
—Porque hasta hoy no he sabido que seguías siendo un matador.
—Al principio traté de evitarlo, pero no lo conseguí. Porque dejar de matar era como dejar de vivir.
—Es que los hombres pensáis que matar es un delito. Las mujeres, sin embargo, no lo consideramos así. Por eso en todo criminal hay algo de femenino.
—Y en toda asesina algo de masculino.

A diferencia de sus anteriores trabajos, más de corte independiente, Matador (1986) fue la primera película de Almodóvar subvencionada por el Ministerio de Cultura. También fue la última sufragada por un productor ajeno al clan familiar (Andrés Vicente Gómez) antes de que los hermanos Pedro y Agustín (a quien va, por cierto, dedicada Matador) se lanzasen a la aventura de crear El Deseo. Por último, es asimismo una cinta insólita por haber sido la primera —y de las pocas, junto con Carne trémula (1997)— coescrita entre el manchego y otra persona, en este caso el novelista Jesús Ferrero.

Situar la acción en el ámbito taurino permite un acercamiento mucho más fácil al binomio Eros y Tánatos, puesto que ambas pulsiones están de alguna forma presentes en el ceremonial que envuelve a la lidia y posterior ejecución del astado. Así pues, pudiera decirse que María (Assumpta Serna) y Diego (Nacho Martínez) protagonizan una especie de corrida cuyo desenlace equipara sacrificio con pasión amorosa. En ese sentido, el antiguo diestro, verdugo dentro y fuera de los ruedos, dará con la horma de su zapato al unirse a una mujer, especie de mantis religiosa, que comparte con él una similar inclinación morbosa hacia el dolor como fuente de placer.



Otro elemento sobre el que vale la pena llamar la atención, y que ya estaba presente en la telequinesia de la niña de ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984), son las dotes extrasensoriales del personaje de Antonio Banderas, capaz de visualizar lo que está ocurriendo en algún otro espacio, preferiblemente cuando se trata de crímenes. Aprendiz de torero, reprimido sexual, víctima de una madre dominante del Opus Dei (Julieta Serrano), su papel será clave, al autoinculparse de asesinatos que no ha cometido, como tercer elemento de un triángulo fatal.

Estilizada y sutil, la puesta en escena de Matador aparece repleta de símbolos en torno al amor y la muerte. Desde el eclipse lunar (dos astros convergen y se superponen, amortiguando la luz) hasta el aguacero repentino que cae cuando Eva (Eva Cobo) es violada por Ángel (Antonio Banderas). Algunos de esos indicios, como el abrazo final de Duelo al sol (1946), la película que María y Diego van a ver al cine, poseen, incluso, valor premonitorio, en clara alusión a una apoteosis de rosas y capotes, con música de fondo de Mina ("Espérame en el cielo"), que el comisario (Eusebio Poncela) no dudará en calificar como el colmo de la felicidad.



martes, 13 de julio de 2021

Tráiler para amantes de lo prohibido (1985)




Director: Pedro Almodóvar
España, 1985, 18 minutos

Tráiler para amantes de lo prohibido (1985)


La periodista Paloma Chamorro (1949-2017), a la sazón presentadora del mítico espacio televisivo La edad de oro, le había propuesto a Almodóvar, en reiteradas ocasiones, que colaborase de alguna manera con su programa. Y, tras mucho insistir, el resultado final fue este "tráiler" (cuya duración se prolonga a lo largo de casi veinte minutos, pero el manchego hasta en esto es único) que en teoría tenía que servir para promocionar la que en aquel momento era su última película: ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984).

Sin embargo, Tráiler para amantes de lo prohibido (1985) tiene muy poco de tráiler propiamente dicho (apenas se ve algún cartel de la peli) y mucho del cine musical con el que creció el director. Porque los personajes, cantando en riguroso playback, se comunican a través de canciones que ya existían previamente: boleros de Olga Guillot como "La maleta" o la rumba flamenca "Voy" de Bambino. Mezcla ecléctica, como suele ser habitual en el universo almodovariano, en la que también tienen cabida, como música incidental, temas instrumentales de Bowie ("Subterraneans", "Sense of doubt") o hasta la célebre "Cumparsita".

