Mostrando entradas con la etiqueta Stewart Copeland. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Stewart Copeland. Mostrar todas las entradas

sábado, 20 de enero de 2018

Agenda oculta (1990)




Título original: Hidden Agenda
Director: Ken Loach
Reino Unido, 1990, 108 minutos

Agenda oculta (1990) de Ken Loach


A pesar de que a priori nadie diría que un cineasta políticamente militante como Ken Loach pudiese tener algo que ver con el trío musical The Police, lo cierto es que sí que hay una curiosa conexión entre ambos: Stewart Copeland, batería del grupo, fue quien compuso la banda sonora para varias de las películas del director inglés. Títulos como Lloviendo piedras (1993), Riff-Raff (1991) y Agenda oculta (1990) llevan el sello inconfundible de su música.

La última de dichas cintas se centraba en el conflicto irlandés, en un momento en el que la lucha armada había alcanzado su momento álgido. Es al respecto interesante cómo, ya desde los créditos iniciales, se plantea visualmente la existencia de dos bandos irreconciliables: uno que considera, en palabras de James Fintan Lalor (1897-1949), que "Toda la propiedad de Irlanda, tanto moral como material, desde el sol y hasta el centro de la tierra, reside por derecho propio en los irlandeses" y otro que desfila, al son de tambores y fanfarrias, teniendo en mente lo que dijera la Primer Ministro Margaret Thatcher en 1981: "Irlanda del Norte es tan parte del Reino Unido como lo sería mi propio distrito electoral..."

Jessner (Frances McDormand) y Sullivan (Brad Dourif)


Posturas enfrentadas que se van a enturbiar aún más, si cabe, cuando desde los sectores más reaccionarios del conservadurismo británico se opte por la guerra sucia para acabar no sólo con los anhelos independentistas del IRA, sino también con el gobierno laborista. Complot, como se suele decir en estos casos, basado en hechos reales y que Loach, alejándose momentáneamente del realismo social y de los problemas de la clase obrera, denuncia adoptando un estilo cercano al de Costa-Gavras.

Es, en ese sentido, curioso constatar cómo la activista americana interpretada por Frances McDormand afirma haber estado en Chile investigando las desapariciones provocadas por el régimen pinochetista. Circunstancia ésta que emparenta a Hidden Agenda con otros thrillers de corte político como Missing (1982), aunque, en mucho menor grado, también habría algo de suspense a lo Hitchcock al recurrir a una codiciada cinta de casete como MacGuffin que hace avanzar la acción.

Kerrigan (Brian Cox) ayudará a Jessner a esclarecer los hechos

jueves, 12 de octubre de 2017

Sufre, mamón (1987)




Director: Manuel Summers
España, 1987, 96 minutos

Sufre, mamón (1987) de Summers


Pues sí, amigos: de Straub a Hombres G. He ahí la grandeza de Cinefília Sant Miquel, donde nuestra voracidad nos lleva a tocar todos los palos sin hacerle ascos a nada. Y, encima, desde esta comedia musical, otrora delicia del público juvenil, treinta años nos contemplan... 

Sufre, mamón fue una de las primeras películas que vi en el cine (de hecho, fue la primera que fui a ver con mis amigos, sin la tutela de padres o hermanos mayores). Y no es que, a mis doce años, la banda de David Summers fuese santo de mi devoción (en realidad, los detestaba), pero entre que eran la sensación del momento y que la echaban en un programa doble (¡aún existían los míticos programas dobles!) junto con Fuera de límites (Out of Bounds, 1986), una olvidada cinta de Richard Tuggle cuya banda sonora corría a cargo de Stewart Copeland, el batería de Police, grupo del que ya por aquel entonces era (y sigo siendo) un incondicional, pues el caso es que me dejé convencer.

El batería Javi Molina (izquierda) se desnuda emocional y literalmente


Vista tres décadas después, me sorprende lo machista de su planteamiento, con los cantantes de dos conjuntos rivales (los pijos Fiebre amarilla y los medio punkis Los Residuos) rivalizando por ver quién se lleva a la chica. Tal vez es que la sociedad española distaba bastante de alcanzar la paridad; tal vez es que en el fenómeno de las fans, tal y como se entendía en este país, se daba por hecho que había que tratarlas como si fuesen ganado (tal vez por ambas razones...), pero lo cierto es que algunos de los chistes o comentarios que entonces pasaron por inocente humorada para adolescentes hoy, con la Ley para la igualdad efectiva de mujeres y hombres en la mano, serían constitutivos de delito. Por no hablar de su contenido homófobo a la hora de retratar la orientación sexual de alguno de los personajes...

Pero, bueno: no nos pongamos exquisitos que, al fin y al cabo, sólo se trata de una película, con todo lo que ello implica. Es decir: que lo que nació como mero mecanismo de promoción de un grupo musical, el paso del tiempo lo ha convertido en un documento histórico de primer orden, aportando abundante información sobre cómo era aquella España recién ingresada en el Mercado Común y, en especial, sobre los defectos de una sociedad (o, por lo menos, de un sector de ella) que aún distaba muchísimo de saber lo que es la corrección política.

Se pongan como se pongan las fans, el más mono del grupo era éste