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jueves, 11 de octubre de 2018

Un héroe singular (2017)




Título original: Petit paysan
Director: Hubert Charuel
Francia, 2017, 90 minutos

Un héroe singular (2017) de Hubert Charuel


Luces de París (La ritournelle, 2014) de Marc Fitoussi; Un doctor en la campiña (Médecin de campagne, 2016) de Thomas Lilti; Nuestra vida en la Borgoña (Ce qui nous lie, 2017) de Cédric Klapisch; Normandía al desnudo (Normandie nue, 2018) de Philippe Le Guay... Y seguro que nos dejamos alguna más. De todas y cada una de ellas hemos ido dando cumplida cuenta en este blog conforme se estrenaban en la cartelera: filmes franceses con el denominador común de situar su acción en el ámbito rural y de tener como protagonistas a ganaderos, médicos, viticultores, alcaldes o veterinarios.

Una fórmula tan asiduamente frecuentada en los últimos años por el cine galo que, en el caso de Un héroe singular (Petit paysan, 2017) del debutante Hubert Charuel, uno tiene la sensación de haber visto ya antes esta película. Quizá porque, como sucedía con la cinta de Lilti, el realizador (hijo de granjeros) habla de una realidad que conoce de primera mano. Y no sólo habla, sino que sitúa la acción en la granja de sus padres e incluso los incluye como personajes: el padre del protagonista, el señor Chavanges, es el de Charuel en la vida real.

Pascale (Sara Giraudeau) y su hermano Pierre (Swann Arlaud)


De hecho, el argumento gira en torno a su alter ego: Pierre (Swann Arlaud), treinta y cinco años, soltero, apasionado y hasta obseso de las vacas de la explotación agraria familiar. Hasta el punto de prácticamente carecer de vida social. El problema es que cuando el ganado manifieste los primeros síntomas de la temida fiebre hemorrágica dorsal (FHD), Pierre apenas sabrá gestionar una contrariedad que él vive como algo exclusivamente personal, a pesar de la sensatez mostrada por su hermana Pascale (Sara Giraudeau), albéitar de profesión.

Triunfadora en los últimos premios César (logró tres, incluido mejor actor, y fue candidata a otros cinco), la historia de este "Pequeño campesino" (título original en francés) es un drama rural que cuenta con la presencia del actor belga Bouli Lanners haciendo de criador youtuber al que la epidemia afectó antes. En suma, una forma como cualquier otra de exorcizar la culpabilidad del joven realizador, hijo único para más inri, por no haberse consagrado en su día a la pequeña hacienda que regentaban sus padres.


lunes, 21 de agosto de 2017

Cézanne y yo (2016)




Título original: Cézanne et moi
Directora: Danièle Thompson
Francia, 2016, 117 minutos

Cézanne y yo (2016) de Danièle Thompson


Encasillada, hasta la fecha, en la dirección de sofisticadas comedias, la veterana realizadora Danièle Thompson contraataca en su última película con un drama biográfico en el que se dan cita dos grandes de las artes francesas: el novelista Émile Zola, máximo impulsor del naturalismo, y el pintor postimpresionista (y, para muchos, padre de la pintura moderna) Paul Cézanne.

Mujer perfeccionista y dotada de una particular sensibilidad, la puesta en escena de Thompson denota enseguida su minuciosidad en detalles como el cuidado diseño de vestuario o la impecable fotografía a cargo de Jean-Marie Dreujou, tendente a trasladar a la pantalla la luminosidad que irradia la paleta del paisajista francés al que da vida Guillaume Gallienne.



Ése es, precisamente, el otro punto fuerte de Cézanne et moi: la extraordinaria capacidad del actor para meterse en la piel del artista desde su juventud hasta la decadencia de la vejez. Y siempre con la misma credibilidad (hay que tener presente que Gallienne apenas tiene cuarenta y cinco años). El otro Guillaume (Canet, en este caso), pese a no resultar igual de convincente en su papel de Zola, encarna correctamente al literato aburguesado que logra saborear desde muy pronto las mieles del éxito, frente al amigo de la infancia, empobrecido y aislado, que sólo conocerá el interés por su pintura ya al final de su vida.