Visualmente, el corto denota una factura muy próxima a la de otras emisiones producidas por TVE en aquella época, como, por ejemplo, La bola de cristal, amén de una delirante puesta en escena de inspiración melodramática en la que Bibi Andersen encarna a una femme fatale de nombre Lili Put y Josele Román pasará de sumisa ama de casa (a la que abandona el marido) a desmelenada mujer de la calle que entona, sucesivamente, el "Where is my man?" de Eartha Kitt y "No me puedo quejar", versión castellana del "Non, je ne regrette rien" que popularizaron Los cinco latinos.

La primera (y casi única) incursión del cineasta en un medio por el que nunca ha sentido demasiado aprecio (su segundo y, hasta la fecha, último trabajo para la televisión fue el spot de Pastas Ardilla) se saldó con una huelga de los trabajadores del ente público, quienes se negaban a permanecer en el plató más horas de las legalmente estipuladas: gajes de un oficio siempre condicionado por imprevistos.



lunes, 12 de julio de 2021

¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984)




Director: Pedro Almodóvar
España, 1984, 101 minutos

¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984)


En su imparable afianzamiento como cineasta, el Almodóvar de ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984) decidía abordar la vida de un ama de casa insatisfecha cuya atribulada existencia transcurre en un sórdido barrio de la periferia madrileña. Gloria (Carmen Maura) acepta su destino con aparente resignación, aunque está tan harta del marido (Ángel de Andrés), la abuela (Chus Lampreave) y los niños que la furia que lleva dentro pudiera explotar el día menos pensado.

Tanto es así que una de las escenas iniciales nos muestra al personaje ejercitándose con el sable de bambú sobre el tatami del mismo gimnasio en el que trabaja como mujer de la limpieza: a pesar de lo grotesco de la imagen, los movimientos de Gloria remedando el arte del kendo preludian, en un claro ejemplo de flashforward, lo que terminará ocurriendo, en las reducidas dimensiones de su propia cocina, cuando, provista con un hueso de jamón, descargue toda su rabia sobre el causante de su servidumbre.

Un lagarto llamado Dinero


Buena prueba de que el director manchego comenzaba a hacerse un hueco entre sus colegas de profesión es que algunos de ellos se prestaron a interpretar pequeños papeles en la película. Caso, por ejemplo, de Gonzalo Suárez, quien encarna en la ficción a un novelista un tanto sui géneris, o del también cineasta Jaime Chávarri, cliente fanfarrón de la vecinita Cristal (Verónica Forqué).

Independientemente de que Almodóvar, que un buen día dejó atrás su pueblo para probar fortuna en la gran ciudad, se haya declarado siempre ferviente defensor de lo urbano, lo cierto es que en ¿Qué he hecho yo para merecer esto? centró su interés sobre unos seres desarraigados que a duras penas podrían alcanzar la felicidad en el ambiente tan sumamente cutre en el que viven inmersos. Por eso la abuela, que jamás logrará adaptarse al frío de Madrid, añora volver a sus orígenes. Le acompaña el nieto mayor, tal vez huyendo de unas drogas de las que ahora, al quedarse sola en el piso, pudiera ser adicta la madre. Suerte que el regreso, en el último instante, del hijo "pródigo" abre un rayo de esperanza en el horizonte de la afligida Gloria.



domingo, 11 de julio de 2021

Entre tinieblas (1983)




Director: Pedro Almodóvar
España, 1983, 114 minutos

Entre tinieblas (1983) de Almodóvar


El cambio de registro que supuso Entre tinieblas (1983) con respecto a las dos anteriores películas de Almodóvar desconcertó a propios y a extraños. ¿Qué se proponía aquel enfant terrible de la Movida madrileña contando, de repente, una historia de monjas? Monjas drogadictas, por supuesto, que responden a nombres tan irreverentes como sor Estiércol (Marisa Paredes), sor Rata de Callejón (Chus Lampreave), sor Víbora (Lina Canalejas) o sor Perdida (Carmen Maura), pero monjas al fin y al cabo.

