Mostrando entradas con la etiqueta Richard Carlson. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Richard Carlson. Mostrar todas las entradas

martes, 15 de julio de 2025

Para ella un solo hombre (1957)




Título original: The Helen Morgan Story
Director: Michael Curtiz
EE.UU., 1957, 118 minutos

Para ella un solo hombre (1957)


La primera cosa que llama la atención de The Helen Morgan Story (1957) es su enorme parecido, tanto en el tono como en el estilo, con otro filme dos años posterior y que no necesita presentación: Con faldas y a lo loco (1959). De lo cual se pueden deducir dos cosas. La primera es que las películas no nacen de la nada, sino que se inscriben en un contexto determinado; la segunda, ligada a la anterior, tiene que ver con una relectura que Hollywood estaba llevando a cabo desde mediados de los cincuenta a propósito de lo que en su día supusieron los años veinte. A este respecto, son célebres títulos como Cantando bajo la lluvia (1952) o Un americano en París (1951), ambos musicales y ambos protagonizados por Gene Kelly.

En consonancia, por lo tanto, con lo arriba expuesto, la mise en scène de Michael Curtiz responde a unos parámetros muy similares a los de la parodia amable, aunque sin perder de vista, eso sí, la figura histórica a la cual se rinde homenaje ya desde el propio título de una producción que bebe a partes iguales del biopic y del musical. Circunstancia, esta última, que viene justificada por las canciones que la protagonista (magnífica Ann Blyth en su papel) suele interpretar sentada sobre un piano.



Por lo demás, Larry Maddux, el personaje de Paul Newman, se ajusta a lo que vendría a ser un buscavidas cuyo principal afán, entre el apoyo y la explotación del talento de la pobre Helen, reside en abrirse paso para llegar a lo más alto mediante negocios al margen de la ley, generalmente relacionados con la venta y contrabando de alcohol. Y es que la trama se sitúa en el momento álgido de la ley seca, por lo que muchos gags y diálogos remiten a dicha coyuntura prohibicionista.

En su conjunto, y pese a que el guion tiende a simplificar aspectos esenciales de la vida de Helen Morgan (1900-1941), la película captura la vulnerabilidad y la fuerza de su alma, especialmente en las escenas musicales, donde la voz doblada de Gogi Grant logra un resultado excepcional al recrear el sonido característico de la cantante. Ascenso y caída de un mito que, en definitiva, brilló con luz propia para acabar siendo un juguete roto (y alcoholizado). De ahí que el emotivo discurso final adquiera una dimensión especialmente conmovedora por lo que tiene de desagravio con la historia.



domingo, 7 de abril de 2019

La mujer y el monstruo (1954)















Título original: Creature from the Black Lagoon
Director: Jack Arnold
EE.UU., 1954, 79 minutos

La mujer y el monstruo (1954) de Jack Arnold

Tan sencillo como respirar (o nadar): un simple paquebote en mitad del Amazonas y un actor embutido en un disfraz de anfibio. La fórmula empleada por los guionistas de La mujer y el monstruo consistió, básicamente, en sacarle el máximo partido a las escenas submarinas, así como al golpe de efecto que, a mediados de los cincuenta, suponía el uso del 3D. De ahí que, en tantas ocasiones, los personajes y objetos filmados se dirijan de frente hacia el centro de la pantalla hasta chocar con el punto de vista del espectador...

En cualquier caso, y al margen de contar con la presencia del español Antonio Moreno en uno de sus habituales papeles secundarios, Creature from the Black Lagoon es célebre por diferentes motivos. En primer lugar porque el sueco Ingmar Bergman, a priori tan alejado de las producciones de ciencia ficción de Serie B, tenía la costumbre de ver esta película todos los años el día de su aniversario. Pero también porque fue el título que encasillaría de por vida a la actriz Julia Adams (recientemente desaparecida a comienzos del pasado mes de febrero).



Aun así, el mejor y más emotivo homenaje fue el llevado a cabo por Guillermo del Toro a través de su oscarizada La forma del agua (2017), donde la criatura protagonista presentaba un aspecto calcado al del "Hombre Branquias" que aquí era perseguido con denuedo por una aguerrida expedición científica.

Aunque, en realidad, eso de que una bestia prehistórica se encapriche de una linda muchachita, a la que acaba raptando antes de ser abatido por los abnegados varones que acuden en su rescate, es más antiguo que el andar. De hecho, fue el mismo planteamiento del que se sirvieron los creadores de King Kong (1933), otro filme que daría lugar a no pocas secuelas y sucesivos remakes. La mujer y el monstruo, por cierto, tuvo dos: La venganza del hombre monstruo (1955), dirigida por el propio Jack Arnold, y El monstruo camina entre nosotros (1956) del malogrado John Sherwood (1903–1959).


viernes, 1 de marzo de 2019

Llegó del más allá (1953)




Título original: It Came from Outer Space
Director: Jack Arnold
EE.UU., 1953, 81 minutos

Llegó del más allá (1953) de Jack Arnold


¿Ciencia ficción o alegato anticomunista? Probablemente, It Came from Outer Space tiene más de lo segundo que de inocente producción alienígena de serie B. A decir verdad, fueron varias las películas que, en pleno envite macarthista, se valieron del subterfugio sideral para disfrazar la amenaza marxista de platillo volante. Ahí están, si no, La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, 1956) de Don Siegel o Invasores de Marte (Invaders from Mars, 1953) de William Cameron Menzies para demostrarlo.

Amparándose en un formato eminentemente televisivo, enriquecido con el aliciente de las tres dimensiones, el director Jack Arnold planteaba la hipotética llegada de seres de otro mundo como si de agentes infiltrados se tratase, capaces de adoptar la apariencia de cualquiera de nosotros y, por ende, de ir propagando sigilosamente sus ideas.



Planteamiento burdo donde los haya (casi tanto como el monstruito de un solo ojo que se aloja en el interior de la nave incandescente estrellada en pleno desierto de Arizona), pero que destila el inconfundible encanto de los relatos de Ray Bradbury, autor del texto en el que se basó el guion de Harry Essex.

Con todo, y volviendo a las innegables connotaciones políticas del filme, llama la atención el hieratismo de los replicantes, así como la tendencia a vestirlos con monos de trabajo o, en el caso de la pareja protagonista, con un sofisticado atuendo que podría recordar al de los intelectuales (él) y/o miembros del mundo del espectáculo (ella). Curiosa forma de plasmar en imágenes unos estereotipos que venían no "del espacio exterior", sino de "más allá del Telón de Acero".