Hasta aquí lo más o menos positivo que puede decirse de Cézanne y yo. Ahora bien: al margen de un envoltorio bonito, si vamos al fondo no queda más remedio que ponerle más de un pero a una película que no logra trascender la actitud reverencial ante los prestigiosos creadores que le sirven de inspiración. Se cae, tal vez, en el error de pensar que el mero hecho de retratar a algunas celebridades de aquel período ya es motivo, per se, para que la película suscite el interés del público. Y aunque eso pueda ser así en algunos casos, lo cierto es que el cine debería ser otra cosa. Veamos un ejemplo: durante el transcurso de una cena en casa de los Zola, una de las asistentes, en referencia a un ilustre invitado, le pregunta al oído a su marido: "¿Cómo se titulaba su último libro? ¡Ah, sí: Boule de suif!" Y uno se pregunta, a su vez: ¿es realmente necesario que el espectador sepa que ese personaje en cuestión es el también escritor Guy de Maupassant? Ciertamente no, sobre todo porque ni hace ni dice nada destacable. Aunque el colmo de este tipo de subrayados se produce justo antes de los créditos finales, con el habitual rótulo explicativo en el que se nos aclara qué fue de éste o de aquél. Francamente: ya existe Wikipedia para resolver ese tipo de dudas...


lunes, 6 de junio de 2016

Fátima (2015)




Director: Philippe Faucon
Francia/Canadá, 2015, 79 minutos

Fátima (2015) de Philippe Faucon


Quizá por el hecho de haber nacido en Marruecos (Oujda, 1958) al realizador Philippe Faucon le interesa enormemente el tema de cómo se adapta la inmigración magrebí en territorio francés. Su largometraje más reciente, Fátima, que fue coronado en la última edición de los premios César con tres galardones (Mejor película, Mejor guion adaptado y Mejor actriz promesa para la joven Zita Hanrot, a los que cabe sumar la nominación como Mejor actriz para Soria Zeroual), expone el choque cultural y generacional que se produce entre una madre de origen argelino y sus dos hijas de 15 y 18 años, respectivamente.

En ese aspecto, Fátima no sólo es la típica madre coraje que saca adelante a su familia a base de sacrificio y escasos recursos, trabajando como empleada doméstica, sino que también representa el centro de un matriarcado en el que la figura masculina es bastante residual, teniendo en cuenta que el padre rehizo su vida con otra mujer y que sólo esporádicamente mantiene contacto con Nesrine y Souad.

Y por si no fuera poco, la hija mayor está estudiando la ardua carrera de medicina mientras que la adolescente Souad se conduce con un pésimo comportamiento tanto en casa como en el instituto. De ahí que, ante la imposibilidad de mantener una comunicación fluida con sus hijas, Fátima opte, a raíz de un accidente laboral, por ir dejando por escrito en un diario íntimo todo lo que siempre les quiso decir pero que sólo es capaz de expresar en árabe. Finalmente, incluso dará el paso de inscribirse en unos cursos de alfabetización para superar del todo la barrera lingüística que la separa de los suyos.

La debutante Soria Zeroual es Fátima


Parcialmente inspirado en los libros autobiográficos de Fatima Elayoubi Prière à la lune (2006) y Enfin, je peux marcher seule (2011), el filme de Faucon pertenece a esa rara especie que a partir de unos medios de producción modestos y contando con actores en su mayor parte no profesionales es capaz, sin embargo, de transmitir grandes ideales. Cabría plantearse, a raíz de esto último, si es posible tratar una historia como la de Fátima sin incurrir en el buenismo que tan en boga está hoy en día. Y, en honor a la verdad, es justo señalar que Faucon no logra sustraerse completamente a esquemas que suenan a ya visto y que podemos encontrar en películas de hace algunos años como, por ejemplo, El domingo, si Dios quiere (Inch'Allah dimanche), dirigida en 2001 por Yamina Benguigui, realizadora de la misma generación que el director galo.