No obstante, lo que más sorprende de un filme como éste no es tanto su temática, sino más bien su ritmo sosegado, incluso sombrío en algunos momentos. Ya desde los títulos de crédito iniciales, con una panorámica de la ciudad al atardecer sobre las notas pianísticas del Vals Crepuscular de Miklós Rózsa, se deja entrever un tempo más propio del cine de Garci que no de las disparatadas extravagancias que cabría esperar del manchego.



Por primera vez, Almodóvar exploraba una veta de clara inspiración melodramática, deudora de su reconocida admiración por Douglas Sirk, aunque también de los apasionados boleros que canta la protagonista. De hecho, Yolanda (Cristina Sánchez Pascual) vendría a ser un anticipo, en cierta manera, de la Becky del Páramo de Tacones lejanos (1991).

De todas formas, la visión abiertamente sacrílega que aquí se ofrece a propósito de la vida en un convento de clausura, con la madre superiora inyectándose heroína o esnifando coca, le valió a su director el ser comparado, sobre todo en el extranjero, con otro gran iconoclasta que había fallecido en julio de aquel mismo año: Luis Buñuel. En ese sentido, la inexplicable presencia de un tigre en el interior del recinto sagrado, al que sor Perdida amansa al son de sus bongos, invita a pensar en una insólita filiación surrealista entre ambos cineastas.



sábado, 10 de julio de 2021

Laberinto de pasiones (1982)




Director: Pedro Almodóvar
España, 1982, 100 minutos

Laberinto de pasiones (1982) de Almodóvar


Laberinto... es una especie de catálogo de modernidades. Como las generaciones se van sucediendo unas a otras, cada año hay gente que tiene quince años por primera vez y quiere ser modernilla. Laberinto es como una especie de bautismo para todos los que se inician en lo de ser modernos. Todas las nuevas generaciones van a verla porque resume lo que era "ser moderno" en Madrid.

Nuria Vidal
El cine de Pedro Almodóvar

Tras el inesperado éxito obtenido con Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980), Almodóvar acometía el rodaje de su primera película "seria", entendiendo por dicho adjetivo la presencia de unos medios que, sin ser tampoco boyantes, se alejaban, sin embargo, del carácter amateur de su ópera prima. El guion, carente de una estructura sólida, seguía los destinos de personajes tan heterogéneos como una ninfómana, un terrorista islámico gay, el heredero del emperador de Tirán y la hija del propietario de una tintorería. No le faltaba razón a su autor cuando decidió que la película se titulase Laberinto de pasiones...

Historias extremas que arrancan en El Rastro madrileño mientras suena de fondo una sardana. Mezclados entre la multitud, Sexilia (Cecilia Roth) y Riza (Imanol Arias) van mirando la entrepierna de los transeúntes: les une la misma voluntad transgresora que al resto de fauna que irá desfilando ante la cámara, entre ellos el inefable Fabio McNamara y hasta algunos miembros de Radio Futura. También un jovencísimo Antonio Banderas, en el que apenas era su segundo papel en el cine, quien interpreta al cándido Sadec.



Uno de los principales atractivos de Laberinto de pasiones, aparte del espléndido cartel que diseñó para ella el también cineasta Iván Zulueta, reside, sin lugar a dudas, en el carácter documental de una cinta que rezuma por los cuatro costados el espíritu de la Movida (a pesar de las reticencias que dicho término genera entre quienes la protagonizaron). En ese sentido, la actuación en directo de Almodóvar & McNamara, interpretando "Suck it to me" sobre el escenario de la mítica sala Carolina, quedará para la posteridad como uno de los testimonios más endiabladamente explosivos de aquel período.

Asimismo, y de nuevo con la misma pareja artística al frente, la célebre escena de la fotonovela, en la que el director le va dictando a un moribundo Fabio lo que éste tiene que decir, sigue siendo a día de hoy uno de los momentos estelares en la filmografía del primer Almodóvar: aquel muchacho histriónico y lleno de talento que, a base de desparpajo y provocación, fue capaz, él solito, de marcar toda una época.



viernes, 9 de julio de 2021

Los amantes pasajeros (2013)




Director: Pedro Almodóvar
España, 2013, 90 minutos

Los amantes pasajeros (2013) de Almodóvar


Una comedia sin gracia; intento, a la desesperada, de recobrar aquel desparpajo de sus inicios que tanto le ayudó a triunfar en todo el mundo. Sin embargo, el Almodóvar que escribe y dirige Los amantes pasajeros (2013) está muy lejos del joven alocado surgido de la Movida que, de la mano de su socio McNamara, provocaba a propios y extraños vociferando aquello de "voy a ser mamá". De hecho, el país tampoco es el mismo... Curados como estamos de espanto, aquí ya nadie se escandaliza por nada (excepto cuando se toca la unidad de la patria, pero eso ya es harina de otro costal y el director manchego vuela más bajo).

Precisamente de aviones iba el tema de una película que pasó sin pena ni gloria, disparatada como ella sola y más cerca de Aterriza como puedas (Airplane!, 1980) que no de la sátira sofisticada que en un principio pretendía ser. Porque, a lo tonto a lo tonto, se lanza alguna que otra pulla contra supuestos escándalos financieros del momento (la intervención de Caja Guadiana por parte del Banco de España), la especulación inmobiliaria (caso del Aeropuerto de La Mancha) e incluso de las altas esferas del Estado (el personaje de Cecilia Roth parece estar inspirado en Bárbara Rey y unos supuestos vídeos de contenido erótico que comprometerían a los seiscientos hombres más importantes de la nación, incluido el monarca). 



Aun así, la cinta contiene momentos salvables, por supuesto, varios de ellos a causa de la vis cómica de Javier Cámara y Carlos Areces en sus respectivos papeles de azafatos afeminados. En ese aspecto, Raúl Arévalo transmite menos credibilidad, si bien la coreografía que ejecutan los tres al ritmo de "I'm So Excited" de las Pointer Sisters quedará como una de las escenas memorables del filme. En cambio, Antonio de la Torre y Hugo Silva da la impresión de que no acaban de sentirse a gusto en sus personajes.

Por lo demás, el hecho de que a los miembros de la tripulación les dé por ingerir agua de Valencia mezclada con mescalinas mientras están de servicio resulta tan grotesco como su desaforada voracidad sexual en pleno vuelo. Aunque, bien mirado, todos esos excesos constituyen la parte pintoresca de un proyecto claustrofóbico cuyo principal mérito reside en condensar la mayor parte de la acción en el interior de un Boeing de la compañía Península con destino a Méjico D. F.



jueves, 8 de julio de 2021

La piel que habito (2011)




Director: Pedro Almodóvar
España, 2011, 120 minutos

La piel que habito (2011) de Almodóvar


Quien haya visto la película Les yeux sans visage (1960), del francés Georges Franju, hallará no pocas similitudes con La piel que habito (2011). De hecho, el propio Almodóvar la reconoce abiertamente como su principal fuente de inspiración junto con la novela Mygale ("Tarántula", en su traducción castellana) del también francés Thierry Jonquet (1954–2009). Y, sin embargo, nadie puede poner en tela de juicio que, pese a esos referentes externos, el cineasta manchego hizo suya la historia hasta convertirla en uno de sus trabajos más personales.

Repleto, como no podía ser de otra manera, de las acostumbradas conexiones con otros títulos de su ya extensa filmografía. En esta ocasión, quizá porque el proyecto supuso su reencuentro con Antonio Banderas tras el periplo americano del intérprete malagueño, la más evidente remite al rapto que el mismo actor protagonizaba en ¡Átame! (1989). Aunque ahora el encierro contra la voluntad de la víctima comportara otra vuelta de tuerca muchísimo más cruenta...



De todas formas, conviene señalar que este Banderas ya no es aquel muchacho con un punto de inocencia de las primeras incursiones fílmicas almodovarianas. Muy al contrario, su paso por Hollywood le aporta una serie de tics que le vienen estupendamente al personaje: un cirujano plástico (medio perverso, medio loco) dispuesto a llegar hasta donde haga falta con tal de saciar una sed de venganza sin límites. Le acompaña, por cierto, otra vieja conocida del clan Almodóvar: Marisa Paredes (Marilia), fiel guardiana del inexpugnable cigarral. A Elena Anaya, en cambio, le tocó encarnar el papel que, en un principio, había sido concebido para Penélope Cruz (¿quizá por ello su personaje responde al nombre de Vera Cruz?).