Philippe Faucon tras recibir el César a la Mejor película

lunes, 21 de marzo de 2016

Primavera en Normandía (2014)




Título original: Gemma Bovery
Directora: Anne Fontaine
Francia/Reino Unido, 2014, 99 minutos

Primavera en Normandía (2014)


¿De verdad era necesario cambiarle el título a una película titulada originalmente Gemma Bovery…? En fin, a estas alturas uno ya no se sorprende de nada, pero bueno... A lo que íbamos:

Como ya sucediera en En la casa (François Ozon, 2012), el actor Fabrice Luchini interpreta de nuevo a un hombre obsesionado hasta tal punto con la literatura que la frontera entre realidad y ficción llega realmente a desdibujarse en su imaginación. O, tal vez, lo que más bien le ocurre a este Martin Joubert es que proyecta en la vida cotidiana lo que ha leído en los libros, sobre todo uno: Madame Bovary. Y ello debido, principalmente, al hecho de que en el fondo lleva una vida que le aburre: por más que intente convencerse a sí mismo de que abandonó el ajetreo de la gran ciudad para encargarse del antiguo negocio familiar de panadería en las tranquilas inmediaciones de Ruan, lo cierto es que se siente incomprendido tanto por su mujer como por su hijo adolescente.

Por eso, cuando en la casa de al lado se instale un joven matrimonio inglés, toda la atención de Martin se irá progresivamente desplazando hacia ellos (y sobre todo hacia ella), a medida que vaya descubriendo las asombrosas coincidencias que les unen con los personajes de Flaubert.

Martin (Fabrice Luchini) muestra su biblia personal


La historia (adaptación de la novela gráfica de Posy Simmonds) es del todo inverosímil, por supuesto, y sólo adquiere cierto sentido si se concibe como una parodia macabra. En todo caso, se trata de un filme que en muchos momentos recuerda al último Woody Allen, quizá por sus referencias literarias, por el hecho de que su protagonista no deja de ser un antihérore (un seductor frustrado que se siente atraído por una joven incapaz de reparar en un viejo como él) o por esa forma un tanto superficial en que los sibaritas personajes ingleses se dejan entusiasmar por las bondades gastronómicas francesas.

De todas formas, la película gana enteros en su tramo final, sobre todo por ese insólito remate que nos cuenta el fatal desenlace por triplicado y que consigue que lo que era previsible nos sorprenda en las tres ocasiones, para a continuación cerrar la trama (y eso es, sin duda, un gran acierto) con una nota de humor.

La inglesa Gemma Arterton interpreta a Gemma Bovery

lunes, 3 de agosto de 2015

Unos días para recordar (2014)










Título original: Bon rétablissement !
Director: Jean Becker
Francia, 2014, 81 minutos

Unos días para recordar (2014) de Jean Becker

El veterano Jean Becker contraataca con un nuevo título que añadir a su ya fructífera filmografía (con esta, ya son dieciocho las películas que ha dirigido): Unos días para recordar (o, según el original francés, Que te mejores). Pierre Laurent (el personaje que interpreta Gérard Lanvin) despierta un día en el hospital sin recordar cómo ha llegado allí. Nosotros sabemos que salió despedido de su coche y que cayó al Sena desde lo alto de un puente, pero no mucho más.

Conforme avance la historia, iremos descubriendo algunos aspectos de su pasado: el trabajo en una plataforma petrolífera en Terranova, un grave accidente laboral, la muerte de su esposa, una amante pianista...

Su hermano Hervé (Jean-Pierre Darroussin) lo va a visitar al hospital de vez en cuando, pero no será el único: por su habitación irán desfilando su amigo Serge, el inspector de policía que se ocupa de su caso, el joven que lo salvó de morir ahogado, una paciente de catorce años que se apropia de su ordenador portátil... Y luego están las enfermeras, sobre todo Myriam (Claudia Tagbo) con la que tomará más confianza.

Siendo todos muy diversos y diferentes entre sí (en cuanto a raza, clase social, edad o nivel cultural), Pierre, sin embargo, aprenderá algo de cada uno de ellos, sobre todo a ser más tolerante y no tomarse muy en serio la vida: a fin de cuentas, nadie sale vivo de ella...

Pierre (Gérard Lanvin) en plena rehabilitación
Pierre hará muy buenas migas con la enfermera Myriam (Claudia Tagbo)
El realizador Jean Becker