Líneas depuradas, ambientación toledana y gallega (con un punto brasileño, inclusive), la presencia de Concha Buika cantando un par de canciones... Ingredientes de lo más variopinto, con el sello inconfundible de El Deseo, dan lugar a un delirio trepidante que oscila entre el noir y la ciencia ficción. Y todo para desembocar en la enésima entrega de una idea fija: el tantas veces mencionado amour fou que, en definitiva, sigue siendo el tema predilecto de Pedro Almodóvar.



miércoles, 7 de julio de 2021

Los abrazos rotos (2009)




Director: Pedro Almodóvar
España, 2009, 127 minutos

Los abrazos rotos (2009) de Almodóvar


Fiel a su empeño por establecer conexiones entre todas sus películas, Almodóvar ha decidido que su próximo largometraje se titule Madres paralelas, que es como se llamaba en la ficción uno de los filmes dirigidos por el cineasta Mateo Blanco (Lluís Homar), personaje de Los abrazos rotos (2009). Y no es, ni mucho menos, el único vínculo con el resto de su filmografía, ya que Chicas y maletas (la cinta en la que dicho director estaba trabajando cuando perdió la vista en un grave accidente de tráfico) se parece muchísimo a Mujeres al borde de un ataque de nervios (1989).

De nuevo un Almodóvar oscuro, cuasi laberíntico en una historia a base de flashbacks que transcurre a caballo entre 1992 y 2008. Negro como las arenas volcánicas de Lanzarote, a cuyas playas acuden los protagonistas para darse de bruces con un aciago destino. Hay, eso sí, breves destellos del habitual desparpajo al que nos tiene acostumbrados el manchego, como la nota histriónica que pone Carmen Machi, prolongada, aquel mismo año, en el corto La concejala antropófaga (2009).



Y en esa misma línea de congraciarse con su propio universo, son varias las actrices fetiche del realizador que aparecen fugazmente, a modo de homenaje: Chus Lampreave, Rossy de Palma, Ángela Molina, Kiti Mánver, Lola Dueñas... Todas ellas imbuidas de esa aureola tragicómica tan peculiar que caracteriza a las chicas Almodóvar.

En cambio, lo de Blanca Portillo (Judit) y Penélope Cruz (Lena) ya es otro cantar. Los suyos son papeles dramáticos, en toda regla, de mujeres que habrán de pagar un precio muy alto por amar y por amor, víctimas propiciatorias de hombres sin escrúpulos, como el opulento Ernesto Martel (José Luis Gómez), u obsesionados con terminar su obra "aunque sea a ciegas", que es lo que le ocurrirá a Mateo Blanco cuando se canse de ser Harry Caine.



martes, 6 de julio de 2021

Volver (2006)




Director: Pedro Almodóvar
España, 2006, 121 minutos

Volver (2006) de Pedro Almodóvar


Si La mala educación (2004) había sido una película muy masculina, para su siguiente proyecto, en cambio, Almodóvar decidió contar una historia manchega de fantasmas que girase en torno a un verdadero matriarcado. Volver (2006) no sólo supuso el reencuentro, tras casi dos décadas sin haber trabajado juntos, entre el cineasta y Carmen Maura, sino que, además, le valió una merecidísima nominación al Óscar a Penélope Cruz por su papel de Raimunda (galardón que, por cierto, aún se le resistiría un par de años más, hasta Vicky Cristina Barcelona).

Con ese título de tango (aflamencado en la versión de Estrella Morente que "canta" Penélope), Volver nos habla del eterno retorno, de viejas rencillas familiares que el paso del tiempo ayuda a curar a base de comprensión y generosidad. También es un homenaje (otro más, tras títulos tan emblemáticos como Todo sobre mi madre, 1999) a la figura materna, cuyo espíritu se aparece a las hijas al cabo de los años con la intención de esclarecer los secretos que ésta se llevó consigo a la tumba.



Se trata, por tanto, de un Almodóvar que coquetea con el más allá, pese a que su cine sea muy de aquí. Capaz de liquidar al macho a manos de su prole como ya hiciera en la célebre escena del jamonazo de ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984). Un autor que indaga en sus propias raíces y que no duda, según declaran los créditos finales, en nombrar "asesoras de asuntos manchegos" a sus hermanas Antonia y María Jesús. De ahí que Chus Lampreave esté tan propia cuando dice aquello de "¡Que tengáis cuidaíco!"

La acogida que tuvo la película a nivel de público y de crítica fue excelente, agraciada con cinco Goyas y otros tantos trofeos en los European Film Awards, amén del premio colectivo que recibieron en Cannes las actrices protagonistas, además del de Mejor Guion. Y toda esa repercusión internacional por una cinta inequívocamente provinciana en la que las intérpretes se dan sonoros besos de abuela, Sole (Lola Dueñas) se monta una peluquería ilegal en casa, Agustina (Blanca Portillo) acude a un programa de telebasura para ventilar sus miserias y Raimunda ocupa el bar del vecino. Con lo que queda de sobras demostrada la máxima de que "no hay nada más universal que lo local".



lunes, 5 de julio de 2021

La mala educación (2004)




Director: Pedro Almodóvar
España, 2004, 106 minutos

La mala educación (2004) de Almodóvar


Más oscuro que otros filmes de su director, La mala educación (2004) representa un auténtico ajuste de cuentas con la infancia traumática que le tocó vivir al manchego en un colegio religioso. En ese sentido, un cierto aire de resentimiento se deja sentir de continuo flotando en el ambiente, lo cual no favorece en absoluto el perfecto desarrollo de la trama. De hecho, el final mismo, resuelto mediante paneles explicativos, denota más bien precipitación a la hora de concluir una historia que transcurre en diferentes planos de realidad: el relato "La visita", la adaptación cinematográfica del mismo, la propia reconstrucción de los hechos (relatados por uno u otro personaje).

Por lo demás, Almodóvar se mantiene fiel a su particular método de trabajo para escribir la película, por lo que resulta relativamente fácil reconocer elementos que retoma de guiones anteriores. Por ejemplo, la presencia (no acreditada) de Leonor Watling, una de las protagonistas de Hable con ella (2002), en un pequeño papel. O un más que evidente paralelismo con el planteamiento original de La ley del deseo (1987), filme cuyo protagonista, interpretado por Eusebio Poncela, se parecía enormemente al Enrique Goded (Fele Martínez) de La mala educación.



Tal vez lo más sobresaliente, en su conjunto, son las interpretaciones, comenzando por un soberbio Gael García Bernal al que secundan los no menos notables Javier Cámara, Daniel Giménez-Cacho y, sobre todo, Lluís Homar encarnando al atormentado señor Berenguer: magnífico elenco de actores a cuya maestría se suma, en el apartado técnico, la extraordinaria banda sonora de Alberto Iglesias y la fotografía de José Luis Alcaine.

A diferencia de otros títulos de su extensa filmografía, en los que se esboza un universo esencialmente femenino, el Almodóvar de La mala educación planteaba un escenario cuyos integrantes son, en su mayoría, hombres, ya sean gais, travestis o transexuales. Circunstancia, ésta, nada casual, teniendo en cuenta la enorme carga autobiográfica de una cinta concebida con el firme propósito de exorcizar los fantasmas fruto de un sistema educativo basado en la represión.



domingo, 4 de julio de 2021

Kika (1993)




Director: Pedro Almodóvar
España/Francia, 1993, 114 minutos

Kika (1993) de Pedro Almodóvar


Matar es como cortarse las uñas de los pies: al principio, la sola idea te da pereza, pero cuando te las cortas descubres que resulta bastante más rápido de lo que pensabas. Después crees que pasará mucho tiempo antes de volver a hacerlo, pero cuando menos lo esperas ya han vuelto a crecer...

Puede que no sea la mejor película de Almodóvar, pero, aun así, Kika (1993) marcó un punto de inflexión en la carrera del manchego. Entre otras cosas porque supuso el preludio de su madurez como autor, concretada, dos años después, en el estilo mucho más comedido de La flor de mi secreto (1995). En todo caso, quien había surgido de la contracultural Movida Madrileña no podía sino hacer honor a sus orígenes con otra historia repleta de truculencias a cuál más escabrosa.

Se ha dicho, tal vez con razón, que el haber elegido a Àlex Casanovas y Peter Coyote para los papeles masculinos no fue la decisión más acertada, tratándose de dos actores en principio tan ajenos al universo almodovariano. Circunstancia que, en el caso del intérprete estadounidense, se acentúa por el hecho de haber sido doblado, lo cual siempre resta naturalidad. De todas formas, poco importa: éste, como la gran mayoría de títulos de la filmografía de Almodóvar, es esencialmente un filme de mujeres.



Y como suele ocurrir a menudo con muchas de sus películas, en las que lo extracinematográfico se acaba imponiendo a los méritos de la propia cinta, Kika es recordada por los estridentes modelos que Gaultier diseñó para Victoria Abril (quien, por cierto, hoy 4 de julio cumple 62 años), así como por el desnudo integral que protagoniza una radiante Bibiana Fernández cuando aún se hacía llamar Bibi Andersen.

La historia de una esteticista (Verónica Forqué) a la que un buen día requieren para maquillar a un difunto que resulta que no está muerto; un novelista norteamericano que publica su primera novela en español (Me enamoré de un farsante) y al que entrevista para la televisión la madre del propio Almodóvar ("¡Cómase un chorizillo! ¡Son manchegos como yo! ¡Están muy ricos!"); una estrella del porno tras cuyo nombre artístico (Pol Bazo) se esconde el hermano prófugo de la empleada doméstica (Rossy de Palma); en fin, una reportera sensacionalista y sin escrúpulos, llamada Andrea Caracortada (Victoria Abril), dispuesta a llegar hasta donde haga falta con tal de ofrecer a sus espectadores la dosis diaria de carnaza.



sábado, 3 de julio de 2021

Tacones lejanos (1991)




Director: Pedro Almodóvar
España/Francia, 1991, 112 minutos

Tacones lejanos (1991) de Almodóvar


La trompeta de Miles Davis y unos imaginativos créditos iniciales nos dan la bienvenida en Tacones lejanos (1991), coproducción hispanofrancesa cuyo título, en la consabida línea cinéfila de Almodóvar, remite al wéstern de Raoul Walsh Tambores lejanos (Distant Drums, 1951). Mitómano como pocos, el director manchego toma de aquí y de allá múltiples influencias para confeccionar uno de sus melodramas extremos, mitad cómico mitad trágico, con la mira puesta en indagar sobre la relación madre-hija y otros temas por el estilo.

Tras residir varios años en Méjico, la afamada cantante Becky del Páramo (Marisa Paredes) regresa a Madrid, donde retoma la relación con Rebeca (Victoria Abril), la niña de la que, en su día, se separó para proseguir una exitosa carrera en América y que ahora, al cabo de tanto tiempo, es ya toda una mujer, casada, para más inri, con un antiguo novio de la madre...



Amante de las historias truculentas, Almodóvar transita por un terreno que le resulta especialmente grato: la trama policíaca. Aderezada, como en él suele ser habitual, con elementos kitsch marca de la casa que van desde el ingreso de la protagonista en una cárcel de mujeres (donde tendrá lugar la célebre coreografía de Bibiana Fernández en el patio de la prisión) hasta la presencia de una enardecedora transformista que responde al enigmático nombre de Femme Letal (Miguel Bosé).

Aunque hay también momentos de marcado acento bufo (por ejemplo, el noticiario, un tanto accidentado, de la cadena Tele-Siete) como no podía ser menos tratándose de una película escrita por uno de los cineastas más heterodoxos de todos los tiempos. Actitud rompedora que contrasta, sin embargo, con el enorme éxito de crítica y de público alcanzado, por éste y otros filmes, a lo largo de su ya extensa carrera. Popularidad que, en lo que a Tacones lejanos se refiere, se asocia, generalmente, con la voz de Luz Casal cantando los temas "Piensa en mí" y "Un año de amor".